CASO 6. RESPUESTA
En este caso quisimos abordar un problema de gran importancia,
los aspectos éticos de la investigación biomédica.
En 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, se conocieron
las atrocidades cometidas en los campos de concentración nazis,
en particular las investigaciones hechas por médicos sin escrúpulos,
en prisioneros, sin el consentimiento de estos. Todo esto se discutió
en el juicio que un tribunal internacional realizó en la ciudad
alemana de Nuremberg. Un grupo de prestigiosos médicos y científicos
de muchos países del mundo decidieron, a instancias de los participantes
en el juicio, elaborar un código que regulase las investigaciones
biomédicas, surge así el "Código de Nuremberg".
Años más tarde, en Helsinki se decidió ampliar
este código y surgió el "Código de Helsinki".
Revisiones posteriores han incorporado en otros documentos algunos aspectos
que no habían sido regulados con claridad en los códigos
anteriores, pero en esencia todos los aspectos generales fueron plasmados
desde Nuremberg. Así pasamos a dar respuesta a las interrogantes
planteadas en el caso # 6.
El proyecto de Juan, que es un estudio clínico de los hipertensos,
con el objetivo de hacer una evaluación de su situación
actual y que contempla el uso de recursos complementarios de acuerdo
con la necesidad que se tenga de los mismos, es éticamente aceptable,
además, fue evaluado por el Consejo Científico de su centro,
el que no solo evalúa los aspectos científicos, sino también
los éticos y que es precisamente el llamado a velar porque todas
las investigaciones cumplan los requisitos éticos necesarios.
Pedro no puede utilizar un medicamento que no haya sido aprobado para
su ensayo en humanos, lo que se hace solo después de haber completado
las investigaciones en animales de experimentación. Su uso antes
de terminar estos estudios está expresamente prohibido en el
artículo #3 del Código de Nuremberg.
Debe valorarse cada caso en particular antes de decidir si se le suspende
o no el tratamiento actual. Si el paciente tiene cifras muy elevadas
de presión no es lógico privarlo de un tratamiento, lo
que puede hacerse es añadir el nuevo medicamento o modificar
el que tiene, no dejarlo sin tratamiento.
El uso de cápsulas con talco en vez de medicamentos es práctica
usual en la investigación científica, por lo que el paciente
debe ser informado de esta situación y dar su consentimiento
para ello. Que ni el médico ni el paciente conozcan quién
recibe el producto y quién el talco, es lo usual en las investigaciones
"a doble ciegas", en las cuales se hace esto para eliminar
factores subjetivos en los resultados. Es éticamente aceptable
siempre y cuando se cumpla con la información adecuada al paciente
y a los investigadores.
La información que Pedro piensa brindar a sus pacientes es incompleta
y éticamente inaceptable.
Los Consejos Científicos de las unidades deben velar por todo
lo relacionado con las investigaciones, no solo con aspectos científicos,
sino también éticos.
Le sugerimos a nuestros lectores que lean y estudien los códigos
de Nuremberg y Helsinki y podrán conocer lo que está regulado
en cuanto a la ética de la investigación.
CASO 8. NUEVA PROPUESTA
Estos hechos sucedieron hace ya muchos años. Era
yo un alumno de medicina y cursaba el tercer año de la carrera,
tenía mi primer paciente, al cual debía de evolucionar
diariamente, por ello desarrollamos cierta amistad, su nombre era Enrique
y estaba ingresado por padecer de artritis reumatoide. Se fue de alta,
pero un tiempo después reingresa por tener un nuevo brote de
su enfermedad y además un cuadro de diarreas que en ocasiones
alternaba con estreñimiento y, cosa que los médicos llamamos
"la ley de las series", en la cama de al lado ingresó
otro paciente que también aquejaba diarreas que alternaban con
constipación, de éste no recuerdo el nombre, llamémosle
Mario, así las cosas el primer planteamiento diagnóstico
en hombres, de lo que cuando aquello yo consideraba "edad avanzada",
poco más de 50 años, (y que ahora pienso que es la flor
de la vida), es el cáncer de colon, se hacía necesario
investigar esta posibilidad y así el residente de la sala les
indicó a ambos una rectosigmoidoscopia. Me tocó a mí
explicarle a mi paciente como se realizaba esta prueba y el alumno que
atendía a Mario me pidió que les explicáramos al
mismo tiempo a los dos pacientes el procedimiento. Una vez que comprendieron
que previo cuatro enemas evacuantes y dieta estricta se les introduciría
un tubo (en aquel entonces rígido) por el ano, Mario exclamó:
-¡Eso no me lo hago yo!.
Enrique reaccionó con rapidez:
-¡Ni yo tampoco!.
Puestos ambos en rebeldía ni mi compañero ni yo pudimos
hacerlos entrar en razones, la respuesta era siempre:
-¡No!, primero muerto.
Los complejos machistas les hacía rechazar todo razonamiento.
Se lo comunicamos al interno, que no pudo convencerlos y le pidió
al residente que los convenciera, lo que tuvo iguales resultados:
-Yo no me dejo meter ese tubo.
-Ni yo tampoco.
Era la respuesta unánime a todos nuestros intentos. Pasaron varios
días y no se podía indicar la prueba, hasta que el Profesor
preguntó que por qué no se había realizado aún,
entonces le explicamos la situación. Durante el pase de visita
llegamos a la cama que ocupaba Mario y el Profesor preguntó:
-¿Este es uno de los pacientes que se niega a hacerse la rectosigmoidoscopia?.
-Si, profesor, es este.
-Mire, déjeme explicarle- Dijo Mario.
-No, usted no tiene que explicar nada, el que le va a explicar soy yo.
Usted tiene síntomas que nos hacen pensar que tiene un cáncer
de colon, la única prueba que puede aclararnos la situación
es esa, si no se la hace puede morir del cáncer, si se le diagnostica
a tiempo puede operarse y salvarse. Si se la va a hacer, bien, si no,
no tiene nada que hacer aquí. ¿Se la va a hacer o no?.
-No, pero déjeme explicarle.....
-No tiene nada que explicar- Se volvió al interno y le dijo-
Dale el alta.
Pasó a la otra cama y preguntó:
-¿Este es el otro que no se quiere hacer la prueba?.
Y mi pobre Enrique saltó:
-¡Yo si me la voy a hacer!.
La carcajada unánime de todos, alumnos y médicos sirvió
de alivio a la tensión acumulada con Mario, el que, mientras
tanto, recogía sus cosas de la mesita de al lado de su cama.
Enrique se hizo la prueba que, gracias a Dios, solo encontró
una colitis y esto pudiera haber cerrado este episodio si no fuera porque
unos días después vimos llegar a Mario, cabizbajo, a hablar
con el Profesor, ingresó y se le hizo la rectosigmoidoscopia,
la que arrojó una colitis ulcerativa idiopática y no el
temido cáncer. Nuestro querido, admirado y respetado profesor
(y ¿por qué no?, también temido), ganó aún
más en nuestro criterio y sus métodos, tan efectivos que
lograron convencer, (o vencer) al paciente fueron durante varios días
tema de conversación entre los alumnos.
¿Qué opina Usted?.