1. Introducción
Cuba es, aún hoy, una República
en formación. Esta
apreciación no niega los cien años que celebramos, ni
el siglo anterior de gestación y dolores de parto.
Pudiéramos decir, sin detenernos en marcos cronológicos
estrechos, que la Isla caribeña, en parte caimán y en
parte llave, necesitó dos siglos (el XVII y el XVIII) para reconocer
"la diferencia" en su cultura todo mezcla y sincretismo; necesitó
un siglo (el XIX) para despertar", vale decir, estructurar en el
pensamiento primero y en las gestas independentistas después,
la conciencia de nación, entendida como comunidad de personas
que comparten una historia "diferente", una convivencia peculiar,
un proyecto futuro diverso pero en común.
Por fin, ha necesitado otro siglo, el XX, para "experimentar"
lo difícil que es ser diferente, los dolores que provoca nacer
como República y al mismo tiempo la necesidad contemporánea
de no encerrarse en obsecados nacionalismos, como también de
no subordinarse dependientemente de los centros hegemónicos.
Pudiéramos decir que Cuba experimentó en el siglo que
nació como República una mezcla de esfuerzos institucionales
por crear una democracia junto con reiterados períodos de autoritarismos.
Cuba vivió todo un siglo para comprobar que ni el aislamiento
nacionalista, ni la subordinación dependiente, sino el camino
de la apertura y las relaciones interdependientes, es la única
forma de insertarse en este mundo con reales y éticas perspectivas
para el desarrollo.
De modo que, querámoslo o no, más que una fecha en la
convención humana del tiempo y, más que una conmemoración
histórica, el Centenario de la República será reto
y proyecto para todos los cubanos. Será también el comienzo
discreto, pero irreversible de la década decisiva para su futuro
a largo plazo. Una vez más en la historia de la "Perla de
las Antillas"ser últimos en el proceso de avance nos permitirá,
si somos conscientes de ello, hacerlo de forma distinta. Experiencia
y solidaridad vendrán de los que llegaron antes, pero nada ni
nadie podrá hacer por nosotros el parto de la transición.
Unos maniobran para entrar en la nueva República por la vía
de la cesárea política. Otros desconfían de la
temblorosa mano del cirujano y aplican los forceps de la vía
económica, con aquella vieja teoría, de que abriendo en
el mercado se abre en lo demás.
Esos proyectos no deben olvidar la sana política, concebida como
el "equilibrio de las fuerzas del país", no deben olvidar
una eficaz economía abierta y competitiva, pero deseo expresar
en esta reflexión mi convicción de que la mejor vía
para acceder a una "nueva" República, que sea nueva
de verdad, sin olvidar aquellos dos "senderos" trillados de
la economía y la política, es priorizar el camino del
protagonismo de una sociedad civil autónoma, ética-personalizada,
articulada en sentido comunitario, participativa y corresponsable, en
la que se equilibren creativamente la solidaridad y la subsidiaridad.
2. "Las
minorías guiadoras y los gérmenes del siglo XIX:
Los que hacían señales en la noche"
Cuando un día se haga, como lo espero, una historia de la sociedad
civil en Cuba, de ese tejido social intermedio con conciencia de "ser
diferente", habría que empezar por aquellos pequeños
grupos de creadores y comerciantes, de educadores y religiosos, que
fueron "marcando la diferencia" entre lo" insular y lo
peninsular", entre lo criollo y lo castizo, primero en sus cabezas
y en su corazón, luego en sus ojos y con sus propias manos.
Ya sabemos que el término sociedad civil, tal como lo entendemos
hoy, y con las connotaciones y vericuetos que ha ido adquiriendo, no
era usado en aquellos siglos de humus y sementera. Pero la realidad
de grupos, asociaciones, instituciones cívicas, culturales y
religiosas, sí marcaron una dinámica social que por su
significación es imprescindible mencionar:
El mundo de las sociedades gremiales de azucareros, de cafetaleros,
pero sobre todo de tabaqueros que impactaron a toda la sociedad con
sus demandas y "rebeldías", marcas de autonomía
con relación a la metrópoli y motor para marcar la diferencia
con ella.
El mundo de la cultura y la creación literaria, con sus obras
impresas y sus tertulias, células estaminales de libertad, identidad
y nacionalidad. La fundación de la Universidad, del Seminario
de San Carlos, de la Sociedad Económica de Amigos del País,
del Papel Periódico, son muestras de la gravidez de ese mundo,
sin duda, uno de los más fecundos en la gestación del
entramado social y en la formación de protagonistas de esta gestión.
El mundo de la creación científica y tecnológica,
o lo que pudiéramos llamar el mundo de la industria y el comercio
que, como nadie, ha recopilado e imbricado en nuestra historia, el recientemente
fallecido Dr. Moreno Fraginal, en "El ingenio". En esta obra
monumental el insigne historiador dice sin ambages: "Al construir
su mundo económico el sacarócrata prueba a la metrópoli,
y se prueba a sí mismo, que hay un futuro de posibilidades insospechadas
y que él pertenece a ese futuro. Lo prueba de manera tangible,
contante y sonante, con un triunfo económico que es a la vez
victoria política de primer orden. La vida azucarera ha sido
edificada por sus propias manos, no la ha importado de España,
es un fenómeno insular, autóctono... y esto va a significar
una inversión en los valores fundamentales de la vida"(1)
ENTREGA DEL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA
CUBANA
AL PRESIDENTE TOMÁS ESTRADA PALMA.
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El mundo de la Iglesia, con su labor humanística y social, pero
sobre todo, con el servicio de sus "espacios", terreno, aire
y regadío, para un enjambre de asociaciones piadosas, educacionales,
promocionales y de asistencia social que pudiéramos llamar, sin
rubor, el primer panal, totalmente estructurado y capilarmente abarcador
del territorio insular, con que pudo contar Cuba y del que pudieron
asumir y criticar, aunque fuera sólo como modelo de tejido social,
gestores cívicos que, aún después, desde la radicalización
secularista tardía, tomaron de este entramado de espacios repletos
de laboriosidad y miel para curar heridas sociales, arquetipos de una
sociedad organizada con autonomía relativa en relación
con un "estado" lejano en su centro de poder, colonialista
en su dinámica de explotación de los recursos e insuficiente
por la pobreza de los recursos y métodos políticos utilizados
para gobernar o desgobernar.
Todos estos gérmenes modélicos de asociación cívica
y religiosa, hicieron que los siglos anteriores desembocaran en el paradigmático
siglo XIX cubano borboteando una nación que sólo vería
luz de Estado reconocido internacionalmente, otro siglo después.
Estos espacios generadores de sociedad civil fueron llamados por Medardo
Vitier como "agencias alteradoras que comunican densidad a una
época"(2)
Varias "lecciones" de estos siglos pudieran ser hechas, me
atrevo a recordar aquellas dos que el mismo autor citado propone:
Primero: Que "la transición de una mentalidad a otra debía
ser etapa previa" a la transición político-económica.
Segundo: Que "Cuba necesitaba en su último siglo colonial,
levantar la conciencia... al mundo de los problemas". Azucar, café,
esclavitud doméstica, eran garantía de bienestar en lo
material... Sobreviene al sopor del espíritu. Nuestros guiadores
interrumpían el monótono disfrute y hacían señales
en la noche."(4)
Si tuviera que escoger dos señales del siglo XVIII y XIX cubanos
para esta transición hacia una nueva república desde la
sociedad civil, dejaría estas:
-es necesario trabajar en la transición de la conciencia, de
la mentalidad, lo que hoy se diría en la creación de nuevos
estados de opinión.
-es necesario que las minorías den señales claras y elocuentes
que puedan guiar a los demás en la transición. Entre las
señales que más credibilidad y capacidad de convocatoria
tienen se encuentran las asociaciones, organizaciones, movimientos y
espacios autónomos de la sociedad civil.
Concluía una centuria fundacional, quizá lo que más
destaque en nuestras historiografías sean las guerras de independencia.
Es una mirada propia de aquel siglo. Una mirada épica y violenta,
una mirada a lo grande y extraordinario, una mirada desde arriba. Pero
el siglo XIX en Cuba fue más que guerras y treguas. Su carácter
fundacional no viene solamente, y ni creo yo, principalmente, de las
contiendas bélicas con todo el mérito que ellas tienen
desde el punto de vista de aquella mentalidad. Viene del diseño
de un proyecto de nación, de la apertura de una mentalidad diferente,
de la siembra de valores y virtudes que formó hombres y mujeres
fundadores, viene de la búsqueda de una identidad propia, de
un camino hacia la libertad característico, viene en fin de consolidar
una cultura devenida en nacionalidad y defendida durante las guerras
como "República en Armas".
PALACIO PRESIDENCIAL.
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No se trataba de separarse de España por la fuerza para comenzar
a ser diferentes. Ya éramos diversos. Era más bien, independizarse
de España para que el ethos cubano ya existente pudiera pasar
de una "cultura cautiva" a una cultura en expansión.
No se trataba de alcanzar la libertad para diseñar una nacionalidad.
Ya había una comunidad de cubanos que vivían con esa mentalidad
y conducta. Era más bien, que esa nacionalidad se convirtiera
en nación mientras gestionaba su propia libertad.
No se trataba de esperar a que llegara la plenitud de esa libertad para
comenzar a estructurar una República. La "República
vivía en la manigua" y creaba sus tribunales, parlamentos
y gobiernos, destituía presidentes y redactaba constituciones.
Era más bien, que esa República en Armas se convirtiera,
con la independencia, de una República en Paz, en una República
en Almas, es decir, en una República Moral, cuya eticidad y democracia
fueran para todos los cubanos y aún para los españoles
honestos lo que es una República: un espacio público "donde
quepamos todos", no el terreno excluyente de intereses partidarios.
3.El siglo
XX: de la sociedad civil al totalitarismo
Al comenzar el siglo XX se instituyó nuestra primera República
el 20 de Mayo de 1902. La República de Cuba fue reconocida así,
querámoslo o no desde nuestra visión contemporánea.
Pero reconocida, al fin y al cabo, como nación independiente
cuando aún estaba en gestación y la criatura no tenía
el índice de madurez que requería para nacer. Esto lo
vemos más claro a medida que pasan las décadas. Al filo
de un siglo, nos hubiera gustado que el parto fuera más a término,
que la criatura hubiera madurado más, que no naciera con el cordón
enredado en el cuello "por razones de seguridad", que se hubiera
desprendido antes de una matriz colonial que quería tanto a su
criatura que la retuvo hasta que no pudo más, a riesgo de la
vida de la siempre querida "Perla de las Antillas".
Me atrevería a decir que el 20 de Mayo la comunidad internacional
asistía al reconocimiento de una República que tenía
ya su propio "ethos", su cultura, su nacionalidad, su estructura
y rostro diferentes y reconocibles. Pero asistía a ese reconocimiento
como la familia que un poco de tiempo antes del parto es convocada por
un médico amigo para que "vea" a la nueva criatura
a través de la pantalla del ultrasonido.
Luego en la década del 20, que en Cuba está considerada
como "la década crítica", nos fijaremos en la
evolución de la sociedad civil que comienza a "cubanizarse"
muy lentamente, pero con un punto de inflexión claro y decisivo.
Las organizaciones y movimientos cívicos, las Iglesias, las organizaciones
fraternales, los empresarios y profesionales, comienzan a crear nuevos
espacios de concienciación y participación ciudadana que
mueve, efectivamente, la sintonía de Cuba como "República
adolescente" que, con la edad crítica, comienza a darse
cuenta ella misma de que hay una crisis de crecimiento que la coloca
en la disyuntiva de seguir "jugando" como niños a "los
generales y doctores" o, por el contrario, ir saliendo del seno
de la familia anterior, ir dejando atrás la curiosidad sobre
las estructuras del Estado que no pueden funcionar bien si no existen
ciudadanos responsables, demócratas para una verdadera democracia,
que asuman la construcción y el destino de un nuevo país
más allá y más debajo de su propio juego político
y de sus recién estrenadas estructuras de poder.
Medardo Vitier decía: "Nuestro siglo XIX está lleno
de gérmenes, de tal suerte que llegamos a la República
sin haberlos desenvuelto todos. Parte de nuestro pasado conserva su
vigencia."(5) Creo que interpretar el devenir del siglo XX cubano
a la luz de aquellos "gérmenes" de nuestro siglo fundacional
nos permitirá aprehender una visión más acorde
con nuestra cultura, y especialmente con nuestro humanismo, que una
interpretación de nuestra historia a partir de filosofías
totalmente foráneas que comenzaron a sumergirse en profundidad
en la sociedad civil cubana, precisamente, en esa década crítica
de los años 20.
Sería muy importante para la "comprensión" de
nuestra historia seguir usando el "instrumental" filosófico
fraguado en nuestro siglo XIX, desde un eclecticismo mestizo, es verdad,
pero así fuimos y somos, pero mezclado en un molde criollo, en
unas cabezas autóctonas pero abiertas a lo mejor del mundo. En
fin, moldeado en una escuela cubana de pensamiento que también
durante el siglo XX tuvo sus pensadores insignes que prefirieron seguir
en la clave de Caballero, Varela, Luz y Martí con la que se pudo
atravesar el mar de ciclones y dictaduras, el mar de tormentas y desconciertos,
hasta llegar a la Constitución de 1940 y toda esa década
de nuestra primera juventud institucional, no excenta de granos en la
cara y dislates en la calle, de corrupciones y tanteos, pero con la
solidez y el ímpetu del que sabe ya lo que hace y lo hace para
llegar a ser plenamente adulto, aunque no le salga como soñó
en su primera juventud.
CAPITOLIO NACIONAL.
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Eso explica, de alguna forma, la nueva arquitectura de la sociedad civil
en la época republicana. Así, van surgiendo iniciativas
y espacios de inspiración marxista, la "Protesta de los
Trece", la Revista de Avance, un nuevo sindicalismo, un partido
de "nuevo tipo" dan figura a una forma de ver la historia
y de "hacerla". Por otro lado, la Iglesia católica
intentaba desembarazarse de su matriz española y funda en la
misma década de los 20 las primeras organizaciones laicales de
Acción Católica: los Caballeros Católicos en el
25, , las Juventudes Católicas en el 28, la Agrupación
Católica Universitaria en el 31. Ese proceso de cubanización,
hay que decirlo así, fue especialmente fomentado por órdenes
religiosas como los Jesuitas, los Hermanos de la Salle, los Dominicos,etc.
Estas iniciativas de la pujante sociedad civil a partir de la década
crítica (1920-30), a mi forma de ver, fueron las que marcaron
el derrotero de lo más sano de la República de Cuba. Fue
el camino hacia la adultez que aún no hemos alcanzado, pero camino
al fin, marcaba el rumbo. Creo que se ha escrito demasiado de la sucesión
de gobiernos y dictaduras, de golpes de Estado e intervenciones norteamericanas,
de revoluciones y metróplis ya fueran española, norteamericana
o soviética. Esta sigue siendo una historia contada desde arriba
y desde fuera del seno de la sociedad civil cubana.
Es la historia del poder estatal, no del poder civil. Es la historia
de los gobernantes no de los ciudadanos. Es la historia, en fin, de
las veleidades políticas mientras se desconoce, mucho y bueno,
de la audacia, la creatividad, y de la responsabilidad, decisoria en
ocasiones, de las organizaciones cívicas intermedias en la historia
de la colonia, de la República, de la conquista del poder por
parte de una Revolución hecha, sostenida y secundada, por la
sociedad civil. Y ahora, la reciente historia aún en el horno
y en la fragua de una transición que, si se acepta que ya comenzó,
veremos, a todas luces, que se comenzó a hacer por la reconstrucción
de un nuevo tejido autónomo y creciente de la sociedad civil
postotalitaria.
Con demasiada frecuencia, en estos últimos 40 años, se
ha subrayado esta "historia" revolucionaria violenta. Y se
ha desconocido en la historia republicana lo que podemos llamar, con
razones sobradas como "otra revolución", cívica,
cultural, no violenta, gradual, vilipendiada por no ser todo lo radical
que querían otros, pero ahora vamos descubriendo que la violencia
revolucionaria sembró de violencia y sólo parió
nuevas formas de violencia, no sólo armada, sino desalmada, no
sólo física sino psíquica y espiritual.
Considero que la Constitución de 1940 y la década que
la siguió puede señalar la etapa en este proceso en la
que la República pasó de la primera juventud a un compromiso
más serio con su propio forja y destino. Pudiera decir que la
sociedad civil encontró verdadera "carta de ciudadanía"
en el articulado de aquella Constitución. Y no solo en su articulado,
sino y sobre todo, en la dinámica que provocó la Asamblea
constituyente y la inspiración y consenso que aportó esa
Carta Magna a todo el movimiento cívico de la década del
50.
Tengo la certeza de que, precisamente, por reconocer institucionalmente
a las organizaciones de la sociedad civil, por proveerlas de espacios
constitucionales, por crearles un marco legal asertivo y no coactivo,
por darles a esas organizaciones un rol no antagónico con las
estructuras del Estado, y no necesariamente opuestas a la clase política,
sino creando un clima de concertación y cooperación, por
todo ello, y por el ejercicio cívico y político que constituyó
la redacción, el debate y la aprobación de la Constitución
de 1940, es que ella misma se convirtió en un signo, en un punto
de encuentro, en un proyecto viable y aceptable para la inmensa mayoría
de los cubanos.
La capacidad de convocatoria, el consenso logrado, las conquistas sociales,
la mentalidad fraguada, el nivel de vida alcanzado, la vitalidad del
entramado social, la consolidación de la cultura nacional, el
ímpetu de la labor creadora tanto artística, como técnica
y científica, incluso la presencia digna de Cuba en la arena
internacional (recordemos su papel en la redacción y debate de
la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la ONU en
1948 con intelectuales y artistas como Guy Pérez Cisneros y Dihigo),
marcan una tendencia a la adultez en aquellas décadas de nuestra
República, a pesar de la frustración del golpe de estado
en el plano político. Es la misma lógica de siempre, que
venimos intentado hacer consciente en esta reflexión: mientras
la gobernabilidad del poder político puede flaquear y frustrarse,
incluso en épocas de florecimiento económico, el tejido
independiente de la sociedad civil va, por su camino de autogestión
y desarrollo, aportando un "ethos" y una "praxis"
que salvaguardan, consolidan y hacen crecer la identidad y la soberanía
de la nación.
EN PRADO Y NEPTUNO EL CUERPO
DE BOMBEROS LEVANTÓ ESTE ARCO
EL 20 DE MAYO DE 1902 EN HOMENAJE AL PRIMER PRESIDENTE
DE LA REPÚBLICA, DON TOMÁS ESTRADA PALMA.
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Así pues, más de la mitad del siglo XX cubano transcurrió
hacia la tendencia de un Estado fuerte, abarcador, paternalista. Era
la versión cubana de todo el siglo XX en la cultura occidental
con estados autoritarios por la derecha y totalitarios por la izquierda
Sólo la Iglesia escapó, en cuanto pudo, como institución
religiosa y por ende como parte de la sociedad civil, a este eje de
control totalitario. Ella alcanzó mantener, a duras penas, un
mínimo de autonomía. Ella sin duda ha sido un reservorio
de concienciación y libertad. Ella fue durante muchos años
el único espacio no totalmente controlado de entrenamiento para
la participación comunitaria y ciudadana. Ella fue la única
que logró sobrevivir al desmantelamiento, conservando su red
de redes en pequeñísimas comunidades casi exiguas, pero
testimoniantes de que no todo estaba perdido. Por esto mismo su responsabilidad
es y será de marca mayor.
Yo viví en carne propia, y con espíritu sostenido por
ella, ese tiempo de exilio interior y peregrinación por el desierto,
ese tiempo de sobrevivencia del "resto fiel". Nunca podré
agradecer suficientemente a Dios, a esta Iglesia, por ese resuello de
vida y por aquel exiguo pero inspirador espacio de libertad y participación.
En 1998 ocurre el acontecimiento nacional que, en mi opinión,
más benefició a la incipiente sociedad civil cubana y
no sólo a la Iglesia Católica que forma parte de ella,
se trata de la Visita del Papa Juan Pablo II.
Es el hecho mismo de la visita de un líder religioso que por
cinco días mantuvo en vilo a la nación con "otra
voz", con "otra figura" y con "otro mensaje",
que los que el pueblo de Cuba había recibido, lo que considero
vital para la sociedad civil cubana. Sobre ella el Papa expresó
una serie de mensajes que, por su coherencia y vigencia para el presente
y el futuro de Cuba, me permito citar sin comentarios:
-(Educación y sociedad civil)"Los padres, sin esperar que
otros les reemplacen en lo que es su responsabilidad, deben poder escoger
para sus hijos el estilo pedagógico, los contenidos éticos
y cívicos y la inspiración religiosa en los que desean
formarlos integralmente. No esperen que todo les venga dado. Asuman
su misión educativa, buscando y creando los espacios y medios
adecuados en la sociedad civil."(6)
-(Los jóvenes y la sociedad civil) "El compromiso es la
respuesta valiente de quienes no quieren malgastar su vida sino que
desean ser protagonistas de su propia historia personal y social...Asuman
un compromiso responsable en el seno de sus familias, en la vida de
las comunidades, en el entramado de la sociedad civil y también,
a su tiempo, en las estructuras de decisión de la Nación."(7)
-(El mundo de la cultura y la sociedad civil) "En Cuba se puede
hablar de un diálogo cultural fecundo, que es garantía
de un crecimiento más armónico y de un incremento de iniciativas
y de creatividad de la sociedad civil."(8)
-(Libertades y sociedad civil) "El bien común de una nación
debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a través
de medios pacíficos y graduales. De este modo, cada persona,
gozando de libertad de expresión, capacidad de iniciativa y de
propuesta en el seno de la sociedad civil y de la adecuada libertad
de asociación, podrá colaborar eficazmente en la búsqueda
del bien común."(9)
-(La Iglesia en la sociedad civil) "Mantengan, tratando de incrementar
su extensión y profundidad , un diálogo franco con las
instituciones del Estado y las organizaciones autónomas de la
sociedad civil."(10). Defendiendo su propia libertad la Iglesia
defiende la de cada persona , la de las familias, la de las diversas
organizaciones sociales, realidades vivas, que tienen derecho a un ámbito
propio de autonomía y soberanía. (Cf.Centesimus Annus,45)(11)
Este trabajo no puede, como decíamos al principio, hacer la historia
de esta jungla civilista de la sociedad cubana que va desde los albores
de la nacionalidad hasta la última década del siglo XX
y que es todavía hoy, casi desconocida en su inmensidad, capilaridad
e influencia. Pero quisiera dejar esta propuesta al celebrar el primer
Centenario de nuestra República: recoger un elenco, lo más
abarcador posible, de las organizaciones intermedias de la sociedad
civil en los diferentes períodos histórico desde la colonia
hasta nuestros días. Y aún más, intentar escribir
el rol que desempeñaron estas organizaciones en el devenir histórico
de Cuba. En una palabra, escribir una historia de Cuba desde la perspectiva
de su sociedad civil.
4. El siglo
XXI: hacia una nueva República
desde el protagonismo de la sociedad civil
Reconstruir la sociedad civil cubana, aprender de nuevo a organizarnos
desde abajo y por los lados, aceptar sinceramente y sin trastienda,
que la pluralidad inclusiva de organizaciones y asociaciones no es una
amenaza a la unidad de consensos, ir articulando esos consensos hasta
construir un proyecto de bien común "donde quepamos todos",
es , en mi opinión el gran desafío y la tarea primordial
de la sociedad cubana en los albores del siglo XXI: aprender cómo
diseñar y levantar una nueva República en continuidad
con lo mejor de su mismo devenir, en sintonía con sus voces e
ideas más profundas y auténticas, pero superando las edades
de su gestación (en el siglo 19), de su nacimiento(en 1902),
de su niñez (décadas del 10 al 20), de su primera juventud
(décadas del 30 al 40) y de su segunda y más traumática
juventud (en las décadas del 50 al 90).
Es un trabajo de discernimiento, para distinguir lo mejor de la experiencia
vivida.
Es un trabajo de purificación, para reconocer y enmendar los
errores y fracasos.
Es un trabajo de síntesis, para articular en un proyecto coherente
y viable las lecciones de cada etapa.
Es un trabajo de creación, para aportar las nuevas iniciativas
que requieren los tiempos nuevos.
UNIVERSIDAD DE LA HABANA, FRAGUA
DE MÍNORIAS QUE
DESEMPEÑARON UN PAPEL IMPORTANTE EN EL FORTALECIMIENTO
DE LA SOCIEDAD CIVIL EN CUBA EN LA ÉPOCA DE LA REPÚBLICA.
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Estoy convencido de que entre esta nueva utopía que nos convoca
y la dura realidad en que vivimos, están los pequeños
pasos que mantienen viva la esperanza.
Hay cubanos y cubanas, de aquí y de cualquier ribera, que están
dando ya esos pasos. Por ellos, Cuba, en la vigilia de una nueva etapa
de su vida, puede mirar al futuro con confianza.
Creo, por tanto, que el siglo XXI será el siglo de la sociedad
civil cubana. Este será el siglo de una República participativa
y corresponsable, abierta e integrada a su hemisferio, reconciliada
por dentro e interdependiente por fuera.
5. Característica
de una nueva sociedad civil para Cuba
Entonces, teniendo en cuenta que es posible comenzar desde mucho tiempo
antes del cambio político la reconstrucción de una sociedad
civil sana, factor ella misma de la transición primero y de una
auténtica democracia capilar, participativa y sistemática,
después, me gustaría delinear muy suscintamente las características
de ese entramado que debería conformar la sociedad civil en el
siglo XXI cubano:
-Personalista y personalizadora: Es decir, que cada grupo, asociación,
organización o movimiento de la sociedad civil salvaguarde y
promueva la dignidad plena de la persona humana. Ponga a la persona,
sus derechos y legítimas aspiraciones en el centro prioritario
de su organización, funcionamiento y métodos. Que no sean
organizaciones de "masas", o simplemente "mercantiles",
sino que aspiren a ser formaciones de personas, grupos éticos,
es decir, humanizados y humanizadores.
-Socializadora- con sentido comunitario: Es decir, que las personas
puedan experimentar procesos de auténtica socialización,
a través de dinámicas de integración, espacios
de participación, libertad de expresión y asociación.
Que las personas desarrollen un sentido de pertenencia y cultiven lazos
de convivencia respetuosa, creativa y pacífica. Que no sean organizaciones
o movimientos "sectarios" o cerrados, lo que no excluye que
sean competitivos, pero que estén dispuestos a la solución
pacífica de los conflictos, a la búsqueda de consensos
y a la articulación flexible con otras organizaciones de la sociedad
civil en la búsqueda integrada del bien común de toda
la nación.
-Plural y pluralista: Es decir, que se acepte la existencia de diversas
organizaciones para un mismo fin, que se acepte como una riqueza que
otros opten por asociaciones alternativas con los mismos objetivos.
Que se trabaje para eliminar los monopolios de servicios o asociaciones.
Que no se creen "consolidados" bajo el pretexto de ahorrar
recursos materiales o humanos. Los "consolidados", las organizaciones
integradas en una única y excluyente, el monopolio de un partido,
los sindicatos unificados por la fuerza, han demostrado su ineficacia,
la falta de iniciativas y de competencia y el desgaste rutinario. Una
cosa es articular la unidad desde la diversidad y otra matar la diversidad
para alcanzar la uniformidad. La pluralidad, es decir, la diversidad
de organizaciones, es un hecho, un dato de la realidad. El pluralismo
es asumir que esa pluralidad es una riqueza y no un estorbo para el
desarrollo de toda la sociedad.
-Participativa y corresponsable: Es decir, que la formación de
los grupos, asociaciones y movimientos de la sociedad civil debe hacerse
desde una base profundamente democrática. La participación
no debe ser ni de apoyo incondicional, ni participación manipulada,
ni participación frenada por intereses espurios. La sociedad
civil debe ser una escuela cotidiana de democracia participativa, de
ejercicio libre del criterio, de la elección de los objetivos,
los métodos, los dirigentes, de forma libre y responsable. La
sociedad civil debe ser también escuela de corresponsabilidad,
es decir, de responsabilidad compartida, de responsabilidad personal
y comunitaria.
-Subsidiaria y solidaria: Es decir, las organizaciones de la sociedad
civil deben respetar y cultivar el principio de la autogestión,
haciendo todo y sólo aquello que puedan hacer dichas organizaciones
por sí mismas y solicitando subsidio o cooperación o solidaridad
solamente en aquello que pueda demostrarse que no pueden asumir por
sí mismas. Es una escuela de madurez cívica en que se
fomenta la propia gestión y se evitan los paternalismos y dependencias
financieras, humanas, legales, etc.
-No necesariamente enfrentada al Estado, ni necesariamente identificada
con el mercado: Es decir, que la necesaria autonomía de las organizaciones
intermedias no debe ser considerada como una amenaza para el Estado
si este es democrático. El espacio de libertad que garantiza
el derecho de asociación ciudadana y la búsqueda pluralista
del bien común no necesariamente coloca a la sociedad civil como
enemiga irreconciliable del Estado. Podríamos decir que en la
medida que el Estado es más democrático y transparente,
crea un clima cívico y un marco legal que permite no sólo
la vida y el desarrollo de las organizaciones de la sociedad civil,
sino que fomenta y acepta la cooperación o complementación
de éstas en la búsqueda del bien común. Esto no
soslaya el carácter crítico y alternativo de esas organizaciones.
Tampoco es bueno que por oposición al estado el desarrollo de
la sociedad civil se identifique ineludiblemente con las exigencias
ciegas de las técnicas de mercado. Es saludable para ambos -estado
y mercado- que la sociedad civil ejerza su papel de denuncia, crítica
responsable, propuesta de alternativas y capacidad de iniciativa propia.
JUAN PABLO II EN LA PLAZA JOSÉ
MARTÍ,
EL 25 DE ENERO DE 1998.
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Quisiera, por otra parte destacar también el carácter
solidario de la sociedad civil que sueño para Cuba. En efecto,
ya sea por el nuevo individualismo creciente por la necesidad de supervivencia,
ya fuere por las influencias foráneas con sus corrientes egocentristas
del "sálvese el que pueda", ya sea incluso, por la
teoría del péndulo en una sociedad donde se ha abusado
del término solidaridad y se ha realizado una colectivización
forzada, Cuba necesita reflexionar sobre un nuevo sentido de la solidaridad.
La globalización de la solidaridad es, por otra parte, una aspiración
que permanece aún ambigua para los cubanos. No sólo es
necesario un discernimiento semántico sino ético de la
solidaridad, es por ello que me parece muy apropiada la distinción
que hace Adela Cortina en su libro "La ética de la sociedad
civil" cuando aclara:
"... el desarrollo de las virtudes y la identificación del
propio yo exigen una vida comunitaria integrada, frente a una existencia
desarraigada: exigen que cada individuo enraíce en el humus de
las tradiciones de una comunidad concreta. Estas comunidades constituyen,
a mi juicio, lo que una ética dialógica del tipo de la
ética discursiva llamaría una comunidad real de la comunicación,
... Sin embargo, quien se limite a vivir la solidaridad de que antes
hablábamos en una comunidad concreta no trasciende los límites
de una solidaridad grupal, que es incapaz, entre otras cosas, de posibilitar
una vida democrática. Una democracia auténtica precisa
ese tipo de solidaridad universalista de quienes, a la hora de decidir
normas comunes, son capaces de ponerse en el lugar de cualquier otro.
Lo cual significa, en definitiva, como bien dice Rawls, ser capaz de
ponerse en el lugar del menos aventajado."(12)
Esa solidaridad universalista, es decir, abierta y que trasciende las
fronteras del propio grupo, de la propia ideología, del propio
partido o religión, permite ejercer la crítica hacia dentro
de la propia organización, de cara al bien común y también
permite deponer intereses partidistas o sectarios en beneficio de los
menos aventajados. En Cuba, hoy, todos ciudadanos y Estado, incipiente
sociedad civil y Partido, Logias e Iglesias, debemos formarnos en ese
tipo de solidaridad universalista, pues durante mucho tiempo se han
depuesto los derechos y proyectos incluyentes por proyectos y programas
excluyentes y cerrados. También la Iglesia, como todas las organizaciones
de la sociedad civil, debe preguntarse si depone la defensa profética
de los derechos y la dignidad de los más desvalidos por conservar
o ganar sus propios espacios interiores, agentes para su pastoral, permisos
para sus procesiones, en fin, si no se siente tentada a preterir la
defensa de la justicia y la libertad de los oprimidos por garantizar
una cierta seguridad para crecer por dentro aunque sea con el noble
fin de luego servir mejor al resto del pueblo.
6. La sociedad civil:
puerta de acceso para los diferentes ambientes
Podemos decir que la República de Cuba puede y debe entrar en
una etapa verdaderamente nueva porque desde la sociedad civil se puede
acceder mejor al mundo de la política porque los ciudadanos estarán
mejor entrenados en la participación democrática y porque
los líderes estarán mejor entrenados en los límites
y el mutuo control de los poderes públicos, así como el
carácter de servicio de ese poder político.
Desde ese protagonismo de la sociedad civil se podrá acceder
mejor al mundo de una economía de mercado con cierta regulación
del estado que fomente la justicia social, porque la iniciativa creadora
y productiva se habrá entrenado en el seno de las organizaciones
concretas y porque el sentido de comunidad aprendido en esas organizaciones
permitirá abrir las meras reglas del mercado a una sensibilidad
ética de solidaridad y subsidiaridad. Sin mercantilismos deshumanizantes,
ni pragmatismos amorales.
La reconstrucción de una sociedad civil, plural y tolerante,
permitirá a la nueva República acceder al mundo de la
cultura desde la diversidad asumida y promovida como una riqueza cívica.
El diálogo interétnico, la creación libre y el
arte sin fronteras serán los verdaderos cimientos de la identidad
nacional que no se parapeta ni en estrechos nacionalismos, ni en disolución
acrítica en culturas hegemónicas.
Una República nueva desde un protagonismo adulto de la sociedad
civil permite que las religiones e Iglesias, puedan tener un espacio
real para "profesar la fe en ámbitos públicos reconocidos",
para que las Iglesias "puedan estimular las iniciativas que puedan
configurar una nueva sociedad"13 y puedan ejercer la caridad y
el profetismo, servicios de verdad y promoción humana, que aportarían,
a su vez, un ingrediente de purificación y renovación
a la misma sociedad civil de la que la Iglesia forma parte y a la que
está llamada a servir como fermento en la masa, como generadora
de espacios de participación, como articuladora de redes de solidaridades
y servicios, como red de redes, ella misma.
Incluso las relaciones internacionales de una República nueva
encontrarían en una sociedad civil autónoma, abierta y
solidaria, no sólo un modelo a seguir en esos vínculos
del servicio exterior, sino y sobre todo, caminos y lazos, puentes y
apoyos para unas relaciones con el mundo diversificadas, plurales, fraternales
y que vayan más allá de la diplomacia y las relaciones
interestatales, para llegar a ser verdaderos vínculos de comunicación
y solidaridad entre los pueblos y a todos los niveles de la sociedad
civil.
El 20 de Mayo de 2002, los cubanos veremos desde distinta óptica,
que la nación devenida en República cumple cien años.
Algunos reinvindicarán todo el pasado, y otros sólo un
tramo del trayecto en que pudieron realizar sus sueños y proyectos.
Unos dirán, con razón, que un siglo es poco para una República
y otros dirán, no sin razón, que no hemos hecho todo lo
que podíamos hacer en esta primera centuria.
Prefiero, junto con otros, mirar al futuro. Sobre todo, pensar y pre-sentir
el futuro.
Tengo la certeza de que esa mirada hacia delante nos permitirá
también mirar hacia el pasado, para aprender de la historia,
para arraigarnos en lo mejor del humus nacional, para tratar de no repetir
los mismos errores.
De igual modo, creo que esa mirada hacia delante nos permite vivir el
presente con mayor serenidad, sin amarguras ni nostalgias, sino con
creativa esperanza.
Y creo que esa esperanza, para convertirse en fuerza mística
de nuestra vida, pasa por la efectiva reconstrucción del tejido
de la sociedad civil en los umbrales del segundo centenario de la entrañable
República de Cuba.
Nota: Este es un resumen de un
trabajo realizado para el Instituto de Estudios Cubanos (IEC) y para
el Instituto "Mons. Enrique Pérez Serantes" de Santiago
de Cuba.
Bibliografía:
1 Moreno Fraginals, Manuel. "El ingenio". La Habana. Comisión
Nacional de la UNESCO.1964. pag. 55
2 Vitier, Medardo. "Las Ideas y la Filosofía en Cuba".
Editorial Ciencias Sociales. La Habana,1970. pags. 302 y 304.
3 Idem. pag. 305
4 idem. pag. 307
5 Vitier, Medardo. Op.cit. pag. 300.
6 Ibidem. Homilía a las familias en Santa Clara. Párrafo
6.
7 Ibidem. Mensaje a los jóvenes cubanos. Camagüey. Párrafo
4
8 Ibidem. Mensaje en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Párrafo
6.
9 Ibidem. Homilía en la Misa por la Patria. Coronación
de la Virgen de la Caridad. Santiago de Cuba. Párrafo 4.
10 Juan Pablo II. Discurso a los Obispos cubanos en su visita a Cuba.
Párrafo 3.
11 Ibidem. Homilía en Santiago de Cuba. Párrafo 4.
12 Cortina, Adela. "Hacer reforma.La ética de la sociedad
civil"Grupo ANAYA,S.A., Madrid, 1994, pag. 135.
13Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Mensaje "Un
cielo nuevo y una tierra nueva" no. 51. (Citando la Carta del Papa
Juan Pablo II a los Obispos cubanos en el primer aniversario de su visita
a Cuba. 22 de Enero de 1999.)