Revista Vitral No. 49 * año IX* mayo-junio 2002


ECLESIALES

 

NO SOMOS LA CIVILIZACIÓN, SINO PROMOTORES DE ELLA

 

 


CARDENAL FRANCISCO-XAVIER NGUYEN VAN THUAN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mensaje del Señor Cardenal Francisco-Xavier Nguyen Van Thuan Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz a todos los participantes en el primer Encuentro Continental de Pastoral Social-Caritas.

"¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lc. 24, 32)
Con mucho gusto saludo a todos los participantes en el 1 Encuentro Continental de Pastoral Social - Caritas. A través de estas palabras deseo expresar mi comunión con la Iglesia que - entre gozos y esperanzas- camina en el vasto Continente Americano. Me complace saber que la Iglesia en América busca, de manera creativa y comprometida, caminos que la lleven a cumplir de manera integral la misión que su Señor le ha encomendado. El camino es siempre lugar privilegiado de encuentro y de diálogo. Todo camino puede ser siempre experiencia de un Emaús renovado. En el camino común se tiene la oportunidad de dialogar, de ayudarse, de renovar la esperanza en la presencia de Alguien que da sentido a la historia, incluso cuando ésta aturde y desconcierta.
En el espíritu de la Exhortación Post-sinodal Iglesia en América, se han reunido todos Ustedes, para emprender un camino que impulse a los cristianos del Continente hacia una integración en la visión y misión comunes en la Pastoral Social - Caritas, un camino que ayude a "una mayor cooperación entre las diversas Iglesias particulares para afrontar juntas, dentro del marco de la nueva evangelización y como expresión de comunión episcopal, los problemas relativos a la justicia y la solidaridad entre las Naciones de América" (EA 2).
En efecto, contemplando el panorama de las realidades concretas de la economía y del trabajo, de la sociedad y de la política, de la técnica y de la comunicación, de la comunidad internacional y de las relaciones entre las culturas y los pueblos del Continente, la Iglesia se da cuenta de los innumerables desafíos que esta le presenta en el campo de la promoción humana y cristiana, ya que cada vez con mayor frecuencia se impone un sistema cultural contrario al Evangelio, con una concepción reductiva del hombre, y en el que las personas son valoradas sólo por lo que hacen, no por lo que son; por lo que producen y consumen y no por su dignidad, dando como resultado una sociedad donde los que no producen, no hacen o no consumen, no son útiles, son despreciados; una sociedad donde se llega a ver como normal y lógico el dominio del más fuerte y el desplazamiento y hundimiento de los más débiles; una sociedad donde predomina una visión del hombre incapaz de fomentar relaciones solidarias y fraternales. La Iglesia en su caminar por la historia contemporánea de los pueblos de América, ve que es cada vez más urgente entrar en diálogo con el mundo y hacer resonar su voz entre los hombres y mujeres de América, una voz que reconozca los avances y que advierta los desvíos, una voz que llame continuamente al discernimiento de los "signos de los tiempos" (cf GS, 4). La Iglesia quiere presentarse no como "Señora", sino como "Servidora" y quiere decir una palabra orientadora, aceptando lo positivo del progreso humano y, a la vez, alertando contra la tentación de un individualismo que amenaza con destruir la fraternidad entre los hombres y pone en peligro al género humano (cf GS 37). La "Iglesia Servidora", en su caminar por los senderos del tiempo, desea dialogar no sólo con los cristianos, sino con todos los hombres, porque, como a dicho Pablo VI: "Todo lo que es humano nos pertenece. Tenemos en común con toda la humanidad la naturaleza, es decir, la vida con todos sus dones, con todos sus problemas. Estamos prontos a compartir esta primera universalidad, a aceptar las exigencias profundas de sus fundamentales necesidades, aplaudir las afirmaciones nuevas y a veces sublimes de su genio. Y tenemos verdades morales, vitales, que hay que poner de relieve y que hay que corroborar en la conciencia humana, para todos beneficiosas.
Dondequiera que el hombre busca comprenderse a sí mismo y al mundo, podemos unirnos nosotros a él. Dondequiera que se reúnen las asambleas de los pueblos para establecer los derechos y los deberes del hombre, nos sentimos honrados cuando se nos permite sentarnos entre ellos..." No somos la civilización, sino promotores de ella" (ES 91). La Iglesia entra a este diálogo con el mundo y sus realidades, ofreciendo su milenaria experiencia en humanidad (cf PP 13), pero sobre todo, el mensaje evangélico a Ella encomendado, esta Buena Noticia que, "es luz, es novedad, es energía, es renacimiento, es salvación" (ES 54).
La Iglesia en América sabe que su acción pastoral no se improvisa, que tiene que seguir un camino de formación y desarrollo. Uno de los primeros pasos necesarios para la Pastoral Social es conocer la Doctrina Social de la Iglesia -"que tiene de por sí el valor de un instrumento de evangelización" (CA 54) - para poder inspirar en ella su acción. Por tanto es muy importante para la Pastoral Social en América la profundización -mediante el estudio y la reflexión- y la difusión de la naturaleza, finalidad y contenidos de la Doctrina Social de la Iglesia entre todos los miembros de la comunidad eclesial - y entre los hombres de buena voluntad- con especial atención a los aspirantes a la vida sacerdotal y religiosa. Tampoco se debe perder de vista que los laicos tienen el derecho y el deber de conocerla, ya que ellos son los principales protagonistas de la Pastoral Social, sobre todo en sus dimensiones operativas. Son ellos los que viven directamente en las realidades sociales, con responsabilidades profesionales y civiles.
El gran desafío que se presenta hoy para la humanidad - y para los pueblos del Continente Americano- es el de caminar juntos, uniendo fuerzas y capacidades para derrumbar el muro de la pobreza y de la marginación. Las fronteras que hay que cruzar y cancelar, son las provocadas por las estructuras injustas y por los efectos perversos de una cultura individualista globalizada. La tarea de "crear una verdadera cultura globalizada de la solidaridad" (EA 55) es de todos. Todos los hombres y mujeres de América están convocados a caminar y a colaborar, porque "el amor por el hombre y, en primer lugar, por el pobre, en que la Iglesia ve a Cristo, se concreta en la promoción de la justicia" (CA 58). Que Jesús, que se acerca, camina y dialoga con nosotros, los anime y llene de esperanza en los trabajos que hoy inician.

Ciudad del Vaticano, 5 de Marzo de 2002.


Mensaje del S. Excmo. Mons. Fouad Hel-Hage,
Presidente de la Confederación de Caritas Internationalis

Su Exc. Mons. Jorge Jiménez Carvajal, Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM.
Su Exc. Mons. Luis Alberto Giraldo, Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y Delegado Oficial del Pontificio Consejo Cor Unum.
Su Exc. Mons. John Yanta, Miembro de la Comisión Episcopal de CRS, Organismo de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de América.
Su Exc. Mons. Gregorio Rosa Chávez, Presidente de Caritas de América Latina y el Caribe.
Rev. Padre Carlos Lara López, delegado del Pontificio Consejo Justicia Y Paz.

Hermanas y Hermanos todos en el Señor Jesús.
En la actualidad los sectores de nuestros pueblos, sin excepción, sufren cada día más los efectos de la injusticia institucionalizada. Se globaliza la miseria, y no el progreso justo. Las soberanías de los pueblos se ven disminuidas en favor de una globalización que genera dependencia. Se pide libre circulación de los capitales, más no así de los miles de hombres y mujeres que se movilizan en busca de mejores opciones de vida, para ellos y sus familias. La competencia está por encima de la solidaridad. Se prioriza el mercado libre por encima de los valores éticos. Todo quiere ser sometido a la vorágine de la compra y venta, inclusive la dignidad humana. "Se depredan los recursos naturales y se pone en riesgo la sobrevivencia de toda la humanidad"( Conclusiones del II Foro Social Mundial). La sed de los grandes capitales por la privatización de los bienes, ahora quiere apropiarse del agua, de la biodiversidad, de la flora, de la fauna y a lo mejor, como se decía en el II Foro Social Mundial, hasta de los vientos y el sol.. La fraternidad se supedita al egoísmo y la codicia; y la vida queda por debajo de la propiedad absoluta.
Sin duda vivimos momentos muy difíciles, donde parece que lo mejor de la persona humana se ha escondido. No es fácil nuestro caminar, pero no por eso vamos a claudicar en la importante tarea de ser sembradores y forjadores de esperanza, sobre la base de una paz justa.
El mundo nos conocerá por nuestro compromiso con los empobrecidos de nuestros pueblos. Hoy sabemos, que también en los países del norte, bajo la apariencia de la suntuosidad y la sobreabundancia, se esconden miles de rostros sufrientes y anhelantes de solidaridad y justicia social. Por eso como presidente de la red Caritas, veo con mucho entusiasmo este esfuerzo que realizan ustedes, de encontrar rutas que los articulen en su esfuerzo por construir un mundo distinto, al que ligeramente describía al principio de mis palabras.
Este encuentro es un esfuerzo significativo para responder a tantas angustias y esperanzas. Es un signo que concretiza una iniciativa propia de todo este continente, por buscar a males comunes, respuestas comunes; sobre la base de nuestra fe y encuentro permanente con Jesucristo: camino para la solidaridad. Es confiar en el camino del diálogo, del intercambio desinteresado, de la concertación, de la participación y de la comunión, a partir de la riqueza de cada uno de los miembros de esta familia eclesial, en el ministerio de la Pastoral Social- Caritas.
Hoy seguimos derrumbando barreras y viejos obstáculos, para construir relaciones fraternas y solidarias entre todas las Iglesias que peregrinan en este continente de la esperanza. Hoy estamos, más que nunca, confiados de que sí es posible caminar juntos, que podemos edificar los puentes para unir a todos nuestros pueblos con la amalgama de la cooperación fraterna y de la solidaridad, que superan la iniquidad y construyen caminos de justicia. Un mundo solidario y pacífico que se fundamenta en la justicia. Un Encuentro que busca caminos para globalizar la solidaridad y construye la esperanza de los que caminamos como hermanos y hermanas.
Ustedes son una Iglesia llena de talentos y potencialidades, y en la medida que cada una aporte lo mejor de sí, a la luz de una espiritualidad de la comunión, construirán una sociedad más equitativa y pacífica, donde se superen las fuerzas perversas que nos generan abismos enormes entre los hijos e hijas de un mismo y único Dios.
Es cierto, que comparto con ustedes, una visión optimista y soñadora y no me avergüenzo de ello. Por la fe que profeso, y que nos hace hermanos y hermanas, me sitúo en el centro de la esperanza, y de que a partir de visiones y misiones compartidas, un mundo nuevo no solo es posible, sino, una alternativa que estamos llamados a construir.
En este sentido la angustia del mundo, y en especial del mundo empobrecido, que es la mayoría, es la angustia mía, y sin duda alguna, de la Pastoral Social-Cáritas; y la esperanza del mundo, y especialmente del mundo empobrecido, es la esperanza de la Pastoral Social Caritas.
Este Encuentro Continental constituye, en este sentido, un gran aporte a la Confederación Caritas y por lo tanto a los pueblos que esta confederación sirve.
América es un pueblo que convoca la humanidad de 800 millones de personas, hombres y mujeres, que claman por una sociedad de justicia y de equidad. Los valores del Reino, en la humanidad de toda la América, nos claman por un continente y un mundo nuevos, que estamos llamados a construir.
América es un continente cargado de diversidad cultural y de herencias de pueblos indígenas, negros y mestizos. La diversidad que se hace comunión es una de las mayores riquezas de este continente. Los grandes valores de humanidad y de confianza en el Señor de la vida, presentes en América, se reflejan en la esperanza del presente y del futuro que se hacen concretos en este primer Encuentro de Pastoral Social-Caritas de América.
La paz, fundamentada en la justicia, vuelve nuevamente y todas las veces que sean necesarias, a ser el propósito del trabajo de la Iglesia y en estos días particularmente, de la Pastoral Social - Cáritas. Este espacio es un aporte en esta perspectiva de liberación, participación y comunión, que nos anuncia el Evangelio y que las y los trabajadores del Reino estamos convocados a construir.
El Medio Oriente hermanado con América y el Presidente de la Confederación de Caritas Internationalis viniendo del Medio Oriente particularmente del Líbano, tiene un respeto particular por América Latina por su entusiasmo, su visión, su dinamismo que llena de vida nuestra Confederación. Siendo también Norteamericano de Nacionalidad me identifico con toda América que aquí se reúne por una causa común.
Permítanme, para finalizar, unirme al Santo Padre, con las palabras que proclamó en su Homilía de entrega del Documento Ecclesia in América, " Iglesia de América... ¡Bienaventurada por creer, por esperar y por amar, porque la promesa del Señor en ti se cumplirá"( n.6)

 

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