Mensaje del Señor Cardenal
Francisco-Xavier Nguyen Van Thuan Presidente del Pontificio Consejo
Justicia y Paz a todos los participantes en el primer Encuentro Continental
de Pastoral Social-Caritas.
"¿No estaba ardiendo nuestro corazón
dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las
Escrituras?" (Lc. 24, 32)
Con mucho gusto saludo a todos los participantes en el 1 Encuentro Continental
de Pastoral Social - Caritas. A través de estas palabras deseo
expresar mi comunión con la Iglesia que - entre gozos y esperanzas-
camina en el vasto Continente Americano. Me complace saber que la Iglesia
en América busca, de manera creativa y comprometida, caminos
que la lleven a cumplir de manera integral la misión que su Señor
le ha encomendado. El camino es siempre lugar privilegiado de encuentro
y de diálogo. Todo camino puede ser siempre experiencia de un
Emaús renovado. En el camino común se tiene la oportunidad
de dialogar, de ayudarse, de renovar la esperanza en la presencia de
Alguien que da sentido a la historia, incluso cuando ésta aturde
y desconcierta.
En el espíritu de la Exhortación Post-sinodal Iglesia
en América, se han reunido todos Ustedes, para emprender un camino
que impulse a los cristianos del Continente hacia una integración
en la visión y misión comunes en la Pastoral Social -
Caritas, un camino que ayude a "una mayor cooperación entre
las diversas Iglesias particulares para afrontar juntas, dentro del
marco de la nueva evangelización y como expresión de comunión
episcopal, los problemas relativos a la justicia y la solidaridad entre
las Naciones de América" (EA 2).
En efecto, contemplando el panorama de las realidades concretas de la
economía y del trabajo, de la sociedad y de la política,
de la técnica y de la comunicación, de la comunidad internacional
y de las relaciones entre las culturas y los pueblos del Continente,
la Iglesia se da cuenta de los innumerables desafíos que esta
le presenta en el campo de la promoción humana y cristiana, ya
que cada vez con mayor frecuencia se impone un sistema cultural contrario
al Evangelio, con una concepción reductiva del hombre, y en el
que las personas son valoradas sólo por lo que hacen, no por
lo que son; por lo que producen y consumen y no por su dignidad, dando
como resultado una sociedad donde los que no producen, no hacen o no
consumen, no son útiles, son despreciados; una sociedad donde
se llega a ver como normal y lógico el dominio del más
fuerte y el desplazamiento y hundimiento de los más débiles;
una sociedad donde predomina una visión del hombre incapaz de
fomentar relaciones solidarias y fraternales. La Iglesia en su caminar
por la historia contemporánea de los pueblos de América,
ve que es cada vez más urgente entrar en diálogo con el
mundo y hacer resonar su voz entre los hombres y mujeres de América,
una voz que reconozca los avances y que advierta los desvíos,
una voz que llame continuamente al discernimiento de los "signos
de los tiempos" (cf GS, 4). La Iglesia quiere presentarse no como
"Señora", sino como "Servidora" y quiere
decir una palabra orientadora, aceptando lo positivo del progreso humano
y, a la vez, alertando contra la tentación de un individualismo
que amenaza con destruir la fraternidad entre los hombres y pone en
peligro al género humano (cf GS 37). La "Iglesia Servidora",
en su caminar por los senderos del tiempo, desea dialogar no sólo
con los cristianos, sino con todos los hombres, porque, como a dicho
Pablo VI: "Todo lo que es humano nos pertenece. Tenemos en común
con toda la humanidad la naturaleza, es decir, la vida con todos sus
dones, con todos sus problemas. Estamos prontos a compartir esta primera
universalidad, a aceptar las exigencias profundas de sus fundamentales
necesidades, aplaudir las afirmaciones nuevas y a veces sublimes de
su genio. Y tenemos verdades morales, vitales, que hay que poner de
relieve y que hay que corroborar en la conciencia humana, para todos
beneficiosas.
Dondequiera que el hombre busca comprenderse a sí mismo y al
mundo, podemos unirnos nosotros a él. Dondequiera que se reúnen
las asambleas de los pueblos para establecer los derechos y los deberes
del hombre, nos sentimos honrados cuando se nos permite sentarnos entre
ellos..." No somos la civilización, sino promotores de ella"
(ES 91). La Iglesia entra a este diálogo con el mundo y sus realidades,
ofreciendo su milenaria experiencia en humanidad (cf PP 13), pero sobre
todo, el mensaje evangélico a Ella encomendado, esta Buena Noticia
que, "es luz, es novedad, es energía, es renacimiento, es
salvación" (ES 54).
La Iglesia en América sabe que su acción pastoral no se
improvisa, que tiene que seguir un camino de formación y desarrollo.
Uno de los primeros pasos necesarios para la Pastoral Social es conocer
la Doctrina Social de la Iglesia -"que tiene de por sí el
valor de un instrumento de evangelización" (CA 54) - para
poder inspirar en ella su acción. Por tanto es muy importante
para la Pastoral Social en América la profundización -mediante
el estudio y la reflexión- y la difusión de la naturaleza,
finalidad y contenidos de la Doctrina Social de la Iglesia entre todos
los miembros de la comunidad eclesial - y entre los hombres de buena
voluntad- con especial atención a los aspirantes a la vida sacerdotal
y religiosa. Tampoco se debe perder de vista que los laicos tienen el
derecho y el deber de conocerla, ya que ellos son los principales protagonistas
de la Pastoral Social, sobre todo en sus dimensiones operativas. Son
ellos los que viven directamente en las realidades sociales, con responsabilidades
profesionales y civiles.
El gran desafío que se presenta hoy para la humanidad - y para
los pueblos del Continente Americano- es el de caminar juntos, uniendo
fuerzas y capacidades para derrumbar el muro de la pobreza y de la marginación.
Las fronteras que hay que cruzar y cancelar, son las provocadas por
las estructuras injustas y por los efectos perversos de una cultura
individualista globalizada. La tarea de "crear una verdadera cultura
globalizada de la solidaridad" (EA 55) es de todos. Todos los hombres
y mujeres de América están convocados a caminar y a colaborar,
porque "el amor por el hombre y, en primer lugar, por el pobre,
en que la Iglesia ve a Cristo, se concreta en la promoción de
la justicia" (CA 58). Que Jesús, que se acerca, camina y
dialoga con nosotros, los anime y llene de esperanza en los trabajos
que hoy inician.
Ciudad del Vaticano, 5 de Marzo de 2002.
Mensaje del S. Excmo. Mons.
Fouad Hel-Hage,
Presidente de la Confederación de Caritas Internationalis
Su Exc. Mons. Jorge Jiménez Carvajal, Presidente del Consejo
Episcopal Latinoamericano, CELAM.
Su Exc. Mons. Luis Alberto Giraldo, Presidente de la Conferencia Episcopal
de Colombia y Delegado Oficial del Pontificio Consejo Cor Unum.
Su Exc. Mons. John Yanta, Miembro de la Comisión Episcopal de
CRS, Organismo de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos de
América.
Su Exc. Mons. Gregorio Rosa Chávez, Presidente de Caritas de
América Latina y el Caribe.
Rev. Padre Carlos Lara López, delegado del Pontificio Consejo
Justicia Y Paz.
Hermanas y Hermanos todos en el Señor Jesús.
En la actualidad los sectores de nuestros pueblos, sin excepción,
sufren cada día más los efectos de la injusticia institucionalizada.
Se globaliza la miseria, y no el progreso justo. Las soberanías
de los pueblos se ven disminuidas en favor de una globalización
que genera dependencia. Se pide libre circulación de los capitales,
más no así de los miles de hombres y mujeres que se movilizan
en busca de mejores opciones de vida, para ellos y sus familias. La
competencia está por encima de la solidaridad. Se prioriza el
mercado libre por encima de los valores éticos. Todo quiere ser
sometido a la vorágine de la compra y venta, inclusive la dignidad
humana. "Se depredan los recursos naturales y se pone en riesgo
la sobrevivencia de toda la humanidad"( Conclusiones del II Foro
Social Mundial). La sed de los grandes capitales por la privatización
de los bienes, ahora quiere apropiarse del agua, de la biodiversidad,
de la flora, de la fauna y a lo mejor, como se decía en el II
Foro Social Mundial, hasta de los vientos y el sol.. La fraternidad
se supedita al egoísmo y la codicia; y la vida queda por debajo
de la propiedad absoluta.
Sin duda vivimos momentos muy difíciles, donde parece que lo
mejor de la persona humana se ha escondido. No es fácil nuestro
caminar, pero no por eso vamos a claudicar en la importante tarea de
ser sembradores y forjadores de esperanza, sobre la base de una paz
justa.
El mundo nos conocerá por nuestro compromiso con los empobrecidos
de nuestros pueblos. Hoy sabemos, que también en los países
del norte, bajo la apariencia de la suntuosidad y la sobreabundancia,
se esconden miles de rostros sufrientes y anhelantes de solidaridad
y justicia social. Por eso como presidente de la red Caritas, veo con
mucho entusiasmo este esfuerzo que realizan ustedes, de encontrar rutas
que los articulen en su esfuerzo por construir un mundo distinto, al
que ligeramente describía al principio de mis palabras.
Este encuentro es un esfuerzo significativo para responder a tantas
angustias y esperanzas. Es un signo que concretiza una iniciativa propia
de todo este continente, por buscar a males comunes, respuestas comunes;
sobre la base de nuestra fe y encuentro permanente con Jesucristo: camino
para la solidaridad. Es confiar en el camino del diálogo, del
intercambio desinteresado, de la concertación, de la participación
y de la comunión, a partir de la riqueza de cada uno de los miembros
de esta familia eclesial, en el ministerio de la Pastoral Social- Caritas.
Hoy seguimos derrumbando barreras y viejos obstáculos, para construir
relaciones fraternas y solidarias entre todas las Iglesias que peregrinan
en este continente de la esperanza. Hoy estamos, más que nunca,
confiados de que sí es posible caminar juntos, que podemos edificar
los puentes para unir a todos nuestros pueblos con la amalgama de la
cooperación fraterna y de la solidaridad, que superan la iniquidad
y construyen caminos de justicia. Un mundo solidario y pacífico
que se fundamenta en la justicia. Un Encuentro que busca caminos para
globalizar la solidaridad y construye la esperanza de los que caminamos
como hermanos y hermanas.
Ustedes son una Iglesia llena de talentos y potencialidades, y en la
medida que cada una aporte lo mejor de sí, a la luz de una espiritualidad
de la comunión, construirán una sociedad más equitativa
y pacífica, donde se superen las fuerzas perversas que nos generan
abismos enormes entre los hijos e hijas de un mismo y único Dios.
Es cierto, que comparto con ustedes, una visión optimista y soñadora
y no me avergüenzo de ello. Por la fe que profeso, y que nos hace
hermanos y hermanas, me sitúo en el centro de la esperanza, y
de que a partir de visiones y misiones compartidas, un mundo nuevo no
solo es posible, sino, una alternativa que estamos llamados a construir.
En este sentido la angustia del mundo, y en especial del mundo empobrecido,
que es la mayoría, es la angustia mía, y sin duda alguna,
de la Pastoral Social-Cáritas; y la esperanza del mundo, y especialmente
del mundo empobrecido, es la esperanza de la Pastoral Social Caritas.
Este Encuentro Continental constituye, en este sentido, un gran aporte
a la Confederación Caritas y por lo tanto a los pueblos que esta
confederación sirve.
América es un pueblo que convoca la humanidad de 800 millones
de personas, hombres y mujeres, que claman por una sociedad de justicia
y de equidad. Los valores del Reino, en la humanidad de toda la América,
nos claman por un continente y un mundo nuevos, que estamos llamados
a construir.
América es un continente cargado de diversidad cultural y de
herencias de pueblos indígenas, negros y mestizos. La diversidad
que se hace comunión es una de las mayores riquezas de este continente.
Los grandes valores de humanidad y de confianza en el Señor de
la vida, presentes en América, se reflejan en la esperanza del
presente y del futuro que se hacen concretos en este primer Encuentro
de Pastoral Social-Caritas de América.
La paz, fundamentada en la justicia, vuelve nuevamente y todas las veces
que sean necesarias, a ser el propósito del trabajo de la Iglesia
y en estos días particularmente, de la Pastoral Social - Cáritas.
Este espacio es un aporte en esta perspectiva de liberación,
participación y comunión, que nos anuncia el Evangelio
y que las y los trabajadores del Reino estamos convocados a construir.
El Medio Oriente hermanado con América y el Presidente de la
Confederación de Caritas Internationalis viniendo del Medio Oriente
particularmente del Líbano, tiene un respeto particular por América
Latina por su entusiasmo, su visión, su dinamismo que llena de
vida nuestra Confederación. Siendo también Norteamericano
de Nacionalidad me identifico con toda América que aquí
se reúne por una causa común.
Permítanme, para finalizar, unirme al Santo Padre, con las palabras
que proclamó en su Homilía de entrega del Documento Ecclesia
in América, " Iglesia de América... ¡Bienaventurada
por creer, por esperar y por amar, porque la promesa del Señor
en ti se cumplirá"( n.6)