Revista Vitral No. 49 * año IX* mayo-junio 2002


ECONOMÍA

 

REPÚBLICA Y ECONOMÍA

MARÍA DE LA CARIDAD GÁLVEZ CHIU

 

UNA ECONOMÍA DIVERSA Y NO DE PRIORIDADES.

UNA ECONOMÍA PARTICIPATIVA Y NO MONOPOLISTA.

UNA ECONOMÍA CON UNA ESTRATEGIA PERFECTAMENTE DEFINIDA DE DESARROLLO HUMANO Y NO DE CRECIMIENTO ECONÓMICO.

UNA ECONOMÍA SOBERANA PERO, NO AISLADA.

UNA ECONOMÍA EFICIENTE QUE DISTRIBUYA JUSTAMENTE.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



C
on la instauración de la República, el 20 de mayo de 1902, se abrió una nueva etapa en la historia de Cuba. Por fin, el país tuvo un gobierno propio. ¿Qué pasó con la economía? La economía de la república nació con el Tratado de Reciprocidad Comercial, se caracterizó por ser una economía monoexportadora y plurimportadora.
En una economía deformada y dependiente de un producto y de un mercado se produjo una situación que marcó toda la república:. La concentración de la tierra en pocas manos, en lo esencialmente destinada al cultivo de la caña de azúcar. O sea, se impuso el monocultivo azucarero y una economía de plantación; activa en los meses de zafra y deprimida el resto del año, el " Tiempo Muerto "; con períodos de expansión, cuando los precios del azúcar alcanzaban altas cotas en el mercado internacional y terribles depresiones cuando estos caían .

También muchas ventajas trajo la instauración de la República en Cuba para la economía. La irrupción del capital norteamericano, fundamentalmente el de los refinadores, que ya en tiempos de la colonia se abastecía del azúcar crudo cubano, trajo consigo una impactante recuperación económica. Si en 1900 la producción azucarera fue de 300, 0 miles de toneladas, sólo cinco años después, en 1905, se alcanzaban 1,l6 millón de toneladas, volumen superior a cualquier zafra bajo dominio español. En 1919, eran elaborados más de 4,0 millones de toneladas, y en l925 se llegó a los 5,2 millones. Por su parte, la ganadería vacuna casi desaparecida a causa de la guerra, llegó a principios de los años 30 a más de 4 millones de cabezas.
La longitud de las vías férreas, indispensables para la transportación de la caña y el azúcar, aumentó a niveles tales que en los años 20, por la extensión del sistema cubano, en América Latina sólo era superada por algunos países del Cono Sur. Así mismo, mientras en la colonia las carreteras únicamente sumaban varias decenas de kilómetros, y la parte occidental de la Isla estaba obligada a comunicarse con las provincias orientales por mar, ya en los años 30 existían miles de kilómetros de vías y prácticamente todo el territorio nacional estaba enlazado por tierra.
En el primer cuarto de siglo, la economía se destacó por su acelerado desarrollo, sin embargo, los beneficios obtenidos no tocaron a todos por igual. En primer lugar, los intereses extranjeros se repartieron la mayor parte del pastel, seguidos por los hacendados (fabricantes de azúcar) criollos y de otras naciones, los mercaderes asociados a negocios de exportación de azúcar, los grandes colonos, (la llamada entonces "sacarocracia"); así como los comerciantes importadores al por mayor de alimentos y productos necesarios a la ciudadanía.
Existen muchos criterios sobre los primeros sesenta años de república en Cuba, pero los cubanos tenemos ya muy poca costumbre de soñar con el futuro. Hoy, a 100 años de constituida la República de Cuba, después de pasar por diferentes etapas, sería saludable soñar con la economía que quisiéramos se hubiera gestado en estos 100 años y que garantizaría la existencia de una verdadera república.
¿Cómo quisiera que fuera la economía cubana a los 100 años de república?

Una economía diversa y no de prioridades

Diversificar la economía es un viejo sueño en Cuba. Una economía no puede depender en mayor medida de un solo renglón si no quiere verse en muchos ocasiones al borde del colapso. Yo sueño con una economía que pueda dedicar sus esfuerzos a varios renglones a la vez, aunque sea necesario establecer prioridades en determinados momentos, hacerlo a través de mecanismos económicos que funcionen como impulsores de una determinada política económica. La economía debe desarrollarse por diferentes ángulos, de manera que se amplíen las posibilidades de participar en ella, en su proceso y en sus beneficios.

Una economía participativa y no monopolista

La economía es cosa de todos los ciudadanos de un país y si bien es cierto que hay cuestiones que son de los especialistas, la economía en un sistema justo no puede convertirse en materia de especialistas. La economía debe tener instrumentados los métodos y vías que permitan la participación de todos y de cada uno en el proceso por el desarrollo del país en que viven. El monopolio, tanto estatal como privado, es un freno a la participación y a la justicia de la distribución. No se trata de que la gente se sienta parte de la economía sino que sea, ya no parte, sino, el todo incompleto que necesita de los demás pero que se sabe capaz de intervenir por sí solo, de aportar su granito de arena a la construcción de una sociedad justa y económicamente desarrollada. Esta participación no debe ser solamente en la ejecución de las tareas económicas, ni sólo en su planificación, ni sólo en su dirección, sino en todo el proceso. Nos toca como ciudadanos no ceder nuestros derechos a participar por complejos de inferioridad o por dejadez, y corresponde a las instancias superiores no cerrar los espacios de participación por falta de confianza o por prepotencia técnica o política. Esto garantizaría la existencia de una verdadera república.

Una economía con una estrategia perfectamente definida de desarrollo humano y no de crecimiento económico

En una república que ha cumplido ya 100 años, la economía debe tener una estrategia definida hacia el desarrollo humano integral que por supuesto pasa por el desarrollo de la economía en su sentido más estrecho. Una estrategia económica justa no se concibe sin una marcada línea hacia el desarrollo de lo que es el hombre. No se trata de establecer políticas económicas que contribuyan al crecimiento económico y calzarlas con estrategias sociales y políticas que amortigüen los efectos negativos que puedan causar las económicas, se trata de crear políticas económicas que tengan al hombre como sujeto, centro y fin, de manera que no se necesiten políticas colaterales, sino que la política económica sea completa en sí misma. La economía así entendida, se convertirá en una economía verdaderamente personalista y no en un terreno más para la eterna lucha entre el capital y el trabajo donde cualquiera que gane le gana a la persona. Esto constribuiría a garantizar la existencia de una república.

Una economía soberana pero, no aislada

La dependencia es un mal que ha padecido durante muchos años nuestra economía, ya sea del antiguo campo socialista, ya sea de las actuales remesas extranjeras. Las relaciones entre los países serán provechosas para todos si se establecen sobre la base de la interdependencia y no de dependencia. La dependencia es una situación que está en contra de lo que es el hombre, de su dimensión comunitaria bien entendida. La economía cubana a los cien años de república, por una parte, no debía aceptar ayudas que la hagan dependiente del ayudante, y por otra, debía sentirse lo suficientemente adulta como para establecer relaciones sin temor de perder soberanía. Porque Cuba debe abrirse al mundo, entrar en el juego mundial, aun cuando las reglas de ese juego no sean del todo justas, pues es la única manera de tener la posibilidad de cambiar las reglas y de ser de los ganadores del juego.

Una economía eficiente que distribuya justamente

La eficiencia es condición indispensable para que una economía sea economía. Utilizar lo más racionalmente posible los recursos, sin dañar la calidad de los resultados, es lo que se considera eficiencia. En fin, administrar, que, en definitiva, es economía. Sin eficiencia, la economía no juega el papel para el que fue creada, administrar los recursos escasos que existen en el planeta. Es necesario ser eficientes. Pero no basta con la eficiencia para que la economía funcione; esa eficiencia tiene que llegar a todos y a cada uno, no por igual, sino equitativamente, o sea hay que distribuir con justicia. Distribuir con justicia lo que se produce con eficiencia garantizaría la existencia de una verdadera república.
La economía de un país constituido en una república debe tener ciertas características que garanticen el ambiente y el funcionamiento de la misma. Garantizar una república conlleva garantizar una economía justa, porque la economía es una manera de concretar las relaciones de los hombres con otros hombres, con la naturaleza, con los recursos, con Dios. No podremos garantizar una república sin contar con ciudadanos que tengan voluntad y criterios para vivir en ella.

 

Revista Vitral No. 49 * año IX * mayo-junio 2002
María de la Caridad Gálvez Chiu
(Pinar del Río, 1968) Graduada de Lic. en Economía en la Universidad de Pinar del Río, 1994. Profesora en el IPE "Rafael Ferro". Miembro del equipo diocesano del Centro de Formación Cívica y Religiosa.