Intervención
del Excmo. Sr. James Carter, (Ex-presidente de los Estados Unidos de
América) en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 14
de Mayo de 2002.
Señor Presidente Castro; Ministros del Gobierno;
Otros distinguidos invitados; Señor Rector;
profesores y estudiantes:
Aprecio debidamente la invitación extendida por
el señor Presidente Castro para que yo visite Cuba, y estoy encantado
con la hospitalidad que hemos recibido desde nuestra llegada.
Es un gran honor tener la oportunidad de dirigirme al pueblo cubano.
Hace un siglo, y después de una larga y agonizante gesta, Cuba
alcanzó su independencia, y comenzó a desarrollarse una
compleja relación entre nuestros dos países. Las grandes
potencias de Europa y Asia consideraban al "imperialismo"
como un orden natural de la época y esperaban que los Estados
Unidos colonizara a Cuba, en la forma en que los europeos lo habían
hecho en el África. Sin embargo, Estados Unidos prefirió
apoyar para que Cuba fuera independiente, pero no totalmente. La Enmienda
Platt le dio a mi país el derecho de intervenir en los asuntos
internos de Cuba, hasta que, en mayo de 1934, el presidente Franklin
Roosevelt tuvo la sabiduría de revocar esta enmienda.
Hace más de 43 años se derrocó al dictador Fulgencio
Batista, y unos pocos años después, durante la guerra
fría, la Revolución cubana se alineó con la Unión
Soviética. Desde entonces, nuestros dos pueblos vecinos han seguido
rutas filosóficas y políticas distintas.
La dura realidad es que ni los Estados Unidos ni Cuba han logrado definir
una relación que sea positiva y beneficiosa. ¿Será
posible que este nuevo siglo pueda encontrar a dos pueblos vecinos que
vivan en paz y armonía? He venido aquí en busca de una
respuesta a esta pregunta.
Hay algunos en Cuba que piensan que la respuesta sencilla es que los
Estados Unidos termine el embargo, y hay otros en mi país que
creen que la respuesta es que el Presidente de Cuba deje el poder y
permita elecciones libres. No hay duda que este asunto merece una evaluación
más profunda.
He vuelto a revisar la compleja historia (preparándome para mis
conversaciones con el Presidente Castro) y he comprendido que no hay
respuestas sencillas.
No he venido acá a interferir en los asuntos internos de Cuba,
sino a extender una mano de amistad hacia el pueblo cubano y ofrecer
una visión del futuro para nuestros dos países y para
las Américas.
Esta es una visión que incluye a una Cuba totalmente integrada
en un hemisferio democrático, que participa en el Área
de Libre Comercio de las Américas y, con ciudadanos que viajan
sin restricciones, para visitarse entre sí. Quiero ver un programa
masivo de intercambio estudiantil entre nuestras universidades. Quiero
que los pueblos de los Estados Unidos y Cuba compartan mucho más
que su afición por el juego de pelota (béisbol) -esta
noche, más tarde, vamos a un juego de pelota (Risas), y espero
que pueda lanzar en el béisbol primero- y la maravillosa música.
Quiero que lleguemos a ser amigos y nos respetemos unos a otros.
Durante 42 años, nuestras dos naciones se han encontrado atrapadas
en un dañino estado de beligerancia. Ha llegado la hora en la
que debemos cambiar nuestras relaciones y la forma en la que pensamos
y hablamos uno del otro. Debido a que los Estados Unidos es la nación
más poderosa, somos nosotros quienes debemos dar el primer paso.
En primer lugar, tengo la esperanza de que el Congreso de los Estados
Unidos pronto actuará para permitir viajar sin restricción
entre los Estados Unidos y Cuba, establecer relaciones de comercio abiertas
y revocar el embargo. Debo también añadir, que este tipo
de restricciones no son la causa de los problemas económicos
de Cuba. Cuba tiene intercambio comercial con más de 100 naciones,
y, por ejemplo, puede comprar medicinas a mejor precio en México
que en los Estados Unidos. Pero el embargo congela el presente impasse,
induce a la ira y al resentimiento, restringe la libertad de los ciudadanos
de los Estados Unidos y dificulta el que podamos intercambiar ideas
y mostrar respeto.
En segundo lugar, tengo la esperanza de que Cuba y los Estados Unidos
puedan resolver, con alguna creatividad, las disputas relativas a derechos
de propiedades antiguas, que han durado cuarenta años. En muchos
casos estamos debatiendo reclamos sobre ingenios azucareros decrépitos,
una empresa de teléfonos que es una antigüedad y muchas
otras pertenencias obsoletas. La mayor parte de las compañías
norteamericanas, ya han absorbido sus pérdidas, pero hay otras
compañías que todavía quieren ser compensadas,
y muchos cubanos que huyeron de la Revolución mantienen un apego
sentimental por sus casas.
En 1979, cuando, como presidente, normalicé las relaciones con
China, resolvimos un problema similar. Yo propongo que nuestros dos
países establezcan una comisión de ciudadanos notables
para examinar, en una forma positiva y constructiva, las preocupaciones
legítimas de todas las partes involucradas.
Tercero, algunos de aquellos que abandonaron esta hermosa isla han demostrado
claramente que la clave para alcanzar una economía boyante es
el uso de las capacidades empresariales individuales. Pero hay unos
cubanos en el sur de la Florida, que siguen molestos en relación
a su salida y a sus familias divididas. Tenemos que definir un futuro
que pueda servir como un puente de reconciliación entre Cuba
y los Estados Unidos.
¿Es posible establecer este tipo de relaciones normales?
Yo creo que sí. Con la excepción de la estancada relación
entre Cuba y Estados Unidos, el mundo ha cambiado mucho, especialmente
en América Latina y el Caribe. Hace relativamente poco tiempo,
en el año 1977, cuando yo asumí la presidencia, en América
del Sur había solamente dos democracias y en América Central
apenas una. En la actualidad, casi todos los países en las Américas
son democracias.
No uso la definición de "democracia" de los Estados
Unidos. El término se halla consagrado en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, que Cuba firmó en 1948 y este
ha sido definido muy precisamente por los demás países
de las Américas en la Carta Democrática Inter-Americana
en el pasado mes de septiembre. Se basa sobre premisas muy sencillas:
todos los ciudadanos nacen con el derecho de escoger sus propios líderes,
de definir su propio destino, de hablar libremente, de organizar partidos,
sindicatos y grupos no gubernamentales, y de tener procesos legales
abiertos y justos.
Solamente esos gobiernos pueden ser miembros de la OEA, pueden ingresar
en el Área de Libre Comercio de las Américas o participar
en las cumbres de las Américas. En la actualidad, cualquier régimen
que tome el poder en forma inconstitucional estará sujeto al
ostracismo. Esto fue demostrado con el rechazo al golpe de estado suscitado
en Venezuela el mes pasado.
La democracia es un marco que permite a las personas acomodarse a los
tiempos cambiantes y corregir los errores del pasado. Desde nuestra
independencia, Estados Unidos se ha librado de la esclavitud, ha otorgado
el derecho de voto a la mujer, ha concluido con casi un siglo de discriminación
racial legal, y justamente en este año ha reformado sus leyes
electorales, para corregir los problemas que enfrentamos en la Florida
hace dieciocho meses.
Cuba ha adoptado un gobierno socialista donde no se permite que su pueblo
organice ningún tipo de movimientos de oposición. Su constitución
reconoce la libertad de expresión y de asociación, pero
otras leyes niegan estas libertades a aquellos que no están de
acuerdo con el gobierno.
En cuanto a los derechos humanos, tampoco podemos decir que mi nación
es perfecta. Un número de nuestros ciudadanos se halla encarcelado
en prisiones, y hay poca duda que la pena de muerte se impone más
duramente sobre aquellos que son pobres, negros o se encuentran mentalmente
enfermos. Durante más de un cuarto de siglo, no hemos logrado
garantizar para nuestro pueblo el derecho básico al cuidado universal
de la salud. Sin embargo, las garantías de las libertades civiles
ofrecen a todo ciudadano la oportunidad de cambiar estas leyes.
Este derecho fundamental también ha sido garantizado para los
cubanos. Es grato ver que los artículos 63 y 88 de su Constitución,
facultan a los ciudadanos para presentar una petición ante la
Asamblea Nacional para autorizar un referéndum que cambie las
leyes si 10 000 o más ciudadanos la firman. He sido informado
que tal esfuerzo, conocido bajo el nombre del Proyecto Varela, ha logrado
suficientes firmas y ha presentado una petición de esta naturaleza
ante la Asamblea Nacional. Cuando los cubanos ejerzan este derecho para
pacíficamente cambiar sus leyes mediante un voto directo, el
mundo verá cómo son los cubanos y no los extranjeros,
quienes decidirán el futuro de este país.
Cuba tiene un extraordinario sistema de cuidado de la salud y de educación
universal, pero el mes pasado, la mayor parte de los gobiernos de América
Latina se unieron a la mayoría de la Comisión de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas para solicitar a Cuba que cumpla con
las normas universalmente aceptadas, referentes a las libertades civiles.
Quisiera pedir que ustedes permitan al Comité Internacional de
la Cruz Roja que visite las prisiones y que reciban al Comisionado de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas para que examine temas como
el de los prisioneros de conciencia y el trato a los reclusos. Estas
visitas podrían ayudar a refutar una serie de críticas
injustificadas.
Las encuestas de opinión pública indican que la mayoría
de las personas en los Estados Unidos quisiera ver que el embargo económico
termine, que los viajes entre nuestros dos países sean normales,
que exista amistad entre nuestros pueblos, y que Cuba sea bienvenida
dentro de la comunidad de democracias en las Américas. Al mismo
tiempo, la mayor parte de mis conciudadanos considera que los asuntos
relativos a la libertad económica y política tienen que
ser definidos por el pueblo de Cuba.
Después de 43 años de sentimientos llenos de animosidad,
esperamos que en el futuro cercano, ustedes puedan extender su mano
sobre esta gran división que separa a nuestros dos países
y digan: "estamos listos para unirnos a la comunidad de democracias",
y espero que pronto, el pueblo de los Estados Unidos, también
pueda abrir sus brazos y decir: "les damos la bienvenida como nuestros
amigos".
Muchas gracias (Aplausos).
Juan Vela (Rector de la Universidad de La Habana):
-Le doy las gracias al Presidente Carter por su intervención.
Él ha tenido la amabilidad de ofrecer a la comunidad universitaria
que está aquí presente, estudiantes, profesores de la
Universidad de La Habana, como es habitual en las visitas de Jefes de
Estado, científicos, personalidades de los distintos sectores
de la vida que visitan a la Universidad, poder tener un intercambio
con él sobre el tema que él ha tratado y, en fin, sobre
otros temas que deseen nuestros jóvenes estudiantes y nuestros
profesores.
Así que el método que vamos a utilizar es de mano alzada.
Los que deseen hacer alguna pregunta, por favor, levantan su mano.
Les ruego a los estudiantes y a los profesores que se identifiquen:
nombres y qué carreras estudian.
Miguel Fraga (Estudiante de cuarto año de
la Licenciatura en Derecho):
-Buenas tardes:
Señor Presidente Carter, ante todo, gracias por esta oportunidad.
Lo he escuchado muy atentamente y he tratado de tomar algunas notas
de lo que usted decía.
Al calor de sus palabras, quisiera que me permitiera hacer primero una
pequeña reflexión.
Vivimos en el siglo XXI y sufrimos las consecuencias de un orden mundial
injusto. La pobreza, el hambre y las enfermedades marcan la vida de
millones de seres humanos; a esos seres humanos se les habla de libertad,
de derechos humanos, de democracia.
Por solo citar un dato, 10 millones de niños mueren anualmente
por la pobreza en todo el mundo, según la Cumbre para la Infancia
de las Naciones Unidas, recientemente celebrada en su país.
Señor Presidente, tenemos diferencias en nuestros criterios,
como usted bien ha afirmado; pero, con todo respeto, ¿es acaso
democracia no poder garantizar los derechos elementales a la vida, a
la educación, a la salud? ¿Se puede hablar de una América
democrática, cuando realmente en estos países se sufre
por esos males?
Señor Presidente, para nosotros la democracia es el poder real
del pueblo, es garantizar esos derechos y no ponerlos en un papel.
Señor Presidente, quisiera, con todo el respeto, que usted me
ofreciera su opinión sobre si es posible hablar de democracia
sin hablar de justicia social, sin hablar de oportunidad para todos
iguales.
Muchas gracias.
James Carter:
.-Bien, trataré de expresarme con la mayor claridad posible
con respecto a los compromisos comunes que tenemos en nuestros países,
así como manifestar lo más claro posible las diferencias
existentes entre ambos sistemas de gobierno.
Mi esposa y yo lo expresamos con la mayor claridad posible con la labor
que llevamos a cabo en nuestra vida cuando tratamos el tema de los derechos
humanos en su totalidad: paz, democracia, libertad, derechos humanos
y el alivio del sufrimiento humano.
En mi país, y como yo lo he visto en casi todas las otras naciones
en este hemisferio y en el mundo, los gobiernos se comprometen a los
derechos humanos.
Yo he tenido la oportunidad de poder visitar con el Presidente Castro
y otros en los últimos días y hemos visto tremendas demostraciones
de que los derechos humanos son garantizados a Cuba para su pueblo:
el derecho al cuidado de la salud, el derecho a la educación,
y, como se mencionó anteriormente, estos son logros realmente
increíbles y formidables. Y ustedes tienen normas que son mejores
que muchos de los países en el mundo, objetivos que han sido
logrados bajo circunstancias muy difíciles.
Pero lo que yo estoy tratando de establecer aquí son otros elementos
de democracia y de libertad, y el Presidente Castro y yo tenemos diferencias
en este sentido.
Leí yo de la Declaración Universal, de la definición
de democracia de las naciones en este hemisferio: el derecho de todos
los seres humanos de poder elegir libremente a sus propios líderes,
el derecho de cada ser humano de hablar libremente sin interferencia
o castigo por parte del gobierno, si es que estas voces expresan diferencias
o críticas del gobierno; el derecho a organizar partidos de la
oposición y que puedan confrontar al gobierno de turno y permitir
que el pueblo pueda decidir cuál prefiere; el derecho de las
personas a poder establecer grupos, que se refieren, por ejemplo, a
sindicatos, o a estudiantes; el derecho de establecer grupos que no
son aprobados por el gobierno, por ejemplo, el derecho de la Iglesia
Católica de tener sus escuelas y colegios como los tuvieron hasta
1961.
Son estos tipos de derechos que no existen en Cuba, a pesar de que,
al haber leído la Constitución, están garantizados.
Hay el derecho a la asociación, a la libertad de expresión;
mientras que en las asambleas, la gente que habla no difieren públicamente
o agresivamente contra el gobierno. Entonces, esta es la diferencia
y estoy repitiendo lo que he dicho en una presentación muy cuidadosamente
estructurada.
Pienso que llegará un momento en el cual se introducirán
los cambios en ambos lados de los gobiernos, cuando la gente de Cuba
y el pueblo de Estados Unidos se entrelacen sus manos, como ustedes
me han dado la bienvenida aquí, y establezcamos las fundaciones,
los cimientos para este acomodo.
He dicho en mi discurso que la mayor parte de la gente en Estados Unidos,
incluyendo una gran mayoría de la gente en el Congreso norteamericano,
preferiría ver que existe libertad de visitas, de viajes por
parte de norteamericanos a Cuba. La mayor parte del pueblo norteamericano
y también en el Congreso preferiría que finalice este
embargo.
Hay diferencias, sin embargo, en mi propio país entre la gente
que expresan estos puntos de vista y el gobierno que actualmente tiene
el poder, y el gobierno ha establecido otras premisas: que mientras
no se establezcan ciertos cambios en Cuba no vamos a levantar el embargo.
Como ustedes pueden saber de la historia, cuando yo fui Presidente,
en seis semanas de asumir retiré todas las restricciones de viaje,
y el Presidente Castro y yo trabajamos juntos para tratar de establecer
relaciones diplomáticas normales entre nuestros dos países,
y logramos algún progreso: establecimos las Secciones de Interés.
Tal vez, si hubiera seguido yo como Presidente, habría tenido
más éxito; pero la gente no quería que yo gobernara
otros cuatro años y vino otro Presidente. Pero no creo que habrá
otro Presidente... Y espero que podamos tener otro Presidente que encuentre
las mejores maneras para poder hacer realidad estas visiones y estos
sueños.
Y gracias por su pregunta.
Daniel García (Estudiante de quinto año
de la Facultad de Química de la UH):
Buenas tardes.
Señor Presidente, yo le quiero formular dos preguntas muy relacionadas
con su discurso y con los temas que usted ha tratado aquí en
nuestra Universidad.
Primeramente, quisiera agradecerle los esfuerzos que usted y su Centro
hacen en aras de normalizar las relaciones entre nuestros pueblos, y
enmarcado dentro de ese esfuerzo, yo quisiera preguntarle qué
opina usted realmente acerca de que su país imponga, entre las
condiciones para normalizar las relaciones con el nuestro, la de un
cambio de nuestro gobierno hacia una democracia como la latinoamericana,
que es la democracia que nos están poniendo como ejemplo y que
nos están enseñando; una democracia que en los últimos
30 ó 40 años ha llevado a la pobreza a millones de seres
humanos, ha matado de enfermedades, por no poder curárselas,
a decenas de millones de niños y que ha desfalcado las economías
de esos países. Esos países latinoamericanos que votaron
en contra, o que no nos apoyaron en la Comisión de Derechos Humanos,
no nos pueden enseñar nada mejor de lo que nosotros tenemos.
Entonces, mi pregunta, en realidad es, si usted considera que es justo
que la condición para la normalización de las relaciones
entre Cuba y Estados Unidos, sea que ocurra un cambio hacia una democracia
como esa, la latinoamericana, en nuestro país.
Y la segunda pregunta es si usted considera que el gobierno de Estados
Unidos ha realizado o tenido intenciones de normalizar las relaciones
con nuestro país, pues es conocida la hostilidad e intensificación
del bloqueo en los últimos 30 años.
¿Usted piensa que realmente una administración norteamericana
permitiría que estas ideas se lleven a cabo, a través
de sus esfuerzos?
James Carter:
-No tengo ninguna manera de anticiparte lo que puede suceder en Cuba.
Esta es una decisión que le compete al pueblo cubano, en lo que
se refiere a la democracia, la definición de lo que es la libertad
de asociación y la libertad de expresión; pero he sido
alentado por el Proyecto Varela, que representa una oportunidad -lo
entiendo como un extranjero-, que está garantizado al pueblo
cubano por su propia Constitución, que dice en los dos artículos
que mencioné -creo que el 63 y 88-, que si 10 000 ciudadanos
de Cuba firman una solicitud, una petición ante la Asamblea Nacional
para introducir cambios en la ley, la Asamblea Nacional debe considerar
esto, o por lo menos que va a ser discutido, debatido y al final su
gobierno decidirá si esto debe ser presentado como un referendo
al pueblo cubano, con libre voto para decidir sobre estos cambios, si
son aprobados o no.
Considero que esta es una demostración maravillosa del compromiso
del Presidente Castro y otros que han determinado esta Constitución
para su país.
En lo que se refiere a Estados Unidos, nosotros tenemos funcionarios
que son elegidos directamente por el voto del electorado y nosotros,
los presidentes, nos sometemos a este tipo de preguntas. Nuestra Constitución
no limita a ningún presidente que sirva más de dos años,
dos servicios, dos períodos consecutivos. Yo estuve cuatro años
y debido a diversas circunstancias, las personas secuestradas que fueron
asesinadas en Irán y problemas económicos, el pueblo americano
no me otorgó el segundo período de mandato. Y pienso que
debemos comprender en este momento que Florida es un estado muy importante
para decidir no solamente quién va a ser el gobernador de Florida,
que es el actual hermano del Presidente, sino también cómo
puede ejercer una influencia para determinar los resultados de una futura
elección presidencial.
Y en el estado de Florida la comunidad cubano-norteamericana, muy ampliamente
se opone a ningún tipo de normalización de relaciones
con Cuba y constituyen un factor sumamente importante.
También hay personas que no están convencidas por este
grupo político, que sinceramente creen que las relaciones normales
entre nuestros países puedan establecerse únicamente cuando
Cuba establezca una definición de democracia como la que ha sido
adoptada por otros países en el hemisferio. Esto no lo podemos
forzar sobre Cuba, porque Cuba decidió, y yo presumo que el pueblo
lo aprueba, no sé, que el gobierno de este país va a ser
diferente.
Como les he mencionado anteriormente, he visto un progreso enorme. Mencioné
educación, el campo de la salud, que realmente ha despertado
mi intensa admiración, no solamente porque ayer tarde, por ejemplo,
el Presidente Castro y yo estuvimos ante un rally con 6 000 estudiantes
que están estudiando medicina, con 24 países representados,
incluyendo mi país, sino que Cuba, en su experiencia, que ha
sido un país muy pobre, tiene más de 2 700 médicos
capacitados sirviendo en otros países. No hay ningún otro
país en el mundo que pueda enorgullecerse de este grado de generosidad
y de preocupación.
Entonces nuestros dos países tienen gobiernos diferentes y la
gente comparte ideales comunes: de la paz, de buena salud, de buena
educación y el aliviar el sufrimiento de la gente. Pero hay una
diferencia entre ambos países y los gobiernos y esta es la causa
de este impasse -que es la palabra que usé en mi discurso- que
nos ha evitado poder alcanzar progreso. Espero que vamos a ver cambios,
tal vez en ambos países.
Seguimos un paso tras otro paso para lograr progreso: Estados Unidos
hace algo, Cuba responde de una forma positiva; dicen algo más,
Cuba sigue respondiendo de una forma positiva, y de esta manera los
países pueden normalizar sus relaciones.
Muchas gracias.
José L. Toledo (Decano Facultad de Derecho
UH):
-Es un tributo a la justeza oír de usted reconocer parte de la
obra de nuestra Revolución, edificada durante estos largos y
duros años de trabajo por nuestro pueblo y que se ha tratado
de ocultar, tergiversar y desconocer por quienes durante más
de 40 años han trabajado para destruirla. Un reflejo de ello
es el desconocimiento que existe de la organización institucional
del Estado cubano y de su funcionamiento.
No pocas veces hemos escuchado que en Cuba no hay elecciones libres,
y cada cinco años este país celebra elecciones muy libres,
porque ningún ciudadano es indicado por ningún partido
hacia quién votar, porque a ningún ciudadano le es limitado
su derecho para ejercer ese voto, porque nuestro Presidente tiene que
ser electo diputado cada cinco años y después, en elecciones
de segundo grado, volver a ser electo para llegar a ser Presidente de
este país, y muchas cosas más que no pretendería
cansar con ellas en una lección que no es mi propósito.
Creo también que es oportuno, ya que usted ha hablado de nuestra
Constitución, aclarar que no es lo mismo iniciativa legislativa
que reforma constitucional. La iniciativa legislativa, derecho consagrado
en una Constitución aprobada por cerca del 98% del ejercicio
libre del voto de nuestros ciudadanos, se ejerce dentro del estricto
respeto a la Constitución y a las leyes. No se puede pretender
ampararse en la iniciativa legislativa para subvertir el orden legal
de la nación. Y otra cosa es la reforma constitucional, que también
nuestra Constitución prevé y que muy pocas constituciones
prevén este derecho de sus ciudadanos.
Esta Aula Magna en que nos encontramos, epicentro de la vida universitaria
y recinto de muchas de nuestras luchas históricas, custodia,
entre sus más valiosos atributos, los restos del presbítero
Félix Varela, uno de los patricios que ayudó a fundar
con su pensamiento a la nación cubana y que nos legó los
altos valores que para el pueblo cubano tiene su independencia, soberanía
y libertad; y entre su legado más valioso para los cubanos, está
el que solo los cubanos, con total autonomía y originalidad,
decidamos nuestros asuntos, lo que constatamos cuando proclamó
que Cuba debía ser tan isla en lo político como en lo
geográfico. Por eso considero cuánta afrenta hay a este
noble intelectual cubano, cuando su nombre se emplea para denominar
un proyecto cuyos orígenes, conocemos, se encuentran en quienes,
desde Estados Unidos, pretenden destruir esa obra del pueblo revolucionario
a que nos hemos referido; perfilado a socavar el régimen legal
y constitucional que, en ejercicio de su cabal soberanía, se
ha erigido el pueblo cubano.
Algo que se presenta inconcebible es ampararse en el orden legal de
un Estado para subvertir los principios básicos del país.
Con todo respeto, y pidiéndole me disculpe el comentario que
he realizado, quizás por lo extenso del mismo, y, conociendo
la honestidad y alto sentido de la ética que lo caracteriza y
su proverbial experiencia como político, le pregunto:
¿Ofrece la Constitución de Estados Unidos de Norteamérica
la posibilidad para que un ínfimo grupo de sus ciudadanos, alentados
por una potencia extranjera, cambie los principios fundacionales de
la nación norteamericana? Muchas gracias (Aplausos).
James Carter:
-Era un tanto difícil para mí poder detectar una pregunta
en su declaración, pero he estado involucrado en los asuntos
públicos durante muchos años y una de las reglas que yo
establezco con la política en Estados Unidos es no debatir la
ley, como un granjero de cacahuetes, con los abogados, y más
aún con un decano de la Escuela de Derecho en asuntos que conciernen
a su país y no al mío.
Pero permítame decirle dos cosas, como respuesta: Una es que
no existe evidencia y, sinceramente, no creo que el llamado Proyecto
Varela ha sido originado o financiado desde Estados Unidos; mi opinión
es que hay un grupo pequeño, no sé de cuántas personas,
pero un grupo de cubanos.
Pero otra cosa que quiero decir es que no, ningún grupo pequeño
de personas de mi país puede subvertir o cambiar los principios
fundamentales de la Constitución de Estados Unidos. Hay una sola
manera en la cual una Constitución de allá puede ser cambiada
y es sumamente difícil; ha sido cambiada menos de 24 veces en
más de 200 años de existencia, y esto es por las dos terceras
partes del voto en la Casa de Representantes y dos tercios en el Senado,
y, luego, tres cuartas partes de los 50 estados también tienen
que votar en la misma forma. Entonces no hay manera de cambiar los derechos
constitucionales básicos.
Sin embargo, un pequeño grupo, aun puede ser un solo individuo,
tiene el mismo derecho a ejercitar su opinión, no solo en forma
vocal, expresada oralmente, sino también dentro de las elecciones
regulares que nosotros tenemos, y esto magnifica enormemente, amplifica
el estado de un ciudadano particular en mi país.
Cuando salí de la Casa Blanca y voluntariamente me dediqué
a la jubilación después de las elecciones en 1980, anuncié
que yo salía de la presidencia y asumiría la única
posición superior, y esta era la posición de un ciudadano
privado. Entonces estamos discutiendo ciertas diferencias fundamentales
entre los gobiernos de nuestros dos países.
Pero, como yo expresé anteriormente, mi deseo es que en el futuro
cercano podamos establecer una mejor comprensión y entendimiento
por parte de los ciudadanos norteamericanos de los derechos relativos
a Cuba y en forma viceversa. Esta es la razón fundamental por
la cual he venido yo ante la generosa invitación de su Presidente,
para conocer su nación, para expresar mi admiración, mi
amistad hacia el pueblo de Cuba y hacer lo que yo pueda en esta visita
y cuando retorne, para tratar de liberar estos obstáculos de
libres visitas, de viajes, oportunidad de comercio, la liberación
del embargo y completar estas relaciones, normalizarlas. Ese es mi objetivo
al venir acá.
Hassán Pérez (Recién graduado
de Historia y dirigente estudiantil):
Señor Presidente Carter, he escuchado con mucha atención
su conferencia, y aunque inicialmente no tenía pensado intervenir,
lo consideraba innecesario, sus reflexiones me han motivado a compartir
con usted algunas ideas, sobre la base de rápidos apuntes que,
con una caligrafía casi ininteligible, he venido realizando.
En primer lugar, quería señalar algo sobre lo que me parece
debemos meditar con profundidad. Suele hablarse de las conquistas de
nuestra Revolución en términos sociales y, en muchos casos,
creo que es resultado del desconocimiento circunscribir nuestro proceso
exclusivamente a los logros en materia de salud, de educación,
de deportes.
Lo que acontece en Cuba desde 1959 va más allá de campeones
olímpicos, de graduados universitarios, de médicos por
el mundo; es mucho más profundo, tiene que ver con nuestras raíces,
con nuestra identidad y con conceptos que son sagrados para los cubanos,
y, especialmente, para las nuevas generaciones, para los que no participamos
en la Sierra, como nuestro Comandante en Jefe, como el Presidente Fidel
Castro, para los que no vinimos en un yate a luchar contra una tiranía
que masacraba a los estudiantes muy cerca de aquí, que violaba
de manera flagrante los más elementales derechos de los estudiantes.
Creo que se trata de una idea medular y usted como estadista, como figura
de relieve internacional, seguro coincidirá conmigo en esto.
Pero no solo deben asociarse los avances a las esferas sociales, porque
para nosotros nuestras conquistas abarcan desde la agricultura hasta
la investigación espacial.
Quiero contarle una anécdota. El primer cosmonauta cubano era
limpiabotas antes del triunfo de la Revolución y de limpiabotas,
un hombre negro, humilde, en la región Este del país,
pudo ir al cosmos, en una Revolución que hizo posible que estudiara
y que se graduara. Y así en el resto de los temas, no quisiera
extenderme en ese sentido.
Me voy a referir a algunos planteamientos que usted formuló.
Usted se preguntaba, si es posible, que vivamos en paz nuestras naciones.
Claro que es posible y creo que es necesario. Todos necesitamos que
se viva en un clima de respeto, en un clima de fraternidad a nivel internacional;
pero para que vivamos en paz no se puede bloquear a un país;
para que vivamos en paz no se pueden financiar grupos terroristas -que
son prohijados y amamantados por círculos y sectores en el poder-,
que se dedican a actividades que atentan contra la vida y contra los
derechos de nuestros niños, de nuestros jóvenes, de nuestros
ancianos.
El bloqueo está reconocido como un acto de genocidio, y no lo
reconoció el Parlamento cubano solamente; se planteó en
Viena, en Ginebra, en las postrimerías de la década del
40.
Incluso, en tiempo de guerra, privar a un país de alimentos y
medicamentos es un acto criminal, y para vivir en paz tiene que haber
relaciones normales.
Usted decía: "Tiene que dar el gobierno norteamericano el
primer paso, porque se trata de una nación poderosa".
Yo no lo veo desde esa óptica, señor Presidente, con mucho
respeto. No creo que el primer paso lo tenga que dar Estados Unidos,
porque sea una nación poderosa.
Creo que el primer paso lo tiene que dar el gobierno norteamericano,
porque Cuba no ha bloqueado al pueblo norteamericano, ni Cuba ha matado
nunca un estudiante, ni ha financiado a alguien para que ponga bombas
ni en Manhattan, ni en Washington, ni en Pennsylvania, ni en ningún
otro lugar; Cuba nunca ha lanzado una guerra bacteriológica sobre
las universidades; ni ha diseñado ninguna política con
esas características, pero sí ha tenido que sufrir las
operaciones de sectores mafiosos -que están financiados y que
poseen vínculos estrechos que los atan por un cordón umbilical
a esos círculos de poder- que han cometido actos terroristas,
que constituyen crímenes de lesa humanidad.
Por eso creo que el primer paso debe estar asociado a entender esa realidad.
Las propiedades que nuestro pueblo nacionalizó fueron debidamente
indemnizadas. Yo no soy un estudiante de Derecho, pero desde la primaria
sé que con el resto de los gobiernos esto fue un proceso normal
y no lo fue con los ciudadanos que marcharon a Estados Unidos, porque
no han querido que eso ocurra así.
Igualmente usted mencionaba que en oportunidades los gobiernos se han
estancado.
Y con mucho más respeto -le ruego me disculpe porque suelo hablar
con gran rapidez, aunque usted habla un perfecto español-, quisiera
decirle que no es que nos hayamos estancado. Creo que esa frase, en
materia universitaria, en materia académica, debe tener una precisión
más exacta.
Se han estancado muchos gobiernos norteamericanos que no han aceptado
que Cuba cambió. La Cuba del 2001 no es la Cuba de 1958, no es
la Cuba que usted conoció cuando visitó por primera vez
a nuestro país hace 47 años. La Cuba de hoy se transformó
en la educación, en la ciencia, en el deporte, en la sociedad,
en una Cuba con valores supremos, en cuanto a la identidad, a la cultura,
a la soberanía, a su capacidad de decidir. La Cuba de 1955 no
decidía, señor Presidente Carter; la Cuba de 1955 no era
una Cuba de república, era una Cuba de pseudorrepública
-ahora sí le hablo como estudiante de historia.
Usted planteaba de las elecciones y la libertad. Todo esto es muy rápido,
antes de hacerle una pregunta, y pensábamos: ¿Se puede
hablar de elecciones libres y se puede hablar de democracia en sociedades
donde más del 50% de la población no va a votar y prefiere
quedarse en su casa viendo la televisión el día de las
elecciones, o ir a la playa? La inmensa mayoría de los presidentes
de este mundo son electos con el 32%, el 36%, el 40% de los votos.
Nosotros creemos que tenemos las elecciones más libres del mundo,
y, aunque no sean perfectas, para nosotros son profundamente democráticas.
A nuestro Comandante, como a todos los parlamentarios, hay que elegirlo
por un municipio. Yo soy diputado a la Asamblea Nacional y mi padre
es obrero, mi mamá es ama de casa. No hubo que pagar absolutamente
ningún centavo para que ocupáramos responsabilidades.
Usted hablaba acerca de la libertad de asociación. Nosotros nos
reunimos, tenemos todas las garantías creadas para reunirnos,
para plantear nuestras opiniones.
No quiero que se sienta aludido. Mis normas éticas y las de mis
compañeros no me permitirían que abordara directamente
con usted este tema, pero quisiera hacer una reflexión de carácter
general.
¿Cuánto tiene que pagar un presidente para serlo en Estados
Unidos o en cualquier nación desarrollada? ¿Cuánto
tiene que pagar un senador para llegar a ocupar esa banca?
Cuando veía a la joven estadounidense, me preguntaba: ¿Podrá
llegar al Senado norteamericano? ¿Dispone de 100 millones de
dólares? ¿Dispone de 150? ¿Dispone de 200?
Ha habido ejemplos recientes, donde, incluso, multimillonarios -como
se expresó- no han podido llegar a la Casa Blanca, no han podido
ocupar la responsabilidad en ese país.
Cuando se habló del Proyecto Varela, sentí una profunda
indignación. Creo que se trata de una infamia y hablo con mucho
respeto, no quisiera lacerar su sensibilidad, pero tengo que hablar
con franqueza también como un joven cubano. Creo que se manipula
nuestra historia. Las cenizas de nuestro padre fundador en cuanto al
pensamiento, del presbítero Félix Varela, yacen en esta
Universidad de La Habana y se trata de una infamia, de una afrenta,
se trata de una calumnia.
Para nosotros, esas 10 000 firmas -no sé cuántas son,
si son 10 000 ó 9 550, no sé quién las habrá
contado- son la expresión de personas que nadan en una piscina
sin agua, sin oxígeno, que están atadas a una mafia que
quiso que un niño cubano permaneciera secuestrado de manera ilegal
en Estados Unidos.
Eso no es solo en teoría, señor Presidente, usted debe
comprender que estamos en un acto universitario; pero para nosotros
también hay 3 479 hermanos que perdieron la vida como resultado
de esas prácticas terroristas y 2 099 a los que hoy les falta
una mano, les falta una pierna, o tienen alguna incapacidad, como consecuencia
de las acciones de esos grupúsculos, que financian a los que
hoy están identificados con esos proyectos.
Nuestras elecciones son genuinamente libres, quienquiera ir a plantear
algo que vaya a nuestras asambleas de circunscripción y que levante
la mano y que lo exprese delante de la comunidad, del barrio, donde
no hay ningún partido político, como señaló
el profesor Toledo.
Cuando usted se refiere a los gobiernos latinoamericanos, creo que no
hay moral en ninguno de esos gobiernos para hablar en materia de derechos
humanos. Argentina y otros ejemplos recientes son la demostración
palpable.
Diría que para nosotros también la libertad, la calidad
de vida es que por el partido de béisbol que vamos a ver ahora
-y el juego no va a empezar seguro hasta que usted llegue, como muestra
de elemental cortesía-, tendríamos que pagar, para presenciarlo,
cuatrocientas veces menos que lo que se paga para ver un juego de las
Grandes Ligas. Y eso está al alcance de todos.
Es un ejemplo que recordé, antes de decirle que la libertad para
nosotros es también que, cuando se acabe esta reunión,
no va a haber nunca una ejecución extrajudicial, no va a haber
escuadrones de la muerte, porque nunca ha ocurrido en 40 años;
a ningún estudiante le van a ofrecer drogas afuera de este recinto,
a ningún niño lo van a secuestrar para robarle un órgano,
y son cosas que nosotros decimos con pasión, las nuevas generaciones,
pero con el fervor de nuestras convicciones.
No le estoy hablando aquí con fanatismo. Creemos que la cultura
es universal. Admiramos a la patria de Lincoln, a la patria de Walt
Whitman, de Wendell Phillips, de Linus Pauling y de tantos otros aportes
que ha hecho la nación norteamericana a la historia del pensamiento,
de las doctrinas políticas, filosóficas, también
en la ciencia, en el arte; pero, con todo respeto, quería expresarle
estas consideraciones y decirle a usted que las generaciones que están
aquí son generaciones que están abiertas a un cambio,
pero a un cambio para una mayor independencia en nuestro país,
para una mayor libertad, para una mayor cultura, para una mayor plenitud
como seres humanos.
Nosotros todavía tenemos muchas preguntas que nos formulamos
sobre lo que ocurre en el Bronx, sobre lo que ocurre en Queens, sobre
lo que ocurre en Boston, sobre lo que ocurre en cualquier ciudad.
Concluyo formulándole la interrogante y también rogándole
me dispense -no todos los días uno puede hablar con un presidente
estadounidense.
Se conoce la situación de los centros penitenciarios en Estados
Unidos, la mayor población penal del mundo, más de 2 millones
de reclusos sujetos a laceraciones, a violencias desde el punto de vista
sexual, a discriminación, como usted bien dijo, incluso, que
no es reflejo de la composición social de ese país.
Nosotros tenemos cinco hermanos, cinco jóvenes portadores de
sólidos principios, de una gran cultura, que estaban en Estados
Unidos para salvar al pueblo cubano, al pueblo norteamericano y a la
humanidad de la muerte y del terrorismo, que permanecen de manera injusta,
sufriendo altísimas condenas en cárceles norteamericanas,
incluyendo la cadena perpetua.
Estados Unidos nunca ha aceptado que tiene presos políticos y,
para nosotros, Gerardo, René, Fernando, Antonio y Ramón
son presos políticos, como lo es también Mumia Abu Jamal,
como lo era Shaka Sankofa y otros que han recibido la pena capital,
incluso como usted mismo dijo, niños y personas que tenían
problemas mentales.
Yo quisiera preguntarle a usted: ¿Podemos tener las más
jóvenes generaciones la esperanza de que el gobierno norteamericano
-que muchas veces cuando alguien comete algún crimen común
en nuestro país, se interesan por ellos y piden visitarlos, y
de eso estamos al tanto en nuestras aulas-, haga un acto de justicia,
rectifique y ponga en libertad a esos cinco compatriotas que no pusieron
nunca en peligro la seguridad nacional norteamericana, que no hacían
labor de inteligencia para los servicios secretos de nadie, sino que
salvaban a ese pueblo de la muerte? Quiero hacerle esa pregunta y decirle
nuevamente que disfrute su estancia en nuestro país, que ha sido
un gran honor para nosotros los estudiantes desarrollar este intercambio,
y rogarle me dispense por el comentario excesivamente largo sujeto a
la traducción, a cuyos compañeros encargados de esos servicios
también pido me disculpen.
Muchas gracias (Aplausos).
James Carter:
-Bueno, veo que ustedes prefieren ese tema de gobierno aquí y
se expresan realmente de una forma total y completa, y espero que el
juego de pelota comience a tiempo, ya llegaremos allá con el
presidente Castro, pero esperamos que en los próximos días
aprendamos más de su país.
Para responder a su pregunta específica que creo que la entendí,
en mi país existen tres sistemas diferentes de gobierno: el uno
es la rama legislativa, la otra es la ejecutiva, el Presidente en la
Casa Blanca, y la tercera es la rama judicial. La decisión final
se toma por parte de la rama judicial y cuando existe algún tipo
de juicio inapropiado o que hay un castigo dudoso y que se encuentra
que personas inocentes han sido ajusticiadas por un crimen, tienen el
derecho de poder apelar esa decisión a una corte superior y en
última instancia a la Corte Suprema de Estados Unidos. Y creo
que es correcto decir que el público general del mundo está
de acuerdo en que nuestro sistema judicial es independiente de cualquier
presión que pueda ser ejercida por parte del legislativo o del
ejecutivo.
De tal manera, no conozco los detalles de los casos que usted ha descrito,
pero sí le puedo asegurar que tienen la posibilidad de obtener
una representación legal adecuada; si creen que alguna ley de
Estados Unidos injustamente los ha retenido, detenido o que han sido
sometidos a juicio y que hay fallo en contra de ellos, pueden ellos
acudir a la Corte Suprema.
En el futuro, yo o cualquiera de mi familia, de mis hijos o de mis nietos
podemos tener respuesta a esto, y usted muy elocuentemente ha determinado
la diferencia, no solamente la admiración de su propio sistema,
sino también críticas a mi gobierno.
En mi presentación traté de indicar que yo, como ciudadano
privado, como alguien que ocupó la presidencia, estoy muy preocupado
de algunas de las cosas que todavía existen en mi país,
relativas al gran número de personas que están en las
cárceles, de la aplicación de la ley de la pena de muerte,
la falta de educación, de salud, los problemas que tuvimos con
las elecciones del año 2000 en la Florida; pero el punto es que
nuestra gente tiene el derecho e individual y colectivamente pueden
expresar su propia determinación, su libre albedrío sin
riesgo de ser castigados por criticar al gobierno; organizar a otras
personas para que se junten con ellos para lograr un cambio y ejecutar
ese cambio de una forma, de un proceso de voto libre sobre los días
de elecciones que se establecen, que se establecen por lo menos cada
dos años a nivel federal.
No sé qué es lo que va a suceder con el Proyecto Varela,
que usted dijo que era una ignominia y que realmente insulta el nombre
del recuerdo del sacerdote, pero creo que sería interesante que
sus oficiales y funcionarios pudieran publicar la totalidad de este
documento en el periódico Granma. Publiquen las personas que
han presentado su firma para ello, permitan que exista un abierto debate
en Cuba. Me encantaría ver, por ejemplo, que haya la posibilidad
de un referendo de que si la gente de Cuba está de acuerdo con
estos 10 000 ciudadanos o están en desacuerdo; podría
ser que la mayor parte de los cubanos estén en desacuerdo, y
creo que el mundo vería esto con gran admiración.
Y como lo dije en los últimos dos párrafos, esta sería
una vívida demostración de que las bases de su Constitución
garantizan el derecho de libre expresión, de libre derecho de
asociación, de libre derecho de que un número de ciudadanos
presenten una petición ante su Asamblea Nacional y que se someta
esto a un voto ante la Asamblea Nacional y por el pueblo en general.
Esta sería una verdadera demostración, no mi definición
de democracia; pero creo que, en mi opinión, esto honraría
los elementos consagrados de su propia Constitución.
Esta es una oportunidad para poder yo expresarme, como usted ha tenido
la libertad de hacerlo.
Realmente, permítanme decirles que estoy sumamente agradecido
al señor Presidente Castro por haberme invitado a que venga acá.
Cuando a él se le averiguó por parte de los medios noticiosos
sobre si es que podría yo hablar con libertad aquí, en
su respuesta dijo: "El señor Carter puede venir a mi país,
puede estar en desacuerdo, puede reunirse con quienquiera, expresar
lo que quiera, criticar mi régimen", incluso ofreció
reunir un millón de personas en una plaza para esto, pero yo
más bien le pedí que tuviéramos esta presentación
aquí y que sea trasmitido por televisión y radio y él
estuvo de acuerdo con ello.
Esta es una real y vívida demostración para mí
de que yo he sido tremendamente honrado y estoy sumamente agradecido,
y continuaré con mis esfuerzos para lograr las relaciones entre
nuestros pueblos y la amistad y que progresemos juntos, no solamente
para beneficio nuestro, sino para todo el mundo que no puede compartir
las bendiciones que ustedes me han hecho a mí. Gracias (Aplausos).
Juan Vela:
-Muchas gracias al presidente Carter. En nombre de la comunidad universitaria,
le quiero entregar la Medalla de la Universidad de La Habana, para que
se la lleve como recuerdo a su país, y un libro que se llama
Honoris Causa donde están, desde 1926 a 1996, todos los doctores
Honoris Causa de la Universidad de La Habana, que por cierto hay varios
doctores Honoris Causa de la Universidad de La Habana de origen norteamericano
(Aplausos).
Le doy las gracias a él por su presencia aquí, le doy
las gracias al compañero Fidel por haber presidido esta actividad
y a todos los estudiantes y todos los profesores les agradezco que hayan
estado aquí.
Muchas gracias (Aplausos).
Se entrevista Carter
con miembros de la Iglesia Católica
El pasado jueves 16 de mayo de 2002 el Sr. James Carter, ex-presidente
de los Estados Unidos se entrevistó en la Sede de la Conferencia
de Obispos Católicos de Cuba en La Habana con cinco obispos cubanos:
Mons. Pedro Meurice, Arzobispo de Santiago, Mons. José Siro González,
Obispo de Pinar del Río, Mons. Emilio Aranguren, Obispo de Cienfuegos
y los Monseñores Alfredo Petit y Salvador Riverón, obispos
auxiliares de La Habana.
En la mañana de ese mismo día el Sr. Carter y su delegación
recibieron en el Motel La Moka, en Pinar del Río, al Ing. Dagoberto
Valdés Hernández, director del Centro de Formación
Cívica y Religiosa y de la Revista "Vitral" de esta
Diócesis.
El miércoles 15 el ex-presidente de los Estados Unidos se había
encontrado, en horas de la tarde en el Hotel Santa Isabel de la capital,
con Mons. Carlos Manuel de Céspedes García Menocal, Vicario
General de la Arquidiócesis de La Habana.
Dichos encuentros transcurrieron en un clima de respeto y cordialidad.