A menudo escuchamos
expresiones como: "poder y dinero es lo que hace falta tener para
resolver cualquier problema que se te presente". Estas opiniones
sin lugar a dudas obedecen a algunas razones que reflejan un nivel de
corrupción y deterioro de la persona y de las instituciones de
nuestra sociedad, que por desgracia en mi criterio abarcan sectores
no muy reducidos. Sería bueno meditar sobre cuáles son
las causas que provocan esto.
Algunas de ellas pudieran ser:
El cubano está muy cansado de la penuria y la incertidumbre en
que vive diariamente, lo que ha incrementado su deseo de tener y gozar
como vía de escape de la dura realidad en que vive. Asiéndose
a falsas ilusiones y expectativas que lo hacen aspirar a consumir de
manera excesiva y desordenada los recursos, sin percatarse ni preocuparle
los peligros que esto puede acarrearle.
Prácticamente a la mayoría de las personas se le hace
muy difícil "resolver" las necesidades que tiene, por
ejemplo, construir una vivienda, disfrutar de unas vacaciones dignas,
etc. mientras ven a otros que tienen "poder", dinero, o "socios",
que pueden hacerlo.
Que cada vez más personas, valoran a las otras por lo que tienen
y no por lo que son, al asumir el tener como valor primario y no el
ser y el crecer de la condición humana.
La burocracia, que estimula buscar nuevas vías de solución
a las diferentes cuestiones que se puedan presentar, que por lo general
no son las más honestas, porque la rápida y eficaz solución
que pudieran tener por los canales establecidos está desacreditada
por la tardanza e inviabilidad de los trámites.
La ineficacia y el deterioro del proyecto social y político que
rige actualmente, donde muy pocos se sienten parte, ni dueños
de nada, provocando esto que la responsabilidad se disuelva en la colectividad.
No basta con exhortaciones a "sentirse dueños", esto
es una ilusión sin que "lo sean de verdad". La prueba
está en lo bien que funcionan los pequeños servicios particulares.
Si no, ¿por qué allí podemos tomar un vaso de agua
fría, las pizzas tienen calidad y están calientes, las
habitaciones rentadas están más limpias y están
mejor servidas que en los hoteles estatales?.
Pero no se trata sólo de ineficacia y elementos subjetivos, se
trata sobre todo de unos mecanismos de justicia laboral y social en
los que todo termina donde mismo empezó. La administración
es juez y parte porque las reclamaciones hay que hacerlas a los mismos
que supuestamente ejercieron justicia.
Cuando nos hacemos especialistas en calcular lo que doy o arriesgo,
siempre seremos movidos para "ayudar" al otro por el interés
de lo que éste nos pueda remunerar o "resolver", olvidándonos
de esa actitud desinteresada, gratuita, ética, que nos ennoblece
y engrandece, porque nos posibilita entregarnos solidariamente sin pedir
nada a cambio, lo que trae como consecuencia que nos vayamos corrompiendo
y deteriorando, demostrando sobre todo mezquindad y estrecheces de miras.
Preocuparnos sólo o prevalentemente de tener y gozar, nos hace
incapaces de dominar nuestros instintos y pasiones y de subordinarlos
mediante la obediencia a la verdad. Dominar estos instintos y pasiones
es una condición primaria para alcanzar la libertad que nos permite
ordenar y relacionar la verdad y el bien con nuestras propias necesidades,
nuestros propios deseos y el modo de satisfacerlos, según una
justa jerarquía de valores, algo que es legítimo y bueno,
pero que no se debe hacer de manera que la posesión de las cosas
para nosotros, sea un medio de esclavitud, sino de desarrollo.
El hombre recibe de Dios su dignidad esencial y con ella la capacidad
de trascender todo ordenamiento de la sociedad hacia la verdad y el
bien. Sin embargo, está condicionado por la estructura social
en que vive, por la educación recibida y por el ambiente. Estos
elementos pueden facilitar u obstaculizar su vivir según la verdad.
Cuando la corrupción se hace estilo de vida el mal se acrecenta,
porque las personas adquieren una conciencia errónea que llega
a ser invencible al hacercele imposible salir por sí misma de
esa actitud viciosa, ya que creen, que lo que están haciendo
es bueno. La solución del daño ocasionado en este caso
se hace mucho más difícil y duradero. Prolongándose
este menoscabo a la dignidad de la persona al fenómeno denominado
por el politólogo argentino Guillermo O' Donell como la privatización
de los espacios públicos por muchos funcionarios estatales, que
no conservan las diferencias entre lo público y lo privado, desempeñando
estas responsabilidades como si fuera un negocio particular. Esto sucede
en primer lugar porque en la cultura cívica y política
de estos empleados públicos no admiten que sus conductas sean
reguladas y controladas por reglas e instituciones, y en segundo lugar,
porque no hay una separación efectiva y real entre lo público
y lo privado.
Las decisiones, gracias a las cuales se constituye un ambiente humano,
pueden crear estructuras concretas de injusticias, impidiendo la plena
realización de quienes son oprimidos de diversas maneras por
las mismas. Demoler tales estructuras y sustituirlas con formas más
auténticas de convivencia es un cometido que exige valentía
y paciencia. (Cf. Centessimus Annus. Juan Pablo II).
Es urgente salvaguardar las condiciones morales de una auténtica
"ecología humana" a cada uno de nosotros corresponde
trabajar por poner freno a la creciente corrupción y deterioro
de las personas y estructuras de nuestra sociedad. Los espacios de participación
que existen y que se pueden ir conquistando en la sociedad civil deben
ser aprovechados para ir creando una cultura cívica donde las
personas vayan cultivando y entrenando los valores de la honradez, la
probidad, la solidaridad, la solicitud responsable, tan escasa en nuestra
sociedad, porque muchas personas no quieren, o tienen miedo, a ejercer
el derecho que tienen a participar libremente incumpliendo con el deber
que tenemos todos de asumir nuestras responsabilidades. Este fenómeno
el Padre Várela, nuestro santo cubano, lo definía así:
"cuando los mejores hijos del país abandonan la administración
de la cosa pública, esta administración cae en manos de
los peores" y las consecuencias negativas de estos actos las sufre
la sociedad, porque se le deja el espacio a los oportunistas e inescrupulosos
que lo que más les interesa es acaparar y lucrar, o alcanzar
poder, no para servir, sino para servirse, provocando que la corrupción
alcance su máxima expresión que se refleja en la impiedad,
o sea la incredulidad, no solamente de la no aceptación de un
ser trascendente que ilumine su vida, sino que, no conciben un orden
social ordenado hacia la justicia que esté sujeto a normas jurídicas,
éticas y morales.
Menospreciar nuestro aporte en la lucha contra la corrupción
y el deterioro de nuestra sociedad es la peor de las actitudes por la
que pudiéramos optar, porque invalida toda acción encaminada
a solucionar dicha situación. No ser indiferentes es garantizar
una acción primaria y consecuente contra la corrupción.