Revista Vitral No. 49 * año IX* mayo-junio 2002


JUSTICIA Y PAZ

 

LA CORRUPCIÓN:
ENEMIGA DE NUESTRA SOCIEDAD

VIRGILIO TOLEDO LÓPEZ

 

 


A menudo escuchamos expresiones como: "poder y dinero es lo que hace falta tener para resolver cualquier problema que se te presente". Estas opiniones sin lugar a dudas obedecen a algunas razones que reflejan un nivel de corrupción y deterioro de la persona y de las instituciones de nuestra sociedad, que por desgracia en mi criterio abarcan sectores no muy reducidos. Sería bueno meditar sobre cuáles son las causas que provocan esto.
Algunas de ellas pudieran ser:
El cubano está muy cansado de la penuria y la incertidumbre en que vive diariamente, lo que ha incrementado su deseo de tener y gozar como vía de escape de la dura realidad en que vive. Asiéndose a falsas ilusiones y expectativas que lo hacen aspirar a consumir de manera excesiva y desordenada los recursos, sin percatarse ni preocuparle los peligros que esto puede acarrearle.
Prácticamente a la mayoría de las personas se le hace muy difícil "resolver" las necesidades que tiene, por ejemplo, construir una vivienda, disfrutar de unas vacaciones dignas, etc. mientras ven a otros que tienen "poder", dinero, o "socios", que pueden hacerlo.
Que cada vez más personas, valoran a las otras por lo que tienen y no por lo que son, al asumir el tener como valor primario y no el ser y el crecer de la condición humana.
La burocracia, que estimula buscar nuevas vías de solución a las diferentes cuestiones que se puedan presentar, que por lo general no son las más honestas, porque la rápida y eficaz solución que pudieran tener por los canales establecidos está desacreditada por la tardanza e inviabilidad de los trámites.
La ineficacia y el deterioro del proyecto social y político que rige actualmente, donde muy pocos se sienten parte, ni dueños de nada, provocando esto que la responsabilidad se disuelva en la colectividad. No basta con exhortaciones a "sentirse dueños", esto es una ilusión sin que "lo sean de verdad". La prueba está en lo bien que funcionan los pequeños servicios particulares. Si no, ¿por qué allí podemos tomar un vaso de agua fría, las pizzas tienen calidad y están calientes, las habitaciones rentadas están más limpias y están mejor servidas que en los hoteles estatales?.
Pero no se trata sólo de ineficacia y elementos subjetivos, se trata sobre todo de unos mecanismos de justicia laboral y social en los que todo termina donde mismo empezó. La administración es juez y parte porque las reclamaciones hay que hacerlas a los mismos que supuestamente ejercieron justicia.
Cuando nos hacemos especialistas en calcular lo que doy o arriesgo, siempre seremos movidos para "ayudar" al otro por el interés de lo que éste nos pueda remunerar o "resolver", olvidándonos de esa actitud desinteresada, gratuita, ética, que nos ennoblece y engrandece, porque nos posibilita entregarnos solidariamente sin pedir nada a cambio, lo que trae como consecuencia que nos vayamos corrompiendo y deteriorando, demostrando sobre todo mezquindad y estrecheces de miras.
Preocuparnos sólo o prevalentemente de tener y gozar, nos hace incapaces de dominar nuestros instintos y pasiones y de subordinarlos mediante la obediencia a la verdad. Dominar estos instintos y pasiones es una condición primaria para alcanzar la libertad que nos permite ordenar y relacionar la verdad y el bien con nuestras propias necesidades, nuestros propios deseos y el modo de satisfacerlos, según una justa jerarquía de valores, algo que es legítimo y bueno, pero que no se debe hacer de manera que la posesión de las cosas para nosotros, sea un medio de esclavitud, sino de desarrollo.
El hombre recibe de Dios su dignidad esencial y con ella la capacidad de trascender todo ordenamiento de la sociedad hacia la verdad y el bien. Sin embargo, está condicionado por la estructura social en que vive, por la educación recibida y por el ambiente. Estos elementos pueden facilitar u obstaculizar su vivir según la verdad.
Cuando la corrupción se hace estilo de vida el mal se acrecenta, porque las personas adquieren una conciencia errónea que llega a ser invencible al hacercele imposible salir por sí misma de esa actitud viciosa, ya que creen, que lo que están haciendo es bueno. La solución del daño ocasionado en este caso se hace mucho más difícil y duradero. Prolongándose este menoscabo a la dignidad de la persona al fenómeno denominado por el politólogo argentino Guillermo O' Donell como la privatización de los espacios públicos por muchos funcionarios estatales, que no conservan las diferencias entre lo público y lo privado, desempeñando estas responsabilidades como si fuera un negocio particular. Esto sucede en primer lugar porque en la cultura cívica y política de estos empleados públicos no admiten que sus conductas sean reguladas y controladas por reglas e instituciones, y en segundo lugar, porque no hay una separación efectiva y real entre lo público y lo privado.
Las decisiones, gracias a las cuales se constituye un ambiente humano, pueden crear estructuras concretas de injusticias, impidiendo la plena realización de quienes son oprimidos de diversas maneras por las mismas. Demoler tales estructuras y sustituirlas con formas más auténticas de convivencia es un cometido que exige valentía y paciencia. (Cf. Centessimus Annus. Juan Pablo II).
Es urgente salvaguardar las condiciones morales de una auténtica "ecología humana" a cada uno de nosotros corresponde trabajar por poner freno a la creciente corrupción y deterioro de las personas y estructuras de nuestra sociedad. Los espacios de participación que existen y que se pueden ir conquistando en la sociedad civil deben ser aprovechados para ir creando una cultura cívica donde las personas vayan cultivando y entrenando los valores de la honradez, la probidad, la solidaridad, la solicitud responsable, tan escasa en nuestra sociedad, porque muchas personas no quieren, o tienen miedo, a ejercer el derecho que tienen a participar libremente incumpliendo con el deber que tenemos todos de asumir nuestras responsabilidades. Este fenómeno el Padre Várela, nuestro santo cubano, lo definía así: "cuando los mejores hijos del país abandonan la administración de la cosa pública, esta administración cae en manos de los peores" y las consecuencias negativas de estos actos las sufre la sociedad, porque se le deja el espacio a los oportunistas e inescrupulosos que lo que más les interesa es acaparar y lucrar, o alcanzar poder, no para servir, sino para servirse, provocando que la corrupción alcance su máxima expresión que se refleja en la impiedad, o sea la incredulidad, no solamente de la no aceptación de un ser trascendente que ilumine su vida, sino que, no conciben un orden social ordenado hacia la justicia que esté sujeto a normas jurídicas, éticas y morales.
Menospreciar nuestro aporte en la lucha contra la corrupción y el deterioro de nuestra sociedad es la peor de las actitudes por la que pudiéramos optar, porque invalida toda acción encaminada a solucionar dicha situación. No ser indiferentes es garantizar una acción primaria y consecuente contra la corrupción.

 

Revista Vitral No. 49 * año IX * mayo-junio 2002
Virgilio Toledo López
(Pinar del Río, 1966)
Ingeniero Electrónico. Animador del CFCR de Pinar del Río. Responsable de La Consultoría Cívica .