Revista Vitral No. 49 * año IX* mayo-junio 2002


PEDAGOGÍA

 

LA ESCUELA PRIMARIA PÚBLICA (1902-1925) EL IDEARIO PEDAGÓGICO DE UNA ÉPOCA

PERLA CARTAYA COTTA

 

 


Durante el primer cuarto de vida republicana se irá desarrollando en Cuba una corriente pedagógica que entronca con lo más avanzado de nuestro pensamiento educacional del sigloXIX , a su vez, con el futuro porque le aportó concepciones tan novedosas que aún-algunas de ellas- necesitan un espacio en la escuela de estos tiempos. Esta corriente surgió- repitiendo lo antes ocurrido- en el seno de la intelectualidad más progresista, e irá incorporando en su evolución el modesto magisterio, a los estudiantes y a los trabajadores.
Mis reflexiones se basan en una investigación que realicé hace algunos años con el Doctor Joanes Pando, cuyo objeto de estudio fue la labor teórico-práctica, en el rubro de referencia, de un grupo de figuras destacadas en su época cuyo quehacer como maestros es prácticamente desconocida en estos tiempos. El análisis de las ideas sustentadas por estas figuras revela la influencia del positivismo evolucionista spenceriano en el enfoque filosófico, el cual comenzó a penetrar en Cuba en la década del sesenta del siglo XIX - a partir de un interesante trabajo de Enrique Piñeiro -, coincidiendo su época de plenitud con el proceso de consolidación de nuestra conciencia nacional-. No es ocioso recordar que el positivismo, presentado como una filosofía optimista, propugnaba la cientificidad de la enseñanza. Se aprecia, además, la importancia del pedagogo suizo J:E: Pestalozzi (considerado el padre de la enseñanza elemental), así como los aires de la "escuela nueva".
La pedagogía neoherbartiana llegó a la Isla en el período de la ocupación militar (1898-1902); el método de esa pedagogía fue criticado por Arturo Montori (1878-1931), quien argumentó la falsedad del fundamento psíquico en que descansaba el mismo en su interesante trabajo El MÉTODO HERBARTIANO A LA LUZ DE LA PSICOLOGÍA. Al referirse a los cinco pasos formales de la instrucción ( 1º preparación, 2º presentación, 3º asociación o comparación, 4º generalización o abstracción y 5º aplicación) según su creador - el alemán J:F:Herbart-, el educador cubano reveló su propio pensamiento sobre el proceso del conocimiento en los niños; éstos, en sus primeros años, vivían mentalmente alrededor de sus imágenes y representaciones, conocían los hechos sencillos del mundo exterior, los aspectos superficiales de las cosas, por tanto a satisfacer esas necesidades debían corresponder los primeros pasos de la enseñanza. Sostuvo el criterio de que la inteligencia infantil- durante el proceso de la formación de imágenes - iba siempre de lo general a lo particular, es decir, en una dirección deductiva. La aplicación didáctica de esta conclusión, a juicio de Montori, se apoya en una profunda necesidad psicológica de los niños en los primeros grados de la escuela, criterio que fundamentó con las clases de geografía, fisiología etc. Fue tan honesto este maestro que, frente a criterios detractores de sus ideas provenientes de profesores experimentados (él se formó a partir de la ocupación militar), planteó a sus colegas que las dificultades que confrontaban al tratar de aplicar los "pasos formales" se debían a la naturaleza artificial y falsa de ese método. Si tenemos en cuenta que los argumentos de Montori golpean la fama de un clásico de la pedagogía universal, no es difícil admitir que este cubano fue un hombre de pensamiento independiente y crítico, manifestándose en su actitud una característica histórica de nuestro magisterio: la valentía.


JOSÉ DE LA LUZ Y CABALLERO.
GRAN PEDAGOGO CUBANO.


EL INTERÉS POR LA PEDAGOGÍA Y SU DESARROLLO aparece con frecuencia al trabajar con las fuentes de aquella época. El magisterio cubano se esforzó por estar al tanto de lo que acontecía en el ámbito educacional universal, pero es notorio que sólo tomó de éste lo que consideró apropiado de acuerdo con los fines de la escuela primaria; por eso mientras la teoría de Jorge Kerchensteiner no proliferó, sí hubo algunas experiencias en torno a la técnica o método de proyectos; y a partir de l915 se observan algunos atisbos de pragmatismo, pedagogía que despertó cierta actitud de reserva, de expectativa, en algunos de nuestros educadores tal vez por la procedencia estadounidense de la misma.
El profundo conocimiento de la ciencia de la educación, vinculado al amor a la infancia, fue para María Luisa Dolz (1854-1928) la base del éxito profesional de un maestro, insistiendo con razón en que para el desarrollo de la pedagogía en Cuba era necesario realizar investigaciones didácticas y psicológicas en la escuela. La preocupación de esta ejemplar maestra halló eco en Montori, quien reconoció el esfuerzo de algunos colegas para aportar datos obtenidos experimentalmente pero señaló un problema: al carecer esos trabajos de un fundamento metodológico científico, las conclusiones no ofrecían garantías. Y como que Montori fue un hombre que procuró convertir la palabra en acción, realizó investigaciones sobre "La fatiga infantil (1913) e "Ideales De los niños cubanos" (1914).las cuales enriquecieron el patrimonio pedagógico nacional. No tuvo dudas en cuanto a la urgencia de ir construyendo, según su decir, un cuerpo de doctrinas con fundamentos rigurosamente científicos. Pero la primera alusión directa a la pedagogía cubana como tal la hallé en LA DEFENSA NACIONAL Y LA ESCUELA (1932), de Ramiro Guerra (1881 - 1970)- quien también inició su labor docente durante la ocupación militar- en la cual expresó: "... si llamamos pedagogía cubana al concepto de educación que en diversas épocas han tenido los cubanos, a su modo de apreciar los problemas educativos del país, a los medios ideados para resolverlos, al ideal de educación que en cada época han concebido y han intentado realizar, es indudable que existe esa pedagogía y que pueden determinarse sus líneas generales y fijarse sus rasgos más salientes". Ya desde1920, Montori -compartiendo las posiciones de Guerra- había expresado el EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN NACIONAL, que " el antinacionalismo pedagógico debe ser perseguido sin contemplaciones de ningún género", criterio que basó en la distribución de libros extranjeros en las escuelas y a la falta de educación patriótica que se observaba en algunas escuelas privadas de carácter religioso donde enseñaban maestros extranjeros. Otro aspecto revelador de similar inquietud, refiriéndose a la necesidad imperiosa de educar al cubano para poder subsistir : "...las normas de esta educación no hay que buscarla en el extranjero ni en el perfeccionamiento de los métodos y la técnica solamente; sino en el espíritu de nuestro pueblo, ahondando en nuestras necesidades y tendencias..." (Guerra) Yo creo que, en definitiva, la historia ha demostrado que tenía razón. Y un dato interesante: el pensamiento de quien llegó a ser un historiador de prestigio no se detuvo en las anteriores reflexiones, propuso una estrategia: el análisis crítico del ideario de los grandes cubanos que estudiaron a fondo el problema de la educación serviría para echar las bases de la política pedagógica dirigida a tratar de solucionar los complejos problemas sociales existentes, por ser la escuela una institución cuya labor estaba estrechamente ligada al destino de la patria.
Una posición muy novedosa que, a mi juicio, sigue siendo digna de tener en cuenta es la que expresó Enrique José Varona (1849-1933) en el Prefacio que escribió para el Manual de Maestros en 1901:"El maestro debe saber estudiar para que sepa enseñar a estudiar. Aquí está, en su germen, todo el problema de la pedagogía", criterio que el mentor cubano reiteró en años posteriores.
LAS CATEGORÍAS PEDAGÓGICAS fueron objeto de especial interés. Los maestros sabemos que la categoría EDUCACIÓN no siempre ha sido interpretada de la misma manera, aun en una misma época histórica ... mas ¿Cómo la concibieron los educadores cuya obra he analizado? ...Manuel Valdés Rodríguez (1848-1914), en El maestro y la educación popular, expresó que la educación era la fuerza de dirección para auxiliar a la naturaleza del niño y hacerlo un ser que pensaba, sentía y decidía. Por el mismo camino, se sostuvo un criterio: la educación debía preparar a los escolares para las funciones p'ropias de la vida de adulto (Montori). A estas ideas se agregó que la educación es una trilogía en la cual se interrelacionan los intereses morales, intelectuales y físicos, incluyendo en los mismos el elemento estético (Dra. Dolz). Por su parte, Ramón Meza (1861-1911) escribió en La educación en nuestro medio social (1908), que esta categoría tenía que corresponderse con la ley del progreso y, frente a los que sostenían una posición biologicista con respecto a ésta, aseveró que " el esfuerzo mutuo, bien encaminado, no interrumpido...es lo que forma el alma nacional". En síntesis, estas concepciones representativas de las sustentadas por otros maestros, demuestran una proyección adecuada en la época en que fueron concebidas.
Sin negar el papel del medio social en la educación, aquellos educadores -que brindaron esfuerzos y talentos a la escuela pública como un bastión de defensa nacional, valoraron que una vía básica para desarrollarla era LA ENSEÑANZA , pero ¿Cómo concibieron esta categoría no menos importante que la anterior?... Selecciono a dos pedagogos por coincidir, en lo esencial, con otros colegas: la enseñanza era una faena tan complicada y difícil como noble y edificante. Enseñar era mucho más que instruir - concebida la instrucción como el conjunto de conocimientos encaminados a desarrollar el horizonte cultural de los alumnos-, porque significaba educar la mente, templar el carácter y afinar los sentimientos (Dra. Dolz). Varona, por su parte, sentenció que enseñar con amor era alumbrar, iluminar para siempre la vida; era obra puramente moral, era obra de espíritu a espíritu, de corazón a corazón.
LA SOCIEDAD Y LA ESCUELA. Si en algo hubo consenso general en el magisterio de esta etapa, fue en la necesidad de la enseñanza colectiva de los niños en una escuela que los preparara para el futuro. La escuela era una de las fuerzas vitales en que debía apoyarse el país para lograr el desarrollo social; ya en fecha tan temprana como 1900, la Dra. Dolz alertó en El campo de la lucha:"...¿Cuál es hoy el campo en que con las armas de la inteligencia hay que luchar por la reunificación de esta sociedad? Es sin duda alguna el campo de la escuela... una cuestión de vida o muerte para la existencia propia de esta sociedad...? " Sugiero al lector que reflexione sobre las siguientes palabras de Montori por la riqueza conceptual que contiene: La escuela tenía que preparar para la vida a la generación siguiente. Muy interesante la comprensión que lograron alcanzar los pedagogos de antaño sobre la sociedad y la escuela: "La mejora del medio trae como consecuencia inmediata la mejora y perfección de la escuela, y ésta a su vez va a ejercer su acción en el mejoramiento de las condiciones sociales" (Meza) y aunque reconoció este autor que la prensa, la Iglesia, la familia y otros factores incidían en la evolución de la cultura, en las ideas y sentimientos, el papel hegemónico correspondía a la escuela. Por el mismo sendero avanzó Arturo Echemendía (1880-1934) insistiendo en que sólo con el advenimiento de una nueva escuela, exenta de prejuicios y libre de rutinarismo, podía el cubano abrir el pecho a la esperanza; sus ideas al respecto coincidieron con otro contemporáneo, Miguel de Carrión (1875-1929), quien insistió en la necesidad de lograr la cooperación de la familia para que la obra civilizadora de la escuela resultara más efectiva, planteamiento indicativo del carácter histórico de este problema.
La escuela primaria debía alimentarse con la savia del deber, sin olvidar que cada paso del discípulo era un pequeño derecho que se desenvolvía (Valdés Rodríguez). Debe tenerse en cuenta que, en aquellos tiempos y en la unidad de pensamiento de aquellos maestros.-sin olvidar la enriquecedora individualidad-, el deber y el derecho, eminentemente humanos, debían marchar unidos porque ¿ qué podía significar para el escolar el uno sin el otro?... Me enorgullece una realidad: los representantes del magisterio tuvieron una misión acertada y profunda de la significación política que correspondía a la escuela pública, "esa gloriosa conquista del espíritu revolucionario, la escuela pública, debe pues ocupar el primer plano entre las preocupaciones nacionales", escribió Varona en Los Partidos políticos y la instrucción pública, y anticipándose a hechos posteriores, sentenció con acierto: "Dejarla decaer y ocupar un lugar secundario es trabajar en contra de la república".


CLASE DE UNA ESCUELA PÚBLICA DE NIÑAS
DURANTE LA REPÚBLICA
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La formación de los alumnos fue otra constante en la preocupación de aquella generación de educadores, entendida esta formación integralmente. Les inquietó que la obra de la escuela parecía quedar anulada cuando el niño, ya adulto, ejercía la vida ciudadana; sin embargo, no todos percibieron la responsabilidad gubernamental en este conflicto porque, por ejemplo Meza, al reflexionar sobre esta asunto, sólo se dirigió a los ciudadanos de la República para tocar a sus conciencias. Un poco más lejos fue Montori: la formación de los alumnos no debía limitarse a prepararlo para desenvolverse en la sociedad "...sino para influir en el proceso de ésta por su identificación comprensiva con aquellos ideales éticos o políticos sociales que constituyen la más alta expresión de la aspiraciones espirituales de su tiempo"- expresó en Influencia de las ideas filosóficas en la educación (1920)- resaltando la importancia de los ideales en la vida del hombre y como desde los primeros años de edad debía orientarse la actividad del niño en favor de las causas justas, en medio de la corrupción social que atentaba contra la integridad. Ni los individuos ni los pueblos, aseveró con razón, podían vivir vida noble, perdurable y fecunda sin la inspiración de grandes ideales que den sentido a sus vidas y orienten obrar.
Me detendré por razones obvias en la educación moral, componente de la integralidad al cual reconocieron el lugar que justamente le corresponde, más ¿cómo la concibieron?...Compromiso establecido con la patria; aspecto vital de la educación moderna; mucho más difícil que la educación de la razón porque no siempre la familia y los factores sociales convergían al mismo fin. Ese notable maestro que fue Valdés Rodríguez, señaló con atino que si la educación intelectual no erradicaba lo que él llamó "prácticas ruinosas para la vida psíquica del niño", se comprometía la formación del carácter, aspecto básico en la educación de la moral en la infancia. Otros sabios planteamientos: pretender educar al niño divorciándolo de las influencias de la sociedad era algo absurdo, falso: había que prepararlo para enfrentar con éxito las mismas; la moral debía educarse en tales condiciones de espontaneidad y respeto, de libertad, que el niño pudiera, más adelante, cooperar suavemente al mejoramiento moral de sus condiscípulos. Y al aludir brevemente a la historia de la escuela cubana señaló con justeza: "...Todos los grandes patriotas de Cuba antes que todo han sido educadores..." Le preocupaba, también, que la prostitución atentaba contra el buen desarrollo de la educación moral. Valiosas, según mi criterio, las siguientes concepciones: la educación moral debía realizarse en la práctica cotidiana mediante los actos organizados oficialmente por la escuela, entonces ¿qué resorte debía utilizarse? La respuesta es breve: se apoya en el sentimiento y se desenvuelve no verbalmente sino mediante una seria de actos colectivos de índole moral. Desde su óptica, creyó que su época pedía el respeto para todos los seres humanos, la justicia sin distinciones, la vida esclarecida por el pensamiento, ennoblecida por el trabajo libre, alegrada por las nobles afecciones y ennoblecida por los goces artísticos. Si la educación moral se llevaba a cabo sobre esas bases, era indudable que su resultado sería un ciudadano digno, sucesor honorable de las mejores tradiciones del cubano. Apoyándose en el carácter histórico de la moral, Montori continuó explicando - en El problema de la educación moral (1909) - que al elaborar un programa de educación moral era necesario determinar con certeza el estado de la conciencia pública, los sentimientos predominantes y las necesidades morales más urgentes ... pero ¿podía lograrse lo anterior sin investigar esa realidad? ... Insistió en que los esfuerzos debían encaminarse a lograr una obra eminentemente nacional. Defendió un criterio: la utilización del método indirecto, consistente en aprovechar todas las oportunidades que la vida cotidiana ofreciera para influir en la conciencia moral y fomentar, al mismo tiempo, hábitos de conducta moral.
Con respecto a la instrucción cívica, era un error pretender destruir la libertad con el pretexto de la disciplina (Dra. Dolz). El valor cívico fue objeto de especial atención por ser " una virtud social que el medio social debe desarrollar por cauces correctos y civilizadores" (Meza), comprendiendo en este concepto la valentía, el sentimiento de la justicia y el sentido del deber. El amor al trabajo debía ser "algo así como una religión popular" por la "trascendencia que tenía para el futuro económico del país". Honra a este educador el esfuerzo para hacer entender que la violencia, el valor moral mal entendido, el gusto depravado, el desafuero, la burla precoz, las malas formas de trato y locución, el indiferentismo, la acción inmoral y la conducta reprochable, no podían tener lugar en la escuela si se pretendía lograr éxito en la educación moral.
La preocupación de Montori por lograr que la educación estuviera en función de la vida, le condujo a considerar que en las escuelas debían darse clases o charlas que preparasen a los alumnos para la futura constitución de la familia, criterio que constituye otro aporte de aquella época al desarrollo de la pedagogía cubana. Concibió le educación sexual -según expresó en El feminismo contemporáneo (1922) - como " la instrucción de una persona en las cuestiones especiales relacionadas con la unión de los sexos y los fenómenos de la procreación". Reflexionó que si la escuela no los instruía en este aspecto trascendente de la vida, recibirían " influencias perturbadoras o unilaterales" que confundirían las mentes infantiles; esta enseñanza debía comenzar a los 13 ó 14 años aproximadamente. Sin embargo, no parece haber comprendido que las bases de esta educación debían crearse en el hogar desde los primeros años de vida, aunque sí reiteró que ese proceso de preparación sexual debía realizarse con delicadeza y tacto pedagógico.
LOS MÉTODOS DE EDUCACIÓN no fueron olvidados por los pedagogos cubanos. coincidieron al condenar los métodos coercitivos y humillantes de la personalidad; recomendaron tener presente el juego, el ejemplo, la persuasión, las charlas colectivas e individuales y la emulación" siempre que no aliente un vano orgullo o la envidia" (Meza). Dignas de divulgar son también las ideas que sustentaron sobre la disciplina escolar porque manifiestan la presencia de principios pedagógicos humanistas, cristianos, destacándose otra vez el pensamiento de Montori ( quien nunca negó ser ateo): la disciplina escolar fundada en el rigor autoritario es siempre ineficaz y deleznable; demoledora del entusiasmo y envenenadora de la dignidad; útil tan solo para fomentar la hipocresía en los caracteres débiles y el impulso de la rebeldía en los corazones más enérgicos.
Se mostraron partidarios de los estímulos "bien entendidos y desprovistos de apasionamiento", y opinaron que la realización de concursos y exposiciones constituían una buena vía para otorgarlos; en este sentido, Meza se esforzó por fomentar las exposiciones agrícolas e industriales, a las que llamó "fiestas del trabajo", -en ellas se presentarían los resultados de los trabajos manuales realizados por los escolares-, las cuales tendrían un alto valor educativo siempre que se organizaran y efectuaran con sentido pedagógico; este maestro pensó que si la prosperidad del país dependía de la agricultura, en la escuela primaria -sobre todo en la rural - era básico hacer conciencia de ello y la mejor manera era vincular a los niños a los trabajos agrícolas sencillos de acuerdo con las edades y sexos.
Fustigaron los castigos corporales y, en el caso de que fuese necesaria la sanción, ésta debía ser de índole moral, sin olvidar el tacto y el amor (amonestaciones privadas o en presencia de los condiscípulos, según el caso); y en caso de reincidencia, tener en cuenta otros recursos: hablar con la familia, privaciones de paseos etc. pero siempre promoviendo en el niño la reflexión sobre la falta cometida. "si se han roto ya las cadenas del esclavo, es necesario también romper una a una las trabas con que la preocupación y la rutina sujetan la naturaleza del niño con detrimento de su salud psíquica y moral...", escribió la Dra. Dolz, ella sabía que una frase alentadora, un gesto de aprobación, galvanizaban por lo regular la energía infantil, produciendo fecundos y alentadores resultados. Peligroso era, a su juicio, olvidar que la represión constante, la hostilidad y la violencia eran estériles y hasta perniciosos. De estos planteamientos se infiere el conocimiento de la psicología infantil que tuvo esta pedagoga, la cual - mediante la palabra, la pluma y la ación- adelantó las primeras proposiciones sobre la delincuencia infantil, analizando sus causas en tanto pronunció fuertes y sistemáticas críticas a la corrupción administrativa y social; llegó a elaborar un verdadero proyecto de reeducación infantil que no pudo llevar a cabo por razones ajenas a su empeño. Pienso, en síntesis, que la proyección del magisterio cubano con respecto a los métodos de educación los concretó E.J. Varona con un famoso aforismo: "Educador; no domador."
EL MAESTRO: SUS CUALIDADES Y MISIÓN SOCIAL...¿ podía este tema encontrarse ausente en las reflexiones de los pedagogos que apostaron fuerte por el afianzamiento de la escuela primaria pública?... ¿cómo concibió al maestro cubano aquel magisterio osado y emprendedor?...El maestro, para ellos , era el principal propulsor del ideal moral. He aquí un mensaje sencillo, testimonio del amor a la profesión: "Sed maestros para la inteligencia, pero sedlo más principalmente para el corazón, el alma, la vida, la acción, el sentimiento... ¿Creéis que vuestro alumno lo que necesita es la aritmética o las reglas de la sintaxis?... Necesita saber ser niño, agente de producción , ciudadano, hombre" (Valdés Rodríguez).
En cuanto a la función social del maestro: " formar hombres para la vida, no para el libro ni para el arado, ni para la máquina, ni para los asuntos, ni para el bisturí... Cerebro y brazos frente al porvenir incierto... Hombres así necesita Cuba en este período difícil de su iniciación, como pueblo libre..." (Varona, 1925).
Es evidente que la mirada de Montori, estudioso de su presente, no se limitó a éste:"...es hacia el porvenir que deben mirar los educadores, no hacia el pasado, es la causa de la libertad y de la ciencia la que deben seguir - escribió en Los ideales de la educación (1905) -, no las causas de las reacciones sociales, religiosas o morales; es el amor a la justicia que deben infundir en el corazón de sus alumnos; no el espíritu de sumisión, no el germen del antagonismo; es el culto de la vida, el ideal al que deben orientar sus fuerzas..." Por el mismo camino, avanzaría en 1923 Ramiro Guerra: "...el maestro ocupa en Cuba, más que en otro país, un puesto de honor y de peligro".
Aquella generación de maestros que supo honrar a la patria vio claro que "... el mejor educador no será nunca el más sabio, sino el que a la autoridad de la ciencia una la dignidad del carácter..." (Dra. Dolz) aspecto en que ahondó Valdés Rodríguez al argumentar con acierto la necesidad de lograr una formación profesional que profundizara en la psicología y en la ética, de modo que el maestro supiera penetrar con mirada firme en el corazón de los niños. El Estado, por su parte, debía preocuparse por elevar el nivel de vida de los docentes porque sus responsabilidades ante la patria eran incompatibles con el peso de las inquietudes provocadas por una existencia angustiosa y aguijoneada por la estrechez económica.
Dirigiéndose a sus colegas expresó significativamente Valdés Rodríguez: " ¿Queréis ser fuertes?... Pues entended que la mejor y más segura fortaleza debe nacer del cumplimiento constante de nuestro deber". No faltaría una advertencia: la vanidad era defecto que no debía integrar la personalidad del educador porque lo alejaban de esa condición. El modesto cubano se identificó, otra vez, con mi fibra de maestra al aconsejar: "Sabed la ciencia de perder un momento. Esta es la hora: tomad la palabra y arrojad la semilla. La semilla crecerá y fructificará". (Valdés Rodríguez).
La modernidad del ideario pedagógico sustentado por aquellos maestros se manifestó, de nuevo, al abogar por propiciar el desarrollo de la creatividad en los educadores. En este sentido, Varona expresó la necesidad de luchar para que la rutina -( a mi entender, uno de los peores enemigos que tiene la clase)- no se adueñara del aula... ¿y acaso no le asistió la razón al insistir en que "marchar al compás, cantar en coro, era útil, conveniente y muchas veces necesario, pero había que empezar por andar uno solo y emitir su propia voz"?... Sanear la población era una gran cosa-reflexionó el Maestro- porque sin esto no había verdadera higiene para los hombres; pero sanear la conciencia popular no era obra menos urgente sin ello sería imposible la higiene del espíritu, tarea en la cual correspondía al educador un papel vital.
No es posible concluir esta apretada síntesis del ideario pedagógico de una época, sin divulgar la actividad desplegada por Arturo Montori en favor de la escuela elemental pública y sus maestros, cuyas filas integró. Incansable defensor de tan noble causa, no cesó de esforzarse por el mejoramiento de las aulas. Estuvo siempre entre los que concibieron la escuela pública como instrumento de defensa social de los cubanos. Ajeno estaba, en 1920, que las palabras que a continuación recojo mantendrían su significación 82 años después:
...y ninguna tarea más urgente en este momento que la de contribuir a vivificar la llama de los ideales humanos..."

2 - IV -2002.


 

 

Revista Vitral No. 49 * año IX * mayo-junio 2002
Perla Cartaya Cotta
Pedagoga habanera. Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Católica "Palabra Nueva".