Como la fecundación in
vitro no asegura el embarazo, explica el Dr. Herranz, desde el
principio de esta técnica se vienen creando embriones humanos
sobrantes (EHS), para compensar los fracasos. Más tarde, la posibilidad
de conservar embriones congelados para hacer nuevos intentos en
caso de fallo en primera instancia- hizo que aumentara el número
de EHS: también porque en la descongelación se pierden
aproximadamente la mitad de los embriones. Al conseguir el embarazo
o cesar los intentos, las parejas abandonan los embriones congelados
no usados: de ahí la actual acumulación de EHS. Se estima
que en los Estados Unidos pueden existir unos 300.000 ó 400.000
EHS; en España, el total estaba en 25.000 en 1988.
La cifra de embriones congelados seguirá creciendo.
No lo impedirá en el futuro la congelación de oocitos
(células que dan origen a los óvulos), pues la probabilidad
de que nazca un niño a partir de la fecundación de oocitos
congelados no supera el 1% (1). Tampoco servirá el cultivo de
los embriones in vitro hasta la fase de blastocisto, porque
eso simplemente permitiría seleccionar los embriones de buena
vitalidad y convertir en sobrantes a los otros. Además, en los
tiempos recientes, para evitar los problemas biológicos
y económicos, provocados por los embarazos múltiples,
se ha establecido como norma profesional que no deben implantarse más
de dos embriones por ciclo, lo que contribuirá a acrecer el número
de EHS.
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Ultrasonido
del rostro de una criatura de 28 semanas de vida,
en el vientre materno. Su nombre: María Fernanda.
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Problema insoluble
A juicio del Dr. Herranz, la grave cuestión de qué
destino dar a los embriones sobrantes no tiene respuestas que sean a
la vez éticas y practicables.
No parecen ser solución, para problema tan grande, las
débiles y cuestionables alternativas de la congelación
de oocitos, ni los procedimientos de selección y eliminación
implicados en el cultivo prolongado in vitro o en el diagnóstico
preimplantatorio. Estas técnicas seleccionan y desechan drásticamente
embriones considerados de escasa calidad vital o genética. La
misma mentalidad de selección es en cierto modo, insaciable:
escoger lo óptimo requiere la mayor cantidad posible de material
primario.
No es solución la crioconservación indefinida: sería
absurdo ampliar año tras año el número de tanques
de nitrógeno líquido para ir almacenando decenas de miles,
cientos de miles de embriones congelados, petrificados en el tiempo
(...).
No es solución tampoco la donación a otras parejas:
como señala un trabajo reciente, de donar embriones se habla
mucho y bien, pero se practica muy poco. Por si no fueran pequeños
los problemas legales, (...) los receptores quieren saber mucho del
trasfondo psicológico y genético de los donantes. Los
donantes han de superar su apegamiento emocional a los embriones, y
poner a esas criaturas suyas en manos de personas cuyos rasgos y estilos
de vida desconocen.(2)
Repugnancia moral ante la destrucción
No es solución la destrucción. Ninguna palabra
(dejar morir, no permitir el crecimiento, destruir) puede disimular
el hecho duro de que una criatura humana fue creada para vivir y se
la deja perecer. Además, donde la ley como en España-
ordena la destrucción de los EHS al cabo de un plazo, no se ha
cumplido que se sepa- esa norma, por la repugnancia que provoca
en los médicos.
Tampoco es solución la investigación destructiva,
que reduce a los embriones humanos a la condición de cosas consumibles,
lo que es incompatible con el respeto mínimo exigido por el sujeto
humano en experimentación biomédica. No hay objetivos
de investigación tan valiosos que puedan alcanzarse legítimamente
a costa de vidas humanas. Así lo dijo el Código de Nuremberg,
lo afirma la Declaración de Helsinki y nos lo impone el Convenio
relativo a los Derechos Humanos y a la Biomedicina, del Consejo de Europa.
Lo sabio es evitarlo
Ante un problema de estas dimensiones y complejidad, lo sabio
es evitarlo. Lo prudente es aminorarlo en la medida de los posible.
No producir deliberadamente embriones humanos sobrantes es una
decisión moral y científicamente sostenible. Es solución
que choca, de un lado, con los intereses de los equipos de fecundación
in vitro, muy motivados por alcanzar la cota máxima
de eficacia, prestigio y competitividad; y, de otro, con las preferencias
de los usuarios de las técnicas, interesados muchas veces en
ahorrarse las molestias, riesgos y gastos de reiniciar el proceso clínico.
Pero vistas las cosas con una perspectiva de justicia, que da al embrión
humano lo suyo, se deduce que por esas preferencias y logros marginales,
estamos pagando un precio prohibitivo: la existencia indeciblemente
precaria de miles de seres humanos.
El Dr. Herranz apunta una vía para empezar a detener la producción
de EHS: la responsabilidad de las parejas.
Las personas que acuden a las técnicas de reproducción
asistida se encuentran muchas veces en una situación especial.
Buscan ansiosamente un hijo. Lo hacen con una carga emocional fuerte,
pues el tiempo corre en su contra y la superación de la esterilidad
condiciona muchas veces la estabilidad del matrimonio.(...)
La deontología médica moderna obliga al médico
a dar a sus pacientes toda la información que sea éticamente
significativa, incluidos los riesgos y consecuencias de las decisiones
que se puedan tomar. Las parejas responsables necesitan información,
objetiva y completa, pues no pueden desentenderse de las decisiones
que les competen y que han de tomar en plena lucidez.
Pero no se actúa así en la fecundación in
vitro. He tratado señala el Dr. Herranz- de
buscar en la bibliografía y en los pocos formularios de consentimiento
informado para la congelación de embriones que se han publicado,
si se informa y se pide consentimiento sobre el punto específico
del número de embriones que autorizan los progenitores a crear
con sus gametos. La búsqueda ha sido vana, con la excepción
de una referencia a una ley vigente en el Estado de Luisiana.
Consentimiento informado
Producir Embriones sobrantes es traer a la vida, como fruto de
una decisión calculada y con el auxilio de la tecnología,
a seres humanos para colocarlos en un estado de máxima indefensión.
(...)Esto es asunto de extremada intensidad moral. En principio, los
progenitores van a la fecundación in vitro en busca
de un hijo muy deseado.(...) Los embriones que se crean en el laboratorio
se crean para vivir. No son criaturas engendradas de modo casual, inadvertido,
irresponsable, en un arrebato erótico y pasional. Se los trae
a la existencia de modo intencionado, para ser hijos, con plena deliberación,
con el auxilio del artificio técnico del laboratorio. Eso crea
una responsabilidad ética cualificada.
Y, sin embargo, a juzgar por las apariencias, médicos
y progenitores acuerdan producir embriones sin querer darse cuenta de
lo que hacen, sin querer enterarse de que se trata de hijos de verdad,
de los cuales han de sentirse responsables.Muchos padres dice
una embrióloga clínica británica- piden que se
congelen sus embriones, sin haber reflexionado sobre todas las implicaciones.
Y luego, los abandonan mental y físicamente (3).
Por tanto, concluye el Dr. Herranz, la conciencia civil y la deontología
médica exigen que se abandone la producción de EHS.
Gonzalo Herranz es director del Departamento de Humanidades Biomédicas
de la Universidad de Navarra y vicepresidente de la Subcomisión
de Ética del Comité permanente de los Médicos Europeos.
(1) Trounson A, Bongso A. Fertilisation and development in humans.
Curr Top Dev Biol 1996; 32:59-101.
(2) Kingsberg SA, Applegarth LD, Janata JW. Embryo donation programs
and policies in North America: survey results and implications for health
and mental health professionals. Fertil Steril 2000; 73;215 220.
(3) Dawson KJ. The storage of human embryos. Debate: Destruction
of cryopreserved embryos. Hum Rpr 1997;12:6.
Nota: Ante el problema de los embriones sobrantes, lo sabio es
evitarlo; lo prudente es aminorarlo en la medida de lo posible
(G: Herrnz).
Aceprensa Año XXXI. 15 Noviembre 2000