Revista Vitral No. 50 * año IX* julio-agosto 2002


ENCUENTRO CON

 

MORAVIA CAPÓ,
MAESTRA DE CUBA

Dagoberto Valdés Hernández

TESTIMONIOS

Feliscindo González
Rina Malo y Eloy Gálvez

 

 

 

 

 

 

 

 

Moravia Capó


Entrevista de Dagoberto Valdés

Síntesis Biográfica

Testimonio de Feliscindo González

Testimonio de Rina Malo

Testimonio de Eloy Gálvez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Feliscindo González

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rina Malo

 

 

 

 

 

Eloy Gálvez

 

 

 

 

 

 

 

 

Entrevista con Moravia Capó

Dagoberto: Siempre recordada doctora: Sus memorias sobre nuestra querida ciudad de Pinar del Río¿Recuerda lugares, hechos y nombres significativos? Su labor educativa.
Moravia: Querido Dago:Gracias por invitarme a escribir estas sencillas líneas, llenas de recuerdo y cariño, para esa“Revista Vitral” que con tanto profesionalismo y sentimiento patrio Usted dirige.
Mi felicitación, extensiva a todos los que colaboran en las misma.
Con mucho gusto voy a contestarle las preguntas que a través de la distancia, lejos de la Patria, pero con ella en el corazón, me hace Usted en su entrevista.
¡Cuán dentro de mí llevo cada rinconcito de mi hermoso Terruño! ¡Mi querida Hospitalaria!
Allí éramos una gran familia, creciendo junto al elevado pino y el pequeño arbusto de la guayabita del Pinar, la Alameda, la Calle Cuarteles, el parque de la Independencia, y tantos otros lugares que viven latentes en mi memoria.
¿Cómo olvidar mis 20 años de educadora en mi querido Pinar del Río?, en aquellos centros de Enseñanza: Academia Valella, Academia La Palma, Academia González, el González-Capó, la Escuela Normal para Maestros, en cuyas aulas, que eran templos de virtudes, que emanaban amor, recibí el cariño, la admiración y el respeto de mis alumnos.
Jamás olvidaré a Teresita García de la Portilla, Sergito Geada entre otros, así como a aquellos alumnos, que en mi humilde hogar de la calle Vélez Caviedes, recibían mis clases de repaso para los exámenes de Matemática y Física.

Momento en que Leyla Rodríguez alumna de 5to año
hacía entrega del pergamino de agradecimiento a los maestros.


Dagoberto: ¿Qué Virtudes y Actitudes considera que debe tener un buen educador?
Moravia: Recordemos la frase Martiana “Lo hizo maestro que es hacerlo creador”. El maestro es escultor de almas, sus enseñanzas tienen que estar llenas de amor. “La ley del éxito es la ternura y no hay autoridad más respetada que la que es dirigida con cariño”. El Educador debe enseñar con un método disciplinario que eduque con el ejemplo, una educación que lleve confianza, seguridad, integridad, respeto a los valores familiares y a la conservación de nuestras raíces patrias.

Moravia impartiendo clases en una escuela de Estados Unidos.


Dagoberto: ¿Qué relación establece entre educación, libertad y progreso de los pueblos?
La educación nunca debe ser una sistemática discriminación de tipo ideológica-política, sino de capacitación y preparación para la vida, que promueva el pleno desarrollo de la personalidad, el respeto a los Derechos del Hombre y a las libertades fundamentales.
El maestro nunca debe controlar la conciencia de la infancia y la juventud, sino impartir una educación en que se forjen hombres y mujeres preparados para triunfar en una sociedad con libertad : La educación es el único modo de llevar los pueblos al progreso y a ser fuertes y libres.
Dagoberto: ¿Qué cree Usted del pueblo cubano, de sus Virtudes, de sus defectos, de sus potencialidades para el futuro?
Moravia: El pueblo cubano, siempre fue un pueblo noble, amante de la libertad, como lo demostraron nuestros mambises de las gestas emancipadoras del 68 y el 95. Marchó siempre a la cabeza de los países de América Latina, pensando siempre en el engrandecimiento de la Nación. Sus hombres y mujeres se esforzaban por progresar, estudiando, preparándose para ser mejores ciudadanos.
Es un pueblo con gran potencial para que esa Nación vuelva a formar parte de los países libres del mundo y nuestra gloriosa bandera pueda ondear libre y soberana como lo hizo hace cien años.

Moravia frente al arco de triunfo de París
con un grupo de cubanos.


Dagoberto: ¿Qué aporte cree Usted que podrían ofrecer los educadores cubanos desde el aula para ese porvenir de la Patria?
Moravia: “Se ha dicho que educar es preparar el alma para la vida”. ¡Cierto es! ¿Pero cómo puede hacerse en las aulas en que no se respete el “Derecho a la Libertad de Cátedra”, donde el maestro tiene que repetir lo que se le ordena y se discrimina a los padres al no permitirle escoger el tipo de educación para sus hijos? El magisterio es sacerdocio y sacrificio, y si el educador está dispuesto a llevar a la mente de sus alumnos la verdadera historia de Cuba, no distorsionada, la realidad del pueblo cubano, entonces SÍ estará preparándolo para el porvenir de la patria.
Dagoberto: Una pregunta muy personal ¿Qué fuerza interna la mueve a entregarse a los demás y a trabajar para Cuba?
Moravia: El amor a la Patria, Dago, es como a Dios y a la madre, nos acompañan siempre, ningún lugar está lejos cuando vive en el corazón.
Siempre pienso en Cuba: “Mi hermoso Saurio Verde”.
Soy feliz trabajando y luchando por Cuba y su futuro. Siento gran alegría al poder servir a los demás, durante 50 años, lo hice en las aulas con mis queridos alumnos (Cuba, Nicaragua, Estados Unidos). Años para mí felices, doy gracias a Dios por la hermosa cosecha que me permitió sembrar.
Mis médicos en el exilio, Dr. Gustavo Plasencia, Dr. Ceferino Milián, mi dentista Dr. Raúl Gómez de Molina Jr,, fueron mis alumnos, y me atienden con el cariño como si fuera a una madre.
Tengo fe en el pueblo cubano y me mantiene viva la esperanza de un porvenir digno, hermoso y glorioso para mi Patria.
Dagoberto: Si le fuera dado soñar y diseñar el futuro de Cuba, ¿A qué líneas éticas, religiosas y cívicas, no dejaría Usted de integrar en ese proyecto de Cuba?
Moravia: El mensaje de Dios no puede estar ausente de la enseñanza futura de Cuba, tolerancia, comprensión, amistad entre los grupos étnicos y religiosos, respetando la libertad de conciencia, pensamiento, expresión.
Programas, planes de estudios que formen hombres y mujeres dignos para triunfar en una sociedad llena de amor y libertad.
Dagoberto: Si Dios le permitiera encontrarse unos minutos con sus antiguos alumnos de Pinar del Río: ¿Qué le diría hoy la Profesora Moravia?
Moravia: Daría gracias al Señor por el encuentro, los abrazaría con gran cariño, les preguntaría si recuerdan mis frases como cuando les decía:
¡Muchachos!
“El saber no ocupa lugar, pero para ocupar un lugar hay que saber”.
¡Qué amen y defiendan a su Patria, y que luchen para que puedan vivir en libertad!
Dagoberto: ¿Desearía compartir algo más con los lectores de “Vitral”?
Moravia: Mi gratitud a la “Revista Vitral”, pues a través de ella y de sus hermosos artículos, me siento más cerca de mi bella ciudad pinareña y de Ustedes lectores de Vitral.
¡Qué el Señor os bendiga!

Un abrazo de Moravia Capó
6 de mayo de 2002


Síntesis Biográfica de Moravia Capó

Nació en Pinar del Río.  Hizo sus estudios en la Escuela Normal para Maestros, el Instituto de Segunda Enseñanza y el doctorado en la Universidad de La Habana.
Cincuenta años ininterrumpidos dedicados a la enseñanza. Veinte años en Cuba: Academia Valella, Academia La Palma, Instituto González-Capó y la Escuela Normal para Maestros.
Salió de Cuba en 1967, dirigiéndose a Nicaragua. En Nicaragua en el Departamento de Estelí, fue Vice-directora y profesora de Matemática y Física en el Instituto Río Piedras, donde crea un programa para becas para estudiantes de pocos recursos económicos.
En 1974 se traslada a Miami para continuar sus acividades docentes, ejerciendo las mismas en la Saint Thomas University Riverside School, y en Baldor School, entre otras.
Hoy retirada de la educación, continúa en sus muchas actividades cívicas y comunitarias.
En mayo de 1990 fue elegida Presidenta Nacional de los Municipios de Cuba en el Exilio, primera mujer en ocupar esa posición.  En años anteriores había sido presidenta del Municipio de Pinar del Río por 4 años, y presidenta de la provincia de Pinar del Río por 1 año. También fue presidenta de las Mujeres Municipalistas por 2 años. Vice-presidenta del Cuban Women’s Club por 2 años.
En mayo de 1991 recibió un reconocimiento por su trabajo « El Futuro de la Educación en Cuba».
Desde 1993 hasta el presente, es presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de los Municipios de Cuba en el Exilio, con una extensa participación en diferentes foros, principalmente, en las Naciones Unidas en Ginebra.
Actualmente es:  Vice-presidenta de la Unidad Cubana, Presidenta de la Vocalía Patriótica y Cultural de las Mujeres Universitarias y Presidenta de Honor de las Mujeres Municipalistas.
Ha recibido muchos honores y reconocimientos de diferentes organizaciones, así como de la ciudad de Miami y el estado de la Florida, entre estos el haber sido seleccionada por la revista Times de Nueva York entre la Mujeres Hispanas Notables de los Estados Unidos, y el más reciente, el premio Colegio Nacional de Profesores Cubano-americanos, mayo del 2002.



Testimonios:

Testimonio de Feliscindo González:

Corrían los primeros años de la década del 50. Era un adolescente, y necesitado de aclarar dudas y afianzar conocimientos, conocí a la profesora Moravia Capó., que en su casa particular, marcada en aquel entonces con el número 152, hoy número 188, de la calle Vélez Caviedes, poseía una academia de repaso. Allí encontré a una joven mujer, alta, delgada, de hablar mesurado, inquieta, que inspiraba confianza y seguridad en sus alumnos, que con puntero en mano, se convertía en “hada”, para de manera muy especial y con características muy propias de un ser “sui géneris”, transmitirnos los más disímiles conocimientos, con una base científica y práctica que nos los hacía imperecederos en nuestras juveniles e intranquilas mentes, dicho sea de paso, no muy atentos a los secretos de las matemáticas o de la física. Pero no sólo de esto fue capaz esta incansable maestra, no; con su prédica clara y constante, llena de un amor cercano al maternal, supo inculcarnos sentimientos de respeto, honradez y amor hacia los demás, nos dio lecciones preciosas de disciplina y métodos válidos para conducirnos por la vida en momentos en que nosotros no llegábamos quizás a comprender todo el acervo que ella, inteligentemente, trataba de trasladarnos, para ayudar de manera eficaz a ser mejores hombres y mujeres.
La Doctora Moravia desde sus aulas fue forjadora de ciudadanos concientes, sencillos, educados e instruidos, entre otras, esa gloria le cabe de manera irrevocable.
Años más tarde, en mi afán de hacerme maestro, matriculé en la Academia “Valella” el Cursillo de Verano para ingreso a la Escuela Normal, y volvía, para suerte de todos y mía, a recibir los conocimientos necesarios por la Doctora Moravia. Pude allí ratificar con mayor madurez, y encaminado ya hacia un derrotero seguro, que esta mujer, de quien hoy hablo, con modestia y orgullo sano de haber sido su alumno, no el brillante muchacho por el que ella trabajaba con infinito amor, pero sí, gracias a Dios, aquel joven que supo ver en ella una muestra inequívoca y viviente de cómo debía ser un futuro maestro.
Ingresé a la Escuela Normal de Maestros de Pinar del Río en el año 1957, y aunque no tuve esta vez la suerte de ser su alumno, sí pude contar con su amistad cordial, con su conversación amena y sabia, hasta con su sola presencia que irradiaba luz, contamos todos los que para empeños mayores nos preparábamos, inspirándonos, guiándonos.
Por eso hoy, al encontrarme inesperadamente con su foto, con sus hermosas palabras, me emocioné al recordar tiempos mejores en que ella, con sus extraordinarias dotes de educadora y madre, nos sembró en el alma.
Y si se me hubiera pedido que con una sola palabra encerrara, calificara la obra inmensa de esta Maestra de Cuba, yo diría: “Excepcional”.
Gracias, muchas gracias por todo, querida profesora.

Testimonio de Rina Malo:
Nos conocimos hace muchos años en la Academia “Valella”, de la cual éramos ambas profesoras: ella de Ciencias y yo de Geografía, Historia y Cívica, y desde el primer momento simpatizamos.
Moravia era una gran profesora, tenía el arte de transmitir sus conocimientos con facilidad y perfección a sus alumnos, los cuales la admiraban y la querían, al mismo tiempo tenía el don de educarlos con suavidad y enseñarles sus correctos deberes como alumnos, tal es así, que aunque ha pasado el tiempo, ellos la recuerdan con sumo cariño y admiración.
Como amiga, fue inolvidable, era sincera, servicial, atenta, discreta, cariñosa, cualidades que la hacían ser querida sinceramente por sus amigas, al extremo que hoy ha transcurrido el tiempo y se encuentra en los Estados Unidos, se recuerda con verdadero cariño y la evocamos con sincera admiración, ya que la huella del tiempo no ha podido borrar el recuerdo que dejó grabado en nuestros corazones como gran profesora y buena amiga.


Testimonio de Eloy Gálvez:
Recuerdo con claridad el día que conocí a Moravia Capó.
Se personó en mi casa en unión de una amiga común. Hechas las presentaciones pertinentes y después de conversar breves minutos, me planteó que el principal objetivo de su visita era solicitar mis servicios como profesor de Contabilidad en una academia que ella dirigía en La Palma.
No obstante mis múltiples obligaciones, acepté en lo que influyó bastante la simpatía que irradiaba esta mujer. Al llegar a La Palma, pude constatar el cariño y el respeto que no sólo sus alumnos, sino también la población, sentía por Moravia.
Esto me llevó a la reflexión de que únicamente una persona muy especial podría obtener tales consideraciones.
A través de nuestra posterior relación pude comprobar varias cualidades que la adornaban: sencilla, modesta, muy amena e inteligente, y algo que en ella se destacaba, la moral. Nunca permitió nada que atentara contra la misma, al extremo de que en una ocasión en que descubrió las relaciones amorosas entre un profesor del Instituto “González Capó”, y una alumna de este Centro, les planteó que uno de los dos debía abandonar la escuela, pues aunque ella no estaba de espaldas a una relación normal de ese tipo, en el Centro, no podía existir. Esto evidencia su concepto de la moral.
Este pasaje y otros muchos de este tipo que se sucedieron, me llevaron a la conclusión de que estaba en presencia de una admirable mujer.


 

Revista Vitral No. 50 * año IX* julio-agosto 2002