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La Dama de Elche, busto de carácter
funerario con influencia del
período arcaico griego y del arte púnico.
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¿No te das cuenta que siempre
he estado sola? Tres hombres en mi vida, y siempre he estado sola. Ahora
llegas tú, y tengo miedo a equivocarme de nuevo.
Estoy cansada... Estoy cansada de ser sombra de mi luz. Estoy cansada
de no ser yo, de vivir en una casa que no es mía y que me juzguen
por lo que no soy. Necesito tiempo. Necesito estar sola. Siempre he deseado
una pareja como tú, pero eso empeoraría mi situación
en esta casa. No quiero que me digan más que siempre tengo a alguien
a retortero, y no quiero ser más satélite de ningún
hombre. Estoy cansada de ser madre, madre, madre, cuando quiero ser también
mujer, mujer, mujer. No aguanto más. No aguanto más que
mis propios padres no me conozcan, que yo sea una extraña para
mi madre y que mi padre respete mi privacidad más que ella. Estoy
cansada de hombres que llegan para irse, tantos ojos de polvo sobre este
cuerpo de tiempo que un día se pudrirá y tal vez ni vayan
a mi entierro.
Me gustó verte empinando papalote con Javi. Me gustó jugar
con Javi a dar vueltas de carnera y empinar papalote también yo.
Nunca lo había hecho. Es bonito, y me daba miedo que se partiera
el curricán. Con el viento en la dirección del sol, tenía
que hacer sombra sobre mis ojos para ver... ¿Será así
la vida? ¿Sólo vemos bien cuando miramos desde la sombra?
Estoy harta de ser sombra. ¿Por qué no puedo estar en mi
cuarto contigo? ¿Por qué tengo que dormir sola esta noche
cuando deseo tanto dormir contigo, por qué debo renunciar a lo
que siempre he soñado, por qué mutilarme sabiendo amar?
Lo peor es que no estoy segura. No estoy segura de lo que siento. Además,
tú no tienes hijos y no es justo que te pierdas eso, y yo no quiero
volver a parir. No sabría vivir en tanta soledad con dos niños.
Prefiero ser un mogote en tu recuerdo.
Un día escucharé esta música en otra ciudad y pensaré
en ti, en esta luz donde tú brillas y en lo hermoso de empinar
papalote contigo y un niño gordito, juguetón...
¿Por qué me escribiste eso? ¿Tanta nostalgia sientes,
sin haber empezado?
¿Por qué apareciste en mi vida? No son veinticuatro horas
en la vida de una mujer: es cada rincón que estremeces, yo puedo
sentir tu exitación pero tú no puedes sentir la mía.
Me gustan los hombres que saben llorar. A veces me pregunto por qué
Martí y Mercedes Matamoros no se casaron, con tanta admiración
mutua y tanto fuego en el alma. ¿Por qué Sor Juana Inés
tuvo que morir sola, escoger un convento antes que la esclavitud del matrimonio
en un mundo de machos? Por qué Alfonsina, Delmira, la Loynaz? ¿Por
qué la historia es tan injusta? Vivimos deseando amar, y todo es
una preparación para la tristeza, una discoteca de muchas luces
y música hueca sin nadie que ame la voz de la hierba.
Y tengo deseos de bailar, reír. Esta casa me está matando.
Deseos de bailar y sentarme a ver como la gente baila. Pero tampoco eso
puedo hacer. No puedo salir con un hombre sin que me lo estén adosando.
Ya no sé si quiero vivir en La Habana. Ya no sé lo que quiero.
Quiero estar sola. Anoche hubo lluvia de estrellas y en este pueblo sólo
pudimos ver una lluvia de agua. Me levanté a las cinco y miré
el cielo, para sólo ver nubes. En esta isla de huracanes y sol,
cuando por fin ocurre algo así, ¡llueve de madrugada también!
Tú tienes más que yo. Yo tengo a Javi, pero a veces tengo
que ser madre, madre, madre, sin una semana de receso personal. Tú
tienes tus cuentos. Vas tejiendo tu vida con ellos. Te gusta verme tejer,
cómo alrededor del vacío logro crear figuras que maravillan
tus ojos, esos ojos y esa voz que extraño y no quiero perder pero
ahora no puedo. No sé si quiero. Y me duele esta cama tan grande
para mí sola, ese espejo para mí sola, sin un hombre que
me mire mientras me peino y sepa escucharme y beses mi cuello que te gusta
y hoy hasta te pedí me lo midieras con la cinta métrica
de tu llavero. Veintinueve centímetros: ¡tan ínfimo
diámetro para tanto bajo esta piel, tanto fuera de esta piel que
soy y un día no seré y dónde estarás tú
ese día y la caricia de tus ojos! Me estoy muriendo. Me están
matando, están ahogando mi corazón y tengo miedo se parta
el curricán y ser como tanta gente seca por la vida. ¿Por
qué no dije que fui contigo a las ruinas del ingenio, esa tarde
que me regalaste en el campo y vimos el campamento de nuestro séptimo
grado? ¿Por qué callar lo que me hace feliz? ¿Te
das cuenta que estoy harta? No quiero ser como ellos. Tengo cosas guardadas
para mi casa y no las uso en ésta porque no es mi techo, no es
mi cocina, no es mi ritmo en estas paredes que tantos miran desde la calle
y sólo ven a una mujer en la ventana o mi terracita que ya no es
la misma desde que llegaste tú.
He ordenado mis libros, mi mesita de noche, mi escaparate; ¿por
qué es tan difícil organizarme?... A veces me pregunto si
realmente deseo organizarme, qué encontraré. Tengo miedo
de encontrar a una Esmirna que no me guste. ¿Será cierto
lo que dices, que me estoy pariendo y por eso me duele este tránsito?
No sé. No sé si eso es parte de mi Leyenda Personal. Es
verdad que las dunas cambian y el desierto permanece, y lo que ocurrió
dos veces ocurrirá una tercera. Tres hombres, y siempre he estado
sola. Era muy joven cuando me casé. Me gustaba, pero nunca me sentí
acompañada. Una agonía de casi ocho años. ¿Por
qué las mujeres somos así, por qué aguantamos tanto?
Entonces apareció Benigno. Encontré en él esa espiritualidad
que necesito en un hombre, una pareja que sea también mi amigo
y en quien pueda confiar transparente. Sin embargo, fue eso: un amigo
muy íntimo del que nunca logré enamorarme. Y al día
siguiente de terminar, aparece Orlando. Una conversación en el
hospital mientras atendían a una amiga mía y a un tío
suyo, diálogo normal, me pidió el teléfono, le pregunté
si sabía donde está Yucael y él que eso no importa
y un día después me llamó. Le cayó bien a
mi mamá, yo no quería, y me invita al Parque Lenin con su
niña y Javi y mi mamá empujando, fuimos , la pasamos bien
y en dos meses ya éramos novios. Pero seguía sola. Su trabajo
no le da tiempo para una intimidad estable. Una noche le pregunto :¿Qué
te pasa?, y me responde: Estoy pensando; me dije: ¡OH, eso es grave!,
luego se levantó y se fue. regresó al amanecer y me contó
lo que había pasado. Lo admiro. Es muy inteligente, pero yo necesito
estabilidad. Ya no tengo veinte años. Necesito a un hombre, pero
mucho más me necesito a mi misma. Aunque lo deseo, no puedo entregarme
a ti ahora. Necesito estar segura.
Esta casa no es Delfos. Lo sabes. Cuando me dijiste que escribirías
un cuento con este título y me lo dedicarías, fui a la Biblioteca
y busqué en la Enciclopedia. No pude hacerlo como quisiera. Javi
estaba conmigo. No tuvo clases ese día. Me dolió la soledad
de la pitonisa, también la del auriga. Esta casa no es Delfos porque
yo soy Delfos y vengo de Esmirna a habitar un Belalcázar que no
llega. Soy la hermana de Shakespeare, soy el Orlando de Virginia Woolf,
estoy tan sedienta de amor y mañana iré a trabajar, una
mujer en el silencio del alquimista que es ese laboratorio donde se habla
más de sexo que de esperanza y, a pesar de esta comedia sexual
de los días, creo que por ese trabajo y por ti estoy rechazando
la promiscuidad de una ciudad grande y prefiero la sencillez de estos
flamboyanes en Yucael.
No me importa lo que piensen de mí. Ya creo que ni el sexo me interesa.
Estoy tan cansada. ¿Por qué Orlando se fue tan rápido
como vino, por qué no me ha llamado ni su hija tampoco? No quiero
volver, pero duele ilusionarse, sentirse importante para una persona y
luego todo se desmorone, ni siquiera porque haya otra sino una cuestión
de trabajo y que él no tiene casa propia... Jabibi, mi amor. Eso
me enseñaste, así se dice en árabe. Mañana
de luz. ¿Para qué las palabras? ¿Por qué me
entiendes tanto con sólo mirarme? ¿Por qué insistes
en amarme, si apenas soy este mosaico en una iglesia sin nombre? Esmirna
Sorí Belalcázar: ¿quién soy? Hay tantas cosas
que no he dicho. Me gustaría vivir el Cantar de los Cantares contigo.
Y es que estoy harta del trípode. Harta de que vengan a consultarme
y transformen luego mis dichos, oráculos en un mundo de hombres,
ciudades de hombres en una escala de valores establecida por hombres y
jamás un banco del parque será lo mismo para un hombre y
una mujer solitarios a medianoche. Ya no sé si creo en mi Leyenda
Personal, o si la tengo. ¿Para qué leí ese libro?
Santiago salió de Andalucía en busca de su tesoro en las
Pirámides de Egipto, y conoció a Fátima en el desierto,
encontró al Alquimista en el oasis y se alejó de Fátima
para crecer hasta el Alma del Mundo. ¿Y si hubiese sido al revés?
¿Y si su hermana hubiera tenido el sueño y hubiese salido
a realizar su Leyenda Personal? ¿Habría salido, habría
creído en la posibilidad de salir? ¿Sería lo mismo
el Alquimista que la Alquimista?... No, mi amado auriga. Tu carro no es
el mío. Tú puedes ganar en las batallas de los hombres,
y perderlas en los combates de las mujeres. No conoces la esclavitud del
trípode, el dolor del humo que asciende de la grieta y el sabor
amargo de tanta hoja de laurel en esa cohíba de Delfos.
Extraño tanto aquellas tardes en la otra casa, ver los trenes cargados
de caña, el olor dulzón de un aire que me besaba y creo
he vuelto a encontrar en tus besos. Extraño meterme en la zanja
y pasar bajo el puentecito del tren y coger guajacones y aquellas palmas
a lo lejos, que también miré desde el campamento en séptimo
grado. ¿Por qué tuve un hijo con un hombre que nunca amé?
¿Por qué le hice esto a Javi, por qué te hago esto
a ti y a mí? ¿Por qué mi mamá no me entiende?
Extraño tanto sus besos en la otra casa. Tengo deseos de acostarme
y envolverme con su hoja de malanga, acurrucarme dentro de un mogote y
vengas a conquistarme en el alcázar del corazón.
Me gustó esa mañana en Río de Cristal. Sentados en
el puente. La gente, poca, iba y venía, y nosotros hablando, con
los ojos vistiendo las palabras. Por qué eres tan tierno? ¿Por
qué te hablé en esa máquina en la autopista y acepté
contarte mis cosas? Nunca más el Parque de la Fraternidad será
el mismo. Nunca más las ceibas serán las mismas. Me estás
haciendo llorar y me siento bien con estas lágrimas. Te regalaría
todas mis lágrimas ahora mismo si ahora mismo mi corazón
se decidiera a abrirse a ti. Tengo miedo que te vayas. Tengo miedo de
una cama grande para mí sola, cada día tan inmenso para
mí sola sabiendo que existes tú. Quizás ya llegaste
a tu casa que tampoco es la tuya. Una bicicleta en la noche mientras yo
escucho este casete de música griega que me prestaste y mi papá
me grabó, y al amanecer no poder besarte y decir: ¡Kalimera,
Jabibi, Peluchito mío!...
Pero necesito estar segura. No quiero hacerte daño, ni a mí.
Y está Javi. No quiero involucrarlo con otro hombre en mi vida.¿Y
si tú funcionas bien, y yo no? ¿Volver a empezar, regresar
a esta casa? No, estoy cansada. Por eso te pedí alejarnos por un
tiempo, auriga mío. Quizás todo fue un espejismo y termine
tu enamoramiento. Quizás yo no soy tu oasis o tú el mío.
No sé. Sólo sé que ahora no sé escoger. Y
lo peor es que llegaste, estás ahí, y te deseo-.
¿Dios mío, una tarde tan hermosa y terminar así!...
¿Qué estoy haciendo? ¿Qué me están
haciendo? ¿Qué me estoy haciendo? Ya no tengo veinte años.
Un día moriré ¿ y qué hice con mi vida, esta
única posibilidad sobre la tierra? Duele tanto parirme, pero es
lo mejor que puedo hacer ahora. Estoy harta del trípode. Harta
de hojas de laurel. Necesito defender mi derecho a ser laurel y a sostenerme
con mis frágiles raíces que de las ramas cuelgan y de la
tierra se nutren para ensanchar esta alegría de vivir. Si Dios
lo permite, mi carro se pondrá a la par con el tuyo y recorreremos
el camino juntos. Las dunas cambian pero el desierto permanece.
Escúchame en el viento y, por favor, no me llames en estos días.
No voy a hablar con la nodriza de Alfonsina. Sólo quiero descansar.
Bajar hasta el fondo, para que se den cuenta y cuando necesite gritar,
que sepan no tengo a nadie a retortero pero tampoco quiero ser sombra
de mis padres en una casa que hace mucho no es mía.
Una lluvia de estrellas...Estoy tejiendo una lluvia de estrellas alrededor
del vacío. Me doy el lujo de escoger, en un planeta donde tantos
mueren antes de aprender a decir ¡Mamá!, pero ¿qué
puedo hacer? Esta es mi vida y la única persona que puede vivirla
soy yo. Gracias por acompañarme esta semana en la iglesia. Gracias
por tu voz de incienso. Aquí está tu casete, para grabar
mi voz. ¿Tanto te gusta, esta voz de mujer clara y oscura? ¿Por
qué nos hablamos tan poco en el Pre y la Universidad? Nunca coincidimos
en el último piso de la beca, nunca miramos juntos el Almendares
desembocar en el Golfo, y has entrado tanto en mí. No sabes cuanto
te extraño, pero estoy cansada de ser sombra de mi luz. No sé
si sabrás esperar. No te pido que esperes.
También por ti y Javi necesito tiempo para mí. Mi tiempo
puede ser tuyo, en el curricán de Dios.
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