Un examen detallado de la identidad
del grupo de poetas creyentes que se vincularon con Orígenes
plantea muchas dificultades. ¿Es lícito seguir los criterios
de agrupación establecidos por ellos mismos para tratar de precisar
la coralidad del grupo? ¿Dónde empieza la tradición
áurea que los rodea y dónde está su comunión?
¿Es acaso su ámbito intelectual exclusivamente una publicación
seriada concreta o se trata de un fenómeno de otras dimensiones?
¿Cuál es el punto de inicio de ese grupo y cuál
es su fin? ¿En qué devino esta poética compartida
después que se transformó su espacio cultural? ¿Qué
quedó en esos poetas de aquel origenismo en su época de
mayor plenitud? ¿Existe alguna continuación de este suceso
en la poesía cubana posterior? ¿Hasta dónde sus
inquietudes trascendieron los límites tradicionales del hecho
literario? Para tratar de responder a estas preguntas, seguiremos dos
rutas: la primera de ellas es identificar quiénes, de los poetas
cuya presencia en la revista fue destacada, se basaron en una auténtica
raíz cristiana y la segunda se refiere a delimitar el segmento
cultural al cual se debe circunscribir el grupo para estudiarlo.
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Los origenistas
en torno a la mesa convocada por el Padre Gaztelu.
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En ese afán de coralidad de la revista Orígenes y de los
poetas creyentes que la animaron, algunos no lograron unir sus voces
en un concierto «mayoritario» de fuentes. Urge separar a
esos cuya creencia los aglutinó de todos los que participaron
en la publicación seriada misma. Se trata de aislarlos en un
proceso que nos permita conocerlos para no perdernos una vez más
al confundir ese intento de «acogida» que tuvo Orígenes,
con todo lo que pertenecía a la identidad de cierta poesía
creyente que se reunió en ese sitio común.
No se trata de estudiar aquí el conjunto de la poesía
de la revista sino a algunos poetas de los que allí tuvieron
un lugar protagónico y en los cuales se puede hallar un núcleo
fuerte de convergencia. No valoramos a Orígenes en todo su amplio
espectro de taller intelectual sino en su estrecha arista de espacio
propicio para la reunión de poetas con un telos compartido.
Dentro de esa revista literaria es posible aislar un grupo de creadores
que constituyen la escuela lírica cubana que mejor ha sabido
delinear su identidad. La palabra escuela quizás aluda a cierta
intención docente pero en este aspecto por ahora. Uno de los
retos de estas páginas es aislar al grupo de creadores sobre
los que nos interesa reflexionar de la revista literaria por la cual
son más conocidos y con la cual casi han sido identificados.
Esta carencia de una distinción clara entre la revista y los
creadores es uno de los problemas que nos ha dificultado el poder delinear
un rostro claro de este momento de nuestra historia poética.
La revista literaria Orígenes ha sido, en ocasiones, una máscara
para la identidad de un grupo que la trasciende.
La identidad del grupo al que nos referimos no es un tema todavía
resuelto, por ello trataremos de acercarnos a esta cuestión.
Para abordarla, es preciso considerar cómo se ven ellos a sí
mismos como conjunto. Antes que nada es necesario apuntar que Lezama,
Vitier y García Marruz tienden a identificar al grupo con la
revista o con los proyectos editoriales que le precedieron. En nuestro
intento por establecer una distinción más nítida,
tomamos prestados los términos concurrencia de Lezama
y grupo mayoritario de creyentes1 de Fina García
Marruz para hacer algunas precisiones sobre el espacio que compartieron
los escritores que colaboraron o participaron activamente en Orígenes
porque es muy difícil hacer generalizaciones de una revista donde
se dan cita poéticas tan diversas. Detrás del eclecticismo
de los autores reunidos junto a esta publicación, hay un grupo
con una propuesta artística bastante unitaria en lo fundamental,
al menos en aquellos que aquí intentamos reunir.
El término de Lezama, que busca sustituir a expresiones tan trilladas
por la historia literaria como «generaciones», también
quiere hacer mención a dos cuestiones básicas. En su primera
acepción, la concurrencia se muestra como un lugar donde asisten
un conjunto de creadores y, en su segunda, aparece referido a cierta
convergencia artística que no anula la pluralidad de los discursos
estéticos individuales.
La palabra mayoritario de la expresión de Fina García
Marruz deja abierto este grupo a escritores no católicos como
es el caso de Virgilio Piñera a quien casi toda la tradición
áurea de Orígenes insiste en sumarlo a esta categoría.
Faltaría, por tanto, esclarecer la palabra creyentes
no queda claro, para algunos, si con esto se refiere a los que viven
una moral y un credo católicos pero no participan activamente
de una vida sacramental o si, solamente, se refiere a aquellos que creen
en un Absoluto. Indudablemente esta palabra creyentes usada
en lugar de católicos supone una apertura a otros
credos religiosos más allá de una militancia eclesial
concreta2 . No podemos tampoco dudar de que ese credo del
que nos habla Fina García Marruz tiene una connotación
religiosa y no meramente de credo ideológico. Al respecto, Vitier
precisa, al referirse a la poética de este grupo:
...vuelve a relacionarse con el mundo de la catolicidad, lo cual
sin duda es punto clave, aunque no exclusivo, para entender a Orígenes.3
Aquí queda claro el carácter religioso del credo
de estos poetas para evitar confusiones que conduzcan a tomarlo exclusivamente
en un sentido ideoestético. La expresión punto clave
de Vitier para referirse a la catolicidad es un elemento en el cual
pretendemos profundizar aquí, de manera que nos permita entender
a Orígenes, pero, a pesar de la anterior aclaración del
autor de Peña Pobre, no queremos interpretar la palabra creyentes
de la expresión de Fina García Marruz en un sentido estrictamente
católico porque, en ellos, no se puede hablar de una radicalidad
en su filiación eclesial.
Después de estas precisiones usaremos la expresión grupo
mayoritario de creyentes aquí para hablar de los escritores
de este grupo que participan de una práctica y un credo próximos
a los católicos. De lo anterior, se puede inferir que, en estas
reflexiones, se excluye evidentemente cualquier referencia a Virgilio
Piñera. No por cuestiones de índole moral sino por su
lejanía de lo católico.
La poesía de Orígenes toca muchas veces cuestiones que
trascienden los límites de lo que comúnmente reconocemos
como literariedad. Se plantea problemas de fondo metafísico,
ontológico, e incluso podríamos decir que teológico.
Detrás de los más crípticos ensayos lezamianos
se agitan pasiones sobre los temas más atrevidos y sorprendentes.
Hasta dónde estas inquietudes fueron el credo de ese grupo
mayoritario de creyentes que integró la concurrencia
de que se habla. Incluso cabría la pregunta de si ese término
estado de concurrencia es solo aplicable a un fragmento
del grupo de escritores que se reunió en torno a la revista.
La idea que aquí se sostiene es esta última.
Entre los autores que Fina García Marruz considera como integrantes
de este grupo mayoritario, están Eliseo Diego, Octavio Smith,
Gastón Baquero, José Lezama, Ángel Gaztelu, Cintio
Vitier y ella obviamente4 . En cambio Vitier, incluye también
a Virgilio Piñeira y Lorenzo García Vega5 . En este estudio,
seguiremos sobre este punto en particular el primer criterio.
La razón por la que se excluyen aquí a estos dos últimos
poetas del grupo a estudiar es muy evidente. Si bien ellos compartieron
en un momento determinado esa concurrencia, entendida en
el sentido de espacio intelectual común, no formaron parte del
grupo mayoritario de creyentes. La disidencia de Ciclón
del origenismo y el lugar ocupado por estos dos autores en la sonada
ruptura son criterios esenciales en los que nos basamos para determinar
los concurrentes.
No se puede dejar de mencionar tampoco la expresión que usa Cintio
Vitier para referirse a los poetas origenistas: ...secreta comunidad
de sueños6 . Frente a esta expresión no podemos
dejar de preguntarnos cuáles fueron estos sueños
que constituyeron el núcleo de su propuesta.
La palabra concurrencia para referirse a este grupo de poetas
en Lezama es una reflexión a posteriori sobre los puntos comunes
del grupo porque todavía en 1956 no ponía el menor reparo
al uso de la palabra generación para referirse a
esta realidad:
...aquella generación, que por mi parte lo mismo puede
llamarse de Espuela de Plata o de Orígenes. Espuela de Plata,
si atendemos a las primeras escaramuzas y agrupamientos, a los deseos
que se proyectan o a los rechazos que nos consumen. Y de Orígenes,
a la plenitud que recepta durante diez años a los diez poetas
cubanos.7
Entre los diez poetas cubanos que aparecieron en la homónima
antología de Vitier y el verdadero grupo de comunión más
intensa hay como hemos visto una diferencia de telos de su creación
artística, de fuentes y tradiciones espirituales utilizadas,
de maneras de concebir la función del artista y, sobre todo,
de espacio para la tolerancia con otros credos estéticos. No
obstante, Lezama con esta afirmación parece incluir en su grupo
también a Virgilio Piñera8 , Justo Rodríguez Santos
y Lorenzo García Vega. Estos tres últimos se separan del
origenismo creyente en lo fundamental.
Compartimos el mismo criterio de Lezama para hablar de los poetas origenistas
es imprescindible indagar en la poesía de esos poetas que apareció
en los proyectos editoriales que precedieron a Orígenes. Este
criterio amplía el universo de indagación sobre el programa
estético de este grupo de poetas para no identificarlos con lo
que pasó exclusivamente en Orígenes y que, muchas veces,
se debe más a la voluntad y al interés de Rodríguez
Feo que al del otro director de esa publicación. Se trata de
un único empeño iniciado con Verbum y concluido en Orígenes.
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Comida criolla
del grupo Orígenes. De izquierda a derecha: Agustín
Pi, Fina García Marruz,Cintio Vitier, Mario Parajón,
José Lezama Lima, Gastón Baquero, María Zambrano,
Lorenzo García Vega, Enrique Labrador Ruiz, Araceli Zambrano,
Julián Orbón, Mercedes Vicini, Alfredo Lozano, José
Rodríguez Feo, Mariano Rodríguez, Eliseo Diego,
y el Padre Gaztelu.
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No hay más que revisar el epistolario de Rodríguez Feo
con Lezama9 . Este último al tratar de definir a ese grupo de
poetas que giraban alrededor de esa revista literaria decía:
Orígenes es algo más que una generación literaria
o artística, es un estado organizado frente al tiempo. Representa
un minimum de criterios operantes en lo artístico y en las relaciones
de la persona con su circunstancia. Será siempre o intentará
serlo en forma que por lo menos sus deseos sean a la postre sus realizaciones,
un estado de concurrencia liberado de esa dependencia cronológica
que parece ser el marchamo de lo generacional. Desde hace más
de quince años que eso que ahora se llama Orígenes y que
antaño se llamó Verbum, Espuela de Plata, Clavileño,
Nadie Parecía, se muestra en su fase de riesgo y creación
olvidando el disfrute de todo declive crítico y el regusto de
lo adquirido y acariciado.10
Ese «minimum de criterios operantes en lo artístico y en
las relaciones de la persona con su circunstancia» que reconoce
Lezama se amplía cuando nos referimos al «grupo mayoritario
de creyentes», no se trata de un maximum que anule las individualidades,
se trata de una grado intermedio mayor que un minimum. Se trata de discernir
ese grado intermedio de los poetas creyentes del mínimo. Se podría
decir que dentro de las revistas literarias que precedieron a Orígenes
e, incluso, dentro de esta última hay que discernir lo que se
mantuvo en el tiempo lo cual equivale a buscar quiénes fueron
los concurrentes, quiénes fueron los disidentes y
quiénes fueron los colaboradores. Se trata de rasparle a Orígenes
eso que le trajeron Rodríguez Feo y los otros poetas no creyentes
para ver con más claridad el verdadero proyecto aglutinador de
Lezama en Nadie Parecía o en Verbum.
Un criterio de definición de este grupo de poetas trasciende
el ecléctico universo creativo de Orígenes y es preciso
profundizar en el itinerario de publicaciones seriadas que la precede
y que fue reuniendo un grupo en el cual se dio una concurrencia
y una comunidad de sueños pero, a pesar de ser mayoritario
no puede ser identificado con la generación origenista.
Hasta aquí tenemos dos elementos imprescindibles que destacan
estos mismos autores cuando construyen su identidad como grupo. El primer
elemento es reconocer que Orígenes es un espacio que continúa
la línea de aquellas revistas literarias donde participó
este grupo mayoritario de creyentes. El segundo elemento
es tomar conciencia del lugar preponderante de la fe cristiana, mayoritariamente
católica, como espacio que propició esa concurrencia.
Hasta aquí hemos visto la reflexión que hace el mismo
grupo sobre el lugar de la fe dentro de su identidad estética
pero ahora nos detendremos en los criterios que sobre ellos tenían
los intelectuales de pretensiones sociales y marxistas. Una figura clave
para descubrir las ideas de substrato de la política cultural
cubana posterior a 1959 es José Antonio Portuondo quien al valorar
las líneas estéticas de Orígenes decía:
...la revista que había mantenido la posición esteticista
más característica, que fue Orígenes (1944-1956),
que giraba en torno al poeta José Lezama Lima, y la cual desarrolló
un pensamiento estético muy permeado de raíces católicas,
que era un poco puramente teologizante, en algunos de ellos, como por
ejemplo en el caso de Lezama, pero que en otros ya tenía una
orientación filosófica más firme, como es el caso
de Cintio Vitier. Vitier acaba de recoger con el nombre de Poética,
cuatro ensayos publicados por él entre los años 1945 y
1958, muy bien estructurados dentro de la estética católica
contemporánea. Estos ensayos no siguen una orientación
neotomista, que es la predominante, la dirección de Maritain,
por ejemplo, sino que participan de una forma más cercana al
platonismo agustiniano, análoga a la posición de Charles
Du Bois y un poco a la del abate Henri Brémond, pero con notas
muy personales, dentro de una dirección fundamentalmente católica.11
El adjetivo católico aparece mencionado tres veces
en el párrafo anterior. Al parecer, lo confesional de este grupo
estaba más claro para los marxistas que para sus propios integrantes.
Es significativo que utiliza la mezcla de adverbios poco puramente
para referirse a las inquietudes teológicas de José Lezama
Lima, ahí se ve una clara contradicción porque o era poco
teologizante» o era puramente teologizante. De lo
anterior, nos surgen las siguientes preguntas: ¿se trata de una
errata? o ¿se trata de la matización retórica de
un defecto? La palabra teologizante por teocéntrico,
teológico o alguna similar supone, como en el caso de amante,
el participio activo de los verbos latinos, es decir aquel que
ama y por tanto Portuondo nos dice aquel que teologiza.
Al transformar el sustantivo teología en un verbo,
este queda como teologizar lo que equivale a hacer
la teología12 . En el caso de Cintio Vitier, habla incluso
de una militancia filosófica donde, entre la polaridad existente
el neotomismo y el platonismo agustiniano, este intelectual se afilia
a este último polo. Estas líneas de la valoración
marxista nos ayudan a elaborar la presente reflexión sobre la
función de las raíces católicas dentro de la articulación
de la estética del grupo.
Portuondo señala dos cuestiones fundamentales: las inquietudes
teológicas de Lezama y las filosóficas de Vitier. La indagación
teológica de la obra de Lezama de la que nos habla Portuondo
ya la había descubierto María Zambrano y así se
lo hizo saber al autor de la Muerte de Narciso en una carta
de 1953:
Leyendo por junto lo que ya conocía por separado he sentido
algo nuevo, especie de revelación de tu persona y obra; me he
dado cuenta al cabo del rato que estaba gozándome en lo que tienes
de teólogo.13
La filósofa española estuvo muy cerca de los escritores
creyentes del grupo. Esta vinculación con la obra de esta intelectual
acerca a los poetas creyentes de Orígenes a una filosofía
preocupada por el ser y así se confirma otra de las
observaciones que hace Portuondo a Vitier sobre su inquietud filosófica
muy próxima a la filosofía católica, la cual ha
sido la única que hasta ahora no se ha alejado de la filosofía
del ser u ontología, puede ser generalizada a todos los poetas
concurrentes. Al tratar de definir la poesía, Vitier lo hace
estableciendo un nexo de diferencia con la ontología y la manera
distinta mediante la cual ambas maneras de conocer se adentran en el
ser14 .
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De izquierda
a derecha: René Portocarrero, José Lezama Lima,
el P. Gaztelu, Martha Frayde, Enrique Tauler, Mario Parajón,
Lorenzo García Vega, Fina García Marruz, Cintio
Vitier y Eliseo Diego.
Sentados: Roberto Fernández Retamar, Adelaida de Juan y
Raúl Milián.
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Este último punto nos hace cuestionarnos un poco la afirmación
del crítico marxista que dice que Estos ensayos no siguen
una orientación neotomista, que es la predominante, la dirección
de Maritain, por ejemplo, sino que participan de una forma más
cercana al platonismo agustiniano... El problema del ser
es una cuestión eminentemente aristotélico-tomista y que
toca los temas fundamentales de la obra de Maritain, al ser este uno
de los clásicos del neotomismo del siglo XX. Lo anterior nos
lleva a pensar que Portuondo acertó en la fuente católica
de su filosofía pero no estaba muy claro a qué se refería
cuando hizo semejante afirmación sobre Maritain. Entre este último
y los platonistas-agustinianos hay diferencias y semejanzas cuya repercusión
en los autores a los que nos referimos son más complejas de lo
que se puede creer si se observa la cuestión a simple vista.
La problemática gnoseológica que aparece planteada entre
la filosofía aristotélico-tomista y la mística
medieval de inspiración agustiniana y neoplatónica tuvo
una enorme consecuencia en la propuesta epistemológica del grupo
mayoritario de creyentes de Orígenes y en la antropología
del artista que ellos conciben.
Hasta aquí podemos resumir los elementos que son claves en la
definición de lo que podemos llamar grupo creyente de poetas
origenistas. Los llamamos origenistas para seguir las líneas
trazadas por la investigación literaria precedente pero perfectamente
los podríamos llamar los poetas creyentes de Nadie Parecía
o de Verbum. Ya sabemos, por las diferencias de edad de los integrantes,
que no es una generación literaria en la que se pueda aplicar
un criterio de uniformidad biológica; por la forma mediante la
cual se comunica su programa estético, sabemos que no es una
escuela literaria que siga los cánones de expresión de
las vanguardias artísticas típicas de la primera mitad
del siglo XX; por la continuidad que Lezama reconocía entre las
revistas literarias anteriores a Orígenes que habían sido
animadas por el grupo, sabemos que no giran alrededor de una revista
concreta sino que se agrupan en torno a varias revistas literarias que
se pueden considerar como un único itinerario; por el eclecticismo
estético de Orígenes, sabemos que no se puede identificar
la totalidad del movimiento artístico que giró alrededor
de esta revista literaria con lo que fue el grupo de poetas creyentes
que se había ido integrando a lo largo de varios años,
por tanto, es preciso deslindar qué fue Orígenes y qué
fue este grupo mayoritario de poetas creyentes; por la identidad con
la cual se identifican ellos y los reconocen los otros, sabemos que
se trata de un grupo de poetas que concurren en una fe que suponen unas
fuentes literarias compartidas, en una comprensión filosófica
y teológica de lo que es la poesía y de lo que es el artista,
en una inquietud gnoseológica específica, en una finalidad
concreta de la obra de arte y también en nexos de amistad y,
por último, a través de las claves hermenéuticas
propuestas por el matrimonio de los Vitier, sabemos de el lugar preeminente
de lo católico dentro, al conformar su estética de grupo.
Hablar de los poetas origenistas implica necesariamente hacer las distinciones
entre creyentes y no creyentes porque de lo contrario se caería
en el lamentable error de generalizar rasgos que jamás serían
comunes a todos los escritores que colaboraron de manera sistemática
con la revista.
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Raúl
Milián, José Lezama Lima y René Portocarrero
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Referencias:
1 Fina García Marruz. La Familia de Orígenes, Ed. Letras
Cubanas, La Habana, 1997. p. 12.
2 Tomamos como referencia de militancia eclesial plena en un intelectual
a Chesterton quien hizo declaraciones de fe tales como: «Estoy
orgulloso de lo que la gente llama mi clericalismo... Estoy orgulloso
de lo que la gente llama Mariolatría... Me enorgullezco de ser
ortodoxo acerca de los misterios de la Trinidad y de la misa; estoy
orgulloso de creer en la Confesión; estoy orgulloso de creer
en el Papa.» G. K. Chesterton «Prólogo». Obras
Completas. Ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1961. pp. XVIII-XIX.
3 Cintio Vitier. Para llegar a Orígenes, Letras Cubanas, La Habana,
1994. p. 71.
4 Fina García Marruz. La familia de Orígenes, Ediciones
UNIÓN, La Habana 1997. p. 12.
5 Cintio Vitier, Los mencionados en el ensayo «La aventura de
Orígenes», Para llegar a Orígenes, Letras Cubanas,
La Habana, 1994.
6 Cintio Vitier, Para llegar a Orígenes, Letras Cubanas, La Habana,
1994. p. 67.
7 José Lezama Lima, Recuerdos: Guy Pérez de Cisneros
en Revista de la Biblioteca Nacional, Año 1979, 3ra. Época,
vol. XXIX, mayo-agosto de 1988. p. 27.
8 La exclusión de Virgilio Piñera del grupo mencionado
por ejemplo, al parecer, no ha sido empeño del autor de estas
páginas. Ya en 1941 se queja a Lezama por ser excluido por Gastón
Baquero de Espuela de Plata: «He tenido que soportar que este
mismo maniqueo, con un impudor e insinceridad que eran de esperarse
por su misma condición maniqueísta, me comunicase como
un gran descubrimiento que Espuela de Plata que era una revista católica
y que se había tomado el acuerdo de elegir al buen presbítero
porque todos ustedes (ustedes son el poeta, el pintor y él) eran
católicos, no ya sólo en el sentido universal del término,
sino como cuestión dogmática, de grupo religioso, que
se inspira en las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia. Así
expresado creo más en una cuestión de catoliquería
que de catolicidad y esto porque catoliquería significa lo mismo
que alcahuetería o sanguinolenta disentería de unas pobres
palabras». José Lezama Lima. Fascinación de la memoria.
Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1993. p. 270.
9 Véase José Rodríguez Feo. Mi correspondencia
con Lezama Lima. Ediciones Unión, La Habana, 1989.
10 José Lezama Lima, Señales. Alrededor de una antología.
Imagen y posibilidad, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1981. pp. 171-172.
11 Portuondo, José Antonio. Itinerario estético de la
Revolución Cubana. Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1979. pp. 13-14.
12 Obsérvese el epíteto de buen tomista que le atribuye
García Marruz a Lezama: «Los misterios católicos
más que ser un tema de Lezama son un supuesto de su poética.
Como buen tomista, partía de una suma de secretos,
del encuentro de dos esplendores, el griego y el de la revelación.»
Fina García Marruz. La familia de Orígenes, Ediciones
UNIÓN, La Habana 1997. p. 12.
13 José Lezama Lima. Fascinación de la memoria. Ed. Letras
Cubanas, La Habana, 1993. p. 225.
14 Véase la frase de Wallace Stevens de la que Vitier se apropia:
«La poesía es una visión no oficial del ser, mientras
que la filosofía es la visión oficial. En Cintio
Vitier. Crítica Sucesiva. Ed. UNEAC, La Habana, 1971. p. 15.
Nota: El presente artículo
forma parte del libro en preparación ORÍGENES a la luz
de la catolicidad (la poesía, una utopía para la redención).