Revista Vitral No. 50 * año IX* julio-agosto 2002


PATRIMONIO CULTURAL

 

LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD
Y LO CATÓLICO EN ORÍGENES

Amauri Francisco Gutiérrez Coto

 

 

 

Un examen detallado de la identidad del grupo de poetas creyentes que se vincularon con Orígenes plantea muchas dificultades. ¿Es lícito seguir los criterios de agrupación establecidos por ellos mismos para tratar de precisar la coralidad del grupo? ¿Dónde empieza la tradición áurea que los rodea y dónde está su comunión? ¿Es acaso su ámbito intelectual exclusivamente una publicación seriada concreta o se trata de un fenómeno de otras dimensiones? ¿Cuál es el punto de inicio de ese grupo y cuál es su fin? ¿En qué devino esta poética compartida después que se transformó su espacio cultural? ¿Qué quedó en esos poetas de aquel origenismo en su época de mayor plenitud? ¿Existe alguna continuación de este suceso en la poesía cubana posterior? ¿Hasta dónde sus inquietudes trascendieron los límites tradicionales del hecho literario? Para tratar de responder a estas preguntas, seguiremos dos rutas: la primera de ellas es identificar quiénes, de los poetas cuya presencia en la revista fue destacada, se basaron en una auténtica raíz cristiana y la segunda se refiere a delimitar el segmento cultural al cual se debe circunscribir el grupo para estudiarlo.

Los origenistas en torno a la mesa convocada por el Padre Gaztelu.


En ese afán de coralidad de la revista Orígenes y de los poetas creyentes que la animaron, algunos no lograron unir sus voces en un concierto «mayoritario» de fuentes. Urge separar a esos cuya creencia los aglutinó de todos los que participaron en la publicación seriada misma. Se trata de aislarlos en un proceso que nos permita conocerlos para no perdernos una vez más al confundir ese intento de «acogida» que tuvo Orígenes, con todo lo que pertenecía a la identidad de cierta poesía creyente que se reunió en ese sitio común.
No se trata de estudiar aquí el conjunto de la poesía de la revista sino a algunos poetas de los que allí tuvieron un lugar protagónico y en los cuales se puede hallar un núcleo fuerte de convergencia. No valoramos a Orígenes en todo su amplio espectro de taller intelectual sino en su estrecha arista de espacio propicio para la reunión de poetas con un telos compartido.
Dentro de esa revista literaria es posible aislar un grupo de creadores que constituyen la escuela lírica cubana que mejor ha sabido delinear su identidad. La palabra escuela quizás aluda a cierta intención docente pero en este aspecto por ahora. Uno de los retos de estas páginas es aislar al grupo de creadores sobre los que nos interesa reflexionar de la revista literaria por la cual son más conocidos y con la cual casi han sido identificados. Esta carencia de una distinción clara entre la revista y los creadores es uno de los problemas que nos ha dificultado el poder delinear un rostro claro de este momento de nuestra historia poética. La revista literaria Orígenes ha sido, en ocasiones, una máscara para la identidad de un grupo que la trasciende.
La identidad del grupo al que nos referimos no es un tema todavía resuelto, por ello trataremos de acercarnos a esta cuestión. Para abordarla, es preciso considerar cómo se ven ellos a sí mismos como conjunto. Antes que nada es necesario apuntar que Lezama, Vitier y García Marruz tienden a identificar al grupo con la revista o con los proyectos editoriales que le precedieron. En nuestro intento por establecer una distinción más nítida, tomamos prestados los términos “concurrencia” de Lezama y “grupo mayoritario de creyentes”1 de Fina García Marruz para hacer algunas precisiones sobre el espacio que compartieron los escritores que colaboraron o participaron activamente en Orígenes porque es muy difícil hacer generalizaciones de una revista donde se dan cita poéticas tan diversas. Detrás del eclecticismo de los autores reunidos junto a esta publicación, hay un grupo con una propuesta artística bastante unitaria en lo fundamental, al menos en aquellos que aquí intentamos reunir.
El término de Lezama, que busca sustituir a expresiones tan trilladas por la historia literaria como «generaciones», también quiere hacer mención a dos cuestiones básicas. En su primera acepción, la concurrencia se muestra como un lugar donde asisten un conjunto de creadores y, en su segunda, aparece referido a cierta convergencia artística que no anula la pluralidad de los discursos estéticos individuales.
La palabra “mayoritario” de la expresión de Fina García Marruz deja abierto este grupo a escritores no católicos como es el caso de Virgilio Piñera a quien casi toda la tradición áurea de Orígenes insiste en sumarlo a esta categoría. Faltaría, por tanto, esclarecer la palabra “creyentes” no queda claro, para algunos, si con esto se refiere a los que viven una moral y un credo católicos pero no participan activamente de una vida sacramental o si, solamente, se refiere a aquellos que creen en un Absoluto. Indudablemente esta palabra “creyentes” usada en lugar de “católicos” supone una apertura a otros credos religiosos más allá de una militancia eclesial concreta2 . No podemos tampoco dudar de que ese “credo” del que nos habla Fina García Marruz tiene una connotación religiosa y no meramente de credo ideológico. Al respecto, Vitier precisa, al referirse a la poética de este grupo:
“...vuelve a relacionarse con el mundo de la catolicidad, lo cual sin duda es punto clave, aunque no exclusivo, para entender a Orígenes”.3
Aquí queda claro el carácter religioso del “credo” de estos poetas para evitar confusiones que conduzcan a tomarlo exclusivamente en un sentido ideoestético. La expresión “punto clave” de Vitier para referirse a la catolicidad es un elemento en el cual pretendemos profundizar aquí, de manera que nos permita “entender” a Orígenes, pero, a pesar de la anterior aclaración del autor de Peña Pobre, no queremos interpretar la palabra “creyentes” de la expresión de Fina García Marruz en un sentido estrictamente católico porque, en ellos, no se puede hablar de una radicalidad en su filiación eclesial.
Después de estas precisiones usaremos la expresión “grupo mayoritario de creyentes” aquí para hablar de los escritores de este grupo que participan de una práctica y un credo próximos a los católicos. De lo anterior, se puede inferir que, en estas reflexiones, se excluye evidentemente cualquier referencia a Virgilio Piñera. No por cuestiones de índole moral sino por su lejanía de lo católico.
La poesía de Orígenes toca muchas veces cuestiones que trascienden los límites de lo que comúnmente reconocemos como literariedad. Se plantea problemas de fondo metafísico, ontológico, e incluso podríamos decir que teológico. Detrás de los más crípticos ensayos lezamianos se agitan pasiones sobre los temas más atrevidos y sorprendentes.
Hasta dónde estas inquietudes fueron el credo de ese “grupo mayoritario de creyentes” que integró la “concurrencia” de que se habla. Incluso cabría la pregunta de si ese término “estado de concurrencia” es solo aplicable a un fragmento del grupo de escritores que se reunió en torno a la revista. La idea que aquí se sostiene es esta última.
Entre los autores que Fina García Marruz considera como integrantes de este grupo mayoritario, están Eliseo Diego, Octavio Smith, Gastón Baquero, José Lezama, Ángel Gaztelu, Cintio Vitier y ella obviamente4 . En cambio Vitier, incluye también a Virgilio Piñeira y Lorenzo García Vega5 . En este estudio, seguiremos sobre este punto en particular el primer criterio.
La razón por la que se excluyen aquí a estos dos últimos poetas del grupo a estudiar es muy evidente. Si bien ellos compartieron en un momento determinado esa “concurrencia”, entendida en el sentido de espacio intelectual común, no formaron parte del grupo “mayoritario de creyentes”. La disidencia de Ciclón del origenismo y el lugar ocupado por estos dos autores en la sonada ruptura son criterios esenciales en los que nos basamos para determinar los concurrentes.
No se puede dejar de mencionar tampoco la expresión que usa Cintio Vitier para referirse a los poetas origenistas: “...secreta comunidad de sueños”6 . Frente a esta expresión no podemos dejar de preguntarnos cuáles fueron estos “sueños” que constituyeron el núcleo de su propuesta.
La palabra “concurrencia” para referirse a este grupo de poetas en Lezama es una reflexión a posteriori sobre los puntos comunes del grupo porque todavía en 1956 no ponía el menor reparo al uso de la palabra “generación” para referirse a esta realidad:
“...aquella generación, que por mi parte lo mismo puede llamarse de Espuela de Plata o de Orígenes. Espuela de Plata, si atendemos a las primeras escaramuzas y agrupamientos, a los deseos que se proyectan o a los rechazos que nos consumen. Y de Orígenes, a la plenitud que recepta durante diez años a los diez poetas cubanos.”7
Entre los diez poetas cubanos que aparecieron en la homónima antología de Vitier y el verdadero grupo de comunión más intensa hay como hemos visto una diferencia de telos de su creación artística, de fuentes y tradiciones espirituales utilizadas, de maneras de concebir la función del artista y, sobre todo, de espacio para la tolerancia con otros credos estéticos. No obstante, Lezama con esta afirmación parece incluir en su grupo también a Virgilio Piñera8 , Justo Rodríguez Santos y Lorenzo García Vega. Estos tres últimos se separan del origenismo creyente en lo fundamental.
Compartimos el mismo criterio de Lezama para hablar de los poetas origenistas es imprescindible indagar en la poesía de esos poetas que apareció en los proyectos editoriales que precedieron a Orígenes. Este criterio amplía el universo de indagación sobre el programa estético de este grupo de poetas para no identificarlos con lo que pasó exclusivamente en Orígenes y que, muchas veces, se debe más a la voluntad y al interés de Rodríguez Feo que al del otro director de esa publicación. Se trata de un único empeño iniciado con Verbum y concluido en Orígenes.

Comida criolla del grupo Orígenes. De izquierda a derecha: Agustín Pi, Fina García Marruz,Cintio Vitier, Mario Parajón, José Lezama Lima, Gastón Baquero, María Zambrano, Lorenzo García Vega, Enrique Labrador Ruiz, Araceli Zambrano, Julián Orbón, Mercedes Vicini, Alfredo Lozano, José Rodríguez Feo, Mariano Rodríguez, Eliseo Diego, y el Padre Gaztelu.


No hay más que revisar el epistolario de Rodríguez Feo con Lezama9 . Este último al tratar de definir a ese grupo de poetas que giraban alrededor de esa revista literaria decía:
“Orígenes es algo más que una generación literaria o artística, es un estado organizado frente al tiempo. Representa un minimum de criterios operantes en lo artístico y en las relaciones de la persona con su circunstancia. Será siempre o intentará serlo en forma que por lo menos sus deseos sean a la postre sus realizaciones, un estado de concurrencia liberado de esa dependencia cronológica que parece ser el marchamo de lo generacional. Desde hace más de quince años que eso que ahora se llama Orígenes y que antaño se llamó Verbum, Espuela de Plata, Clavileño, Nadie Parecía, se muestra en su fase de riesgo y creación olvidando el disfrute de todo declive crítico y el regusto de lo adquirido y acariciado.”10
Ese «minimum de criterios operantes en lo artístico y en las relaciones de la persona con su circunstancia» que reconoce Lezama se amplía cuando nos referimos al «grupo mayoritario de creyentes», no se trata de un maximum que anule las individualidades, se trata de una grado intermedio mayor que un minimum. Se trata de discernir ese grado intermedio de los poetas creyentes del mínimo. Se podría decir que dentro de las revistas literarias que precedieron a Orígenes e, incluso, dentro de esta última hay que discernir lo que se mantuvo en el tiempo lo cual equivale a buscar quiénes fueron los “concurrentes”, quiénes fueron los disidentes y quiénes fueron los colaboradores. Se trata de rasparle a Orígenes eso que le trajeron Rodríguez Feo y los otros poetas no creyentes para ver con más claridad el verdadero proyecto aglutinador de Lezama en Nadie Parecía o en Verbum.
Un criterio de definición de este grupo de poetas trasciende el ecléctico universo creativo de Orígenes y es preciso profundizar en el itinerario de publicaciones seriadas que la precede y que fue reuniendo un grupo en el cual se dio una “concurrencia” y una “comunidad de sueños” pero, a pesar de ser “mayoritario” no puede ser identificado con la generación origenista.
Hasta aquí tenemos dos elementos imprescindibles que destacan estos mismos autores cuando construyen su identidad como grupo. El primer elemento es reconocer que Orígenes es un espacio que continúa la línea de aquellas revistas literarias donde participó este “grupo mayoritario de creyentes”. El segundo elemento es tomar conciencia del lugar preponderante de la fe cristiana, mayoritariamente católica, como espacio que propició esa “concurrencia”.
Hasta aquí hemos visto la reflexión que hace el mismo grupo sobre el lugar de la fe dentro de su identidad estética pero ahora nos detendremos en los criterios que sobre ellos tenían los intelectuales de pretensiones sociales y marxistas. Una figura clave para descubrir las ideas de substrato de la política cultural cubana posterior a 1959 es José Antonio Portuondo quien al valorar las líneas estéticas de Orígenes decía:
“...la revista que había mantenido la posición esteticista más característica, que fue Orígenes (1944-1956), que giraba en torno al poeta José Lezama Lima, y la cual desarrolló un pensamiento estético muy permeado de raíces católicas, que era un poco puramente teologizante, en algunos de ellos, como por ejemplo en el caso de Lezama, pero que en otros ya tenía una orientación filosófica más firme, como es el caso de Cintio Vitier. Vitier acaba de recoger con el nombre de Poética, cuatro ensayos publicados por él entre los años 1945 y 1958, muy bien estructurados dentro de la estética católica contemporánea. Estos ensayos no siguen una orientación neotomista, que es la predominante, la dirección de Maritain, por ejemplo, sino que participan de una forma más cercana al platonismo agustiniano, análoga a la posición de Charles Du Bois y un poco a la del abate Henri Brémond, pero con notas muy personales, dentro de una dirección fundamentalmente católica.”11
El adjetivo “católico” aparece mencionado tres veces en el párrafo anterior. Al parecer, lo confesional de este grupo estaba más claro para los marxistas que para sus propios integrantes. Es significativo que utiliza la mezcla de adverbios “poco puramente” para referirse a las inquietudes teológicas de José Lezama Lima, ahí se ve una clara contradicción porque o era “poco teologizante» o era “puramente teologizante”. De lo anterior, nos surgen las siguientes preguntas: ¿se trata de una errata? o ¿se trata de la matización retórica de un defecto? La palabra “teologizante” por teocéntrico, teológico o alguna similar supone, como en el caso de amante, el participio activo de los verbos latinos, es decir “aquel que ama” y por tanto Portuondo nos dice “aquel que teologiza”. Al transformar el sustantivo “teología” en un verbo, este queda como “teologizar” lo que equivale a “hacer la teología”12 . En el caso de Cintio Vitier, habla incluso de una militancia filosófica donde, entre la polaridad existente el neotomismo y el platonismo agustiniano, este intelectual se afilia a este último polo. Estas líneas de la valoración marxista nos ayudan a elaborar la presente reflexión sobre la función de las raíces católicas dentro de la articulación de la estética del grupo.
Portuondo señala dos cuestiones fundamentales: las inquietudes teológicas de Lezama y las filosóficas de Vitier. La indagación teológica de la obra de Lezama de la que nos habla Portuondo ya la había descubierto María Zambrano y así se lo hizo saber al autor de la “Muerte de Narciso” en una carta de 1953:
“Leyendo por junto lo que ya conocía por separado he sentido algo nuevo, especie de revelación de tu persona y obra; me he dado cuenta al cabo del rato que estaba gozándome en lo que tienes de teólogo.”13
La filósofa española estuvo muy cerca de los escritores creyentes del grupo. Esta vinculación con la obra de esta intelectual acerca a los poetas creyentes de Orígenes a una filosofía preocupada por el “ser” y así se confirma otra de las observaciones que hace Portuondo a Vitier sobre su inquietud filosófica muy próxima a la filosofía católica, la cual ha sido la única que hasta ahora no se ha alejado de la filosofía del ser u ontología, puede ser generalizada a todos los poetas concurrentes. Al tratar de definir la poesía, Vitier lo hace estableciendo un nexo de diferencia con la ontología y la manera distinta mediante la cual ambas maneras de conocer se adentran en el “ser”14 .

De izquierda a derecha: René Portocarrero, José Lezama Lima, el P. Gaztelu, Martha Frayde, Enrique Tauler, Mario Parajón, Lorenzo García Vega, Fina García Marruz, Cintio Vitier y Eliseo Diego.
Sentados: Roberto Fernández Retamar, Adelaida de Juan y Raúl Milián.


Este último punto nos hace cuestionarnos un poco la afirmación del crítico marxista que dice que “Estos ensayos no siguen una orientación neotomista, que es la predominante, la dirección de Maritain, por ejemplo, sino que participan de una forma más cercana al platonismo agustiniano...” El problema del “ser” es una cuestión eminentemente aristotélico-tomista y que toca los temas fundamentales de la obra de Maritain, al ser este uno de los clásicos del neotomismo del siglo XX. Lo anterior nos lleva a pensar que Portuondo acertó en la fuente católica de su filosofía pero no estaba muy claro a qué se refería cuando hizo semejante afirmación sobre Maritain. Entre este último y los platonistas-agustinianos hay diferencias y semejanzas cuya repercusión en los autores a los que nos referimos son más complejas de lo que se puede creer si se observa la cuestión a simple vista.
La problemática gnoseológica que aparece planteada entre la filosofía aristotélico-tomista y la mística medieval de inspiración agustiniana y neoplatónica tuvo una enorme consecuencia en la propuesta epistemológica del “grupo mayoritario de creyentes” de Orígenes y en la antropología del artista que ellos conciben.
Hasta aquí podemos resumir los elementos que son claves en la definición de lo que podemos llamar grupo creyente de poetas origenistas. Los llamamos origenistas para seguir las líneas trazadas por la investigación literaria precedente pero perfectamente los podríamos llamar los poetas creyentes de Nadie Parecía o de Verbum. Ya sabemos, por las diferencias de edad de los integrantes, que no es una generación literaria en la que se pueda aplicar un criterio de uniformidad biológica; por la forma mediante la cual se comunica su programa estético, sabemos que no es una escuela literaria que siga los cánones de expresión de las vanguardias artísticas típicas de la primera mitad del siglo XX; por la continuidad que Lezama reconocía entre las revistas literarias anteriores a Orígenes que habían sido animadas por el grupo, sabemos que no giran alrededor de una revista concreta sino que se agrupan en torno a varias revistas literarias que se pueden considerar como un único itinerario; por el eclecticismo estético de Orígenes, sabemos que no se puede identificar la totalidad del movimiento artístico que giró alrededor de esta revista literaria con lo que fue el grupo de poetas creyentes que se había ido integrando a lo largo de varios años, por tanto, es preciso deslindar qué fue Orígenes y qué fue este grupo mayoritario de poetas creyentes; por la identidad con la cual se identifican ellos y los reconocen los otros, sabemos que se trata de un grupo de poetas que concurren en una fe que suponen unas fuentes literarias compartidas, en una comprensión filosófica y teológica de lo que es la poesía y de lo que es el artista, en una inquietud gnoseológica específica, en una finalidad concreta de la obra de arte y también en nexos de amistad y, por último, a través de las claves hermenéuticas propuestas por el matrimonio de los Vitier, sabemos de el lugar preeminente de lo católico dentro, al conformar su estética de grupo.
Hablar de los poetas origenistas implica necesariamente hacer las distinciones entre creyentes y no creyentes porque de lo contrario se caería en el lamentable error de generalizar rasgos que jamás serían comunes a todos los escritores que colaboraron de manera sistemática con la revista.

Raúl Milián, José Lezama Lima y René Portocarrero

 

Referencias:

1 Fina García Marruz. La Familia de Orígenes, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1997. p. 12.
2 Tomamos como referencia de militancia eclesial plena en un intelectual a Chesterton quien hizo declaraciones de fe tales como: «Estoy orgulloso de lo que la gente llama mi clericalismo... Estoy orgulloso de lo que la gente llama Mariolatría... Me enorgullezco de ser ortodoxo acerca de los misterios de la Trinidad y de la misa; estoy orgulloso de creer en la Confesión; estoy orgulloso de creer en el Papa.» G. K. Chesterton «Prólogo». Obras Completas. Ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1961. pp. XVIII-XIX.
3 Cintio Vitier. Para llegar a Orígenes, Letras Cubanas, La Habana, 1994. p. 71.
4 Fina García Marruz. La familia de Orígenes, Ediciones UNIÓN, La Habana 1997. p. 12.
5 Cintio Vitier, Los mencionados en el ensayo «La aventura de Orígenes», Para llegar a Orígenes, Letras Cubanas, La Habana, 1994.
6 Cintio Vitier, Para llegar a Orígenes, Letras Cubanas, La Habana, 1994. p. 67.
7 José Lezama Lima, “Recuerdos: Guy Pérez de Cisneros” en Revista de la Biblioteca Nacional, Año 1979, 3ra. Época, vol. XXIX, mayo-agosto de 1988. p. 27.
8 La exclusión de Virgilio Piñera del grupo mencionado por ejemplo, al parecer, no ha sido empeño del autor de estas páginas. Ya en 1941 se queja a Lezama por ser excluido por Gastón Baquero de Espuela de Plata: «He tenido que soportar que este mismo maniqueo, con un impudor e insinceridad que eran de esperarse por su misma condición maniqueísta, me comunicase como un gran descubrimiento que Espuela de Plata que era una revista católica y que se había tomado el acuerdo de elegir al buen presbítero porque todos ustedes (ustedes son el poeta, el pintor y él) eran católicos, no ya sólo en el sentido universal del término, sino como cuestión dogmática, de grupo religioso, que se inspira en las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia. Así expresado creo más en una cuestión de catoliquería que de catolicidad y esto porque catoliquería significa lo mismo que alcahuetería o sanguinolenta disentería de unas pobres palabras». José Lezama Lima. Fascinación de la memoria. Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1993. p. 270.
9 Véase José Rodríguez Feo. Mi correspondencia con Lezama Lima. Ediciones Unión, La Habana, 1989.
10 José Lezama Lima, “Señales. Alrededor de una antología”. Imagen y posibilidad, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1981. pp. 171-172.
11 Portuondo, José Antonio. Itinerario estético de la Revolución Cubana. Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1979. pp. 13-14.
12 Obsérvese el epíteto de buen tomista que le atribuye García Marruz a Lezama: «Los misterios católicos más que ser un tema de Lezama son un supuesto de su poética. Como buen tomista, partía de una ‘suma de secretos’, del encuentro de dos esplendores, el griego y el de la revelación.» Fina García Marruz. La familia de Orígenes, Ediciones UNIÓN, La Habana 1997. p. 12.
13 José Lezama Lima. Fascinación de la memoria. Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1993. p. 225.
14 Véase la frase de Wallace Stevens de la que Vitier se apropia: «La poesía es una visión no oficial del ser, mientras que la filosofía es la visión oficial.” En Cintio Vitier. Crítica Sucesiva. Ed. UNEAC, La Habana, 1971. p. 15.

Nota: El presente artículo forma parte del libro en preparación ORÍGENES a la luz de la catolicidad (la poesía, una utopía para la redención).

 

 

Revista Vitral No. 50 * año IX* julio-agosto 2002
Amaury Francisco Gutiérrez Coto
(!974)
Lic. en Letras Universidad de La Habana. Publicó Acerca de lo negro y la Africanía en la lengua literaria de Motivos de Son (Premio Ensayo, Concurso «Vitral»2001)
Fotos: Tomadas del libro, Cartas a Eloísa y otra correspondencia de José Lezama Lima.