Revista Vitral No. 50 * año IX* julio-agosto 2002


ESPECIAL

 

VIII ANIVERSARIO DE VITRAL
UNA COINCIDENCIA ENTRE EL PENSAMINETO
ALTO Y LA PRÁCTICA CONCRETA

Palabras de bienvenida de Dagoberto Valdés, director, en el VIII aniversario de Vitral, 23 de Junio 2002

Valoración del Lic. Rafael Almanza
para el octavo aniversario de la Revista Vitral

Palabras de clausura de Monseñor José Siro González, Obispo de Pinar del Río

Premios del Concurso Vitral

Felicitaciones por el aniversario de Vitral

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Palabras de bienvenida de Dagoberto Valdés, director, en el VIII aniversario de Vitral, 23 de Junio 2002

Querido Mons. Siro, Obispo de Pinar del Río
Distinguidos miembros del Jurado del Concurso Vitral
Queridos amigos todos:

Vitral cumple 8 años.
No es mucho y no es fácil. Simplemente son ocho años.
Los cumple cuando aparentemente se cierran puertas y por eso, para levantar la esperanza, quiere celebrarlo abriendo más las ventanas para la “libertad de la Luz”.
Las ventanas pueden cerrarse pero no se puede cerrar la luz.
Las ventanas pasan, todo pasa, nada es inmutable. Nada es incambiable, nada es perfecto, nada es eterno: Sólo Dios. Dios que “en el principio era el Verbo”.(Juan 1,1)
Por eso, Vitral quiere ser expresión del verbo, espacio de movimiento, lugar de encuentro y camino, ventana hacia el cambio.
Vitral quiere ser paso, no estación.
En este peregrinar, llegamos a los 8 años en el paso del Mar Rojo.
Y para acompañarnos, como en el desierto, con el maná de su crítica y las codornices de sus propuestas, viene del Camagüey que siempre fue fiel a sí mismo y nunca quiso ser asimilado por Oriente ni Occidente: un poeta y ensayista, a quien tengo el gusto de presentarles: el amigo Rafael Almanza Alonso.

Dagoberto Valdés Hernández, director de Vitral

 

Valoración del Lic. Rafael Almanza
para el octavo aniversario de la Revista Vitral


Hermanos míos:
Pocas veces en mi vida he recibido una tarea tan exigente como la que enfrento hoy. He venido a conocer a mis hermanos del Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río, a quienes tanto admiro y con quienes colaboro mínimamente desde hace algunos años; y esa es la razón fundamental de mi presencia entre ustedes. He venido a aprender, no ya en el orden intelectual y creativo, sino en primer término en materia de moral aplicada, porque hay aquí una acumulación de virtudes ciudadanas e individuales, una coincidencia entre el pensamiento alto y la práctica concreta, un saber hacer lo que necesitamos y un saber hacerlo bien, que yo necesito urgentemente como persona asimilar este ejemplo, no creo que para imitarlos pero por lo menos para traducirlo a mi vida, para que me inspire, como suele simple y exactamente decirse. Sólo que mis maestros me han encargado que les critique, lo que me dejaría desarmado si no fuera porque yo le pido frecuentemente lo mismo a mis más jóvenes discípulos, y ellos ponen entonces la misma cara de asombro y terror que ustedes me ven ahora. Pero como la verdad es que esos mismos muchachos muchas veces me han alumbrado con sus criterios en muchos ámbitos de la experiencia humana, no sólo en los de la literatura o el arte, tengo esperanzas de que mi audacia pueda serles útil de alguna manera. Por lo menos estoy satisfaciendo este requisito ético que se impone la revista de una crítica anual de su trabajo, que no recuerdo tenga igual en nuestro país, envenenado por la autocomplacencia y la incapacidad para aceptar la inconformidad ajena, como no fuese aquella práctica del Apóstol de llamar a elecciones año tras año a su Partido, para que confirmara o no su desempeño y el de sus colaboradores. Ante una exigencia de tan maravillosa calidad martiana hay verdaderamente que rendirse.
Tendría que comenzar por rechazar la tentación de pedir para Vitral lo que yo quisiera que fuese, sin tomar en cuenta las circunstancias en que se hace la revista. No tengo derecho a pedirle lo que quizás necesitamos casi unánimente, o la mayoría, o un grupo de cubanos o de cristianos católicos; debo partir de lo que sus trabajadores pueden realmente hacer aquí y ahora. Lo primero es el respeto a la línea que han escogido sus creadores, y mi criterio quiere servir preferentemente a esa opción de ellos, aunque sólo sea porque lo que ese perfil ha logrado hasta el presente me parece imprescindible y laudable. Si algunas de mis observaciones se escapan de este propósito, rechácenlo como pecado de debilidad, no de malicia.
Porque eso sí, a veces no tengo claro cuáles son exactamente las líneas de ese perfil, cómo desea la revista cumplir su función de contribuir a la educación cívica y religiosa de los cubanos. Mucho de lo que habría que pensar para mejorarla depende, por ejemplo, del tipo de público al que se dirige. No creo que se trate de una revista de intención popular, aunque sólo sea porque ni la tirada ni la distribución lo permiten. Pero aun tratándose de un público minoritario, en el sentido de aquella “multitudinaria minoría” de que hablara Juan Ramón Jiménez como destino de su escritura –algunos miembros de esa minoría se describen a sí mismos despectivamente con el término de élite-, aun tratándose de un público de élite, reducido en Cuba, digamos, al número de hombres libres que había en la Atenas de Pericles, o al de cristianos en la Florencia del Renacimiento, no acierto a saber si se dirige a los sócrates o los eurípides, a la curia o a los leonardos criollos, a los más jóvenes o a los ya formados, o a todos ellos a la vez, que me parece lo más propio y ambicioso y lo que creo adivinar, pero también lo más difícil, si se intenta con un propósito de efectividad. Es arduo servir eficazmente a la rica variedad de esa minoría. Pero Vitral debe hacerlo, siguiendo la recomendación del fundador de nuestra nación, que se dedicó a formar a una élite, consciente de la responsabilidad que tiene ante el pueblo: “La pérdida de los hombres de gran mérito –dijo el Siervo de Dios Félix Varela, siempre ocasiona la de muchos de un orden inferior, y la cadena de males, va adquiriendo nuevos eslabones con que aprisionar al pueblo incauto”. Y viceversa: los hombres de gran mérito ganados para la virtud transmiten al pueblo la virtud y le garantizan la libertad. Fijémonos bien que esto no es una opinión cualquiera de Varela, es lo que él hizo y lo que triunfó en nuestro siglo XIX: la independencia de Cuba se la debemos en una medida que todavía no acabamos de apreciar debidamente a la educación en la virtud transmitida por la élite de Varela a Luz, de Luz a la generación del 68 y a Martí. No quiero significar que haya que volver al XIX, porque la historia no se repite y algunas de las metas de ese período ya fueron conquistadas: nuestros desafíos actuales son otros, pero el procedimiento vareliano es universal y para cualquier tiempo. Ojalá la Iglesia y la sociedad cubana lo asimilen, y nos preocupemos siempre por la creación de élites de servicio democrático, libres, cristianas y creadoras, que le den coherencia a la nación y a su historia. Creo que esta es la hermosa posibilidad que Vitral puede empezar a cumplir, porque la idea de que la revista pueda ser buscada y apreciada por cualquier ciudadano se me antoja generosa, pero utópica. El hecho de que cualquier ciudadano sepa leer no equivale a que tenga ganas de leer, y mucho menos el tipo de texto que Vitral debe publicar. Ahora bien, dentro de ese marco más estricto, creo que sí debiera intentarse el mayor alcance y comunicabilidad. Y voy entonces a referirme a lo que yo considero el obstáculo principal que encuentro en los últimos números, aunque no en todos, para atraer y conservar al lector: el carácter doctrinal de la revista.

Participantes en la celebración del VIII Aniversario de Vitral

Está claro que una revista de la Iglesia tiene que promover los puntos de vista de ésta. Pero hay que tener en cuenta que en Iberoamérica apenas hay teólogos o filósofos. No somos un pueblo entregado a largas y sesudas reflexiones; somos hijos de España y Africa y no de Alemania. Quisiera que mi pueblo fuese un pueblo de hombres reflexivos y no dudo de que podamos serlo, pero aun somos un pueblo joven y, como decía el padre Varela: “El que quiera que un joven no tenga religión háblele siempre de ella”. No estoy proponiendo que haya menos textos religiosos o reflexivos en la revista, sino que se estudie la manera de presentarlos. Me parece que sería mejor situarlos en otro punto y no después del editorial. Hay que enseñar a pensar al cubano, que es lo que quería Varela, y no darle un producto intelectual acabado que no siempre es de primera calidad y que demasiado a menudo tiene un aire de seriedad helvética, de compacidad germana, unos numeritos para los párrafos que imitan los de los documentos vaticanos y que yo no sé si le dan más autoridad a esos textos o sirven para evocar las arquitecturas de la escolástica. “La religión, amado Elpidio, no es un sistema, porque no es obra del hombre, y aunque es cierto que puede sistematizarse, no lo es que se pueda sujetar necesariamente a estos planes puramente humanos. Los dogmas no se derivan unos de otros como verdades geométricas y no se pueden establecer principios cuya aplicación nos descubra los misterios”. El misterio de la caridad que ayude al lector cubano a aprender a pensar me parece más vareliano que la publicación de columnas imponentes de reflexiones a veces aguadas o que no dicen nada que no sepa el que se atreva a enfrentarlas. “La exactitud de las ideas –apunta Varela en sus Misceláneas Filosóficas- no depende del aire magnífico y del orden con que se presentan. Afectando el rigor matemático de Euclides, soñó Cartesio, y se extravió Leibnitz. La verdad es más sencilla, ella no quiere adornos extranjeros, pues los suyos bastan para hacerla apreciable”. Debiéramos huir siempre de las cuadraturas, los esquemas, la sequedad, la acumulación de razones y más razones dichas sin atractivo y sin gracia, la tentación de erigir un bastión ideológico frente a otro bastión. En este país no faltan doctrinas. En lo que me atañe, si el cristianismo es igualmente una doctrina, casi estaría tentado de pedir la baja. Varela me dice que “respecto de nosotros la religión es un conjunto de hechos y nada más”. A eso me atengo. El Corán, se dice, está escrito en Dios y el profeta Mahoma se limitó a copiarlo a través de Gabriel. Pero Cristo no escribió nada y ni siquiera tenemos exactitud en las palabras que dijo; su mensaje es el Amor vivo abajo, no unas orientaciones que vienen de arriba. El hecho de Vitral, que es un hecho cristiano de caridad, no debe ser empañado ni empeñado con un adoctrinamiento de signo opuesto al que ya tiene el lector. Debiéramos huir de presentar a la reflexión como un campo de batalla, porque no necesitamos cadáveres ideológicos sino hombres resucitados por el esplendor de la verdad. Al lector hay que informarlo, en primer término, y educarlo para que piense por sí mismo y de acuerdo con su propia naturaleza. Se hace más o menos bien en la sección de Bioética, pero no en otras. “No debemos calcular –sigue diciéndole el Padre a su Elpidio- sobre lo que queremos que hagan los pueblos sino sobre lo que ellos querrán hacer…” Véanse las Misceláneas, léanse las crónicas y los ensayos breves de Martí para conocer cuán alto se puede volar en materia de pensamiento sin abrumar, sino conquistando con la gracia. Y a propósito, ¿por qué no se republican sistemáticamente esos textos de unos autores a quienes tanto se menciona como autoridades escolásticas y que casi nadie lee? Está claro que no siempre se pueden lograr colaboraciones así, y yo mismo no puedo garantizarlas. Pero quizás pueda repensarse este asunto, pueda lograrse mucho con una mejor distribución o presentación de los textos, por ejemplo, una homilía leída no es lo mismo que escuchada, me parece que a veces sería preferible publicar lo imprescindible de ellas para los fines de la revista, a menos que se trate de un documento de gran importancia histórica o de carácter especialmente polémico, que exija la publicación íntegra. De hecho creo que los documentos eclesiales debieran estar al final, como signo de cortesía y de humildad. Quizás de esa manera van a ser buscados ávidamente por las personas que no integran la Iglesia.
A la sensación de enfrentar otro bastión más, contribuye el hecho de que la imagen que la revista da de la propia Iglesia resulta homogénea y acabada de lavar. Los más enterados saben que la Iglesia universal y la que peregrina en Cuba está llena de contradicciones y conflictos, como cualquier otro grupo humano y como cualquie hombre; los que no están enterados, especialmente los jóvenes, pueden ser atraídos por una Iglesia monolítica y perfecta que luego les va a decepcionar, cuando la conozcan como realmente es; y pedirán cuentas a los que no tienen la culpa mayor, porque Vitral se esfuerza por ser transparente, y esto me (nos) consta. Salvo la pequeña y más bien tímida polémica sobre la Dominus Iesus, que no da una idea del escándalo que suscitó, no encuentro suficiente transparencia sobre la vida de la Iglesia universal y casi ninguna sobre las interioridades de la cubana. No sé qué se podría hacer, pero la Iglesia tiene que comprender que no se puede solicitar transparencia para la vida pública y hacerse los más translúcidos posibles, con el argumento de que somos buenos pero débiles y eso nos puede perjudicar. Tengo la impresión de que ese argumento ya lo conocemos. La transparencia, el ejercicio de realidad, de libertad y de tolerancia tiene que empezar por casa, o se caerá en el descrédito en cuanto al lector se le terminen la ingenuidad o la desinformación. Salvo por las declaraciones oficiales o algunas aisladas, ningún católico sabe qué discute, de qué se ocupa, cómo piensan los obispos, no ya de política, sino de cualquier otro tema candente, aunque sea de pura teología; se diría que nadie piensa aquí sobre los más importantes asuntos de la Iglesia y que la vida interna es materia de extrema confidencialidad, a la que ni siquiera el pueblo católico tiene por qué tener acceso.
“Dirás que escribo una diatriba contra el clero, siendo uno de sus miembros”. Soy laico, y estoy citando a Varela: “Es preciso dejar la cizaña con el trigo –sigue el Padre-, porque no es prudente arrancarla, pero conviene indicarla para que el pueblo la conozca o por lo menos sepa que no se cuenta con ella sino para echarla al fuego”. Yo sé que esto es difícil y que lo es particularmente ahora aquí; pero sin esta audacia no se va a convencer a los mejores y se va a perturbar a los menos dotados. Y para comenzar yo mismo a contribuir con algo, permítanme decir públicamente que la mayoría de los católicos que conozco no se atreve a llevar una Vitral por la calle a menos que esté envuelta o empacada, que hay bibliotecas donde se exhiben todas las revistas católicas cubanas excepto esta, y hay que pedirla para que te la den; y que en Camagüey no advierto demasiado entusiasmo por ella en los medios eclesiales, ni veo que se la lea o promocione. A medida que la Iglesia crece en número y en poder, van asomando por aquí y allá, quién lo diría, a veces disimuladamente y otras no, el autoritarismo, el populismo, el patrimonialismo, la arrogancia, los implacables métodos burocráticos encabezados a veces por las mismas personas que han pasado suavemente del buró estatal al eclesial, el trato con el pueblo en condición de masa ignorante, la preferencia por instalarse y equiparse mejor que nadie mientras el pueblo se desinstala en balsas. Ojalá me equivoque y me rectifiquen. Como tendría que rectificar aquel teólogo de profesión que nos dijo en público y en serio que las Cartas a Elpidio se estaban vendiendo demasiado baratas, pero que son una cosa farragosa que no hay quien lea, porque está escrita en un lenguaje del siglo XIX.
Quizás si esta sal cayera sobre la revista se haría más real, y la realidad vendría a ella, y ella actuaría de veras en la realidad. Y me pregunto ¿cómo es que en Vitral hay menos polémica que en las revistas estatales? ¿No hay forma de invitar a un debate a marxistas y protestantes, por mencionar sólo dos sectores de opinión, sobre algún asunto en que discrepen con los católicos? ¿Un ejercicio de civilidad tan elemental y tan posible como ése no debiera ser una constante en esta publicación? Si los obispos no quieren o no deben discutir públicamente, ¿no pueden hacerlo los sacerdotes y los laicos? Mientras se venda una unanimidad que no hay, no hay derecho a pedirle pluralidad a los otros. Mientras el cubano no se acostumbre a respetar al otro no escaparemos al conflicto civil. Para educar cívica y religiosamente en el respeto al otro, empecemos demostrando que respetamos. Objetivamente, hay mucha más crítica de la Iglesia hacia el Estado que del Estado hacia la Iglesia; por no hablar de la sociedad civil, que está habituada a murmurar pero no a declarar. Y de que se murmura sobre la Iglesia con buenas razones y con legítima angustia, podemos estar seguros. Cuidado: a la Iglesia misma no le conviene crecer en un silencio interior y exterior que puede ser cómodo para crecer e instalarse y que será fatal mientras más exitoso haya sido el proceso de crecimiento e instalación, porque más tarde o más temprano los conflictos latentes estallarán y no habrá recursos intelectuales para resolverlos con sabiduría y eficacia; recursos que pueden formarse ya para preverlos, mediante el hábito de la transparencia y el debate ante el pueblo y con el pueblo. Vitral debiera promover la polémica en y desde la Iglesia y hacia afuera y con los de afuera, y todos saldríamos beneficiados: el Estado, la sociedad civil y, especialmente, la Iglesia Católica. Y mientras esto no ocurra la ética de la revista estará incompleta, y su mensaje civil podrá ser puesto en entredicho.

Rafael Almanza lee su valoración

Aun me quedan otros problemas menores que no debo eludir. Me duele que las secciones de literatura de la revista sean realmente tan deficientes, especialmente la de poesía; no sé si es que deLiras devora lo mejor. El diseño ha mejorado considerablemente, pero a menudo se acude a ilustraciones que no aportan nada al texto y roban un espacio precioso; la portada, a veces no escoge la mejor obra del artista plástico en cuestión o es desgraciadamente kitsh. Me gusta, eso sí, el aspecto pobre de la publicación. No hace falta lujo, sino eficacia. El diseño es una actividad exigentísima que no se aprende en un día y que requiere de muchos recursos, y estoy seguro de que la revista continuará mejorándolo.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que una revista no es un libro ni una antología, y que Vitral puede haber publicado trabajos débiles y hasta lamentables pero también reflexiones provocativas y audaces de perfecta seriedad y respetabilidad, que tantos agradecemos. La revista informa, e informa bien, sobre muchos aspectos de Cuba, la Iglesia y el mundo. Promueve a ciudadanos de valor, se preocupa por el patrimonio nacional, por los más variados aspectos de la cultura. Su vocación de servicio a la patria no puede ser negada por nadie que la lea sin odio. Por eso su presencia entre nosotros debe ser defendida por sus lectores, y especialmente por los mismos que la hacen. Yo rogaría no regalarse, no publicar noticias que puedan escandalizar incluso involuntariamente y que por eso mismo no son útiles para conservar su verdadero carácter incisivo, que está en la profundidad de sus planteos y no en el alarde de valentía. Que la revista haya sobrevivido es un milagro por el que tenemos que felicitar a sus creadores y felicitarnos los cubanos, incluyendo a las autoridades que la permiten: quiero creer que este hecho nos demuestra que la nación ha madurado en estos durísimos años y que los ciudadanos de distinto credo cívico y religioso podemos convivir, no sin conflictos, pero ordenada y pacíficamente. En Cuba nunca ha abundado el equilibrio y por lo tanto este milagro tiene que ser defendido con la más alta inteligencia, por la remota posibilidad de que pueda llegar a ser un acontecimiento fundador. Con los años marxistas y cristianos podrían seguramente mostrar esta revista como una prueba de la respectiva confianza en las propias ideas; y hasta encontrarse más de una vez del mismo lado del espectro político, si sigue coherente en ellos la preocupación por la justicia social. Mi mayor esperanza estaría en que la revista se entendiera a sí misma como un proyecto permanente, encarnado a conciencia en cada circunstancia histórica, sin la menor concesión al disimulo, el escapismo o la hipocresía, pero consciente también de que su compromiso con las élites creadoras y el resto del pueblo no cesará nunca. Trabajemos no por un noveno, sino por un noventa aniversario y por más aun, y esa ambición sana de secularidad, inevitable en una nación constituida hace ya un siglo, nos libertará de los extravíos de la hora, sobre todo de la impaciencia que ha sido uno de nuestros pecados más fáciles. Al colectivo afincado e inteligentísimo que hace Vitral debemos pues exigirle más, mucho más de lo que ya han demostrado que tienen: santidad, genio y heroísmo. Y amor, más amor.
Muchas gracias.

 Rafael Almanza. Mayo, 2002.



Sueño que soñamos juntos, puede ser la salvación...
Palabras de clausura de Monseñor José Siro González, Obispo de Pinar del Río

Un aniversario más de Vitral... Una celebración más llena de alegría, esperanza y gratitud...
Transcurre la existencia de Vitral entre el gozo y el consuelo, entre los aplausos y los ataques... entre la comprensión y el rechazo...
Desde que comenzó su azarosa existencia, el principal objetivo de su realización e iluminación son las palabras, consejo y mandato del Santo Padre Juan Pablo II en su visita a Cuba: “En la labor evangelizadora deben ser consolidadas y enriquecidas las publicaciones católicas que puedan servir más eficazmente al anuncio de la verdad, no sólo a los hijos de la Iglesia, sino también a todo el pueblo cubano.”
Eso hemos querido y por eso nos hemos enfrascado en estos ocho años de vida de Vitral...
Mi agradecimiento y el del Consejo de Redacción, a Rafael Almanza, por su interesante y valioso análisis crítico de la Revista...
Mil gracias al jurado, que con tanto interés y empeño ha calificado las obras...
Mis felicitaciones a los premiados... seguimos empeñados en ser fieles a Jesucristo según las orientaciones del Papa y procuramos mantener viva la llama de esperanza cristiana, que un día el Santo Padre encendiera en medio de este pueblo, y que a veces parece perder el brillo y extinguirse...
Yo, por mi parte, sigo pensando y soñando como aquel obispo brasileño, gran profeta de estos tiempos:
“Sueño que se sueña solo, puede ser pura ilusión,
sueño que soñamos juntos, puede ser la salvación...”
Gracias a todos.

Mons. José Siro Gonzáles, Obispo de Pinar del Río,
en el VIII aniversario de Vitral

Premios del Concurso Vitral 2002

En ocasión del VIII aniversario de la Revista Vitral de la Diócesis de Pinar del Río, el pasado 23 de junio en el patio de la Casa Diocesana “Nuestra Señora de Loreto” se dieron a conocer los resultados del Concurso Literario Vitral 2002. Se habían constituido dos Jurados, uno de Poesía compuesto por los Sres. Raúl Rivero, Rafael Almanza y Ernesto Ortiz, el otro Jurado evaluó los trabajos de Narrativa y estuvo integrado por: Amir Valle, Luis Hugo Valín y Agnieska Hernández. Fueron otorgados los siguientes Premios y Menciones:

Gran Premio Vitral 2002
“Diario de un intruso”, de Amauri Francisco Gutiérrez Coto (La Habana)

Premio Literatura infantil
“Canción y Ensueño”, de Benigno Horta Hermida (Pinar del Río)

Premio Poesía
“Diario de un intruso”, de Amauri Francisco Gutiérrez Coto (La Habana)

Menciones
“Diario sobre el don de la vida, las piedras y los ángeles”, de Tony Pino V. (Cienfuegos)
“Una de cal y otra de arena”, de Belisario Carlos Pi Lago (La Palma)

Premio ensayo con tema sociológico
“Las ideas masónicas y la fe católica”, de Belisario Carlos Pi Lago (La Palma)

Premio ensayo con tema literario
“La poesía brasileña en el Modernismo”, de Gabriel Prado Límaco (Lima, Perú) Es el primer extranjero que recibe un premio en el Concurso Vitral.

Premio Narrativa
(Este premio fue declarado “Desierto”)

Mención
“Pepe Opercú y otras historias por contar”, de Belisario Carlos Pi Lago (La Palma)
“La danza del cogito”, de José Antonio Martínez Coronel (Güines)

El Sr. Obispo junto al Jurado del Concurso, Rafael Almanza y Dagoberto Valdés.

 

Felicitaciones por el aniversario de Vitral

Estimado Dagoberto:
En el nuevo aniversario de Vitral quiero hacerte llegar mis felicitaciones y a través de ti a todos los colaboradores de la revista. Esta es una de mis publicaciones favoritas y me acompañó en la prisión en mis peores momentos con el aliento de los mensajes de esperanza y análisis profundos de sus artículos. Muchas gracias a todos ustedes por crear y publicar tan gran revista.
Un fuerte y cariñoso abrazo para ti y tus colaboradores en Cristo Jesús/Vladimiro Roca.


Queridos hermanos:
Gracias a Dios puedo coger una vez más la pluma para felicitarlos en este nuevo aniversario porque Vitral no ha muerto, continúa floreciendo brillante, llevando su luz portadora de enseñanza a los que afanosamente la buscamos, sus lectores.
Ustedes se han convertido en algo muy importante en mi vida, y están en mis diarias oraciones. Lamento no estar en persona, presente en esta hermosa fiesta, lo estoy sólo en estas letras, en ellas va mi corazón.
Pido a nuestro Señor los siga favoreciendo con sus gracias y bendiciones, y a la Santísima Madre, a San Rosendo, y a mi Patrono, San Diego de Alcalá, sus ruegos por esta obra grande desde lo pequeño.
Quiero saludar a la vez, los 20 años de vida episcopal de nuestro querido Monseñor Siro, y hago votos por la recuperación de nuestro querido Padre Mario.
¡Confiemos en Jesús, en su Sagrado Corazón! ¡Les deseo grandes éxitos!
Un fuerte abrazo/Nancy Fernández-Fontecha.


Ocho años es un buen camino abierto
Al Consejo de Redacción de Vitral:
Aquí estamos para felicitar un FELIZ CUMPLEAÑOS a Vitral y a toda su redacción.
Ocho años es un buen camino abierto... os animamos a seguir con profesionalidad y con ese gusto, esa pasión de escribir y comunicar con los demás sin los cuales un proyecto editorial no encuentra sus lectores.
Sabemos que en Vitral, sobran esos talentos así que como fieles y atentos lectores compartimos con vosotros la alegría de esos años a la vez duros y tan generosos...
/Corinne y Denis.

Vitral, Escuela de Pensamiento
Una ventana es siempre imprescindible en una casa, máxime cuando esta casa está cercada por un muro y con la luz apagada. La ventana es entonces oportunidad para que entre la luz y el aire. Por grande que sea el muro, y pequeña la ventana, evitará que los de adentro mueran por falta de oxígeno y claridad, y que los de fuera piensen que hay vida tras las paredes.
Vitral es una ventana que trata de que la luz se descomponga en todos sus colores, para que no abrume o ciegue, para que se aprenda y viva de su policromía. Quien descubre el valor de un espacio así y lo aprovecha, comienza desde ese momento a pertenecer al futuro donde el muro es ya historia.
En estos ocho años Vitral, con sólo ser fiel a su perfil editorial, y abriendo la puerta a todos, ha conseguido ser nicho de una escuela de pensamiento: pequeña, donde la mayoría de los que escriben no son “sabios y prudentes”, pero escuela al fin.
Cuerpo coherente de pensamiento, una forma de ver el mundo y la realidad cubana plural pero sin fracturas, una manera de convivir en la Esperanza.
En tiempos en que en Cuba el Estado hace todo lo posible por acallar la iniciativa personal, por disolver en la masa lo individual y por menospreciar la disidencia sana y positiva, Vitral debe seguir siendo espacio para el renacer de la Cuba donde todos caben, donde la persona es lo más importante, y donde a un minuto de denuncia, sigan treinta de propuesta dialogante.
Quiera Dios que Vitral pueda seguir respondiendo a este reto, sin que caiga en el silencio cómplice que a veces se esconde tras la prudencia, ojalá siga siendo voz en el desierto, por encima de las críticas que vienen del Estado o de la propia Iglesia.
Hay pocos raseros más eficaces para medir la autenticidad del profetismo cristiano que el hecho de encontrar el martirio civil o cruento, y el rechazo de quienes tienen actitudes de incoherencias con el Evangelio, sean de adentro o de afuera de la Iglesia.
Hago votos porque Vitral siga siendo ventana , cada vez más grande, a la que muchas personas puedan asomarse a respirar, y ver más allá /Sergio Lázaro Cabarrouy.


Sencillo pero redentor trabajo por la cultura
Amigos:
Gracias doy a Dios, porque a pesar de altibajos en mi precaria salud, me ha regalado un año más de vida, que ya son bastantes, para poder felicitar a Vitral en su 8vo. Aniversario.
Sin buscar un porvenir de fama, sino de sencillo pero redentor trabajo por la cultura pinareña y, por qué no, por la de Cuba, han transcurrido estos años de ardua labor.
Felicidades. Como siempre un saludo cordial a todos los que intervienen en su confección y un abrazo respetuoso, pero con todo cariño, al Sr. Obispo, ángel tutelar de la Revista.
Saludos a todos los presentes /Rosario González

El grupo Ágape, animó la fiesta

VIII Aniversario

La República de Cuba
celebra su centenario
cuando celebra Vitral,
su octavo aniversario.

República que nació
en mil novecientos dos
y que recordamos hoy
en el año dos mil dos.

Vitral, revista querida,
en ti me vuelvo a inspirar,
otro nuevo aniversario
hoy vamos a celebrar.

En el anterior te dije
de mi inmenso amor por ti,
y en este octavo repito
lo que eres para mí.

Eres parte de mi vida,
tus triunfos, los míos son,
y cuando tienes pesares,
lo siento en mi corazón.

Cuando en alguna ocasión
Vitral te han criticado,
me ha parecido que a mí
en el alma me han golpeado.

Porque aunque me han enseñado
a amar la diversidad,
no resisto que te ataquen,
esa es la pura verdad.

Las críticas que te hacen
me duelen ¿a qué negarlo?
pero como soy diversa,
tengo Vitral que aceptarlo.

Algunos están dudando
que soy diversa en verdad,
pero ya estoy aprendiendo,
se los puedo asegurar.

Pero es que en una ocasión
nos dijeron que Vitral
tenía serios problemas
que debía erradicar.

Si no los erradicaba,
hasta podía morir.
¿Qué tristeza Santo Dios!
No lo podría resistir.

Porque si ella moría
sería un golpe fatal
para todos los que amamos
a la revista Vitral.

Y a partir de su agonía,
Vitral comenzó a crecer,
y cada día son más
los que la quieren leer.

Ya no alcanzan las revistas
que cada mes editamos,
hemos de estar aumentando
las que siempre publicamos.

Son más y más suscriptores
más amigos de Vitral,
aumentan nuestros lectores
como la espuma del mar.

Dios mil dichas te conceda,
y que cumplas muchos más
con los que bien te queremos:
¡Felicidades Vitral!

/Margarita Gálvez Martínez.

 


 

Revista Vitral No. 50 * año IX* julio-agosto 2002