Palabras de bienvenida
de Dagoberto Valdés, director, en el VIII aniversario de Vitral,
23 de Junio 2002
Querido Mons. Siro, Obispo de Pinar del Río
Distinguidos miembros del Jurado del Concurso Vitral
Queridos amigos todos:
Vitral cumple 8 años.
No es mucho y no es fácil. Simplemente son ocho años.
Los cumple cuando aparentemente se cierran puertas y por eso, para levantar
la esperanza, quiere celebrarlo abriendo más las ventanas para
la libertad de la Luz.
Las ventanas pueden cerrarse pero no se puede cerrar la luz.
Las ventanas pasan, todo pasa, nada es inmutable. Nada es incambiable,
nada es perfecto, nada es eterno: Sólo Dios. Dios que en
el principio era el Verbo.(Juan 1,1)
Por eso, Vitral quiere ser expresión del verbo, espacio de movimiento,
lugar de encuentro y camino, ventana hacia el cambio.
Vitral quiere ser paso, no estación.
En este peregrinar, llegamos a los 8 años en el paso del Mar
Rojo.
Y para acompañarnos, como en el desierto, con el maná
de su crítica y las codornices de sus propuestas, viene del Camagüey
que siempre fue fiel a sí mismo y nunca quiso ser asimilado por
Oriente ni Occidente: un poeta y ensayista, a quien tengo el gusto de
presentarles: el amigo Rafael Almanza Alonso.
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Dagoberto
Valdés Hernández, director de Vitral
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Valoración del
Lic. Rafael Almanza
para el octavo aniversario de la Revista Vitral
Hermanos míos:
Pocas veces en mi vida he recibido una tarea tan exigente como la que
enfrento hoy. He venido a conocer a mis hermanos del Centro de Formación
Cívica y Religiosa de Pinar del Río, a quienes tanto admiro
y con quienes colaboro mínimamente desde hace algunos años;
y esa es la razón fundamental de mi presencia entre ustedes.
He venido a aprender, no ya en el orden intelectual y creativo, sino
en primer término en materia de moral aplicada, porque hay aquí
una acumulación de virtudes ciudadanas e individuales, una coincidencia
entre el pensamiento alto y la práctica concreta, un saber hacer
lo que necesitamos y un saber hacerlo bien, que yo necesito urgentemente
como persona asimilar este ejemplo, no creo que para imitarlos pero
por lo menos para traducirlo a mi vida, para que me inspire, como suele
simple y exactamente decirse. Sólo que mis maestros me han encargado
que les critique, lo que me dejaría desarmado si no fuera porque
yo le pido frecuentemente lo mismo a mis más jóvenes discípulos,
y ellos ponen entonces la misma cara de asombro y terror que ustedes
me ven ahora. Pero como la verdad es que esos mismos muchachos muchas
veces me han alumbrado con sus criterios en muchos ámbitos de
la experiencia humana, no sólo en los de la literatura o el arte,
tengo esperanzas de que mi audacia pueda serles útil de alguna
manera. Por lo menos estoy satisfaciendo este requisito ético
que se impone la revista de una crítica anual de su trabajo,
que no recuerdo tenga igual en nuestro país, envenenado por la
autocomplacencia y la incapacidad para aceptar la inconformidad ajena,
como no fuese aquella práctica del Apóstol de llamar a
elecciones año tras año a su Partido, para que confirmara
o no su desempeño y el de sus colaboradores. Ante una exigencia
de tan maravillosa calidad martiana hay verdaderamente que rendirse.
Tendría que comenzar por rechazar la tentación de pedir
para Vitral lo que yo quisiera que fuese, sin tomar en cuenta las circunstancias
en que se hace la revista. No tengo derecho a pedirle lo que quizás
necesitamos casi unánimente, o la mayoría, o un grupo
de cubanos o de cristianos católicos; debo partir de lo que sus
trabajadores pueden realmente hacer aquí y ahora. Lo primero
es el respeto a la línea que han escogido sus creadores, y mi
criterio quiere servir preferentemente a esa opción de ellos,
aunque sólo sea porque lo que ese perfil ha logrado hasta el
presente me parece imprescindible y laudable. Si algunas de mis observaciones
se escapan de este propósito, rechácenlo como pecado de
debilidad, no de malicia.
Porque eso sí, a veces no tengo claro cuáles son exactamente
las líneas de ese perfil, cómo desea la revista cumplir
su función de contribuir a la educación cívica
y religiosa de los cubanos. Mucho de lo que habría que pensar
para mejorarla depende, por ejemplo, del tipo de público al que
se dirige. No creo que se trate de una revista de intención popular,
aunque sólo sea porque ni la tirada ni la distribución
lo permiten. Pero aun tratándose de un público minoritario,
en el sentido de aquella multitudinaria minoría de
que hablara Juan Ramón Jiménez como destino de su escritura
algunos miembros de esa minoría se describen a sí
mismos despectivamente con el término de élite-, aun tratándose
de un público de élite, reducido en Cuba, digamos, al
número de hombres libres que había en la Atenas de Pericles,
o al de cristianos en la Florencia del Renacimiento, no acierto a saber
si se dirige a los sócrates o los eurípides, a la curia
o a los leonardos criollos, a los más jóvenes o a los
ya formados, o a todos ellos a la vez, que me parece lo más propio
y ambicioso y lo que creo adivinar, pero también lo más
difícil, si se intenta con un propósito de efectividad.
Es arduo servir eficazmente a la rica variedad de esa minoría.
Pero Vitral debe hacerlo, siguiendo la recomendación del fundador
de nuestra nación, que se dedicó a formar a una élite,
consciente de la responsabilidad que tiene ante el pueblo: La
pérdida de los hombres de gran mérito dijo el Siervo
de Dios Félix Varela, siempre ocasiona la de muchos de un orden
inferior, y la cadena de males, va adquiriendo nuevos eslabones con
que aprisionar al pueblo incauto. Y viceversa: los hombres de
gran mérito ganados para la virtud transmiten al pueblo la virtud
y le garantizan la libertad. Fijémonos bien que esto no es una
opinión cualquiera de Varela, es lo que él hizo y lo que
triunfó en nuestro siglo XIX: la independencia de Cuba se la
debemos en una medida que todavía no acabamos de apreciar debidamente
a la educación en la virtud transmitida por la élite de
Varela a Luz, de Luz a la generación del 68 y a Martí.
No quiero significar que haya que volver al XIX, porque la historia
no se repite y algunas de las metas de ese período ya fueron
conquistadas: nuestros desafíos actuales son otros, pero el procedimiento
vareliano es universal y para cualquier tiempo. Ojalá la Iglesia
y la sociedad cubana lo asimilen, y nos preocupemos siempre por la creación
de élites de servicio democrático, libres, cristianas
y creadoras, que le den coherencia a la nación y a su historia.
Creo que esta es la hermosa posibilidad que Vitral puede empezar a cumplir,
porque la idea de que la revista pueda ser buscada y apreciada por cualquier
ciudadano se me antoja generosa, pero utópica. El hecho de que
cualquier ciudadano sepa leer no equivale a que tenga ganas de leer,
y mucho menos el tipo de texto que Vitral debe publicar. Ahora bien,
dentro de ese marco más estricto, creo que sí debiera
intentarse el mayor alcance y comunicabilidad. Y voy entonces a referirme
a lo que yo considero el obstáculo principal que encuentro en
los últimos números, aunque no en todos, para atraer y
conservar al lector: el carácter doctrinal de la revista.
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Participantes
en la celebración del VIII Aniversario de Vitral
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Está claro que una revista de la Iglesia tiene que promover
los puntos de vista de ésta. Pero hay que tener en cuenta que
en Iberoamérica apenas hay teólogos o filósofos.
No somos un pueblo entregado a largas y sesudas reflexiones; somos hijos
de España y Africa y no de Alemania. Quisiera que mi pueblo fuese
un pueblo de hombres reflexivos y no dudo de que podamos serlo, pero
aun somos un pueblo joven y, como decía el padre Varela: El
que quiera que un joven no tenga religión háblele siempre
de ella. No estoy proponiendo que haya menos textos religiosos
o reflexivos en la revista, sino que se estudie la manera de presentarlos.
Me parece que sería mejor situarlos en otro punto y no después
del editorial. Hay que enseñar a pensar al cubano, que es lo
que quería Varela, y no darle un producto intelectual acabado
que no siempre es de primera calidad y que demasiado a menudo tiene
un aire de seriedad helvética, de compacidad germana, unos numeritos
para los párrafos que imitan los de los documentos vaticanos
y que yo no sé si le dan más autoridad a esos textos o
sirven para evocar las arquitecturas de la escolástica. La
religión, amado Elpidio, no es un sistema, porque no es obra
del hombre, y aunque es cierto que puede sistematizarse, no lo es que
se pueda sujetar necesariamente a estos planes puramente humanos. Los
dogmas no se derivan unos de otros como verdades geométricas
y no se pueden establecer principios cuya aplicación nos descubra
los misterios. El misterio de la caridad que ayude al lector cubano
a aprender a pensar me parece más vareliano que la publicación
de columnas imponentes de reflexiones a veces aguadas o que no dicen
nada que no sepa el que se atreva a enfrentarlas. La exactitud
de las ideas apunta Varela en sus Misceláneas Filosóficas-
no depende del aire magnífico y del orden con que se presentan.
Afectando el rigor matemático de Euclides, soñó
Cartesio, y se extravió Leibnitz. La verdad es más sencilla,
ella no quiere adornos extranjeros, pues los suyos bastan para hacerla
apreciable. Debiéramos huir siempre de las cuadraturas,
los esquemas, la sequedad, la acumulación de razones y más
razones dichas sin atractivo y sin gracia, la tentación de erigir
un bastión ideológico frente a otro bastión. En
este país no faltan doctrinas. En lo que me atañe, si
el cristianismo es igualmente una doctrina, casi estaría tentado
de pedir la baja. Varela me dice que respecto de nosotros la religión
es un conjunto de hechos y nada más. A eso me atengo. El
Corán, se dice, está escrito en Dios y el profeta Mahoma
se limitó a copiarlo a través de Gabriel. Pero Cristo
no escribió nada y ni siquiera tenemos exactitud en las palabras
que dijo; su mensaje es el Amor vivo abajo, no unas orientaciones que
vienen de arriba. El hecho de Vitral, que es un hecho cristiano de caridad,
no debe ser empañado ni empeñado con un adoctrinamiento
de signo opuesto al que ya tiene el lector. Debiéramos huir de
presentar a la reflexión como un campo de batalla, porque no
necesitamos cadáveres ideológicos sino hombres resucitados
por el esplendor de la verdad. Al lector hay que informarlo, en primer
término, y educarlo para que piense por sí mismo y de
acuerdo con su propia naturaleza. Se hace más o menos bien en
la sección de Bioética, pero no en otras. No debemos
calcular sigue diciéndole el Padre a su Elpidio- sobre
lo que queremos que hagan los pueblos sino sobre lo que ellos querrán
hacer
Véanse las Misceláneas, léanse
las crónicas y los ensayos breves de Martí para conocer
cuán alto se puede volar en materia de pensamiento sin abrumar,
sino conquistando con la gracia. Y a propósito, ¿por qué
no se republican sistemáticamente esos textos de unos autores
a quienes tanto se menciona como autoridades escolásticas y que
casi nadie lee? Está claro que no siempre se pueden lograr colaboraciones
así, y yo mismo no puedo garantizarlas. Pero quizás pueda
repensarse este asunto, pueda lograrse mucho con una mejor distribución
o presentación de los textos, por ejemplo, una homilía
leída no es lo mismo que escuchada, me parece que a veces sería
preferible publicar lo imprescindible de ellas para los fines de la
revista, a menos que se trate de un documento de gran importancia histórica
o de carácter especialmente polémico, que exija la publicación
íntegra. De hecho creo que los documentos eclesiales debieran
estar al final, como signo de cortesía y de humildad. Quizás
de esa manera van a ser buscados ávidamente por las personas
que no integran la Iglesia.
A la sensación de enfrentar otro bastión más, contribuye
el hecho de que la imagen que la revista da de la propia Iglesia resulta
homogénea y acabada de lavar. Los más enterados saben
que la Iglesia universal y la que peregrina en Cuba está llena
de contradicciones y conflictos, como cualquier otro grupo humano y
como cualquie hombre; los que no están enterados, especialmente
los jóvenes, pueden ser atraídos por una Iglesia monolítica
y perfecta que luego les va a decepcionar, cuando la conozcan como realmente
es; y pedirán cuentas a los que no tienen la culpa mayor, porque
Vitral se esfuerza por ser transparente, y esto me (nos) consta. Salvo
la pequeña y más bien tímida polémica sobre
la Dominus Iesus, que no da una idea del escándalo que suscitó,
no encuentro suficiente transparencia sobre la vida de la Iglesia universal
y casi ninguna sobre las interioridades de la cubana. No sé qué
se podría hacer, pero la Iglesia tiene que comprender que no
se puede solicitar transparencia para la vida pública y hacerse
los más translúcidos posibles, con el argumento de que
somos buenos pero débiles y eso nos puede perjudicar. Tengo la
impresión de que ese argumento ya lo conocemos. La transparencia,
el ejercicio de realidad, de libertad y de tolerancia tiene que empezar
por casa, o se caerá en el descrédito en cuanto al lector
se le terminen la ingenuidad o la desinformación. Salvo por las
declaraciones oficiales o algunas aisladas, ningún católico
sabe qué discute, de qué se ocupa, cómo piensan
los obispos, no ya de política, sino de cualquier otro tema candente,
aunque sea de pura teología; se diría que nadie piensa
aquí sobre los más importantes asuntos de la Iglesia y
que la vida interna es materia de extrema confidencialidad, a la que
ni siquiera el pueblo católico tiene por qué tener acceso.
Dirás que escribo una diatriba contra el clero, siendo
uno de sus miembros. Soy laico, y estoy citando a Varela: Es
preciso dejar la cizaña con el trigo sigue el Padre-, porque
no es prudente arrancarla, pero conviene indicarla para que el pueblo
la conozca o por lo menos sepa que no se cuenta con ella sino para echarla
al fuego. Yo sé que esto es difícil y que lo es
particularmente ahora aquí; pero sin esta audacia no se va a
convencer a los mejores y se va a perturbar a los menos dotados. Y para
comenzar yo mismo a contribuir con algo, permítanme decir públicamente
que la mayoría de los católicos que conozco no se atreve
a llevar una Vitral por la calle a menos que esté envuelta o
empacada, que hay bibliotecas donde se exhiben todas las revistas católicas
cubanas excepto esta, y hay que pedirla para que te la den; y que en
Camagüey no advierto demasiado entusiasmo por ella en los medios
eclesiales, ni veo que se la lea o promocione. A medida que la Iglesia
crece en número y en poder, van asomando por aquí y allá,
quién lo diría, a veces disimuladamente y otras no, el
autoritarismo, el populismo, el patrimonialismo, la arrogancia, los
implacables métodos burocráticos encabezados a veces por
las mismas personas que han pasado suavemente del buró estatal
al eclesial, el trato con el pueblo en condición de masa ignorante,
la preferencia por instalarse y equiparse mejor que nadie mientras el
pueblo se desinstala en balsas. Ojalá me equivoque y me rectifiquen.
Como tendría que rectificar aquel teólogo de profesión
que nos dijo en público y en serio que las Cartas a Elpidio se
estaban vendiendo demasiado baratas, pero que son una cosa farragosa
que no hay quien lea, porque está escrita en un lenguaje del
siglo XIX.
Quizás si esta sal cayera sobre la revista se haría más
real, y la realidad vendría a ella, y ella actuaría de
veras en la realidad. Y me pregunto ¿cómo es que en Vitral
hay menos polémica que en las revistas estatales? ¿No
hay forma de invitar a un debate a marxistas y protestantes, por mencionar
sólo dos sectores de opinión, sobre algún asunto
en que discrepen con los católicos? ¿Un ejercicio de civilidad
tan elemental y tan posible como ése no debiera ser una constante
en esta publicación? Si los obispos no quieren o no deben discutir
públicamente, ¿no pueden hacerlo los sacerdotes y los
laicos? Mientras se venda una unanimidad que no hay, no hay derecho
a pedirle pluralidad a los otros. Mientras el cubano no se acostumbre
a respetar al otro no escaparemos al conflicto civil. Para educar cívica
y religiosamente en el respeto al otro, empecemos demostrando que respetamos.
Objetivamente, hay mucha más crítica de la Iglesia hacia
el Estado que del Estado hacia la Iglesia; por no hablar de la sociedad
civil, que está habituada a murmurar pero no a declarar. Y de
que se murmura sobre la Iglesia con buenas razones y con legítima
angustia, podemos estar seguros. Cuidado: a la Iglesia misma no le conviene
crecer en un silencio interior y exterior que puede ser cómodo
para crecer e instalarse y que será fatal mientras más
exitoso haya sido el proceso de crecimiento e instalación, porque
más tarde o más temprano los conflictos latentes estallarán
y no habrá recursos intelectuales para resolverlos con sabiduría
y eficacia; recursos que pueden formarse ya para preverlos, mediante
el hábito de la transparencia y el debate ante el pueblo y con
el pueblo. Vitral debiera promover la polémica en y desde la
Iglesia y hacia afuera y con los de afuera, y todos saldríamos
beneficiados: el Estado, la sociedad civil y, especialmente, la Iglesia
Católica. Y mientras esto no ocurra la ética de la revista
estará incompleta, y su mensaje civil podrá ser puesto
en entredicho.
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Rafael Almanza
lee su valoración
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Aun me quedan otros problemas menores que no debo eludir. Me duele
que las secciones de literatura de la revista sean realmente tan deficientes,
especialmente la de poesía; no sé si es que deLiras devora
lo mejor. El diseño ha mejorado considerablemente, pero a menudo
se acude a ilustraciones que no aportan nada al texto y roban un espacio
precioso; la portada, a veces no escoge la mejor obra del artista plástico
en cuestión o es desgraciadamente kitsh. Me gusta, eso sí,
el aspecto pobre de la publicación. No hace falta lujo, sino
eficacia. El diseño es una actividad exigentísima que
no se aprende en un día y que requiere de muchos recursos, y
estoy seguro de que la revista continuará mejorándolo.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que una revista no es un libro
ni una antología, y que Vitral puede haber publicado trabajos
débiles y hasta lamentables pero también reflexiones provocativas
y audaces de perfecta seriedad y respetabilidad, que tantos agradecemos.
La revista informa, e informa bien, sobre muchos aspectos de Cuba, la
Iglesia y el mundo. Promueve a ciudadanos de valor, se preocupa por
el patrimonio nacional, por los más variados aspectos de la cultura.
Su vocación de servicio a la patria no puede ser negada por nadie
que la lea sin odio. Por eso su presencia entre nosotros debe ser defendida
por sus lectores, y especialmente por los mismos que la hacen. Yo rogaría
no regalarse, no publicar noticias que puedan escandalizar incluso involuntariamente
y que por eso mismo no son útiles para conservar su verdadero
carácter incisivo, que está en la profundidad de sus planteos
y no en el alarde de valentía. Que la revista haya sobrevivido
es un milagro por el que tenemos que felicitar a sus creadores y felicitarnos
los cubanos, incluyendo a las autoridades que la permiten: quiero creer
que este hecho nos demuestra que la nación ha madurado en estos
durísimos años y que los ciudadanos de distinto credo
cívico y religioso podemos convivir, no sin conflictos, pero
ordenada y pacíficamente. En Cuba nunca ha abundado el equilibrio
y por lo tanto este milagro tiene que ser defendido con la más
alta inteligencia, por la remota posibilidad de que pueda llegar a ser
un acontecimiento fundador. Con los años marxistas y cristianos
podrían seguramente mostrar esta revista como una prueba de la
respectiva confianza en las propias ideas; y hasta encontrarse más
de una vez del mismo lado del espectro político, si sigue coherente
en ellos la preocupación por la justicia social. Mi mayor esperanza
estaría en que la revista se entendiera a sí misma como
un proyecto permanente, encarnado a conciencia en cada circunstancia
histórica, sin la menor concesión al disimulo, el escapismo
o la hipocresía, pero consciente también de que su compromiso
con las élites creadoras y el resto del pueblo no cesará
nunca. Trabajemos no por un noveno, sino por un noventa aniversario
y por más aun, y esa ambición sana de secularidad, inevitable
en una nación constituida hace ya un siglo, nos libertará
de los extravíos de la hora, sobre todo de la impaciencia que
ha sido uno de nuestros pecados más fáciles. Al colectivo
afincado e inteligentísimo que hace Vitral debemos pues exigirle
más, mucho más de lo que ya han demostrado que tienen:
santidad, genio y heroísmo. Y amor, más amor.
Muchas gracias.
Rafael Almanza. Mayo, 2002.
Sueño que soñamos
juntos, puede ser la salvación...
Palabras de clausura de Monseñor José
Siro González, Obispo de Pinar del Río
Un aniversario más de Vitral... Una celebración más
llena de alegría, esperanza y gratitud...
Transcurre la existencia de Vitral entre el gozo y el consuelo, entre
los aplausos y los ataques... entre la comprensión y el rechazo...
Desde que comenzó su azarosa existencia, el principal objetivo
de su realización e iluminación son las palabras, consejo
y mandato del Santo Padre Juan Pablo II en su visita a Cuba: En
la labor evangelizadora deben ser consolidadas y enriquecidas las publicaciones
católicas que puedan servir más eficazmente al anuncio
de la verdad, no sólo a los hijos de la Iglesia, sino también
a todo el pueblo cubano.
Eso hemos querido y por eso nos hemos enfrascado en estos ocho años
de vida de Vitral...
Mi agradecimiento y el del Consejo de Redacción, a Rafael Almanza,
por su interesante y valioso análisis crítico de la Revista...
Mil gracias al jurado, que con tanto interés y empeño
ha calificado las obras...
Mis felicitaciones a los premiados... seguimos empeñados en ser
fieles a Jesucristo según las orientaciones del Papa y procuramos
mantener viva la llama de esperanza cristiana, que un día el
Santo Padre encendiera en medio de este pueblo, y que a veces parece
perder el brillo y extinguirse...
Yo, por mi parte, sigo pensando y soñando como aquel obispo brasileño,
gran profeta de estos tiempos:
Sueño que se sueña solo, puede ser pura ilusión,
sueño que soñamos juntos, puede ser la salvación...
Gracias a todos.
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Mons. José
Siro Gonzáles, Obispo de Pinar del Río,
en el VIII aniversario de Vitral
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Premios del Concurso Vitral
2002
En ocasión del VIII aniversario de la Revista Vitral de la Diócesis
de Pinar del Río, el pasado 23 de junio en el patio de la Casa
Diocesana Nuestra Señora de Loreto se dieron a conocer
los resultados del Concurso Literario Vitral 2002. Se habían constituido
dos Jurados, uno de Poesía compuesto por los Sres. Raúl
Rivero, Rafael Almanza y Ernesto Ortiz, el otro Jurado evaluó los
trabajos de Narrativa y estuvo integrado por: Amir Valle, Luis Hugo Valín
y Agnieska Hernández. Fueron otorgados los siguientes Premios y
Menciones:
Gran Premio Vitral 2002
Diario de un intruso, de Amauri Francisco Gutiérrez
Coto (La Habana)
Premio Literatura infantil
Canción y Ensueño, de Benigno Horta Hermida
(Pinar del Río)
Premio Poesía
Diario de un intruso, de Amauri Francisco Gutiérrez
Coto (La Habana)
Menciones
Diario sobre el don de la vida, las piedras y los ángeles,
de Tony Pino V. (Cienfuegos)
Una de cal y otra de arena, de Belisario Carlos Pi Lago
(La Palma)
Premio ensayo con tema sociológico
Las ideas masónicas y la fe católica, de Belisario
Carlos Pi Lago (La Palma)
Premio ensayo con tema literario
La poesía brasileña en el Modernismo, de Gabriel
Prado Límaco (Lima, Perú) Es el primer extranjero que
recibe un premio en el Concurso Vitral.
Premio Narrativa
(Este premio fue declarado Desierto)
Mención
Pepe Opercú y otras historias por contar, de Belisario
Carlos Pi Lago (La Palma)
La danza del cogito, de José Antonio Martínez
Coronel (Güines)
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El Sr. Obispo
junto al Jurado del Concurso, Rafael Almanza y Dagoberto Valdés.
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Felicitaciones por el aniversario
de Vitral
Estimado Dagoberto:
En el nuevo aniversario de Vitral quiero hacerte llegar mis felicitaciones
y a través de ti a todos los colaboradores de la revista. Esta
es una de mis publicaciones favoritas y me acompañó en la
prisión en mis peores momentos con el aliento de los mensajes de
esperanza y análisis profundos de sus artículos. Muchas
gracias a todos ustedes por crear y publicar tan gran revista.
Un fuerte y cariñoso abrazo para ti y tus colaboradores en Cristo
Jesús/Vladimiro Roca.
Queridos hermanos:
Gracias a Dios puedo coger una vez más la pluma para felicitarlos
en este nuevo aniversario porque Vitral no ha muerto, continúa
floreciendo brillante, llevando su luz portadora de enseñanza
a los que afanosamente la buscamos, sus lectores.
Ustedes se han convertido en algo muy importante en mi vida, y están
en mis diarias oraciones. Lamento no estar en persona, presente en esta
hermosa fiesta, lo estoy sólo en estas letras, en ellas va mi
corazón.
Pido a nuestro Señor los siga favoreciendo con sus gracias y
bendiciones, y a la Santísima Madre, a San Rosendo, y a mi Patrono,
San Diego de Alcalá, sus ruegos por esta obra grande desde lo
pequeño.
Quiero saludar a la vez, los 20 años de vida episcopal de nuestro
querido Monseñor Siro, y hago votos por la recuperación
de nuestro querido Padre Mario.
¡Confiemos en Jesús, en su Sagrado Corazón! ¡Les
deseo grandes éxitos!
Un fuerte abrazo/Nancy Fernández-Fontecha.
Ocho años es un buen camino abierto
Al Consejo de Redacción de Vitral:
Aquí estamos para felicitar un FELIZ CUMPLEAÑOS a Vitral
y a toda su redacción.
Ocho años es un buen camino abierto... os animamos a seguir con
profesionalidad y con ese gusto, esa pasión de escribir y comunicar
con los demás sin los cuales un proyecto editorial no encuentra
sus lectores.
Sabemos que en Vitral, sobran esos talentos así que como fieles
y atentos lectores compartimos con vosotros la alegría de esos
años a la vez duros y tan generosos...
/Corinne y Denis.
Vitral, Escuela de Pensamiento
Una ventana es siempre imprescindible en una casa, máxime cuando
esta casa está cercada por un muro y con la luz apagada. La ventana
es entonces oportunidad para que entre la luz y el aire. Por grande
que sea el muro, y pequeña la ventana, evitará que los
de adentro mueran por falta de oxígeno y claridad, y que los
de fuera piensen que hay vida tras las paredes.
Vitral es una ventana que trata de que la luz se descomponga en todos
sus colores, para que no abrume o ciegue, para que se aprenda y viva
de su policromía. Quien descubre el valor de un espacio así
y lo aprovecha, comienza desde ese momento a pertenecer al futuro donde
el muro es ya historia.
En estos ocho años Vitral, con sólo ser fiel a su perfil
editorial, y abriendo la puerta a todos, ha conseguido ser nicho de
una escuela de pensamiento: pequeña, donde la mayoría
de los que escriben no son sabios y prudentes, pero escuela
al fin.
Cuerpo coherente de pensamiento, una forma de ver el mundo y la realidad
cubana plural pero sin fracturas, una manera de convivir en la Esperanza.
En tiempos en que en Cuba el Estado hace todo lo posible por acallar
la iniciativa personal, por disolver en la masa lo individual y por
menospreciar la disidencia sana y positiva, Vitral debe seguir siendo
espacio para el renacer de la Cuba donde todos caben, donde la persona
es lo más importante, y donde a un minuto de denuncia, sigan
treinta de propuesta dialogante.
Quiera Dios que Vitral pueda seguir respondiendo a este reto, sin que
caiga en el silencio cómplice que a veces se esconde tras la
prudencia, ojalá siga siendo voz en el desierto, por encima de
las críticas que vienen del Estado o de la propia Iglesia.
Hay pocos raseros más eficaces para medir la autenticidad del
profetismo cristiano que el hecho de encontrar el martirio civil o cruento,
y el rechazo de quienes tienen actitudes de incoherencias con el Evangelio,
sean de adentro o de afuera de la Iglesia.
Hago votos porque Vitral siga siendo ventana , cada vez más grande,
a la que muchas personas puedan asomarse a respirar, y ver más
allá /Sergio Lázaro Cabarrouy.
Sencillo pero redentor trabajo por la cultura
Amigos:
Gracias doy a Dios, porque a pesar de altibajos en mi precaria salud,
me ha regalado un año más de vida, que ya son bastantes,
para poder felicitar a Vitral en su 8vo. Aniversario.
Sin buscar un porvenir de fama, sino de sencillo pero redentor trabajo
por la cultura pinareña y, por qué no, por la de Cuba,
han transcurrido estos años de ardua labor.
Felicidades. Como siempre un saludo cordial a todos los que intervienen
en su confección y un abrazo respetuoso, pero con todo cariño,
al Sr. Obispo, ángel tutelar de la Revista.
Saludos a todos los presentes /Rosario González
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El grupo Ágape,
animó la fiesta
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VIII Aniversario
La República de Cuba
celebra su centenario
cuando celebra Vitral,
su octavo aniversario.
República que nació
en mil novecientos dos
y que recordamos hoy
en el año dos mil dos.
Vitral, revista querida,
en ti me vuelvo a inspirar,
otro nuevo aniversario
hoy vamos a celebrar.
En el anterior te dije
de mi inmenso amor por ti,
y en este octavo repito
lo que eres para mí.
Eres parte de mi vida,
tus triunfos, los míos son,
y cuando tienes pesares,
lo siento en mi corazón.
Cuando en alguna ocasión
Vitral te han criticado,
me ha parecido que a mí
en el alma me han golpeado.
Porque aunque me han enseñado
a amar la diversidad,
no resisto que te ataquen,
esa es la pura verdad.
Las críticas que te hacen
me duelen ¿a qué negarlo?
pero como soy diversa,
tengo Vitral que aceptarlo.
Algunos están dudando
que soy diversa en verdad,
pero ya estoy aprendiendo,
se los puedo asegurar.
Pero es que en una ocasión
nos dijeron que Vitral
tenía serios problemas
que debía erradicar.
Si no los erradicaba,
hasta podía morir.
¿Qué tristeza Santo Dios!
No lo podría resistir.
Porque si ella moría
sería un golpe fatal
para todos los que amamos
a la revista Vitral.
Y a partir de su agonía,
Vitral comenzó a crecer,
y cada día son más
los que la quieren leer.
Ya no alcanzan las revistas
que cada mes editamos,
hemos de estar aumentando
las que siempre publicamos.
Son más y más suscriptores
más amigos de Vitral,
aumentan nuestros lectores
como la espuma del mar.
Dios mil dichas te conceda,
y que cumplas muchos más
con los que bien te queremos:
¡Felicidades Vitral!
/Margarita Gálvez Martínez.