Revista Vitral No. 52 * año VIII * noviembre-diciembre 2002


CENTENARIO DE LA DIÓCESIS

 

SAN ROSENDO:
NUESTRO PATRONO


LEONEL ANTONIO DE LA CUESTA

 

 

 

Imagen de San Rosendo
que se venera en la Catedaral de Pinar del Río

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Revestido de pontificial, con su luenga barba y en actitud de bendecir, la imagen de San Rosendo, situada en la hornacina central del altar mayor de la Catedral de Pinar del Río, constituye una figura inolvidable para todas las generaciones de católicos pinareños.
Su nombre –un poco raro- les ha sido impuesto a muchísimos niños del terruño (entre las damas nunca fue popular) de manera que puede inferirse que cualquier cubano llamado Rosendo tiene muchas posibilidades de ser de Pinar del Río. Este santo, como Santiago Apóstol, posee más de un nombre, en nuestro caso es el de Rudesindo y en esta forma ha pasado a otras lenguas(1).
En Pinar del Río, sin embargo, poco se ha hablado de la historia o, mejor dicho, la hagiografía del santo patrono. ¿Quién fue San Rosendo? ¿Dónde vivió? ¿Cómo y por qué se le escogió como Patrono de la diócesis pinareña? Intentaré contestar estas preguntas.
San Rosendo o Rudesindo es un santo gallego. En su tierra natal se le aprecia muchísimo, al extremo de que en una antología hagiográfica publicada allí se dice: “ De San Rosendo fálase moito neste libriño de santos porque foi o mais importante de todos”(2) Aunque el juicio me parece exagerado no deja de tener gran significación.
San Rosendo es un santo medieval. Parece que vivió entre los años 907 y 977.3 Esto lo sitúa al principio de la Reconquista, iniciada en el 712 o en el 732 tras la victoria de Covadonga.
Nuestro santo nació en el pueblo de Valdesalas, Galicia, en tiempos del Rey don Alfonso III el Magno. Su vida discurrió en los reinados de García I, Ordoño II, Alfonso IV, Ramiro II, Ordoño III, Sancho I y Ramiro III.4 Fueron aquellos tiempos difíciles de continua guerra contra los musulmanes invasores, con fronteras ondulantes de norte a sur y de este a oeste, sin olvidar las incursiones de los normandos y otros pueblos paganos.
Los padres del santo procedían de la más rancia nobleza gallega y estaban emparentados con la familia real. Su padre fue el conde Gutiérre Menéndez (cuñado del Rey Ordoño II) y su madre Ilduara Eriz (prima del Rey Alfonso III). Ilduara fue también elevada a los altares, en un caso semejante al de san Agustín y santa Mónica. De niño, según sus hagiógrafos –pero se sabe ya que la hagiografía es un género más cercano a la ficción que a la biografía- Rosendo Gutiérre vivió consagrado a los estudios y a la piedad, de tal manera que cuando vacó el obispado de Dumio (hoy Mondoñedo) el noble joven resultó elegido Obispo, a pesar de contar con sólo 18 años. Rechazó la mitra pero finalmente la aceptó por haber recibido una revelación privada. Aparte de gobernar ejemplarmente su diócesis, fundó un monasterio en Celanova, en la actual provincia de Orense en el 936, el cual puso bajo la regla benedictina. En la obra del monje Ordoño de Celanova5 consta que ejerció el gobierno de la diócesis compostelana donde hubo de sustituir, por orden regia, a su primo Sisnando, Obispo de vida poco encomiable. Al morir el Rey Sancho I (966 AD) nuestro santo se vio amenazado por el díscolo prelado jacobeo y decidió retirarse a su convento de Celanova como un monje más, como ha de verse. Su parentesco con la familia real hizo que durante su gobierno episcopal ejerciera autoridad moral, aparte de la eclesiástica, en la corte asturo-leonesa. Según piadosa leyenda, guerreó contra los normandos en Galicia y los musulmanes en Portugal6. Esto, que a primera vista pudiera asombrarnos, resulta normal pues era el uso de aquella época7. Como se refleja lingüísticamente en el hecho de que algunas palabras vinculadas con las virtudes tienen un origen castrense8. Mas no nos perdamos po r esos caminos...
En sus últimos años, relevado ya de sus funciones pastorales, San Rosendo se recluyó definitivamente en Celanova, como se indicó, y al morir el abad Franquila, los monjes lo eligieron abad del cenobio. En el año 977, el primero de marzo, a los 70 años de su edad, pasó a mejor vida, no sin antes haber hecho numerosos milagros. En 1172 fue elevado a los altares por el cardenal legado Jacinto Bobo en una canonización episcopal al uso en aquellos tiempos. Dicha canonización fue confirmada por el propio prelado al ascender al solio pontificio con el nombre de Celestino III.9 Parece que ya en esa época el santo gozaba de un notable culto popular.
En la edición de la obre de Ordoño de Celanova que he citado antes, se ha añadido una bibliografía sobre San Rosendo con más de 70 obras escritas en alemán, castellano, francés, gallego, latín y portugués. Entre los censados figuran historiadores del fuste del P. Florez, el abad Justo Pérez de Urbel y don Claudio Sánchez Albornoz. Todo lo cual avala la importancia de San Rosendo en el desarrollo de la Iglesia y el Estado ( o de la Corona, si se prefiere) durante la Edad Media en España.
En una visita que realicé a Celanova en 1998, me informaron que San Rosendo es el Patrono de la diócesis de Mondoñedo, de la cual fue Obispo, y de la de Pinar del Río. El dato me llevó a preguntarme: ¿Cómo nos “cayó del cielo” este santo? Personalmente, me asombró que san Rudesindo fuera el patrono de una región que por su dedicación al cultivo del tabaco ha resultado tener una notable influencia canaria, se dice que la segunda en Cuba, tras Cabaiguán en Las Villas. La topografía pinareña refleja esa influencia: La Palma, Consolación, Candelaria...Sin embargo, no fue siempre así. No lo era en el siglo XVIII cuando hizo su entrada en nuestra historia provincial el santo guerrero medieval gallego. Fue a partir de 1723, tras la ejecución de los vegueros habaneros opuestos al monopolio estatal o estanco del tabaco, que algunos vegueros de La Habana se trasladaran a nuestra provincia para desarrollar casi clandestinamente (pues sus productos se vendían mayormente a los contrabandistas) el cultivo del tabaco, ya existente desde alrededor de 1720 en Vuelta Abajo. 10
El eminente historiador pinareño Emeterio S. Santovenia y Echaide, en su clásica obra sobre nuestra región, presenta a Vuelta Abajo de los mil seiscientos como una “tierra yerma”11, donde existía una abierta pugna entre los ganaderos (propietarios de hatos, corrales y potreros) y los campesinos (mayoritariamente precaristas) que intentaban “producir algo más que reses y puercos...(pues) los labradores persistían en el afán de aprovechar una pequeña parte de tanta tierra yerma para cultivar tabaco y frutos de comer”12. La región no estaba realmente colonizada ya que faltaban poblados y comunicaciones entre los pocos y raquíticos centros de población y ocurrió que “la Iglesia se adelantó a la Corona.”13 Ello en la persona de Mons. Diego Evelino de Compostela (nótese el apellido del obispo) quien pensó que “la fundación de parroquias requería la preexistencia de núcleos de población.”14
Según Mons. Dr. Ismael Testé, este obispo nació en la ciudad jacobea en 1635, allí se formó como sacerdote y muy joven recibió el doctorado en ambos derechos (civil y canónico) por la universidad compostelana.15
Santovenia afirma que: “Una de las parroquias fundadas por Compostela fue la de San Rosendo, cuyas aguas bautismales estrenó el 2 de agosto de 1699 un hijo legítimo de un moreno libre, natural de Jamaica, y de una india, nacida en la ciudad de La Habana”. La parroquia tenía como base “algunas casuchas” que se alzaban a finales del siglo XVII sobre “un otero en la sabana” sitas en “el camino que se cruzaba con el río Guamá, avanzando hacia el montañoso espinazo de Vuelta Abajo, “dentro de los límites de un corral llamado Pinal del Río, un poco más al oeste de Consolación.16 Se encontraba entre la sierra y el mar, y de esto resulta que la zona norte del viejo municipio pinareño no entraba entonces en sus límites. Civilmente este territorio constituiría el el partido de San Rosendo o de San Rosendo de Pinal del Río.17
¿Fue el obispo gallego Diego Evelino de Compostela el que nos trajo a San Rosendo?
Recordemos que San Rudesindo había administrado las entonces diócesis de santiago de Compostela, patria chica del prelado. De no ser así, ¿ cómo nos llegó al occidente de Cuba este santo del poniente de España?
En el volumen III de la obra de Mons. Testé, ya citada, al tratar de la parroquia de San Rosendo de Pinar del Río, hoy parroquia del Sagrario de la Catedral, se nos habla de don Felipe de Fondesviela, marqués de la Torre, de su fundación de Nueva Filipina, y de otros datos interesantes, pero nada nos dice de la selección del santo patrono. Quizás en los archivos diocesanos, o en los de la Catedral pinareña, haya algo que nos aclare este patronazgo. Dejo el campo a otros investigadores que deseen seguir la pista rudesinda.
San Rosendo fue un hombre de su tiempo que supo combinar las virtudes activas con las pasivas. Fue además de prelado y guerrero, místico eminente en aquella época. Constituye un buen ejemplo a seguir en todos los planos. Y eso es, en esencia, lo que se espera de un santo patrono.

Notas:
1.- Dictionnaire des Saints de Tous les Jours. Ordenado y presentado por Dom Philippe Rouillard, O.S.B. Haute Provence, Editions Robert Morel, 1963, p. 299.
2.- Vidas de santos galegos. Santiago de Compostela, Os minilibros de Galaxia, sin autor ni fecha, p. 55.
3.- Están contestes en cuanto a esto todos los libros de vidas de santos que cito en este trabajo y que no repito aquí para abreviar.
4.- Juan José Menezo. Reinos y jefes de Estado desde el 712. Madrid, Historia Hispana, 1978, pp.30-48, ambas inclusive.
5.- Orduño de Celanova. Vida y milagros de san Rosendo, edición de la Fundación Barrié de la Maza, 1990, p. 131.
6.- Buttler´s Lives of Saints. Edited, Revised & Suplemented by Herbert Thorston, S:I. Vol. I.N:Y., P.J. Kennedy & Sons, 1968, p. 454.7.- Hasta los finales del antiguo régimen, muchas ciudades y regiones europeas eran gobernadas por obispos-príncipes. Hoy, además del Vaticano, sólo queda el Principado de Andorra, uno de cuyos dos co-príncipes es ex-officcio el obispo español de la Seo de Urgel. Por otra parte, esta dualidad cristalizaría en la fundación de las órdenes militares castellanas, con la de Calatrava a la cabeza, fundación acaecida en 1158. Véase la obra de José Ignacio Ruíz Rodríguez las Órdenes Militares Castellanas en la Edad Moderna. Madrid, Arco Libro, S.L., 2001, passim.
8.- Anthony Pagden nos recuerda que la propia palabra virtud se deriva de la voz latina vir (hombre o varón) y originalmente significaba “valor en las batallas”. Es decir, que todo hombre virtuoso era por definición un hombre de guerra. Véase Anthony Pagden Peoples and Empires. Nueva York, a Modern Library Chronicles BooK, 2001, p. 21.
9.- Ordoño de Celanova, op. cit. 274.
10.- Leví Marrero Artiles. Geografía de Cuba. Nueva York, Minerva books Company, 1966, pp.231 y 232.
11.- Emeterio S. Santovenia. Pinar del Río. México, Fondo de Cultura Económica, 1946, p. 25.
12.- Ibid. p. 30.
13.- Ibid. p. 33.
14.- Ibid. p. 34.
15.- Mons. Dr. Ismael Testé. Historia Eclesiástica de Cuba. Burgos, Tipografía de la Editorial El Monte Carmelo, 1969, volumen I, p. 113.
16.- Todas las citas anteriores aparecen en la página 36 de la obra de Santovenia.
17.- No puedo explicar la moderna mutación de la /r/ por la /l/. En nuestra lengua se habla de un manzanar, un limonar, un melonar como del terreno o lugar plantado de los correspondientes frutales, pero se habla, en el mismo sentido, de un guayabal, naranjal o peral. No parece que sea un cubanismo pues no hay mención de este fenómeno en el Diccionario provincial casi razonado de voces (sic) y frases cubanas de Esteban Pichardo. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1985, passim. Por otra parte, de una revisión del diccionario de la real Academia Española se desprende que obviamente existe una vaciliación lingüística respecto a la desinencia propia de las palabras o términos que indiquen lugares en que se plantan árboles frutales o al conjunto de estos.

 

 

Revista Vitral No. 52 * año VIII * noviembre-diciembre 2002
Leonel Antonio de la Cuesta
Catedrático, Universidad Internacional de la Florida.