Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004


BIOÉTICA

 

ALZHEIMER, BUSCANDO LA VERDAD FISH, SAHRON.
ENFERMOS DE ALZHEIMER

 


“El día que esté viejo y ya no sea el mismo,
ten paciencia y compréndeme De la misma manera como
te he acompañado en tu sendero te ruego que me acompañes a terminar el mío.
Dame amor y paciencia”

—Creo que mi madre tiene Alzheimer —me confió una amiga por teléfono una noche. —Tiene los mismos síntomas que tu madre. Está confusa y olvidadiza. Ni siquiera recuerda su propio nombre o el mío y está sufriendo muchos cambios de personalidad.
—¿Cuánto tiempo lleva ocurriendo esto? —pregunté asombrada, ya que era la primera vez que mi amiga mencionaba un cambio en el comportamiento de su madre.
—Más o menos, un mes —contestó.
Dije a mi amiga que la enfermedad de su madre podía no ser Alzheimer, que es una enfermedad que se desarrolla más gradualmente, y le animé a que llevara a su madre al médico inmediatamente.
La madre de mi amiga recibió un diagnóstico poco después. No tenía la enfermedad de Alzheimer. Tenía un tumor cerebral que estaba creciendo con rapidez.
Durante las pasadas décadas, la enfermedad de Alzheimer ha sido una de las enfermedades menos diagnosticadas. Hoy en día, ha salido de la oscuridad y se ha convertido en una de las más diagnosticadas erróneamente, particularmente entre amigos y familiares que han leído acerca de ella en medios populares.
Incluso algunos profesionales sanitarios son culpables de realizar un diagnóstico instantáneo. Desgraciadamente, no es raro oír a personas que dicen: “El médico de mi marido le echó un vistazo y dijo:
Tiene todos los síntomas de Alzheimer. No es necesario hacer ninguna prueba “.
Sin embargo, informes de autopsias cerebrales han indicado que un número significativo de personas a las que se les diagnosticó la enfermedad de Alzheimer, de hecho no la padecían. No mostraban los característicos cambios físicos de esta enfermedad en el cerebro, aunque hubieran tenido síntomas de demencia cerebral. (Los cambios físicos característicos incluyen placas seniles y ovillos neurofibrilares, que se forman en el tejido cerebral de las personas con la enfermedad de Alzheimer).
La enfermedad de Alzheimer no es el único proceso maligno que causa demencia. Ni mucho menos. Hay más de cincuenta desórdenes diferentes cuyos síntomas pueden imitar a los del Alzheimer. Mientras que algunos de estos trastornos son crónicos e incurables, muchos otros pueden ser tratados, anulados o curados completamente. Muchos de ellos no tienen su causa en el cerebro.
Existe siempre la necesidad, en el caso de pérdida de memoria y confusión, de llevar a cabo un examen y diagnóstico completo lo antes posible. Esto es aplicable a la confusión leve o severa, cualquiera que sea la edad de la persona. El examen debe incluir un historial médico y un chequeo completos, distintos análisis de sangre, una estimación neurológica y psicológica y, en algunos casos, una evaluación psiquiátrica.
El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer conlleva un laborioso proceso de eliminación y exclusión. Con una visita al médico no se obtiene normalmente un diagnóstico, ni con un test.
No hay que sentirse culpable por buscar una segunda opinión. La diagnosis es difícil. El curso de la enfermedad varía enormemente de una persona a otra y siempre hay un grado de incertidumbre.
Los miembros de los grupos de apoyo para los que sufren de la enfermedad de Alzheimer pueden ser de gran ayuda al dirigir a las personas afectadas hacia médicos sensibilizados con el problema. Es necesario un médico de cabecera con el que podamos hablar y en quien confiemos, ya que probablemente habrá que consultarle muchas veces. También se aprecian aquellos médicos que están dispuestos a realizar visitas a domicilio cuando sea necesario.
El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer no es definitivo. Hay algunos tests, que tienen que repetirse una vez al año, o a intervalos más frecuentes a medida que avanza la enfermedad, especialmente en los pacientes más jóvenes. Los primeros síntomas de la enfermedad son sutiles, pero si una persona sufre de Alzheimer el declive es constante. Las personas que sufren la enfermedad de Alzheimer no mejoran.
Para la propia tranquilidad de espíritu y por la salud de la persona querida, nunca hay que asumir que se trata de la enfermedad de Alzheimer hasta que se obtengan los resultados de todos los tests.

Historial médico

En realidad, si no recordamos mal, papá empezó a mostrarse deprimido después de su operación de colostomía en 1986. No se encontraba normal. Y, sin embargo, era algo más que una simple depresión. Desde entonces, todo fue cuesta abajo. Había otros síntomas. Tenía entonces sesenta y cuatro años.
Como “cuidadores”, nosotros mismos somos el instrumento de diagnóstico más importante en la búsqueda de la verdad acerca de lo que está causando confusión a nuestras personas queridas. Nuestras reflexiones sobre la historia de sus cambios de comportamiento son preciosas para el médico. Aunque la mayoría de los médicos querrán interrogar al paciente directamente, las personas que están en la primera fase de la enfermedad pueden ser maestros en el fino arte de “disimular”. No pocos médicos han sido engañados por el comportamiento y la apariencia perfectamente normales de personas con Alzheimer en la consulta. Uno sabe que en casa las cosas son diferentes, pero se necesitan datos para probarlo.
Cuando se trata de reconstruir una historia médica y social, hay que recordar dos palabras claves: cambio e inicio.
¿Cuáles son los distintos cambios que has notado en la vida de la persona querida durante las últimas semanas, meses o años? ¿Cuándo notaste por primera vez esos cambios? ¿Se han ido iniciando gradualmente, apareciendo durante un período de tiempo o se han dado de repente?
El marco temporal de la aparición y progresión de los síntomas es una pista importante para los médicos a la hora de dar un diagnóstico o de decidir qué tests realizar. Antes de ir al hospital o a la consulta del médico de cabecera, conviene hacer un repaso de las siguientes preguntas. Incluso es conveniente escribir las respuestas y llevárselas al médico.

Circunstancias y actitudes

¿Ha estado la persona querida inusualmente preocupada, agitada, deprimida, apática o retraída? ¿Cuándo has notado esos cambios por primera vez? ¿Han ocurrido acontecimientos importantes en relación a esos cambios, tales como jubilación, nueva colocación, muerte de un amigo íntimo o pariente, operaciones quirúrgicas?

Comportamiento

¿Qué cambios de comportamiento específicos has notado? ¿Ha habido diferencias en la rutina diaria de la persona afectada? ¿Has observado cambios de personalidad notables como, por ejemplo, pérdida de memoria? Si es así, ¿qué es exactamente lo que olvida?

Conversación:

¿Ha experimentado dificultades con el lenguaje? ¿Ha habido problemas en relación a la capacidad de hablar o de recordar palabras? ¿Se sustituye una palabra por otra al final de las frases? ¿Se mezclan o confunden las frases? ¿Se ha vuelto el habla confusa o ininteligible?

Toma de decisiones

¿Has observado cambios en la capacidad para tomar decisiones?
¿Hay errores de juicio? ¿En relación a qué, exactamente?
¿Tiene la persona dificultades para conducir? Alguna vez se ha despistado y se ha perdido?


Medicinas

Hacer una lista de los fármacos que toma, tanto los recetados como los comprados sin receta. ¿Está tomando los medicamentos correctamente?

Entorno

¿Se queman las cazuelas? ¿Hay montones de cuentas sin pagar?
¿Se amontona el correo? ¿Hay alguna evidencia de que la persona afectada está descuidando sus necesidades de nutrición?

Familia y amigos

¿Qué han notado otras personas —amigos, vecinos, compañeros de trabajo—en relación al comportamiento de la persona querida?

Desorden en el vestir y en el andar

¿Hay algún cambio en la capacidad de la persona para realizar distintas actividades relacionadas con el aseo personal: lavarse, vestirse, hacer sus necesidades? ¿Ha habido algún cambio en la capacidad de andar?

Costumbres

¿Qué cambios has notado en sus costumbres habituales? ¿Hay cosas que se hayan vuelto demasiado difíciles ahora, como hacer el balance de un talonario, cocinar, limpiar, leer, llevar el coche a arreglar, cuidar el jardín? ¿Hay algún pasatiempo o “hobby” favorito que ya no practique? ¿Has observado cambios en la capacidad y el deseo de relacionarse con otras personas?

Enfermedades

¿Qué síntomas físicos específicos experimenta la persona afectada? ¿Ha engordado o adelgazado? ¿Tiene antecedentes de desórdenes metabólicos, como la diabetes, o de tiroides, anormalidades de corazón o pulmón, ataques, mareos, desmayos, dolores de cabeza, temblores, crisis? ¿Hay antecedentes de alcoholismo?
¿Ha sufrido la persona alguna caída reciente o ha tenido recientemente o en el pasado alguna herida en la cabeza? ¿Ha estado expuesta a sustancias químicas tóxicas en el trabajo? ¿Hay algún antecedente de transfusiones de sangre? ¿Cuándo y dónde se realizaron? ¿Hay algún antecedente de la enfermedad de Alzheimer o alguna pérdida de memoria sin diagnosticar en la familia de la persona afectada? ¿Alguna enfermedad nerviosa o mental?
Como “cuidadores”, tenemos que estar seguros de que no hemos dejado piedra sin remover en la búsqueda de la causa de la confusión de nuestra persona querida. Las piedras relativas a la historia de esta persona son las que tenemos que remover nosotros mismos.


Quizá no sea Alzheimer

Al principio nos decíamos, “papá está haciéndose viejo”.
Incluso su medico lo decía y nos dijo que se trataba probablemente del endurecimiento de las arterias que van al cerebro. Así que pensamos, bueno, se está haciendo viejo y se está volviendo senil.
Pero su confusión no era sólo por culpa de la edad, según descubrimos después. Al final lo llevamos a un médico que le escuchó, le hizo un buen examen, un montón de tests y estuvo dispuesto a contarnos más acerca de lo que pasaba.
Un buen sitio para empezar a buscar la verdad acerca de la confusión de la persona enferma es un examen físico general. Esto conlleva algo más que la toma de temperatura, pulso y presión sanguínea.
Incluso si la demencia primaria está causada por la enfermedad de Alzheimer, puede haber asociados problemas crónicos o agudos. Si éstos no se diagnostican ni se tratan, pueden empeorar la confusión causada por el Alzheimer. Por otra parte, puede que algunos de estos problemas sean en sí mismos la causa de la confusión.

Enfermedades e incapacidades crónicas y agudas

Las enfermedades relacionadas con el corazón o los pulmones, tales como la insuficiencia cardiaca congestiva, los desórdenes de ritmo y válvula cardiacos, la pulmonía y una variedad de trastornos pulmonares crónicos obstructivos, pueden contribuir a la falta leve o severa de oxígeno en el cerebro. Esta falta de oxígeno puede, a su vez, causar episodios agudos de confusión y pueden contribuir a la demencia crónica.
A diferencia de la enfermedad de Alzheimer, la demencia multiinfártica a menudo se presenta repentinamente. Su progresión en declive suele ser de naturaleza escalonada, con mesetas. Puede ha-ber evidencia de deterioros neurológicos específicos locales o focales, tales como debilidad muscular en un brazo o en una pierna o habla ininteligible, al contrario del declive más gradual y global de la enfermedad de Alzheimer. Aportado el historial de la persona, el “cuidador” puede ayudar al médico a distinguir entre la enfermedad de Alzheimer y la demencia multi-infártica.
Se puede, y esto sucede frecuentemente, sufrir demencia multiinfártica en combinación con Alzheimer .¿Por qué es importante saber qué problema causa la confusión de la persona? Los tratamientos médicos o quirúrgicos pueden a menudo eliminar o reducir en gran medida la probabilidad de estos ataques si la confusión proviene de la enfermedad vascular y no de la de Alzheimer. Un diagnóstico exacto lleva a una mejoría de la salud.
Hay también otras enfermedades que pueden producir síntomas similares a la demencia progresiva. Las más importantes son la corea de Huntington, la enfermedad de Pick, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, un desorden cerebral extremadamente raro.
Los desarreglos o incapacidades sensoriales pueden ser también un factor en la confusión. A veces, cuando las personas mayores parecen olvidadizas o confusas, el problema es simplemente que sufren de poca visión y de pérdida de audición. Ambos problemas pueden ser corregidos con cirugía o con ayudas mecánicas.

Deficiencias

El cerebro necesita alimento nutritivo para sobrevivir. Si no está adecuadamente alimentado puede volverse confuso, olvidadizo, irritable o deprimido.
Las personas, especialmente las personas mayores que viven solas, pueden sufrir algunas enfermedades relacionadas con la dieta. Si la gente mayor se olvida de comer o no se alimenta suficientemente del tipo de comida adecuada, pueden acabar con deficiencias nutricionales, e incluso con desnutrición crónica. El alcoholismo crónico puede ser también un problema. Ambos estados están asociados a deficiencias vitamínicas y algunas deficiencias vitamínicas contribuyen a tener síntomas de tipo demencial. La sensibilidad a la comida puede causar también confusión.

Depresión

La depresión y la depresión maníaca son otras dos enfermedades que se parecen a la de Alzheimer y que deben ser consideradas cuando se trata de pérdida de memoria.
Las personas con depresión clásica pueden parecer pasivas, indefensas, desesperanzadas y confusas. Las respuestas conductistas e intelectuales pueden ser más lentas de lo normal. La depresión maníaca puede desembocar en cambios de actitud, que oscilan entre un estado de excitación o manía y la depresión profunda.
El inicio de la depresión suele ser más rápido que el de la enfermedad de Alzheimer y puede desencadenarse debido a acontecimientos tales como la muerte de un cónyuge o la pérdida de un empleo. Suele estar acompañada de indicios físicos tales corno la fatiga, el insomnio y la pérdida de peso y de apetito.
El veinte o veinticinco por ciento de las veces, la depresión acompaña a la enfermedad de Alzheimer, exagerándose así los síntomas de demencia. Aunque la enfermedad de Alzheimer no puede curarse, la depresión a menudo responde a los medicamentos antidepresivos

Medicamentos

Una de las causas más corrientemente olvidadas, y sin embargo corregibles, de la confusión en las personas mayores, es la toxicidad de los fármacos. Los efectos de muchos medicamentos se extienden más allá de los propósitos terapéuticos para los cuales se destinaron. Muchos de ellos tienen efectos secundarios potencialmente dañinos, entre los que puede estar la depresión, la desorientación y otros síntomas de demencia
La toxicidad de los fármacos puede ser el resultado, o bien de una acumulación de una medicina concreta, o de una combinación de drogas que pueden producir efectos tóxicos, generalmente al cabo de un tiempo. No es raro que una persona mayor este tomando varios medicamentos distintos, que pueden haber estado guardados durante un período de tiempo largo. Algunas de estas drogas pueden neutralizar otras, cuando se toman al mismo tiempo. O pueden actuar exactamente al revés y acelerar la absorción de la segunda droga, a menudo hasta un nivel de sobredosis. Todas las drogas, incluyendo aquellas que nos pueden parecer inocuas y que se compran sin receta, como los analgésicos, los fármacos para la tos y los laxantes, tienen potencialmente efectos secundarios
Los medicamentos tienen una mayor tendencia a acumularse en los cuerpos de las personas mayores, debido a la disminución del ritmo de filtración de los riñones. La mala circulación, el metabolismo general más lento, el estreñimiento y un nivel más bajo de la función depuradora del hígado, contribuyen a la toxicidad de las drogas con la edad.
Los medicamentos pueden también afectar negativamente a la absorción adecuada de vitaminas, minerales y otros nutrientes. El abuso de algunos antiácidos, por ejemplo, puede provocar deficiencias de tiamina. Los medicamentos pueden también contribuir a desequilibrios nutricionales y electrolíticos, los cuales, a su vez, pueden causar confusión. Incluso algo tan corriente como un laxante, si se toma indiscriminadamente, puede trastornar el equilibrio electrolítico y de fluidos.
La gente mayor a veces consume alcohol en forma de vino o de medicinas para la tos o suplementos vitamínicos líquidos sin receta. El alcohol no combina bien con muchos medicamentos. La confusión es un efecto secundario corriente.
Cuando llevemos a nuestro ser querido al hospital o a la consulta del médico, debemos llevar también sus medicamentos, tanto los recetados como los comprados sin receta, o al menos debemos tener una información exacta de lo que toman y de cuánto tiempo llevan tomándolo. Los medicamentos deben ser definitivamente considerados como un factor contribuyente cuando se sospecha que existe demencia.

Los análisis no mienten

Creo que le hicieron a mi marido todo tipo de análisis que pueda uno imaginarse para asegurarse de que no padecía otra enfermedad que la de Alzheimer. A los cuarenta y cinco años, uno quiere estar seguro.
Ningún examen para detectar la enfermedad de Alzheimer estaría completo sin análisis de sangre y otras pruebas de laboratorio. Todas ellas ayudan a descartar otras posibles causas de demencia. Aunque no todos los médicos usan todos los análisis en cada persona que muestre síntomas de demencia, algunos de los siguientes sí serán realizados:
Análisis de sangre: Debe hacerse una biometría hemática(recuento sanguíneo) completa para descartar la posibilidad de algún proceso infeccioso agudo o crónico subyacente, que pueda causar síntomas parecidos a los del Alzheimer. El recuento sanguíneo puede también detectar otras enfermedades, como cáncer en la sangre o anemia. Los niveles bajos de hemoglobina y hematocritos pueden aumentar la confusión cuando no hay suficientes glóbulos rojos que lleven oxígeno al cerebro.
Hay análisis químicos de la sangre más específicos, que miden el ácido fólico y los niveles de vitamina B12 Los niveles bajos de vitamina B12 pueden estar asociados a la anemia perniciosa. Los síntomas son depresión e irritabilidad. También producen síntomas similares a los de la demencia.
La diabetes y otros desarreglos metabólicos o endocrinos pueden también provocar irritabilidad, cambios de personalidad y confusión. Pueden ser detectados por medio de análisis de sangre.
Las dosis anormalmente altas o bajas de hormona tiroidea pueden desencadenar síntomas de demencia y pueden detectarse a través de distintos estudios. Los niveles anormalmente altos de calcio y sodio y los niveles bajos de sodio con acompañamiento de desequilibrios electrolíticos, pueden también provocar síntomas de demencia.
El envenenamiento causado por ciertos metales como el aluminio, el manganeso, el plomo o el mercurio, se ha relacionado con la demencia, así como los pesticidas, el monóxido de carbono y los contaminantes industriales. Se pueden analizar los niveles sanguíneos de muchos de estos elementos.
En el siglo diecinueve, se creía que la causa número uno de confusión era la sífilis. Aunque hoy en día no es, en general, una causa principal de demencia, una evaluación completa debería incluir un análisis de sangre para las enfermedades venéreas crónicas.
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es otro proceso infeccioso que no hay que descartar automáticamente. La demencia es una complicación frecuente en el SIDA. Pueden hacerse análisis de sangre para detectar la presencia del virus del SIDA si los síntomas y el historial clínico indican que es necesario.
Análisis de orina: La analítica de orina puede descartar las infecciones agudas del tracto urinario, que, en las personas mayores, pueden causar confusión. Los niveles altos de azúcar y acetona en la orina pueden también indicar diabetes y la necesidad de análisis de sangre más extensos. Los análisis de sangre y de orina pueden revelar evidencia de sobredosis de medicamentos
Análisis de líquido raquídeo: la médula espinal forma parte del sistema nervioso central. El líquido cefalorraquídeo, que fluye por la médula espinal, baña también el cerebro. Algunos médicos recomiendan las punciones lumbares como instrumento de diagnóstico, si hay motivos para sospechar que podrían ayudar a descartar un proceso infeccioso. En este procedimiento, se extrae una pequeña cantidad de líquido raquídeo de la médula espinal y luego se analiza.
Los tumores cerebrales, algunas enfermedades de los vasos sanguíneos y los procesos infecciosos agudos y crónicos, tales como la meningitis y la tuberculosis, pueden ser diagnosticados a través de punciones lumbares.
Un neurólogo o el médico de cabecera pueden realizar un examen o mini-examen de estado mental. Las distintas pruebas que forman parte del examen indican la capacidad de funcionamiento de las distintas partes del cerebro. Las preguntas más complejas pueden proporcionar pistas acerca de la causa y de la progresión de la demencia.
Los exámenes de estado mental generalmente miden lo que se conoce como función cognoscitiva. La palabra “conocimiento”, utilizada ampliamente por profesionales sanitarios cuando se refieren a la demencia, significa “el proceso o la calidad del saber”. El conocimiento incluye nuestra capacidad de razonar y recordar, de percibir y de emitir juicios, de concebir y de imaginar. Todas las actividades mentales que nos hacen únicos, humanos.
Los exámenes de estado mental pueden repetirse periódicamente para evaluar mejor el nivel de funcionamiento de la mente y su ritmo de cambio. Las preguntas que se utilizan examinan diferentes áreas:
- Grado de orientación de tiempo, lugar, personas. ¿Saben qué día es, dónde están, quiénes son? ¿Están al tanto de los acontecimientos actuales? Por ejemplo, ¿saben quién es el presidente del gobierno?.
- Memoria del pasado remoto y reciente. ¿Saben decir dónde y cuándo nacieron? ¿Saben los nombres de sus padres? ¿Pueden repetir de memoria una serie sencilla de números o de objetos fami­liares cinco minutos después de que se les diga cuáles son esos números u objetos?
- Habilidad matemática. ¿Pueden resolver cálculos matemáticos sencillos? Por ejemplo, ¿pueden contar hacia atrás desde cien en múltiplos de tres o cuatro?
- Capacidad de razonamiento abstracto y de juicio. ¿Saben el significado de refranes sencillos, tales como “Mas vale pájaro en mano que ciento volando”? Si les dijeran que hay fuego en la cocina, ¿qué harían? Tienen respuestas lógicas?
- Lectura, escritura y dibujo simbólico. ¿Son capaces de leer?
¿Entienden lo que están leyendo? ¿Pueden construir una frase o párrafo? ¿Pueden copiar un dibujo sencillo, como dos triángulos o rectángulos superpuestos? ¿Pueden dibujar la esfera de un reloj y colocar los números correctos en los lugares correspondientes?
A menudo, nos olvidamos de la importancia de nuestra mente. Los exámenes de estado mental nos recuerdan cuánto importa y cómo puede verse adversamente afectada por una enfermedad como la de Alzheimer.


Examinarse la cabeza

Es muy frecuente oír la expresión “Deberías ir a que te examinen la cabeza”‘. De hecho, esto es precisamente lo que los médicos ordenan a una persona confusa, que puede estar padeciendo la enfermedad de Alzheimer.
Un examen neurológico completo de daños mentales puede incluir un electroencefalograma , un TAC o una resonancia magnética, bien al principio de la investigación, o bien después de que se hayan hecho test más sencillos sin llegar a un diagnóstico. El electroencefalograma mide la actividad eléctrica en el cerebro. Consiste en colocar unos cables muy pequeños, llamados electrodos, a un lado de la cabeza con una sustancia pegajosa. Las ondas cerebrales de la persona enferma pueden aparecer perfectamente normales o pueden mostrar una actividad eléctrica anormalmente lenta.
Los electroencefalogramas pueden ayudar a identificar otras causas de demencia con síntomas que imitan a los del Alzheimer, tales como el delirio y algunos desórdenes convulsivos que pueden haber estado sin diagnosticar en el pasado.
El TAC o tomografía axial computarizada es una radiografía del cerebro mismo, hecha con computador. Normalmente, todos experimentamos un cierto grado de atrofia cerebral o de disminución y pérdida de peso cerebral a medida que envejecemos, debido a la disminución del número de células cerebrales vivas. La enfermedad de Alzheimer acelera significativamente, el proceso de disminución de muerte cerebral.
El TAC puede medir la atrofia cerebral, indicando espacio entre el cráneo y el cerebro, relativa a una extensa pérdida de tejido nervioso en la corteza cerebral o cobertura externa del cerebro. Se puede hacer un diagnóstico de atrofia leve o severa, dependiendo del tamaño del espacio.
Normalmente, aunque no siempre, cuanto mayor es el grado de demencia, mayor es la atrofia.
Los espacios internos del cerebro o ventrículos, por donde el fluido cerebro-espinal normalmente circula, también aumentan de tamaño a medida que la sustancia cerebral se destruye y es reemplazada por más fluido. El tamaño de los ventrículos puede ser directamente proporcional al grado de demencia.
La imagen por resonancia magnética (IRM) es una de las técnicas más recientes para examinar la cabeza. La IRM proporciona una imagen del cerebro más detallada que la del TAC,y puede solicitarse, si los resultados del TAC son insuficientes para realizar un diagnóstico.
Desgraciadamente, los TAC o IRM no pueden, por sí solos, proporcionar un diagnóstico absoluto de la enfermedad de Alzheimer. La disminución del cerebro no siempre es aparente. En cualquier caso, la única prueba absoluta se consigue por medio de una autopsia cerebral después de la muerte. Pero lo que hacen estos tests, en conjunción con otros, es eliminar otras posibles causas de demencia. Los escáners pueden detectar tumores cerebrales, quistes, coágulos de sangre o hematomas que pueden ser consecuencia de caídas y golpes en la cabeza; hidrocéfalos de presión normal o fluido en el cerebro; y la actividad de ataques o embolias de la demencia multi-infártica.
Puede también detectarse la enfermedad de Pick, una demencia que produce grados menores de pérdida de memoria que la de Alzheimer, pero mayores grados de comportamiento social y sexual inadecuado. Se hace evidente por una atrofia severa en la zona de la corteza temporal del cerebro. De nuevo, este diagnóstico no es concluyente, si no es con la autopsia cerebral.
Además de los electroencefalogramas y los TAC e IRM, los procedimientos TEP (tomografía por emisión de positrones) se hacen a veces en unidades de investigación. Hoy en día son muy caros y se usan en contadas ocasiones, pero pueden ser un instrumento de diagnosis en el futuro.
En este procedimiento, se inyecta en el cerebro glucosa radioactiva y se realizan estudios para determinar qué zonas del cerebro son capaces de metabolizar la glucosa. Si una persona padece Alzheimer, habrá unas zonas “muertas” en su cerebro, especialmente en los lóbulos temporal y parietal, donde no tendrá lugar ningún metabolismo.
Un instrumento de diagnóstico aún más reciente es el llamado TCEUF (tomografía computarizada por emisión de un único fotón). Los investigadores confían en que este procedimiento ayudará a separar los tipos de demencia tratables, de los irreversibles como el Alzheimer.
Todos estos procedimientos no son dolorosos, pero pueden ser atemorizantes para una persona que, para empezar, está confusa. Se suelen hacer en hospitales concurridos, sobre camillas o mesas frías, duras e incómodas. Si la persona no se relaja o si se mueve, puede ser difícil conseguir resultados exactos. Se puede solicitar un sedante suave antes de las pruebas.
Un “cuidador” le dijo a su mujer que la llevaba al salón de belleza. Cuando llegaron al hospital, se quedó encantada. El escáner TAC, que tiene forma de cuenco, parecía un secador de pelo gigante. En cuanto se lo colocaron, se quedó dormida.
Puede ser necesario, por tanto, acompañar a la persona enferma a la zona de pruebas (algo en lo que quizás haya que insistir), alentarla y apelar a su sentido del humor.
Si los síntomas de una persona son de inicio reciente, puede que se le realicen uno o más de los anteriores procedimientos. Si los síntomas han aumentado progresivamente durante varios años, puede que entonces no. Pero todos son opciones a considerar cuando se busca la verdad.

TOMADO DE:
Fish, Sharon. Enfermos de Alzheimer.



 

   

 

Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004
Luis Enrique Pérez Rodríguez
Técnico en suelos. (Jubilado)