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El día que esté viejo y ya no sea el
mismo,
ten paciencia y compréndeme De la misma manera como
te he acompañado en tu sendero te ruego que me acompañes
a terminar el mío.
Dame amor y paciencia
Creo que mi madre tiene Alzheimer me confió una amiga
por teléfono una noche. Tiene los mismos síntomas
que tu madre. Está confusa y olvidadiza. Ni siquiera recuerda su
propio nombre o el mío y está sufriendo muchos cambios de
personalidad.
¿Cuánto tiempo lleva ocurriendo esto? pregunté
asombrada, ya que era la primera vez que mi amiga mencionaba un cambio
en el comportamiento de su madre.
Más o menos, un mes contestó.
Dije a mi amiga que la enfermedad de su madre podía no ser Alzheimer,
que es una enfermedad que se desarrolla más gradualmente, y le
animé a que llevara a su madre al médico inmediatamente.
La madre de mi amiga recibió un diagnóstico poco después.
No tenía la enfermedad de Alzheimer. Tenía un tumor cerebral
que estaba creciendo con rapidez.
Durante las pasadas décadas, la enfermedad de Alzheimer ha sido
una de las enfermedades menos diagnosticadas. Hoy en día, ha salido
de la oscuridad y se ha convertido en una de las más diagnosticadas
erróneamente, particularmente entre amigos y familiares que han
leído acerca de ella en medios populares.
Incluso algunos profesionales sanitarios son culpables de realizar un
diagnóstico instantáneo. Desgraciadamente, no es raro oír
a personas que dicen: El médico de mi marido le echó
un vistazo y dijo:
Tiene todos los síntomas de Alzheimer. No es necesario hacer ninguna
prueba .
Sin embargo, informes de autopsias cerebrales han indicado que un número
significativo de personas a las que se les diagnosticó la enfermedad
de Alzheimer, de hecho no la padecían. No mostraban los característicos
cambios físicos de esta enfermedad en el cerebro, aunque hubieran
tenido síntomas de demencia cerebral. (Los cambios físicos
característicos incluyen placas seniles y ovillos neurofibrilares,
que se forman en el tejido cerebral de las personas con la enfermedad
de Alzheimer).
La enfermedad de Alzheimer no es el único proceso maligno que causa
demencia. Ni mucho menos. Hay más de cincuenta desórdenes
diferentes cuyos síntomas pueden imitar a los del Alzheimer. Mientras
que algunos de estos trastornos son crónicos e incurables, muchos
otros pueden ser tratados, anulados o curados completamente. Muchos de
ellos no tienen su causa en el cerebro.
Existe siempre la necesidad, en el caso de pérdida de memoria y
confusión, de llevar a cabo un examen y diagnóstico completo
lo antes posible. Esto es aplicable a la confusión leve o severa,
cualquiera que sea la edad de la persona. El examen debe incluir un historial
médico y un chequeo completos, distintos análisis de sangre,
una estimación neurológica y psicológica y, en algunos
casos, una evaluación psiquiátrica.
El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer conlleva un laborioso
proceso de eliminación y exclusión. Con una visita al médico
no se obtiene normalmente un diagnóstico, ni con un test.
No hay que sentirse culpable por buscar una segunda opinión. La
diagnosis es difícil. El curso de la enfermedad varía enormemente
de una persona a otra y siempre hay un grado de incertidumbre.
Los miembros de los grupos de apoyo para los que sufren de la enfermedad
de Alzheimer pueden ser de gran ayuda al dirigir a las personas afectadas
hacia médicos sensibilizados con el problema. Es necesario un médico
de cabecera con el que podamos hablar y en quien confiemos, ya que probablemente
habrá que consultarle muchas veces. También se aprecian
aquellos médicos que están dispuestos a realizar visitas
a domicilio cuando sea necesario.
El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer no es definitivo.
Hay algunos tests, que tienen que repetirse una vez al año, o a
intervalos más frecuentes a medida que avanza la enfermedad, especialmente
en los pacientes más jóvenes. Los primeros síntomas
de la enfermedad son sutiles, pero si una persona sufre de Alzheimer el
declive es constante. Las personas que sufren la enfermedad de Alzheimer
no mejoran.
Para la propia tranquilidad de espíritu y por la salud de la persona
querida, nunca hay que asumir que se trata de la enfermedad de Alzheimer
hasta que se obtengan los resultados de todos los tests.
Historial médico
En realidad, si no recordamos mal, papá empezó a mostrarse
deprimido después de su operación de colostomía en
1986. No se encontraba normal. Y, sin embargo, era algo más que
una simple depresión. Desde entonces, todo fue cuesta abajo. Había
otros síntomas. Tenía entonces sesenta y cuatro años.
Como cuidadores, nosotros mismos somos el instrumento de diagnóstico
más importante en la búsqueda de la verdad acerca de lo
que está causando confusión a nuestras personas queridas.
Nuestras reflexiones sobre la historia de sus cambios de comportamiento
son preciosas para el médico. Aunque la mayoría de los médicos
querrán interrogar al paciente directamente, las personas que están
en la primera fase de la enfermedad pueden ser maestros en el fino arte
de disimular. No pocos médicos han sido engañados
por el comportamiento y la apariencia perfectamente normales de personas
con Alzheimer en la consulta. Uno sabe que en casa las cosas son diferentes,
pero se necesitan datos para probarlo.
Cuando se trata de reconstruir una historia médica y social, hay
que recordar dos palabras claves: cambio e inicio.
¿Cuáles son los distintos cambios que has notado en la vida
de la persona querida durante las últimas semanas, meses o años?
¿Cuándo notaste por primera vez esos cambios? ¿Se
han ido iniciando gradualmente, apareciendo durante un período
de tiempo o se han dado de repente?
El marco temporal de la aparición y progresión de los síntomas
es una pista importante para los médicos a la hora de dar un diagnóstico
o de decidir qué tests realizar. Antes de ir al hospital o a la
consulta del médico de cabecera, conviene hacer un repaso de las
siguientes preguntas. Incluso es conveniente escribir las respuestas y
llevárselas al médico.
Circunstancias y actitudes
¿Ha estado la persona querida inusualmente preocupada, agitada,
deprimida, apática o retraída? ¿Cuándo has
notado esos cambios por primera vez? ¿Han ocurrido acontecimientos
importantes en relación a esos cambios, tales como jubilación,
nueva colocación, muerte de un amigo íntimo o pariente,
operaciones quirúrgicas?
Comportamiento
¿Qué cambios de comportamiento específicos has notado?
¿Ha habido diferencias en la rutina diaria de la persona afectada?
¿Has observado cambios de personalidad notables como, por ejemplo,
pérdida de memoria? Si es así, ¿qué es exactamente
lo que olvida?
Conversación:
¿Ha experimentado dificultades con el lenguaje? ¿Ha habido
problemas en relación a la capacidad de hablar o de recordar palabras?
¿Se sustituye una palabra por otra al final de las frases? ¿Se
mezclan o confunden las frases? ¿Se ha vuelto el habla confusa
o ininteligible?
Toma de decisiones
¿Has observado cambios en la capacidad para tomar decisiones?
¿Hay errores de juicio? ¿En relación a qué,
exactamente?
¿Tiene la persona dificultades para conducir? Alguna vez se ha
despistado y se ha perdido?
Medicinas
Hacer una lista de los fármacos que toma, tanto los recetados
como los comprados sin receta. ¿Está tomando los medicamentos
correctamente?
Entorno
¿Se queman las cazuelas? ¿Hay montones de cuentas sin pagar?
¿Se amontona el correo? ¿Hay alguna evidencia de que la
persona afectada está descuidando sus necesidades de nutrición?
Familia y amigos
¿Qué han notado otras personas amigos, vecinos, compañeros
de trabajoen relación al comportamiento de la persona querida?
Desorden en el vestir y en el andar
¿Hay algún cambio en la capacidad de la persona para realizar
distintas actividades relacionadas con el aseo personal: lavarse, vestirse,
hacer sus necesidades? ¿Ha habido algún cambio en la capacidad
de andar?
Costumbres
¿Qué cambios has notado en sus costumbres habituales? ¿Hay
cosas que se hayan vuelto demasiado difíciles ahora, como hacer
el balance de un talonario, cocinar, limpiar, leer, llevar el coche a
arreglar, cuidar el jardín? ¿Hay algún pasatiempo
o hobby favorito que ya no practique? ¿Has observado
cambios en la capacidad y el deseo de relacionarse con otras personas?
Enfermedades
¿Qué síntomas físicos específicos
experimenta la persona afectada? ¿Ha engordado o adelgazado? ¿Tiene
antecedentes de desórdenes metabólicos, como la diabetes,
o de tiroides, anormalidades de corazón o pulmón, ataques,
mareos, desmayos, dolores de cabeza, temblores, crisis? ¿Hay antecedentes
de alcoholismo?
¿Ha sufrido la persona alguna caída reciente o ha tenido
recientemente o en el pasado alguna herida en la cabeza? ¿Ha estado
expuesta a sustancias químicas tóxicas en el trabajo? ¿Hay
algún antecedente de transfusiones de sangre? ¿Cuándo
y dónde se realizaron? ¿Hay algún antecedente de
la enfermedad de Alzheimer o alguna pérdida de memoria sin diagnosticar
en la familia de la persona afectada? ¿Alguna enfermedad nerviosa
o mental?
Como cuidadores, tenemos que estar seguros de que no hemos
dejado piedra sin remover en la búsqueda de la causa de la confusión
de nuestra persona querida. Las piedras relativas a la historia de esta
persona son las que tenemos que remover nosotros mismos.
Quizá no sea Alzheimer
Al principio nos decíamos, papá está haciéndose
viejo.
Incluso su medico lo decía y nos dijo que se trataba probablemente
del endurecimiento de las arterias que van al cerebro. Así que
pensamos, bueno, se está haciendo viejo y se está volviendo
senil.
Pero su confusión no era sólo por culpa de la edad, según
descubrimos después. Al final lo llevamos a un médico que
le escuchó, le hizo un buen examen, un montón de tests y
estuvo dispuesto a contarnos más acerca de lo que pasaba.
Un buen sitio para empezar a buscar la verdad acerca de la confusión
de la persona enferma es un examen físico general. Esto conlleva
algo más que la toma de temperatura, pulso y presión sanguínea.
Incluso si la demencia primaria está causada por la enfermedad
de Alzheimer, puede haber asociados problemas crónicos o agudos.
Si éstos no se diagnostican ni se tratan, pueden empeorar la confusión
causada por el Alzheimer. Por otra parte, puede que algunos de estos problemas
sean en sí mismos la causa de la confusión.
Enfermedades e incapacidades crónicas y agudas
Las enfermedades relacionadas con el corazón o los pulmones, tales
como la insuficiencia cardiaca congestiva, los desórdenes de ritmo
y válvula cardiacos, la pulmonía y una variedad de trastornos
pulmonares crónicos obstructivos, pueden contribuir a la falta
leve o severa de oxígeno en el cerebro. Esta falta de oxígeno
puede, a su vez, causar episodios agudos de confusión y pueden
contribuir a la demencia crónica.
A diferencia de la enfermedad de Alzheimer, la demencia multiinfártica
a menudo se presenta repentinamente. Su progresión en declive suele
ser de naturaleza escalonada, con mesetas. Puede ha-ber evidencia de deterioros
neurológicos específicos locales o focales, tales como debilidad
muscular en un brazo o en una pierna o habla ininteligible, al contrario
del declive más gradual y global de la enfermedad de Alzheimer.
Aportado el historial de la persona, el cuidador puede ayudar
al médico a distinguir entre la enfermedad de Alzheimer y la demencia
multi-infártica.
Se puede, y esto sucede frecuentemente, sufrir demencia multiinfártica
en combinación con Alzheimer .¿Por qué es importante
saber qué problema causa la confusión de la persona? Los
tratamientos médicos o quirúrgicos pueden a menudo eliminar
o reducir en gran medida la probabilidad de estos ataques si la confusión
proviene de la enfermedad vascular y no de la de Alzheimer. Un diagnóstico
exacto lleva a una mejoría de la salud.
Hay también otras enfermedades que pueden producir síntomas
similares a la demencia progresiva. Las más importantes son la
corea de Huntington, la enfermedad de Pick, la esclerosis múltiple,
la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad de Parkinson y
la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, un desorden cerebral extremadamente
raro.
Los desarreglos o incapacidades sensoriales pueden ser también
un factor en la confusión. A veces, cuando las personas mayores
parecen olvidadizas o confusas, el problema es simplemente que sufren
de poca visión y de pérdida de audición. Ambos problemas
pueden ser corregidos con cirugía o con ayudas mecánicas.
Deficiencias
El cerebro necesita alimento nutritivo para sobrevivir. Si no está
adecuadamente alimentado puede volverse confuso, olvidadizo, irritable
o deprimido.
Las personas, especialmente las personas mayores que viven solas, pueden
sufrir algunas enfermedades relacionadas con la dieta. Si la gente mayor
se olvida de comer o no se alimenta suficientemente del tipo de comida
adecuada, pueden acabar con deficiencias nutricionales, e incluso con
desnutrición crónica. El alcoholismo crónico puede
ser también un problema. Ambos estados están asociados a
deficiencias vitamínicas y algunas deficiencias vitamínicas
contribuyen a tener síntomas de tipo demencial. La sensibilidad
a la comida puede causar también confusión.
Depresión
La depresión y la depresión maníaca son otras dos
enfermedades que se parecen a la de Alzheimer y que deben ser consideradas
cuando se trata de pérdida de memoria.
Las personas con depresión clásica pueden parecer pasivas,
indefensas, desesperanzadas y confusas. Las respuestas conductistas e
intelectuales pueden ser más lentas de lo normal. La depresión
maníaca puede desembocar en cambios de actitud, que oscilan entre
un estado de excitación o manía y la depresión profunda.
El inicio de la depresión suele ser más rápido que
el de la enfermedad de Alzheimer y puede desencadenarse debido a acontecimientos
tales como la muerte de un cónyuge o la pérdida de un empleo.
Suele estar acompañada de indicios físicos tales corno la
fatiga, el insomnio y la pérdida de peso y de apetito.
El veinte o veinticinco por ciento de las veces, la depresión acompaña
a la enfermedad de Alzheimer, exagerándose así los síntomas
de demencia. Aunque la enfermedad de Alzheimer no puede curarse, la depresión
a menudo responde a los medicamentos antidepresivos
Medicamentos
Una de las causas más corrientemente olvidadas, y sin embargo
corregibles, de la confusión en las personas mayores, es la toxicidad
de los fármacos. Los efectos de muchos medicamentos se extienden
más allá de los propósitos terapéuticos para
los cuales se destinaron. Muchos de ellos tienen efectos secundarios potencialmente
dañinos, entre los que puede estar la depresión, la desorientación
y otros síntomas de demencia
La toxicidad de los fármacos puede ser el resultado, o bien de
una acumulación de una medicina concreta, o de una combinación
de drogas que pueden producir efectos tóxicos, generalmente al
cabo de un tiempo. No es raro que una persona mayor este tomando varios
medicamentos distintos, que pueden haber estado guardados durante un período
de tiempo largo. Algunas de estas drogas pueden neutralizar otras, cuando
se toman al mismo tiempo. O pueden actuar exactamente al revés
y acelerar la absorción de la segunda droga, a menudo hasta un
nivel de sobredosis. Todas las drogas, incluyendo aquellas que nos pueden
parecer inocuas y que se compran sin receta, como los analgésicos,
los fármacos para la tos y los laxantes, tienen potencialmente
efectos secundarios
Los medicamentos tienen una mayor tendencia a acumularse en los cuerpos
de las personas mayores, debido a la disminución del ritmo de filtración
de los riñones. La mala circulación, el metabolismo general
más lento, el estreñimiento y un nivel más bajo de
la función depuradora del hígado, contribuyen a la toxicidad
de las drogas con la edad.
Los medicamentos pueden también afectar negativamente a la absorción
adecuada de vitaminas, minerales y otros nutrientes. El abuso de algunos
antiácidos, por ejemplo, puede provocar deficiencias de tiamina.
Los medicamentos pueden también contribuir a desequilibrios nutricionales
y electrolíticos, los cuales, a su vez, pueden causar confusión.
Incluso algo tan corriente como un laxante, si se toma indiscriminadamente,
puede trastornar el equilibrio electrolítico y de fluidos.
La gente mayor a veces consume alcohol en forma de vino o de medicinas
para la tos o suplementos vitamínicos líquidos sin receta.
El alcohol no combina bien con muchos medicamentos. La confusión
es un efecto secundario corriente.
Cuando llevemos a nuestro ser querido al hospital o a la consulta del
médico, debemos llevar también sus medicamentos, tanto los
recetados como los comprados sin receta, o al menos debemos tener una
información exacta de lo que toman y de cuánto tiempo llevan
tomándolo. Los medicamentos deben ser definitivamente considerados
como un factor contribuyente cuando se sospecha que existe demencia.
Los análisis no mienten
Creo que le hicieron a mi marido todo tipo de análisis que pueda
uno imaginarse para asegurarse de que no padecía otra enfermedad
que la de Alzheimer. A los cuarenta y cinco años, uno quiere estar
seguro.
Ningún examen para detectar la enfermedad de Alzheimer estaría
completo sin análisis de sangre y otras pruebas de laboratorio.
Todas ellas ayudan a descartar otras posibles causas de demencia. Aunque
no todos los médicos usan todos los análisis en cada persona
que muestre síntomas de demencia, algunos de los siguientes sí
serán realizados:
Análisis de sangre: Debe hacerse una biometría hemática(recuento
sanguíneo) completa para descartar la posibilidad de algún
proceso infeccioso agudo o crónico subyacente, que pueda causar
síntomas parecidos a los del Alzheimer. El recuento sanguíneo
puede también detectar otras enfermedades, como cáncer en
la sangre o anemia. Los niveles bajos de hemoglobina y hematocritos pueden
aumentar la confusión cuando no hay suficientes glóbulos
rojos que lleven oxígeno al cerebro.
Hay análisis químicos de la sangre más específicos,
que miden el ácido fólico y los niveles de vitamina B12
Los niveles bajos de vitamina B12 pueden estar asociados a la anemia perniciosa.
Los síntomas son depresión e irritabilidad. También
producen síntomas similares a los de la demencia.
La diabetes y otros desarreglos metabólicos o endocrinos pueden
también provocar irritabilidad, cambios de personalidad y confusión.
Pueden ser detectados por medio de análisis de sangre.
Las dosis anormalmente altas o bajas de hormona tiroidea pueden desencadenar
síntomas de demencia y pueden detectarse a través de distintos
estudios. Los niveles anormalmente altos de calcio y sodio y los niveles
bajos de sodio con acompañamiento de desequilibrios electrolíticos,
pueden también provocar síntomas de demencia.
El envenenamiento causado por ciertos metales como el aluminio, el manganeso,
el plomo o el mercurio, se ha relacionado con la demencia, así
como los pesticidas, el monóxido de carbono y los contaminantes
industriales. Se pueden analizar los niveles sanguíneos de muchos
de estos elementos.
En el siglo diecinueve, se creía que la causa número uno
de confusión era la sífilis. Aunque hoy en día no
es, en general, una causa principal de demencia, una evaluación
completa debería incluir un análisis de sangre para las
enfermedades venéreas crónicas.
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es otro proceso
infeccioso que no hay que descartar automáticamente. La demencia
es una complicación frecuente en el SIDA. Pueden hacerse análisis
de sangre para detectar la presencia del virus del SIDA si los síntomas
y el historial clínico indican que es necesario.
Análisis de orina: La analítica de orina puede descartar
las infecciones agudas del tracto urinario, que, en las personas mayores,
pueden causar confusión. Los niveles altos de azúcar y acetona
en la orina pueden también indicar diabetes y la necesidad de análisis
de sangre más extensos. Los análisis de sangre y de orina
pueden revelar evidencia de sobredosis de medicamentos
Análisis de líquido raquídeo: la médula espinal
forma parte del sistema nervioso central. El líquido cefalorraquídeo,
que fluye por la médula espinal, baña también el
cerebro. Algunos médicos recomiendan las punciones lumbares como
instrumento de diagnóstico, si hay motivos para sospechar que podrían
ayudar a descartar un proceso infeccioso. En este procedimiento, se extrae
una pequeña cantidad de líquido raquídeo de la médula
espinal y luego se analiza.
Los tumores cerebrales, algunas enfermedades de los vasos sanguíneos
y los procesos infecciosos agudos y crónicos, tales como la meningitis
y la tuberculosis, pueden ser diagnosticados a través de punciones
lumbares.
Un neurólogo o el médico de cabecera pueden realizar un
examen o mini-examen de estado mental. Las distintas pruebas que forman
parte del examen indican la capacidad de funcionamiento de las distintas
partes del cerebro. Las preguntas más complejas pueden proporcionar
pistas acerca de la causa y de la progresión de la demencia.
Los exámenes de estado mental generalmente miden lo que se conoce
como función cognoscitiva. La palabra conocimiento,
utilizada ampliamente por profesionales sanitarios cuando se refieren
a la demencia, significa el proceso o la calidad del saber.
El conocimiento incluye nuestra capacidad de razonar y recordar, de percibir
y de emitir juicios, de concebir y de imaginar. Todas las actividades
mentales que nos hacen únicos, humanos.
Los exámenes de estado mental pueden repetirse periódicamente
para evaluar mejor el nivel de funcionamiento de la mente y su ritmo de
cambio. Las preguntas que se utilizan examinan diferentes áreas:
- Grado de orientación de tiempo, lugar, personas. ¿Saben
qué día es, dónde están, quiénes son?
¿Están al tanto de los acontecimientos actuales? Por ejemplo,
¿saben quién es el presidente del gobierno?.
- Memoria del pasado remoto y reciente. ¿Saben decir dónde
y cuándo nacieron? ¿Saben los nombres de sus padres? ¿Pueden
repetir de memoria una serie sencilla de números o de objetos familiares
cinco minutos después de que se les diga cuáles son esos
números u objetos?
- Habilidad matemática. ¿Pueden resolver cálculos
matemáticos sencillos? Por ejemplo, ¿pueden contar hacia
atrás desde cien en múltiplos de tres o cuatro?
- Capacidad de razonamiento abstracto y de juicio. ¿Saben el significado
de refranes sencillos, tales como Mas vale pájaro en mano
que ciento volando? Si les dijeran que hay fuego en la cocina, ¿qué
harían? Tienen respuestas lógicas?
- Lectura, escritura y dibujo simbólico. ¿Son capaces de
leer?
¿Entienden lo que están leyendo? ¿Pueden construir
una frase o párrafo? ¿Pueden copiar un dibujo sencillo,
como dos triángulos o rectángulos superpuestos? ¿Pueden
dibujar la esfera de un reloj y colocar los números correctos en
los lugares correspondientes?
A menudo, nos olvidamos de la importancia de nuestra mente. Los exámenes
de estado mental nos recuerdan cuánto importa y cómo puede
verse adversamente afectada por una enfermedad como la de Alzheimer.
Examinarse la cabeza
Es muy frecuente oír la expresión Deberías
ir a que te examinen la cabeza. De hecho, esto es precisamente
lo que los médicos ordenan a una persona confusa, que puede estar
padeciendo la enfermedad de Alzheimer.
Un examen neurológico completo de daños mentales puede incluir
un electroencefalograma , un TAC o una resonancia magnética, bien
al principio de la investigación, o bien después de que
se hayan hecho test más sencillos sin llegar a un diagnóstico.
El electroencefalograma mide la actividad eléctrica en el cerebro.
Consiste en colocar unos cables muy pequeños, llamados electrodos,
a un lado de la cabeza con una sustancia pegajosa. Las ondas cerebrales
de la persona enferma pueden aparecer perfectamente normales o pueden
mostrar una actividad eléctrica anormalmente lenta.
Los electroencefalogramas pueden ayudar a identificar otras causas de
demencia con síntomas que imitan a los del Alzheimer, tales como
el delirio y algunos desórdenes convulsivos que pueden haber estado
sin diagnosticar en el pasado.
El TAC o tomografía axial computarizada es una radiografía
del cerebro mismo, hecha con computador. Normalmente, todos experimentamos
un cierto grado de atrofia cerebral o de disminución y pérdida
de peso cerebral a medida que envejecemos, debido a la disminución
del número de células cerebrales vivas. La enfermedad de
Alzheimer acelera significativamente, el proceso de disminución
de muerte cerebral.
El TAC puede medir la atrofia cerebral, indicando espacio entre el cráneo
y el cerebro, relativa a una extensa pérdida de tejido nervioso
en la corteza cerebral o cobertura externa del cerebro. Se puede hacer
un diagnóstico de atrofia leve o severa, dependiendo del tamaño
del espacio.
Normalmente, aunque no siempre, cuanto mayor es el grado de demencia,
mayor es la atrofia.
Los espacios internos del cerebro o ventrículos, por donde el fluido
cerebro-espinal normalmente circula, también aumentan de tamaño
a medida que la sustancia cerebral se destruye y es reemplazada por más
fluido. El tamaño de los ventrículos puede ser directamente
proporcional al grado de demencia.
La imagen por resonancia magnética (IRM) es una de las técnicas
más recientes para examinar la cabeza. La IRM proporciona una imagen
del cerebro más detallada que la del TAC,y puede solicitarse, si
los resultados del TAC son insuficientes para realizar un diagnóstico.
Desgraciadamente, los TAC o IRM no pueden, por sí solos, proporcionar
un diagnóstico absoluto de la enfermedad de Alzheimer. La disminución
del cerebro no siempre es aparente. En cualquier caso, la única
prueba absoluta se consigue por medio de una autopsia cerebral después
de la muerte. Pero lo que hacen estos tests, en conjunción con
otros, es eliminar otras posibles causas de demencia. Los escáners
pueden detectar tumores cerebrales, quistes, coágulos de sangre
o hematomas que pueden ser consecuencia de caídas y golpes en la
cabeza; hidrocéfalos de presión normal o fluido en el cerebro;
y la actividad de ataques o embolias de la demencia multi-infártica.
Puede también detectarse la enfermedad de Pick, una demencia que
produce grados menores de pérdida de memoria que la de Alzheimer,
pero mayores grados de comportamiento social y sexual inadecuado. Se hace
evidente por una atrofia severa en la zona de la corteza temporal del
cerebro. De nuevo, este diagnóstico no es concluyente, si no es
con la autopsia cerebral.
Además de los electroencefalogramas y los TAC e IRM, los procedimientos
TEP (tomografía por emisión de positrones) se hacen a veces
en unidades de investigación. Hoy en día son muy caros y
se usan en contadas ocasiones, pero pueden ser un instrumento de diagnosis
en el futuro.
En este procedimiento, se inyecta en el cerebro glucosa radioactiva y
se realizan estudios para determinar qué zonas del cerebro son
capaces de metabolizar la glucosa. Si una persona padece Alzheimer, habrá
unas zonas muertas en su cerebro, especialmente en los lóbulos
temporal y parietal, donde no tendrá lugar ningún metabolismo.
Un instrumento de diagnóstico aún más reciente es
el llamado TCEUF (tomografía computarizada por emisión de
un único fotón). Los investigadores confían en que
este procedimiento ayudará a separar los tipos de demencia tratables,
de los irreversibles como el Alzheimer.
Todos estos procedimientos no son dolorosos, pero pueden ser atemorizantes
para una persona que, para empezar, está confusa. Se suelen hacer
en hospitales concurridos, sobre camillas o mesas frías, duras
e incómodas. Si la persona no se relaja o si se mueve, puede ser
difícil conseguir resultados exactos. Se puede solicitar un sedante
suave antes de las pruebas.
Un cuidador le dijo a su mujer que la llevaba al salón
de belleza. Cuando llegaron al hospital, se quedó encantada. El
escáner TAC, que tiene forma de cuenco, parecía un secador
de pelo gigante. En cuanto se lo colocaron, se quedó dormida.
Puede ser necesario, por tanto, acompañar a la persona enferma
a la zona de pruebas (algo en lo que quizás haya que insistir),
alentarla y apelar a su sentido del humor.
Si los síntomas de una persona son de inicio reciente, puede que
se le realicen uno o más de los anteriores procedimientos. Si los
síntomas han aumentado progresivamente durante varios años,
puede que entonces no. Pero todos son opciones a considerar cuando se
busca la verdad.
TOMADO DE:
Fish, Sharon. Enfermos de Alzheimer.
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