Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004


ECUMENISMO Y MISIONES

 

EL PATRIARCA BARTOLOMÉ I VISITA LA HABANA

P. MANUEL H. DE CÉSPEDES GARCÍA MENOCAL

 

 

 

Con motivo de la visita que en estos días el Patriarca Bartolomé I ha hecho a La Habana algunos han preguntado acerca de la Iglesia Ortodoxa.
Como sabemos el cristianismo surgió en tiempos del Imperio Romano. Jesús de Nazaret, fundador y fundamento de la Iglesia, era judío en tiempos en que ese territorio formaba parte de aquel imperio. Los primeros cristianos procedían del judaísmo. Muchos opinan que la realidad del imperio romano facilitó que el Evangelio fuera predicado hasta los confines del mundo entonces conocido.
En el año 313 el emperador Constantino promulgó el llamado Edicto de Milán por el que daba a todos los ciudadanos del imperio el poder de seguir libremente la religión que cada uno deseara. Cuando a partir del año 324 el Emperador quedó como dueño absoluto del Imperio al derrotar a Licinio, decidió trasladar la capital del Imperio a Bizancio, en lugar de Roma. Y llamó Constantinopla a Bizancio (la actual Estambul). Constantino se erigió en protector de la Iglesia. Hasta ese momento los cristianos habían tenido que proteger su fe contra las amenazas, ahora eran ellos los protegidos. La Iglesia pasó de una vida subterránea a una vida pública. Los obispos pasaron de ser personas perseguidas y acosadas a ser importantes personalidades respetadas por el poder político y dotadas de prestigio.
En el año 380 el Emperador Teodosio promulgó el Edicto de Tesalónica que convirtió al cristianismo en la religión oficial del Imperio. Y este mismo emperador decidió que el Patriarca de Constantinopla tuviera un rango ligeramente inferior al Obispo de Roma.
Con la muerte de Teodosio en el año 395 se consuma la división del Imperio Romano. Hasta la caída de Constantinopla en poder de los turcos (año 1453), Bizancio supuso la conservación del espíritu clásico; conoció épocas de esplendor político, cultural y religioso. Se ve a sí mismo como la cabeza del mundo, la continuidad del Imperio, y aspiró también a ese liderazgo religioso.
Durante el pontificado del papa Nicolás I, Ignacio, Patriarca de Constantinopla, fue depuesto por el Emperador de Bizancio y en su lugar colocó al laico Focio. El Papa depuso a Focio y restituyó a Ignacio. Pero ni Focio ni el emperador se dieron por enterados. Éstas y otras circunstancias ayudaron a que tanto el mundo latino como el bizantino se encerraran en sí mismos, ocasión aprovechada por Focio para lanzar acusaciones contra la Iglesia de Occidente y llegar hasta deponer al Papa en el año 867. Comenzaba así el Cisma de Oriente. Con los años esta situación se fue agravando; hubo acusaciones de ambas partes, acusaciones de carácter doctrinal (como por ejemplo, la negación de los bizantinos a admitir que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo), litúrgico (por ejemplo, el uso del pan ácimo en la liturgia eucarística latina) y disciplinar( por ejemplo, los bizantinos acusaban a los latinos de imponer el celibato a los clérigos).
Y se llegó en el año 1054 a la excomunión, por parte del Papa, del patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, y éste respondió haciendo lo mismo. La Iglesia quedó dividida en dos campos: la Iglesia Ortodoxa oriental y la Católica Romana, sin unificación hasta hoy. Hoy estas excomuniones felizmente no están vigentes como consecuencia de la decisión de retirarlas tomada el 7 de diciembre de 1965 por el papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras.
Así pues, se conoce con el nombre de ortodoxas a las Iglesias orientales separadas de Roma por el Cisma de Oriente. Al principio estuvo constituida por los patriarcados de Constantinopla (que aún hoy conserva su primacía de honor), Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Con el tiempo fue aumentando su número: Rusia, Grecia, Servia, Rumanía, Bulgaria. Independientes unas de otras, lo que une a las Iglesias Ortodoxas es su doctrina y organización, muy semejantes en lo esencial, y su mutuo reconocimiento como tales.
Sobre todo a partir del concilio Vaticano II se ha incrementado el diálogo entre la Iglesia Católica y las Iglesias orientales. Todos deseamos que no demore el día de la unidad entre los “dos pulmones” de la única Iglesia de Cristo.
Independientemente de la imagen que se proyecte por los medios de comunicación y de la interpretación que muchos le den según su modo particular de ver las cosas, me complace la visita a La Habana del Patriarca Bartolomé I para la inauguración de un templo de la Iglesia Ortodoxa en esa ciudad. Y me complace que la ubicación del mismo sea muy cerca del puerto habanero, así los tripulantes ortodoxos de los barcos que atraquen en el puerto podrían tener cerca su templo para la atención pastoral que necesitan.

Pinar del Río, 2 de enero de 2004.
Memoria de San Basilio Magno, Obispo de Cesarea de Capadocia
y de San Gregorio Nacianceno, Obispo de Constantinopla.

 

   

 

Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004
P. Manuel H. de Céspedes y García-Menocal
(La Habana, 1944)
Párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad y de San Francisco de Asís, en Pinar del Río. Asesor de la Comisión Católica para la Cultura de Pinar del Río.