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Un amigo peruano me dijo
escandalizado: es un pecado que en la capital de un país
no se pueda comprar un periódico. Al interrogarlo sobre la
causa de esa aseveración, me contó que estando en La Habana
había intentado comprar uno a las diez de la mañana y que
no lo había logrado porque no había en los estanquillos
y agregó además, que por la televisión no había
podido informarse del acontecer internacional, lo que le había
provocado una sensación de aislamiento como si estuviera en la
isla donde naufragó Robinsón Crusoe.
Les confieso que no había tomado plena conciencia de la gravedad
de lo que eso significaba. Supongamos que mi amigo no tuvo suerte y que
no se encontró con un estanquillo que le quedaran periódicos.
Si una persona decide comprar los diarios que se publican en Cuba, ¿alcanzaría
algún ejemplar sin tener que someterse a una cola interminable
y encontrarse al final con que se agotaron? ¿Cuántas publicaciones
diarias existen en nuestro país al alcance del público nacional
o extranjero para mantenerlo informado del acontecer nacional o internacional?
¿Cómo es posible que ocurra esto en pleno siglo XXI, donde
la información ha alcanzado tan alta estima?;
¿Cómo es posible que la tremenda responsabilidad que tienen
los medios de educar e informar de manera completa y veraz a la sociedad,
esté tan deteriorada en nuestro país? ¿Por qué
en Cuba solo puede existir un único propietario (el Estado) de
los medios masivos de información, ya sean escritos, radiales o
televisivos? ¿Por qué la inmensa mayoría de los cubanos
no tienen acceso a Internet, una opción que integra al mundo y
permite disponer del flujo de información global que existe? ¿Cuál
es el alcance de la libertad de información que debe practicar
el Estado y por qué no prioriza cumplir con la obligación
de mantener bien informados a los ciudadanos a los cuales se debe? ¿Por
qué no les reconoce y les facilita el derecho que tienen de acceder
a mayores y distintas fuentes de información? Y, lo que considero
más grave, ¿qué credibilidad tienen para los cubanos
los medios de información de nuestra sociedad? o ¿qué
nivel de cultura de la información existe en nuestro pueblo?
La selección dirigida y controlada por el Estado de lo que deben
transmitir la radio, la televisión y la prensa cubana, que se limita
a brindar una información de apoyo al sistema, ha contribuido a
que surja y se fomente un rechazo creciente a lo que estos medios transmiten.
Aumenta el número de expresiones como: la programación
de la televisión no hay quien la vea, no hay quien
se empate con un periódico, de contra que informan tan poco
,
se hace cada vez más usual la búsqueda de opciones para
evadir la propuesta establecida impuesta por los medios televisivos, algo
que se hace más difícil con los medios escritos o radiales
alternativos por ser más difícil su acceso; un ejemplo de
ello es el auge del alquiler de películas en los llamados bancos
particulares.
Si miramos para el mundo podemos apreciar que cada vez son menos los países
que monopolizan para el Estado, u otros entes públicos, la implantación
de cadenas de televisión, radiodifusión y prensa escrita.
En Cuba no sucede así; los medios están en poder del Estado
que censura toda la información que sale a la luz pública
sin permitir ni favorecer la convergencia y las diferencias de opinión
que constituyen expresiones normales de la vida pública en cualquier
sociedad que se rija por los principios democráticos y que tenga
como premisa esencial de su existencia plural, la libertad de expresión
siempre y cuando esta no lesione la integridad de la persona o el bien
común. Esto, lejos de ser una expresión de riqueza y una
manifestación de unidad, demuestra la pobreza del servicio que
prestan los medios informativos.
Las distintas opciones para romper el aislamiento informativo que existe
en el mundo de hoy están muy limitadas para los cubanos de a pie.
Una persona que quiera acceder a nuevas y diversas formas de información
no se encuentra ante el dilema de escoger y seleccionar entre el gran
cúmulo de información que existe respecto a cualquier temática,
como le puede suceder a la gran mayoría de las personas del mundo
contemporáneo, sino que tropieza con la barrera de que no tiene
acceso a Internet o a periódicos de otros países.
Es verdad que en la actualidad existe para todos los países, y
en especial para los subdesarrollados, un fuerte desafío que impone
el gran flujo de información para los servicios públicos
y una preocupación, cada vez mayor, por lo cambiante de las relaciones
entre la actividad pública y la privada. Es deber y obligación
de los responsables de los medios de información establecer unos
límites que deben respetar escrupulosamente las leyes morales,
los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda
de la noticia como en su divulgación. Pero esto, a pesar de ser
una de las principales preocupaciones de la comunicación a nivel
mundial, no justifica que el Estado, las distintas instituciones de la
sociedad y todas las personas, no defiendan y aseguren la verdadera y
justa libertad sobre el uso de la información y que no procuren
que, a través de los medios, no se causen graves daños para
las costumbres públicas y el progreso de la sociedad.
Promover y recibir una buena
información es obligación
y derecho de todos
La información es un servicio al bien común, por lo que
la sociedad tiene derecho a recibirla fundada en los principios de la
verdad íntegra, la libertad y la solidaridad (salvadas la justicia
y la caridad), además, todos los responsables de los medios, tienen
la obligación de dar a tiempo y honestamente las informaciones
que se refieren al bien general y respondan a las inquietudes fundadas
de la población. Nada puede justificar recurrir a falsas informaciones
para manipular la opinión pública. Nadie tiene derecho a
falsificar la verdad o esconder parte de ella por ningún motivo,
y mucho menos, hacerlo de una forma sistemática para ejercer un
dominio político, económico o social de la opinión
que responda a unos intereses particulares. (Cf. IM 5, 2 y 11)
Las prioridades y los problemas propios de los países y el respeto
a su fisonomía cultural deben ser un patrón a seguir por
todos los que tengan la responsabilidad de transmitir información
por algún medio. Es por esta principalísima razón
que no deben tratar de imponer una visión desorientada que responda
a unos intereses convenientes a sus propósitos porque no estarían
contribuyendo de esa forma al verdadero desarrollo del hombre y de la
sociedad que es el fin último que debe tener ese servicio.
No sólo es función de los medios promover la participación
y fomentar el surgimiento de nuevos movimientos sociales, crear nuevos
estados de opinión, grupos de presión y de movilización,
sino que, además, deben establecer mecanismos que les permitan
a las personas decidir sobre el uso de los medios que les afectan. Es
por eso que amplios sectores de los medios de comunicación no deben
estar controlados por el Estado o unas pocas empresas. Mientras más
diversa sea la propiedad, más heterogénea y rica será
la información que reciban los destinatarios.
Problemas y obstáculos
de la información
-Pudiéramos decir que uno de los grandes problemas de nuestro
tiempo es la ruptura que se establece entre una cultura que favorece el
crecimiento y desarrollo de los hombres y de las sociedades, acumulada
a lo largo de la evolución de la humanidad, y la contracultura,
que es generada por los responsables inescrupulosos de los medios de comunicación
que sólo persiguen favorecer sus intereses individuales o grupales
o que, simplemente, pretenden propagar el anuncio de su información.
-La rapidez con que surgen nuevos modos de comunicar, con nuevos lenguajes,
nuevas técnicas, nuevos comportamientos psicológicos que
son generadores en sí mismos de nuevos estilos de vida que no siempre
son los más adecuados para una convivencia que favorezca a la comunidad
global es uno de los problemas que aumentan la complejidad de este asunto.
-La desigualdad de información que viven los países subdesarrollados
por cuestiones financieras, tecnológicas, y en algunos casos particulares
como el de Cuba, se agrega al elemento de que la información debe
pasar por filtros políticos.
-Como en el mundo actual las personas desde sus casas pueden disponer
de un gran cúmulo de información, surge el fenómeno
llamado aislacionismo que provoca una reducción de
la participación social y grupal de las personas al dedicarse solamente
a sus propios intereses de forma aislada.
Ventajas de una información globalizada
Las nuevas tecnologías permiten una comunicación más
internacional y cada vez más empresas participan en el mercado
de esta, algo que favorece en gran medida que los elementos de distintas
culturas del mundo se compartan en una escala sin precedentes. Esto es
una conquista del hombre, porque es verdad que pueden ser afectadas algunas
culturas en cuanto al peligro de empobrecerse, pero se puede dar el caso
contrario: que esas culturas, al poder disponer de este patrimonio común
de la humanidad, puedan influir en otras a la vez que se enriquecen con
nuevos componentes; este proceso de intercambio entre las culturas es
lo que se debe fomentar para que salga enriquecida la cultura universal.
La reducción de los tiempos de transmisión de la información
a distancia y de acceso a la información ha supuesto uno de los
retos esenciales para las sociedades de hoy día pero, a la vez,
constituye una alternativa de la que dispone el hombre, pues ha humanizado
su existencia, fin que debe perseguir cualquier avance del ser humano
en el desarrollo de la técnica. Hoy en día cualquier persona
que disponga de acceso a las distintas fuentes de información que
existen en el mundo ahorra mucho tiempo para hacer una investigación,
o para estar al tanto de lo que acontece en el mundo o, simplemente, para
comunicarse con familiares, amigos o conocidos, por solo citar algunas
de las ventajas y utilidades de este fenómeno.
Algunos criterios que deben regir
la información
La comunicación debe ser entendida como un servicio que unifica
a la humanidad y la transforma en una comunidad global, tal importancia
ha alcanzado que, para muchas personas, son el principal instrumento de
información y formación, o de orientación e inspiración
para los comportamientos personales, familiares y sociales.
El trabajo de los medios de información no debe ser solamente ni
en primera instancia multiplicar el anuncio, su misión es algo
mucho más profundo y trascendental, está en juego la cultura
moderna de convivencia a la que deben tender los hombres, es necesario
integrar el contenido del mensaje que se desea transmitir en sintonía
con esa cultura moderna que se está creando a través de
los medios de información.
La obediencia a la verdad sobre el hombre es la primera condición
de la libertad y la responsabilidad que debe animar a los profesionales
de la información para que su servicio contribuya al crecimiento
de las personas y no se dé el caso de una manipulación llevada
a cabo por los medios de comunicación social, cuando se imponen
por la fuerza persuasiva de insistentes campañas y corrientes de
opinión, sin que sea posible someter a un examen crítico
las premisas sobre las que se fundan.
Propuestas para un buen uso
de la información
-Educar a los destinatarios de la información para un uso responsable
de su capacidad de elección. Creer que las personas no son capaces
de escoger entre el cúmulo de información que existe en
el mundo de hoy es, no solamente subestimar al ser humano, sino que esto
contempla un componente de desprecio por el hombre y la capacidad que
este tiene de ser responsable de sus elecciones. El paternalismo de la
información, al igual que cualquier otro tipo de proteccionismo,
no se libera de engendrar y formar individuos dependientes y pusilánimes
que son incapaces de ser protagonistas conscientes de sus actos y decisiones.
-Es necesario e imprescindible la formación de un profundo sentido
de responsabilidad en los productores de la información y, sobre
todo, en los profesionales de los Medios de Comunicación Social,
porque de esta forma será más efectiva la labor educativa
que puedan prestar sobre los principios que deben regir una sana convivencia
que favorezca al bien de todos.
-La información que se transmita por los medios debe tener como
objetivo que no genere pasividad y aislamiento en sus destinatarios porque
el desarrollo y progreso de la sociedad no solo depende del avance tecnológico,
sino sobre todo de las acciones y decisiones sociales de sus miembros,
que jugarán un importante papel en ese camino.
-La alternativa no es censurar, ni filtrar, ni transmitir la información
que solamente le conviene al que informa, esto no sólo es una actitud
paternalista, sino que además es un oportunismo cruel y discriminante.
Es necesario diversificar las fuentes de información y no poner
trabas al derecho y a la posibilidad de crear medios de comunicación
social. Está claro que para ello deben existir ciertos límites
éticos, esta diversificación se debe favorecer siempre y
cuando no amenace o dañe la integridad, derechos y dignidad de
las personas.
-La legislación en materia de medios de comunicación social
debe ser rigurosa y exigente en cuanto a las sanciones que se apliquen
por la violación de los derechos a la reputación y a la
vida privada de las personas.
-Establecer unas regulaciones especiales acerca del uso de los medios,
a fin de que todos tengan la posibilidad de hacerse oír. Esto además
de ser una preocupación lógica y una necesidad, es un elemento
constitutivo que debe regir el pluralismo informativo.
-Prohibir la censura previa y no admitir el secuestro de publicaciones,
y grabaciones o de otros medios de información, salvo que haya
mediado previamente una resolución judicial donde se ha demostrado,
con suficientes e irrefutables pruebas, que se ha lesionado el bien común.
Resumiendo me pregunto, les pregunto, ¿por qué razón
el Estado cubano prohíbe a sus ciudadanos ser propietarios de medios
informativos? ¿Será que teme o no valora la crítica
sana y constructiva? o ¿será que piensa que sus métodos
para organizar y dirigir la sociedad son los únicos válidos?
Es hora de usar el poder de la información para servir y no para
controlar, es hora ya de integrarse y abrirse al mundo promoviendo y facilitando
el acceso a la propiedad y a la información mundial de todos los
cubanos. El comienzo del siglo XXI es un buen momento para liberarse de
miedos y ataduras que aíslan y empobrecen a Cuba como nación
lejos de favorecerla.
Estoy seguro que los cubanos tenemos que aportar nuestras riquezas culturales
a la gran comunidad de naciones, simplemente porque nos define una vocación
universal. Detener este proceso de integración y apertura al mundo
sería detener el desarrollo de nuestra sociedad, porque no recibiría
los aportes de las culturas de otras naciones.
Quiera Dios que muy pronto todos los cubanos tengan igualdad de oportunidad
para acceder a las riquezas de información con que cuenta el mundo.
Ojalá que nunca más ningún visitante extranjero se
queje de que no puede comprar un periódico y compare a nuestra
bella isla con la de Robinsón Crusoe, no porque tenga nada en contra
de la isla que escogió Daniel Defoe en su libro, sino porque existe
una gran diferencia entre ella y Cuba, aquella cobijó a una persona,
pero la nuestra solo necesita libertad para ser coherente con su vocación
de servicio arraigada en nuestro estilo de vida, para poder acoger y abrirse
a todo el mundo, para compartir esa hospitalidad que es característica,
rasgo y esencia, que nos distingue como pueblo.
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