Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004


LECTURAS

 

UN RUIDO QUE NADIE ENTIENDE AHORA

RAFAEL A. BERNAL CASTELLANOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



E scribir poesía es una aventura, el acto de encontrar un sentido más profundo en las cosas más cotidianas de la existencia supone un proceso de búsqueda, de penetración en lo desconocido, de iluminación de lo que ha estado velado, donde se cuenta con un único elemento: la simple capacidad del poeta para crear la imagen necesaria que motive a quien la recibe a seguir tras sus sueños. Tal vez por eso a lo largo de la historia de la humanidad las épocas de grandes descubrimientos han sido también de grandes poetas.
De un tiempo a esta parte la dimensión de lo conocido ha ido abarcando los elementos mayores del hábitat humano y quienes buscan el por qué de las cosas han vuelto sus oficios hacia lo infinitesimal, lo constitutivo, lo más interno de los fenómenos en una profundización del microcosmos que significativamente ha requerido la participación de grupos numerosos y corporaciones empresariales que han tornado los descubrimientos ahí alcanzados en logros colectivos; sin embargo, los poetas –tradicionales rebeldes– han decidido seguir caminos que los lleven hacia lo más íntimo, lo más personal, lo más propio, en una soledad tan absoluta que casi ni de ellos mismos se acompañan, buscando una imagen tan original e íntima que en ocasiones, al ofrecerla a otros, muchos la niegan para no verse obligados a profundizar tanto en sí mismos.
Esa personal profundización en las más interiores esencias humanas va acompañada de desgarramientos, fragmentaciones y alaridos que, por ocurrir tan íntimamente, provocan –al decir del poeta– un «estruendo mudo» tan estremecedor que nos invierte el alma y hace que la poesía llegue a tornarse Un ruido que nadie entiende ahora como ha titulado Anisley Miraz Lladosa el libro que resultó Gran Premio del Concurso Literario VITRAL 2003.
Este conjunto de versos reviste una especial significación: si bien es cierto que en su totalidad resulta producto de las peculiaridades estilísticas y conceptuales de la generación lírica cubana que se lanza a la poesía en los dos últimos años del siglo XX, como creación literaria no se parece a nadie; sus páginas recogen un agitado mundo interior que se proyecta en una sucesión de imágenes cuya intención no es ilustrar un estado de ánimo o recrear un ambiente que haya impresionado a la autora. Más allá de precisiones de una poética que no ha fijado sus límites, se adentra en la re – producción del choque que le provoca no concretar un canon, establecido antes de su acto creativo, y que a todas luces es totalmente ajeno al que sus ideales han modelado.
Lleno de fuerza juvenil y de un lenguaje flexible, la autora ha desplegado en estos versos una metáfora múltiple donde un entorno muy querido sucumbe ante los agobios de su universo íntimo y sin precisar símbolo alguno establece un imaginario cotidiano en el que los habituales recursos de la memoria (portarretratos, lugares, viajes, etc.) se diluyen en una conciencia llamada a rediseñar la función del poeta como gestor de un mundo mejor donde los vivos no habiten un mundo vació de sueños.
Si como antes decíamos la carencia de un ideal por el cual medir la realidad cotidiana ha marcado la producción lírica de nuestros más jóvenes autores, en el caso de Anisley Miraz esa realidad se ha dimensionado sobre la base de buscar una explicación para el estruendo que provoca la caída de ídolos y metas, y si bien es cierto que ese ruido ha sido incomprensible para muchos para la autora no ha sido así, no porque su origen se asocie a «pocas nueces»; todo lo contrario: la actual incomprensión de ese sonido no es más que el anuncio de la tormenta inminente para la que la autora ya ha señalado magnitudes. Si en todo momento la lógica recomienda guarecerse de la tempestad, Anisley –por joven y por poetisa–advierte la necesidad de estos truenos a pleno sol, sus versos no llueven sobre mojado, advierten la oportunidad del surco. Reclaman su condición de semilla.


 

   

 

Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004
M. Sc. Rafael A. Bernal Castellanos
(Pinar del Río, 1955)
Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana y Profesor graduado en Español y Literatura en el I.S.P. de Pinar del Río.