Acquaroni, muestra de la poesía española de hoy
La Dra. Rosana Acquaroni Muñoz (Madrid, 1964). Profesora de
la Universidad Complutense de Madrid, es, al decir de la romanista Carmen
Mejía, una de las voces líricas femeninas más sólidas
de la actual poesía española. Entre sus reconocimientos
están el Premio de Poesía Cáceres Patrimonio Mundial.
VII edición, con el libro Cartografía sin mundo (1994),
la Ayuda para la Creación Literaria, en el apartado de Poesía,
becas que concede anualmente el Ministerio de Cultura, por el proyecto
del libro El jardín navegable (1988). Sin dudas, su reconocimiento
más importante es la Accésit del Premio Adonais de Poesía
con el libro Del mar bajo los puentes (1987). Este último lauro
es uno de los más prestigiosos de toda la poesía hispánica;
se ha concedido anteriormente a poetas de la talla de Claudio Rodríguez,
José Ángel Valente, Francisco Brines o José Hierro.
Ha publicado los siguientes títulos: Lámparas de arena
(2000), El jardín navegable (1990), Del mar bajo los puentes
(1988). Poemas suyos han aparecido en diversas antologías y han
sido traducidos al alemán. También ha colaborado con diversas
revistas literarias tales como Prima littera, Delta, Konzepte, Park,
Hirschstrasse. Los tres poemas que aquí se publican la autora
los considera representativos de su obra.
Amauri Fco. Gutiérrez Coto (La Habana, 1974)
He llegado al inicio,
como quien se extravía
bajo la rotación laberíntica
de un bosque sin raíces.
Y doy vueltas
Y vueltas
sobre mi propia herida
tras la única gasa
que macera el silencio y su drenaje,
la dársena del tiempo.
He llegado al inicio
y mi nombre no era
más allá de un abismo sin aliento
y mi cuerpo sin nombre
se llenaba de lámparas
y niñas,
perdía pie
sin reservar la hierba.
Y mi arena se oía
crepitar hasta el fondo
sobre el granizo muerto.
He llegado al inicio
sin saber hacia dónde desvivirme,
sin creer en la muerte de las olas,
habitando la ausencia de mí misma
Y no encuentro
el reloj
que repare mi arena.
(De Lámparas de arena, 2000)
Esta
es la edad del exterminio o el reparto
Pasajeros de un mundo entretenido
en destruir su propia maquinaria.
Comunión con el vientre hinchado
del corazón de Africa,
con la piel de los tristes.
Los cancilleres cavan madrigueras
con los ojos abiertos y un puñado de dólares.
En la otra orilla
hay niños que esnifan pegamento
pequeños asesinos
que escarban las basuras.
Y niños
que trabajan los campos de jazmín
en mitad de la noche
y sus manos se rompen
bañadas en esencias
Londres París New York
perfumarán la lepra de Occidente
Londres París New York
jazminarán almuerzos
Londres París New York
blancas coronas
para las negras mesas imperiales.
(De Cartografía sin mundo, 1995)
Una mano
la misma que en la noche,
anidará en el párpado vacío del suicida
será la que conduzca
mi nave hacia el abismo.
No debes olvidarlo:
Un navío es un párpado que crece
y no sabe mirar.
Al embarcar lo sabes.
Mientras navegas
hay siempre un hombre
al borde de ti mismo
que extiende incansable su mano
para salvar a dios.
Un dios de cartón arrepentido.
Un dios suicida.
(De Cartografía sin mundo, 1995)