Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004


SUELTO

 

LA GLOBALIZACIÓN
NO ES UNA OPCIÓN

GERARDO E. MARTÍNEZ SOLANAS

 

 

 

¡No! No es una opción sino un hecho. La globalización es un fenómeno irreprimible de nuestro siglo. Se ha nutrido de los enormes avances de la ciencia y la técnica que transformaron al mundo en las postrimerías tormentosas del segundo milenio. Un fenómeno que desdibuja fronteras y acerca a los pueblos. Una consecuencia del desarrollo abrumador de las comunicaciones.
En estos días abundan las opiniones más diversas y los juicios más dispares sobre la inminente reunión del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la Florida. La Cumbre de las Américas, que da impulso a esta iniciativa, se reunió por primera vez en 1994 en la ciudad de Miami con un propósito expreso de elaborar un “Pacto para el desarrollo y la prosperidad” del continente. Después de sendas Cumbres en Santiago de Chile (1998) y en Québec (2001), regresa a Miami con la seria intención de convertirla en Sede permanente.
No tengo intención de cambiar el tema. Estamos hablando de globalización y de uno de sus más recientes exponentes. En este empeño que intenta emular por otras rutas a la Unión Europea, la elección de Miami como capital de las Américas descansa en el hecho de que la población mayoritaria de esa ciudad floridana responde más a intereses continentales que nacionales, movidos por empresarios, profesionales y obreros que mantienen lazos muy estrechos con sus países de origen y fomentan toda suerte de vínculos comerciales, empresariales, políticos, culturales y familiares allende las fronteras del país anfitrión.
Podría decirse que los Estados Unidos corren el riesgo de que Miami aspire con el tiempo a separarse de la Unión americana para convertirse en un ámbito extraterritorial al servicio de un esfuerzo continental. Por supuesto, esto hay que decirlo con un guiño picaresco que reconoce lo improbable, pero que también afirma lo posible, porque la historia está llena de acontecimientos que en su momento fueron impredecibles.
Lo cierto es que cualquier capital, incluyendo Washington, implicaría favoritismo para el país beneficiado. Miami, por el contrario, es una ciudad de inmigrantes, sobre todo de las Américas, con un mayor equilibrio multinacional que cualquier otra ciudad del mundo. Allí se da el fenómeno de la globalización como en pocas partes del mundo. Es crisol de culturas, razas y empresas que conviven volcadas al mundo más que al interior del país.
Allí también se están dando cita las fuerzas antiglobalizadoras. Responden a una campaña mundial que encuentra eco en los más diversos medios para entorpecer las actividades internacionales, no sólo de iniciativas como el ALCA sino de cuantas reuniones convoquen el FMI, el OECD, la OMC y tantas otras instituciones que intentan coordinar el fenómeno globalizador.
Es notable en estas actividades identificar tantas caras conocidas a fuerza de verlas en tantos lugares. Es notable también encontrar entusiastas de causas nobles, como los ecologistas, y de causas más irracionales, como los denostadores de Cristóbal Colón y, en medio de esa masa heterogénea que incluye a tantos rebeldes sin causa, ver como destacan grupos que parecen renacer, como el Ave Fénix, de las cenizas del anarquismo.
Pero estos autodenominados anarquistas son sospechosos de otras causas. Son sospechosos por fomentar el nacionalismo y soluciones que precisan del centralismo estatal, todo lo contrario del ideal anarquista. Son sospechosos por su adoración del Che Guevara, quien predicaba el puño férreo del Estado para lograr la sociedad igualitaria por la fuerza. Son sospechosos, porque muchos entre ellos abrazaron otrora el marxismo, el estalinismo y el maoísmo.
Es evidente que los principales organizadores de estas manifestaciones tienen abundantes recursos para impulsar una agenda que busca un Estado fuerte y autoritario que imponga a todos los descreídos y librepensadores las soluciones mesiánicas del igualitarismo y del internacionalismo concebido desde un polo de poder absoluto.
Nada de esto es posible con el avance arrollador de la globalización que, a su vez, implica una difusión cada vez mayor de la participación democrática de los pueblos en los asuntos nacionales y mundiales. Por lo tanto, tales grupos manipulan los términos en una confusión orquestada de conceptos intercambiables y difusos –globalización, globalismo y mundialismo– que barajan con propósitos demagógicos.
Es preciso aclarar su significado: desde el punto de vista semántico, se puede señalar que el globalismo implica un concepto, la globalización su aplicación y el mundialismo la visión internacional que se plantea, casi como ideología, para orientar esta tendencia contemporánea hacia el bien común. La globalización es el fenómeno en sí, lo que está ocurriendo, lo que estamos analizando hoy; el globalismo es la gestión política que se vale de este fenómeno, la tendencia a estructurarlo e institucionalizarlo; y el mundialismo es la síntesis ideológica que lo propugna en pro de un mundo mejor. Mi amigo Eduardo García Moure, desde la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT) sintetiza muy claramente la mundialización como “la etapa superior de la internacionalización y la interdependencia entre países y continentes”.
Oponerse a la globalización equivale hoy día a oponerse a la revolución industrial o a las máquinas de vapor en otros tiempo. Y hubo quienes se opusieron, pero esas manifestaciones del progreso humano no pueden detenerse más que por la fuerza y, aún así, sólo por un tiempo breve de la Historia.
Es cierto que esta revolución contemporánea trae consigo tantos males, abusos y crueldades como otrora trajeron la revolución industrial y otras transformaciones radicales de la humanidad. Empero, el enorme auge de las comunicaciones implica un desenmascaramiento mundial de las aberraciones políticas e ideológicas que pugnan por detener el progreso para poder dominar a las masas y conducirlas inermes a un mundo que sólo esos “iluminados” conciben.

   

 

Revista Vitral No. 59 * año X * enero - febrero de 2004
Gerardo E. Martínez-Solanas
Economista y Politólogo Ex Funcionario de las Naciones Unidas.