Revista Vitral No. 60 * año X * marzo-abril de 2004


RELIGIÓN

 

ESPIRITUALIDAD CRISTIANA

P. JUAN CARLOS CARBALLO PÉREZ

 

Hace un tiempo atrás, un grupo de jóvenes conversaba acerca de la espiritualidad cristiana, su enfoque y su aplicación a la realidad en que vivimos. Después meditando sobre esto he considerado oportuno plasmar algunos aspectos que considero importantes cuando se habla de espiritualidad cristiana.
Desde el comienzo del cristianismo, la espiritualidad aparece como la vida de fe de los cristianos, la vida de amor de los cristianos, aquello que los motiva, aquello que experimentan de Dios y de la fe.
El ser humano no puede vivir sin motivaciones. Cuando alguien no tiene motivaciones para vivir decimos que su vida no tiene sentido. Ahora bien, cuando esas motivaciones provienen de Cristo, del Evangelio, entonces son motivaciones de espiritualidad cristiana.
La espiritualidad cristiana tiene que hacerse y tratar de responder a preguntas muy importantes para el ser humano como: ¿Por qué vivimos?, ¿Por qué debemos amar?, ¿Por qué debemos buscar a Dios haciendo el bien? Etc.
Los hombres no pueden inventar la espiritualidad. Los fundamentos y los valores están puestos por Cristo y aparecen en la Biblia particularmente en el Nuevo Testamento que debe ser el libro por excelencia para todo cristiano. El hombre debe ir constantemente renovando su espíritu y hacer su espiritualidad significativa para los tiempos y las condiciones en que vive. La espiritualidad no puede ser ajena a los problemas humanos en que vivimos, a los problemas de justicia, a los problemas familiares, a los problemas de violencia, a los problemas que conciernen a los trabajadores, si la espiritualidad cristiana se alejara de estos problemas entonces sería enajenante y tendría razón Carlos Marx al decir que “La religión es el opio de los pueblos”.
Una auténtica espiritualidad cristiana debe tener como núcleo central el seguimiento de Cristo. Jesucristo es el punto de concentración de la espiritualidad cristiana. Que la espiritualidad sea el seguimiento de Cristo es lo que le da su mayor originalidad. Es decir, nosotros seguimos y creemos en un Dios encarnado, y esto le da a la espiritualidad cristiana toda su fuerza histórica, es lo que evita que la espiritualidad cristiana se hago algo romántico, algo puramente de buenos deseos, la espiritualidad cristiana es una vida: la práctica del Evangelio. En Jesús hay una insistencia en que hay que practicar su palabra.
La espiritualidad cristiana debe tener determinadas características que mencionaremos:
*La lucidez crítica: es decir el cristiano debe cultivar un espíritu crítico, saber discernir, no aceptar todo lo que la sociedad le ofrece como valor, cuestionándolo, siempre con referencia a los valores que se proponen en el Evangelio.
*Situada: es decir, la espiritualidad debe llevar al cristiano a estar ubicado política e históricamente; tropezando con el Dios de los pobres, encontrando a Dios en las prácticas más diarias, más sociales, más comunitarias.
*Conflictiva: en el sentido que el cristiano siempre, con una actitud profética, debe proponer y buscar soluciones dignas que promuevan la dignidad de la persona y la vida ante el sistema de la muerte y la exclusión, con su vida el cristiano debe juzgar a la política, a la economía, al derecho, a la religión.
*La integralidad: es decir vivir sin dicotomías y sin reduccionismos, que abarque a toda la persona y a toda la realidad; la persona que se declare cristiana no debe vivir en la doble moral, ni debe haber nada humano que le sea ajeno.
*Solidaria: ver en el prójimo a mi hermano, sobre todo en los más pobres y en los que más sufren, la palabra del cristiano siempre debe ser la voz de los que no tienen voz.
El cristiano es un discípulo, un seguidor de Cristo y por tanto siempre tratará de dar respuesta a aquella pregunta de Cristo, que sigue siendo la pregunta decisiva que se hace a la Iglesia de Cristo y a cada persona cristiana. “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Para responder vitalmente a esta pregunta y responderle con la vida más que con palabras o con las profesiones de fe aprendidas de memoria, rutinariamente, debemos localizar siempre quién es el Dios de Jesús, cuál fue la opción de Jesús y qué actitudes asumió Jesús en su vida.
Siempre el mayor problema, la solución mayor de toda religión, de toda espiritualidad, es saber a qué Dios se adora, a qué Dios se sirve, a qué Dios se ama, en qué Dios se confía, en qué Dios se espera. El pensador español Aranguren afirma que “conforme sea nuestro Dios así seremos nosotros”. La pregunta por el Dios cristiano es la pregunta más radical que todo cristiano puede hacerse, se trata de saber si el Dios que adoramos es realmente el Dios de Jesús o un ídolo enmascarado. Y esta pregunta abarca también el análisis de la función que la fe cristiana desempeña en la sociedad y en la historia.
EL Dios de Jesús es el Dios del Reino, en esto fundamentalmente, consiste la espiritualidad cristiana, en profesar, practicar, anunciar y esperar al Dios de Jesús, que es el Dios del Reino; Dios de la vida y de la Historia, Dios de los pobres y de la liberación total de la persona, es también el Reino la finalidad de nuestra vida y para eso debemos vivir las actitudes que Jesús vivió.
Jesús llamó hermanos a los hombres. Fue el hombre para los demás no para sí. Vivió con ellos como el que sirve; lavó los pies de otros, que era oficio de esclavos; sanó sus heridas, rompió sus cadenas, comió en la mesa de los amigos y de los enemigos; vivió en familia, sujeto a los que debían estar sujetos a él, asistió a las bodas y dignificó el matrimonio de la pareja humana; fue sensible al dolor humano, a la enfermedad del hombre, a la sed, al hambre, a la desnudez de los demás y pasó él mismo por estas situaciones, anunció las injusticias y valoró al hombre por encima de la ley (Nº 109 ENEC).
Esto que hemos expuesto anteriormente es la encarnación de Jesús, y nos exige un estilo de vida cristiana y una espiritualidad que va de la contemplación al compromiso; donde el compromiso con Dios alimente e ilumine el compromiso con el mundo en la búsqueda del bien de todos. El cristiano por ser cristiano, es el hombre que dice: “Nada humano me es ajeno”, ni el trabajo, ni la educación, ni la salud, ni la economía, etc, de aquí se deriva que el cristiano debe llevar una vida política y comprometerse, a título personal, de acuerdo con su conciencia, en la vida política, dinamizándola éticamente y promoviendo el bien que responda a los intereses de todos por encima de los intereses de determinados grupos de la sociedad.
El cristiano debe salvaguardar siempre el testimonio, la coherencia, la veracidad, vivir y defender el pluralismo de los carismas, la opción preferencial por los pobres, la formación permanente. Ser fermento, luz y sal.
Ser un testigo de Cristo, que es a lo que está llamado a ser todo discípulo, es asumir en su vida la coherencia entre fe y vida. Examinemos nuestra vida a la luz de la letra de este canto que cantamos en nuestra Iglesia:

Con ustedes está y no lo conocen.
Con ustedes está, su nombre es el Señor.

Su nombre es el Señor y pasa hambre
y clama por la boca del hambriento;
y muchos que lo ven pasan de largo,
acaso por llegar temprano al templo.
Su nombre es el Señor y sed soporta
y está en quien de justicia va sediento;
y muchos que lo ven pasan de largo,
a veces ocupados en sus rezos.

Su nombre es el Señor y está desnudo
la ausencia del amor hiela sus huesos;
y muchos que lo ven pasan de largo,
seguros y al calor de su dinero.
Su nombre es el Señor y enfermo vive,
y su agonía es la del enfermo;
y muchos que lo saben no hacen caso,
tal vez no frecuentaba mucho el templo.

Su nombre es el Señor y está en la cárcel,
está en la soledad de cada preso
y nadie lo visita y hasta dicen,
tal vez ése no era de los nuestros.
Su nombre es el Señor, el que sed tiene,
Él pide por la boca del hambriento;
está preso, está enfermo, está desnudo,
pero Él nos va a juzgar por todo eso.

 

 

Revista Vitral No. 60 * año X * marzo-abril de 2004
P. Juan Carlos Carballo Pérez
(Pinar del Río, 1962)
Párroco de la Catedral de Pinar del Río.