Revista Vitral No. 62 * año XI * julio-agosto de 2004


BIOÉTICA

 

FUNDAMENTOS FILOSÓFICOS Y TEOLÓGICOS DE LA BIOÉTICA

CARDENAL JAVIER LOZANO BARRAGÁN

 

 

 

Nota: Por la importancia y extensión del presente trabajo será publicado en dos partes: en el presente número lo concerniente a Cuestión introductoria del Capítulo I y Capítulo II, La Bioética cerrada al Trascendente. En el próximo número aparecerá el capítulo III La Bioética abierta al Trascendente.

Adjuntar la Ética a la Vida, no es de ninguna manera algo que apenas ahora acontece, es la raíz de toda Ética y de todas las Éticas y de la Teología Moral que se han llevado a cabo desde siempre. Sin embargo, el término Bioética es el que tiene novedad y una significación especial en nuestros días. Se trata de la Ética en particular aplicada a la Medicina actual. En el presente estudio, después de refrescar algunos datos sobre los orígenes de la Bioética, de su punto de partida, y de la «Metabioética», trataré de sintetizar dos corrientes del pensamiento actual sobre la Bioética, la Bioética que llamaré cerrada al Trascendente y la que llamaré abierta al Trascendente, insistiendo sobre el fundamento, significado, principios y consecuencias de ambas. Terminaré con un pequeño apéndice sobre aplicaciones de la Bioética abierta al Trascendente en el ámbito católico..

I. Cuestiones introductorias

1. Algunos datos sobre los orígenes de la Bioética
En esta dirección podríamos encontrar el origen de la Bioética en el libro de Giuseppe Antonelli, escrito en 1891 y que titulaba Medicina pastoralis in usum confessariorum. En el siglo XX aparecen muchas Deontologías médicas, y no cabe duda que Pío XII con todos sus discursos a los médicos, es un precursor de la moderna Bioética.
El que empieza a tratar cuestiones de Bioética desde un punto de vista subjetivo es J. Fletcher que en 1954 publica su libro Moral and medicine. La novedad de este libro es que en lugar de seguir el método tradicional, de acuerdo al cual los mandamientos de la ley de Dios daban la pauta para actuar, ahora él habla más bien de los derechos humanos sacando conclusiones contrarias a los mandamientos; por ejemplo, diciendo que se tiene derecho a controlar los nacimientos, por tanto se legitiman los anticonceptivos. Tiene como principio que no se puede ver en los acontecimientos la norma o voluntad de Dios, y que por tanto cada quien proceda como crea conveniente.
Algunos ponen el origen de la Bioética todavía antes, en el proceso de Nüremberg, 1947, cuando se condena a los criminales nazis por los experimentos genéticos. Otros piensan que empezó propiamente la bioética cuando se puso sobre el tapete el problema de los primeros transplantes y de la donación previa de órganos, especialmente cuando el transplante de corazón hecho por el Dr. Barnard en diciembre de 1967. Para otros, cuando se comienza a discutir sobre los problemas del recién descubierto DNA por P. Berg, en 1971.
Pero quienes empiezan a hablar de Bioética son dos católicos, un médico y un filósofo, Hellegers y Callahan, quienes en Estados Unidos, fundan sendos centros de Bioética, cerca de Nueva York. Los centros de bioética fueron el Hastings Center en 1969 y el Joseph and Rose Kennedy Institute for the Study of human reproduction and bioethics. Luego en 1971 surge el Kennedy Institute of Ethics.
El año clave es 1968 y el documento es la Encíclica Humanae Vitae de Paulo VI. A. Hellegers era miembro de la entonces Comisión Pontificia de la Familia, se opuso a la Humanae Vitae; se fundaron entonces los centros aludidos buscando una Bioética independiente del Magisterio de la Iglesia. Primero hablaron de centros inspirados ecuménicamente, después se fueron secularizando hasta negar cualquier nexo entre bioética y teología. A Hellegers se unieron investigadores como L. Walters. T. Beauchamp, J. Childress, W. Reich, y teólogos como B. Häring, R. McCormick, C. Curran, S. Hauerwas, J. Fuchs y el protestante P.Ramsey. Posteriormente Callahan intenta regresar a una bioética con raíces religiosas. De la misma parte católica se encuentran tentativas en esta dirección tanto en el mismo Kennedy Institute, como después en la Universidad de Georgetown en su Center for the Advanced Study of Ethics. Son de considerar aquí los nombres de E.D. Pellegrino, D.C. Thomasma, B. Ashley y K. O’Rourke, en Estados Unidos de América.
El término Bioética aparece por vez primera con Van Rensellaer Poter quien en 1970 escribe un artículo: “Bioethics, the science of survival” y en 1971 escribe su libro: Bioethics: Bridge to the future. Desde entonces se multiplicaron los centros de Bioética, en la UNESCO se estableció uno y se fundaron muchos otros, especialmente en los hospitales.

2. Punto de partida
Se han dado muchas y muy variadas definiciones de Bioética. Entre ellas elijo como punto de partida, una, tomada de la Enciclopedia de Bioética de W.T. Reich (Enciclopedy of bioethics, The Free Press, New York, 1978, vol I, XIX):
“El estudio sistemático y profundo de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la salud, a la luz de los valores y principios morales”.
Se trata de un estudio científico, ordenado desde principios fijos y en consecuencia con los mismos, llegando, por decirlo así, a sus últimas causas. Se trata de un estudio que necesariamente debe ser en diálogo multidisciplinar, pues supone las diversas ciencias actuales de la vida y de la salud. Ahora bien, en la actualidad dichas ciencias están muy aventajadas, baste recordar la Biogenética, la Ingeniería genética, las Ciencias del ambiente, la Ecología, la Sociología, por supuesto, la Antropología, y todas las Ciencias médicas actuales. Se trata de un estudio relacional y holístico. Estructuralmente hablando es un estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la salud desde el punto de vista biológico, económico y financiero, familiar, comunitario y social, jurídico, normativo, político, nacional e internacional, mental, psicológico y cultural, por tanto, religioso y así necesariamente ético, que exige ser considerado en su complejidad a la luz de los valores y principios morales. En este sentido, y no sólo en el científico y técnico, podemos verdaderamente decir que la Medicina ha progresado más en los últimos cincuenta años que en los últimos cincuenta siglos.
En este contexto, el problema fundamental de la Bioética, su problema básico, es el problema de sus principios. Es el estudio científico de la conducta humana en el ambiente de las ciencias de la vida y de la salud, de acuerdo con los valores y principios morales, y la pregunta se perfila luego, ¿cuáles valores?, ¿cuáles principios morales?. La respuesta en el ámbito católico no es difícil, pero la Biogenética se desarrolla muy fuertemente en el campo no católico, en especial de raíces protestantes y positivistas, y en este campo no son claros ni los valores ni los principios morales. Priva especialmente el Positivismo ético y en él, con frecuencia no es posible hablar con profundidad lógica de dichos principios. Es evidente que una bioética ilógica es absurda. Si buscamos esta profundidad más allá de una bioética prescriptiva o normativa meramente formal, nos encontramos en un terreno que quizá pudiéramos llamar «Metabioética». Que sería propiamente el punto de partida de la Bioética. A continuación ensayo una muy somera descripción de los puntos principales que subyacen en esta «Metabioética».

3. La “Metabioética” Ser y Devenir
Para empezar podemos decir que en líneas generales nos vamos a encontrar con dos Bioéticas: una, abierta al Trascendente, y otra cerrada. Sus raíces se hunden muy hondo en el pensamiento interpretativo del mundo. Se va insinuando una serie de posiciones que van madurando poco a poco en un sentido o en el otro y en la actualidad nos dan como resultado estas dos clases de Bioética. Estos pensamientos claves constituyen lo que hemos llamado «Metabioética», más allá de la Bioética, sus raíces, los pensamientos originales que dieron lugar a las posiciones que ahora se formulan. Sin introducirnos al complejo pensamiento oriental, sino permaneciendo en la esfera cultural occidental, nos vamos a encontrar con dos maneras de pensar que se han opuesto más o menos contradictoriamente entre sí con relación al punto ético como consecuencia lógica de su mundo mental. Ambas maneras tienen en su haber grandes éxitos pero también grandes fracasos.
Ya en la antigüedad clásica griega nos encontramos con Parménides y Heráclito. La concepción parmenidiana del “’åéíáé êáé ðáíôá” (uno y todo) inmovilidad; y la heracliana del “ðáíôá ñåé” (todo evoluciona), movilidad. El genial pensamiento clásico griego conjugará con Aristóteles las dos disyuntivas en el hilemorfismo. Muchos siglos después, frente al Nominalismo, Santo Tomás de Aquino dirá “ens est id quod est” (el ser es lo que es), la realidad objetiva; en cambio Duns Scoto, afirmará: “ens est id quod potest esse” (el ser es lo que puede ser) la mera posibilidad. Es muy importante en la línea de pensamiento el citado Nominalismo de Guillermo de Occam, para quien el universal no pasa de ser una mera emisión de voz y por tanto no hay verdades universales, ni por lo tanto habrá normas con obligación universal.

II. La Bioética cerrada al Trascendente

1. Pensar y Ser
El parte aguas viene con René Descartes o quizá mejor, con sus epígonos. La disyuntiva es: ¿porque el ser es lo pienso, o bien el ser es porque lo pienso?. Si se acepta el primer miembro de la disyuntiva, existe una verdad objetiva; si el segundo, la verdad es lo que yo acepte como tal.
En el contexto de la segunda parte de la disyuntiva se ha forjado gran parte del pensamiento actual que tiene sus decisivas consecuencias en cuanto a la Ética pues significa la absoluta autonomía del hombre que es quien decide en último término qué es verdadero y qué es falso, qué es bueno y qué es malo. Esta plena autonomía se deducirá también desde otros puntos clave en el pensamiento cartesiano, el de las ideas “claras y distintas” que competen sólo a las substancias: Dios, la conciencia y la extensión. La condición básica para que algo sea considerado como substancia es su plena independencia; dice Descartes que una substancia, “est id quod ita existit ut nulla alia re indigeat ad existendum” (es aquello que así existe, que no necesite de nada más para existir). Esta concepción cartesiana llevará posteriormente a la plena independencia y autonomía del hombre. El hombre en sí mismo sería absurdamente su mismo proyecto. Su misma realidad presente sería su proyecto futuro; y en el mejor de los casos, a la manera de Engels, el «ateo piadoso», su proyecto sería el mito resultante de la multiplicación de sus propios deseos hasta el infinito matemático.
Kant por su parte, al negar la posibilidad de acceder al «noùmeno» se extiende en la Ética a una subjetividad autónoma colectiva y formal con su «Imperativo Categórico». Hegel por su parte le da consistencia política a esta subjetividad al poner la máxima realización del «espíritu» en el Estado. Posteriormente, por el camino de Engels y Marx «se hará caminar a Hegel con los pies» en el Materialismo dialéctico, teniendo como fuente única de moralidad la autonomía del Materialismo Histórico consecuente, la sociedad sin clases.

2. Estaticidad de la Naturaleza
La conclusión es una Ética meramente subjetiva, opuesta a la objetividad de la naturaleza que no es más considerada como real. Consecuentemente se afirma que la Ética «objetiva» fundada en la naturaleza, es algo fruto de la ignorancia, pasada de moda. Y aquí entran las ciencias experimentales, pues se piensa en éstas necesariamente el concepto de naturaleza como algo estático. Especialmente en el campo de la medicina, se dice que hasta hace poco la medicina se encontraba en el campo de lo observable, en cambio ahora toda su acción se desarrolla en el campo de lo «manipulable».
Pasando del plano científico al plano religioso, también la concepción cristiana protestante ha impugnado fuertemente el concepto mismo de naturaleza, al menos de naturaleza humana, pues la considera esencialmente viciada. Siendo así la naturaleza, es lógico que no pueda ser norma de moralidad.

3. Corrientes actuales
Con este telón de fondo y en su desarrollo lógico se han ubicado hoy seis corrientes de pensamiento, especialmente elaboradas en el plano de la Ética y que se aplican fácilmente a la Bioética, a saber:
El Eclecticismo, que acepta cualquier aserto de conducta, independiente de su sistema, contexto y juicio;
El Historicismo, según el cual la verdad es cambiante de acuerdo con su adecuación a una época determinada de la historia que de por sí va pasando;
El Cientificismo, en el cual se dice que la única verdad aceptable es la experimentable en el campo científico;
El Pragmatismo, en el que las decisiones éticas hay que tomarlas teniendo sólo como criterio la utilidad, según el binomio costo / beneficio, y guiándose para ello por la opinión de las mayorías;
El Nihilismo, en el que simplemente se renuncia a la capacidad de llegar a verdades objetivas; la Postmodernidad, en la que se asumen posiciones nihilistas.
El nuevo paradigma1
Las corrientes anteriores se asumen ahora en lo que algunos llaman «El nuevo paradigma». En la Organización de las Naciones Unidas, ONU, OMS, y UNESCO, especialmente impulsados por tres ONGs, Women’s Enviroment and Developement Organization, Earth Council Greenpeace e Internacional Planed Parenthood Federation, se asumen una serie de principios dentro de lo que se llamaría una Nueva Ética o una Ética global. Algunos de sus puntos significativos serían los siguientes:
El mundo actual no puede seguir como está, después de la guerra fría nos encontramos con situaciones ecológicas insostenibles, vamos hacia una degradación total del planeta debida a la contaminación por residuos tóxicos de todas clases, no excluyendo los radioactivos. Esto nos lleva a un malestar continuo que no puede seguir adelante. Necesitamos llegar al bienestar para todos. Necesitamos llegar a un bienestar global.
Este bienestar global sólo es posible dentro de un desarrollo global, pero no el desarrollo como el que hasta ahora se ha dado, éste es un desarrollo que no se puede sostener más; debemos llegar a un desarrollo SOSTENIBLE, esto es, que no degrade más al planeta y en el que mediante un desarrollo armónico se tenga el bienestar para todos y esté centrado en el pueblo.
El bienestar global dentro del desarrollo sostenible es la finalidad de la nueva Ética global. Es la convergencia hacia la cual se dirige el nuevo paradigma. Este bienestar global es lo que constituye la meta llamada también CALIDAD DE VIDA, y la definen “como la percep-ción del individuo de su posición en la vida, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en el que se encuentra, en relación con sus metas, expectativas, estándares e intereses” . Se trata de un concepto de amplio rango afectado de una manera compleja por la salud física de la persona, su estado psicológico, sus creencias personales, sus relaciones sociales y su relacionabilidad con los datos sobresalientes de su entorno. (WHOQOL). La Calidad de vida cubre seis campos: 1. Salud física, 2. Salud psicológica, 3. Nivel de independencia, 4. Relaciones sociales, 5. Entorno (economía, libertad, seguridad, información, participación, ambiente, tráfico, clima, transporte…) 6. Espiritualidad, religión y creencias personales. Lo básico es la autonomía y la autodeterminación individuales. Se prescinde de obligaciones sociales.
Las diversas religiones existentes en el mundo no han sido capaces de generar esta Ética global, por tanto, hay que suplirlas con una nueva espiritualidad que tenga como finalidad el bienestar global dentro del desarrollo sostenible. La naturaleza, la Tierra (llamada «Gaia», es divina e inviolable. El hombre es un elemento más que sólo se entiende en armonía con la tierra. No se tratará de una nueva religión, sino de una nueva espiritualidad. Las religiones hasta ahora existentes se preocupan por la otra vida, esta espiritualidad se preocupa por la vida actual, terrena; es una espiritualidad sin Dios, a nivel secular, su última finalidad es la viabilidad del mundo actual y el bienestar del hombre en él.
Sin embargo, en esta nueva espiritualidad no se desconocerán elementos válidos que se encuentran en los diversos credos, sino que se recogerán para formar la Ética global. Así, en especial de las religiones de las comunidades indígenas americanas, se recogerá el respeto que tienen por la naturaleza y la necesaria interacción entre naturaleza y hombre; del Judaísmo, el concepto de santidad; del Budismo la serenidad e impasibilidad; del Hinduismo el respeto por los animales; del Islamismo, la virtud de la justicia; del Cristianismo, la caridad y la misericordia.
A pesar de lo anterior, todas las religiones son iguales de incompetentes para resolver el problema ecológico, no tienen respuestas válidas para esta época de globalización. Hay que luchar contra hegemonías pretendidas y jerarquías dogmáticas que quieran imponer sus puntos de vista; el objetivo es forjar un marco común de conducta que identifique los principios éticos fundamentales para la sociedad global emergente. Se trata de combatir eficazmente la sobrepoblación, la industrialización, la degradación del ambiente, la ineptitud de las instituciones, la polución ambiental, la producción de alimentos, la injusticia social, los extremismos religiosos y otros, la intolerancia y la exclusión social. La nueva espiritualidad trasciende todas las otras espiritualidades y religiones y las combate y reemplaza porque estas espiritualidades y religiones se perciben como bastiones de resistencia contra algunos de los valores y metas del nuevo paradigma.
Los valores de la libre empresa, la soberanía nacional, las religiones, los dogmas, la ley natural, los valores tradicionales, deben ser rechazados por irrelevantes y haber creado un vacío ético; hay ahora que dar lugar a los nuevos valores que son los únicos que permitirán vivir en paz.
Los valores del nuevo paradigma son los que inspiran una cultura de la paz: amor, compañerismo, camaradería, compartir, cuidar, proceso de tomar decisiones consultadas, democracia participativa, descentralización, negociación, procesos de arbitrio y adjudicación positiva, no guerra, respeto por la vida, libertad, justicia y equidad, respeto mutuo, integridad.
Esta Ética se asienta en cinco pilares: Derechos humanos y responsabilidades, democracia y elementos de la sociedad civil, protección de las minorías, compromiso para la solución pacífica de los conflictos y negociaciones transparentes, equidad intergeneracional.
Los problemas a los que hay que dar solución se clasifican en cuatro apartados: el primero versa sobre el reajuste entre el hombre y la naturaleza, el segundo sobre el significado de felicidad, vida y plenitud, el tercero examina la relación entre el individuo y la comunidad y el cuarto ve el equilibrio entre equidad y libertad.
Esta nueva Ética es independiente del dogma y de la ley natural. Redefine la conexión entre el conocimiento y la praxis ética; esta conexión no es causal como en las ciencias sino situacional. Esto es, no se necesitan normas evidentes que establezcan la conducta, más bien, la conducta que hoy se lleve se traducirá en normas de conducta para el futuro. El problema es generar el consenso para que la gente acepte esta nueva Ética global, para ello hay que motivar a todos de la manera más eficaz.
Los tres fundamentos sobre los que se construye esta nueva Ética y espiritualidad son los Derechos Humanos, la Salud para todos y la Educación.
Los Derechos Humanos se fundan en la total equidad de todos los hombres. Para ello se exige como único remedio aceptable, por una parte la estabilización de la población y por otra parte la transferencia masiva de riqueza de los ricos a los pobres. Para algunos de los sostenedores de esta Ética, el Capitalismo es la raíz de todos los males, es una exigencia del Nuevo Orden, oponerse a la globalización económica. Se dice que hay que crear un nuevo standard de vida común para todos. Se respeta la diversidad de las culturas y al mismo tiempo se pretende imponer una cultura universal.
La salud para todos exige ocho elementos: educación para la salud, nutrición adecuada, agua limpia, cuidados elementales, salud materno infantil, inmunización contra las enfermedades infecciosas más importantes, prevención y control de las enfermedades endémicas locales, tratamiento apropiado de enfermedades y desastres comunes, acceso a los medicamentos esenciales y salud reproductiva. Este derecho se engloba en la seguridad social, conlleva la erradicación de la pobreza, la equidad global social y se lleva a cabo por la gobernabilidad global. Exige atender la educación y las tendencias democráticas.
La educación debe ser una educación para todos y los contenidos del currículo básico de la educación de la población se dividen en cuatro categorías: desarrollo social y económico con énfasis en la demografía social; ambiente y ecosistema tratando en especial de la interrelación entre población y ambiente; sexualidad y complementación personal; y familia y bienestar. Se subrayan los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la equidad del género, la seguridad de la salud, la participación, la gobernabilidad, las técnicas para forjar los consensos, la ciudadanía global, la paz, la protección del ambiente, la salud reproductiva. Esta educación debe ser holística y es la clave para obtener el consenso de aceptación del nuevo paradigma. Como debe ser interdisciplinaria debe generar un proceso complejo. Debe ser formal e informal.

4. Principios de la Bioética cerrada al Trascendente
Todo lo anterior hace marco a los principios de la Bioética cerrada al Trascendente. Dentro de esta Bioética, que algunos han llamado «subjetiva», «autónoma», se han formulado unos principios generales normativos, para desde allí poder trazar el estudio de la conducta humana en las ciencias de la vida y de la salud, estos principios son tres, a saber:
1. El principio de Autonomía,
2. El principio de Beneficiencia (y en negativo de la no Maleficencia).
3. El principio de justicia.
El principio de autonomía significa la libertad del agente moral que indicaría que una acción es buena si respeta la libertad del agente moral y de los demás. El principio de beneficencia quiere decir que siempre hay que hacer el bien y evitar el mal.
El principio de justicia, significa que hay que darle a cada quien lo que le corresponde.

5. Origen de estos principios
Como de por sí no habrían normas objetivas en esta Bioética, aparece complicada la justificación de estos principios. Algunos los han atacado y dicen haber ya superado el «principialismo americano» (refiriéndose al lugar donde se han formulado). Sin embargo, otros dan una justificación de los mismos. Se dice que su formulación se ha llegado a hacer experimentalmente, viendo qué resultados buenos y qué resultados malos han tenido las acciones que se realizan en el campo de la Bioética, y sintetizando las consecuencias de estos resultados se ha llegado a formularlos.
Dan varias explicaciones, o bien renuncian a darlas; las diversas posiciones son las siguientes:
5.1. Teoría evolucionista.
La evolución de las especies continúa cuando aparece el hombre y el hombre sigue evolucionando no sólo en cuanto a su naturaleza sino también en cuanto a su cultura, así para cada etapa de la historia se da una cultura y una Ética diferente. En la etapa actual de la historia, la Bioética se sintetiza en dichos principios.
5.2. Teoría subjetivista.
No es posible conocer los valores, cada quien debe proceder como crea conveniente, y como resultado general de este proceder brotan los principios aducidos.
5.3. Teoría contractualista.
Como la teoría subjetivista nos llevaría a pleno relativismo, hay que aplicar dicha teoría pero motivando un consenso, esto es, ponerse de acuerdo entre todos y por la opinión de la mayoría habría que conducirse; algo a manera de un contrato social entre los miembros de la sociedad. Todos han estado de acuerdo con dichos principios.
5.4. Teoría clínica
Sin embargo, no siempre es posible ponerse de acuerdo, entonces, se dice que se examine caso por caso y se actúe de la manera que mejor se piense.
5.5. Teoría utilitarista
Si se pregunta cuál es esta mejor manera, responden con la teoría utilitarista de costo / beneficio. Que se realice aquello que cueste menos y que llegue a mejor resultado.
5.6. Teoría de los nuevos principios.
Alguno opina (Peter Singer) que no hay que estar con los antiguos principios, sino que hay que inventar nuevos. Así por ejemplo, no hay que estar simplemente por el principio “no matarás”, sino por uno nuevo que diga “mata solamente que lo decidas libremente y te hagas cargo de todas las consecuencias”. Los principios aducidos se pueden adoptar como principios éticos siempre que cada quien lo decida libremente y se haga cargo de todas sus consecuencias.

6. Problemática resultante
Como podemos ver, en cualquiera de las anteriores explicaciones se llega a un relativismo, no sólo al constatar el pretendido origen de los principios, sino en el examen mismo de estos. En efecto, el principio de autonomía significa actuar con libertad, pero ello significaría que aquellos que no tienen libertad no deben tomarse en cuenta para esta acción moral, por ejemplo los minusválidos, los niños, los fetos, los embriones.
Por otra parte, el principio de beneficencia dice hacer el bien a los demás, pero qué es el bien, ¿qué es lo que verdaderamente le conviene a una persona?, si no sabemos objetivamente nada de lo que puede ser bueno para alguien, no podemos hacerle el bien; lo mismo se diga de la justicia, ¿qué es lo que corresponde a cada quién?.
Los mismos principios que se han puesto, considerados en sí mismos, no tienen explicación. Suelen decir que estos principios deben entenderse como principios actuales, esto es, como principios meramente de actuación, y no como principios «prima facie», esto es, como principios teóricos, pero la dificultad subyace también como principios de actuación, ¿por qué tengo que actuar de esta manera si no es razonable?.
Además, cuando estos principios entran en colisión unos con otros, ¿cuál de ellos debe prevalecer?. Por ejemplo, si el principio de autonomía entra en colisión con el principio de beneficencia y éste a su vez con el de justicia, ¿cuál debemos seguir?. Se necesita un principio ulterior, previo a ellos que les dé unidad y que resuelva un posible conflicto. El principio de autonomía y así de libertad, tiene sus límites cuando se encuentra con el bien de un tercero, y el bien de un tercero encuentra también limitación cuando se encuentra con lo que le es debido a otra persona, pero en último término, los principios no dicen qué le es debido. Así algunos han acudido a lo que llaman la Ética narrativa en la que se narran sólo los casos que se suceden uno a uno, y se actúa a ejemplo de cómo se procedió anteriormente; o bien se acogen a lo que llaman «percepción femenina», esto es, lo que la bondad fina de una persona juzgue conveniente. Así se acercan a otro criterio que le llaman el criterio «de la virtud», esto es, que alguien con bastante virtud sea quien decida qué es bueno y qué es malo. La virtud dicen que consiste en actuar según la recta razón. Al hablar de la recta razón se están aproximando a la concepción clásica de la Bioética objetiva de la que hablaremos a continuación.
1.- El desarrollo de lo que aquí se engloba en “El nuevo paradigma” está tomado de Kim Yersu, 1999. A common framework for ethics of the twenty first century. UNESCO, Division of Philosophy and Ethics. Cited November 15, 1999, at, www.unesco.org drg philosophyandethics.
(Continuará en el próximo número)

 

 

Revista Vitral No. 62 * año XI * julio-agosto de 2004
Cardenal Javier Lozano Barragán
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud