Revista Vitral No. 62 * año XI * julio-agosto de 2004


ECLESIALES

 

LA IGLESIA Y EL NEGRO

RAFAEL E. TARRAGÓ

 

 

Miente quien dice que la Iglesia Católica ha negado alguna vez que el negro tiene alma.
Desde los tiempos cuando el apóstol San Pablo decía que no hay ni griegos ni judíos, ni hombres ni mujeres, sino hijos de Dios, la Iglesia ha predicado la unidad del género humano. En Los Actos de los Apóstoles leemos que el apóstol San Felipe predicó la doctrina de Jesús a un ministro de la reina Candaces de Etiopía, quien llevó la buena nueva del Evangelio a ese reino africano de población negra. La Iglesia etíope es una de las más antiguas de la cristiandad. Fueron cristianos los etíopes antes que los alemanes, los escandinavos y otros pueblos europeos. Fueron etíopes Santa Ifigenia (según la leyenda bautizada por el Apóstol San Mateo junto con su padre el rey Egipto de Etiopía), San Elesbóam (emperador de Etiopía) y San Moisés Abad. Cuando el rey del Reino del Congo se hizo cristiano a fines del siglo XV un hermano suyo fue a estudiar para sacerdote en Portugal y llegó a ser ordenado obispo.
Es cierto que ha habido casos de discriminación del negro por parte de jerarquías locales. Un sínodo de la Iglesia de Cuba en 1681 decidió no administrar el sacramento de órdenes sagradas a los negros “ni a otros de mala raza como los judíos” y esa decisión estuvo vigente hasta el año 1868. No explicaron los padres de ese sínodo por qué decidieron algo tan contrario a la tradición católica, pero sí discutieron extensivamente modos de evangelizar al negro en Cuba. Como la religión es cosa del alma me parece claro que al proclamarse a favor de la evangelización de los negros, aún esos padres errados en sus prejuicios raciales tenían bien claro que el negro tiene alma, porque no se evangeliza a quien no tiene alma.
En el tiempo de España y la esclavitud de los negros se escribieron tratados para la evangelización de los negros en Cuba y en otros reinos hispanoamericanos. El mejor conocido de estos es De Instaurada Aethiopum Salute, escrito en Colombia en 1627 por Alonso de Sandoval. El colombiano que diga que la Iglesia Católica negaba que el negro tiene alma es simplemente un ignorante de la historia de la Iglesia en su patria, o una persona que dice lo que quiere sin preocuparle si es verdad.
En el siglo XVII se comenzó en la Lima virreinal el proceso de canonización del mulato peruano Martín de Porras.
Se ha interpretado que la Iglesia no condenara la esclavitud como es debido a que no tenía al negro por humano. Los que así piensan no saben la historia del Mediterráneo, en donde hasta hace dos siglos cualquiera podía ser capturado en una guerra y ser convertido en esclavo. El escritor español Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) fue esclavo de los moros en Argel por un buen tiempo. Los negros no eran los únicos que podían verse esclavizados hasta el siglo XVIII (después de la conquista de Irlanda por el inglés Oliverio Cromwell en los años 1650 millares de irlandeses fueron vendidos como esclavos en las islas inglesas del Caribe).
En Rusia familias enteras se vendían como esclavos durante épocas de malas cosechas para evitar morirse de hambre hasta 1640, cuando la servidumbre feudal fue establecida en ese país.
El 22 de abril de 1639 el Papa Urbano VII publicó una bula reprobando el tráfico de negros y prohibiendo al mundo católico que privase de libertad a personas de esa raza y en 1689 el Cardenal Cibo, de la Congregación para la Propagación de la Fe, mandó a los misioneros de África que predicaran contra la costumbre de vender seres humanos. También en 1686 el Tribunal de la Inquisición en Roma condenó la reducción a la esclavitud en guerras injustas en un documento influido por don Lorenzo de Silva Mendoza, un pariente mulato del rey del Congo que logró hacer ver en el Vaticano que algo nuevo estaba pasando con la esclavitud en la costa atlántica de África, donde las guerras tenían lugar simplemente para producir esclavos negros para las Américas.
En Cuba los padres capuchinos fray José de Jara y fray Epifanio de Moiráns fueron acusados de soliviantar a los negros en 1684 por sus críticas contra la esclavitud. Un siglo más tarde el jesuita habanero José Julián Parreño se atrevió a criticar la esclavitud y el comercio de esclavos. Desafortunadamente, la Iglesia como institución no condenó la esclavitud de los negros en Cuba mientras esta duró (parcialmente abolida en 1880 y plenamente en 1886), aunque sacerdotes, como San Antonio María Claret cuando fue arzobispo de Santiago de Cuba, predicaron que los negros y los blancos somos igualmente miembros del género humano y por tanto, esencialmente iguales. San Antonio fue un prelado conservador que creía que Cuba podía ser libre bajo la Corona Española, pero a pesar de esas ideas políticas que podríamos llamar equivocadas, tenía claras las cosas en cuanto a las relaciones humanas. Por ello intercedió a favor de los insurrectos anexionistas de Joaquín e Agüero porque los creía culpables estimaba que como seres humanos merecían ser tratados humanamente por las autoridades, y se opuso al racismo en Cuba. Aunque San Antonio no condenó la esclavitud defendía los derechos naturales de los esclavos a la vida, al matrimonio y a la propiedad como cosas intrínsecas a la naturaleza humana de las cuales no podían ser privados a pesar de su condición de esclavos. El empaque de su prédica igualitaria en el Oriente de Cuba ha sido alabado no solamente por el sacerdote claretiano Reinerio Lebroc en su biografía San Antonio María Claret: arzobispo misionero de Cuba (Madrid, 1922), sino también por. Verena Stolcke en su ensayo académico de tema laico Racismo y sexualidad en la Cuba colonial (Madrid, 1992).
Ideas como que la Iglesia negaba que los negros tienen alma casi siempre tienen su origen en el partidismo anticatólico de protestantes en los siglos XVI y XVII y de masones y otros partidos ideológicos del siglo XIX en adelante. Otras veces se deben a interpretaciones erróneas de políticas segregacionistas de Iglesias locales, como la decisión de no ordenar a los negros como sacerdotes del sínodo de la Iglesia cubana en 1681. Tristemente, también hay malos católicos que no quieren aceptar la doctrina oficial de la Iglesia de que todos los seres humanos somos iguales ante Dios, y justifican su mala actitud diciéndole a los que saben menos que ellos que la Iglesia enseña lo que ellos creen. A pesar de no haber condenado la esclavitud como hoy quisiéramos que hubiera hecho, la Iglesia Católica siempre ha enseñado que jamás Dios desprecia los colores sino precia almas.


 

 

Revista Vitral No. 62 * año XI * julio-agosto de 2004
Rafael E. Tarragó
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