Bien amigos, no voy a hablar de la tendencia de achacarle a las giardias toda erupción cutánea, ni de la moda de insistir en tratamientos tóxicos cuando existen otros menos dañinos y de probada efectividad; no, no es ese el propósito de este comentario, como tampoco lo es criticar el uso del metronidazol endovenoso, de pobre eliminación por vía digestiva, para tratar un caso de enterocolitis amebiana, cuando el metronidazol oral es de efectividad probada; eso serían ejemplos de cosas y casos, pero el propósito de hoy es más general, trataré de dar respuesta a las preguntas formuladas en la presentación de la situación # 15 de esta sección.
La primera pregunta es:
1-¿Cree correcto ir a un especialista que no lo es de la enfermedad que Usted padece? Moda común, a mí, que soy INTERNISTA y no me agrada que me llamen “Clínico”, porque este término deriva del griego “Klinos”, que quiere decir LECHO y se utiliza para calificar al médico que atiende al paciente en su propia cama, no al que opera o saca piezas dentarias y que, en tiempos antiguos, lo hacía en lugares apropiados para ello; no como el clínico, que veía al paciente en su propia cama (era la época pre hospitalaria o de preferencia de atención casera); a mí, repito, me consultan con frecuencia casos de Dermatología, Cirugía, Ginecología y Obstetricia. No me siento menospreciado porque se me califique con el género, siendo especialista (especie) de Medicina Interna, sino que veo en calificar al Internista como “Clínico” un menosprecio oculto hacia las demás especialidades clínicas. Pero, dejando esta divagación y volviendo a la pregunta en cuestión, las especialidades existen para que, como leyera en una ocasión, “Se sepa cada vez más de menos cosas hasta que se llega a saber casi todo de casi nada”, definición que, en esta época en que la especialización va siendo una necesidad creciente, por la imposibilidad de abarcar todos los conocimientos de la medicina por una sola persona, y en que el Médico General es aquel que, a la inversa del especializado, pudiéramos decir que “sabe casi nada de casi todo”, siendo necesario que su generalidad se limite a aspectos definidos para poder realizar un trabajo de calidad. El MGI se prepara para resolver los problemas de atención primaria, con énfasis particular en la prevención y educación, lo que, en un sistema de salud bien engranado, como el nuestro, le permite resolver los problemas de su nivel de atención, pero que, al ir a trabajar en otras latitudes, donde se convierte en Médico Terminal, lo obliga a prepararse en aspectos como partos, sutura de heridas, cirugía menor, etc.,que no se ve obligado a enfrentar en Cuba dado el nivel de acceso a otras especialidades existente. Así, un especialista se prepara sobre todo en lo que atañe a su especialidad, no estando lo suficientemente bien preparado en aspectos que no son de ella y, al atender estos se coloca en una situación en la que, si sale bien todo no tiene problema, pero si sale mal ha cometido un delito culposo por IMPRUDENCIA. (La imprudencia consiste en asumir una responsabilidad para la que no se está preparado porque no se tiene que estarlo), se diferencia de la IMPERICIA en que en esta el individuo en cuestión, un médico en este caso, debería de estar preparado en lo que está haciendo, porque es contenido de su especialidad, pero no lo está, entonces comete errores al actuar, es también un delito culposo el mal resultado obtenido por el médico que actúa sin estar capacitado para esa acción, debiendo estarlo. Así, no es correcto acudir a un especialista de una especialidad que no comprende la enfermedad que se padece, o que no abarca el grupo de edad del paciente (los Pediatras atienden niños, los Internistas adultos y los Geriatras ancianos; no deben atender pacientes que no pertenezcan a las edades que asume su especialidad), pero más incorrecto aún es que un especialista acepte asumir un paciente que no está capacitado para tratar, en ocasiones hay quien se molesta y piensa que es que no se le quiere atender, siendo la realidad que, al no ser el especialista indicado, no se está capacitado para atender ese caso y la honestidad profesional obliga a orientar acudir a quien sí está preparado para ello.
Segunda pregunta:
-¿Cree correcto que un médico lo atienda en un lugar inadecuado o cuando es un momento en que está ocupado en otra cosa?
Consultas en la cola del pan, en un ómnibus, en la barbería, etc., etc.… y hasta en una fiesta con unos tragos de más. ¿Qué médico no ha pasado por eso? Cuentan de un famoso Profesor, que lo fuera mío, al que una trabajadora del Policlínico fue en varias oportunidades a su consulta y siempre lo encontraba, como es lógico y normal, atendiendo algún paciente.
-¡Ah, Doctor!, tengo que verlo, pero ahora está ocupado, vengo después.
–Espera, que ya casi acabo.
-No, vengo después.
Fue el diálogo que se repitió cuatro veces ese día. Ya a las cinco de la tarde, en la parada del ómnibus, llega la señora y le dice al Profesor:
–Doctor, menos mal que lo encuentro desocupado, mire, yo tengo un dolor en el vientre que se me corre para abajo ¿Qué cree que pueda ser?
Dicen que el famoso Profesor le dijo:
–Acuéstese y bájese la saya desnudando todo el vientre.
–Pero, Doctor, ¿Aquí, en la parada de una guagua?
–El lugar no lo escogí yo, usted me vio cuatro veces en la consulta y no me contó lo que le pasaba, me lo cuenta en la parada, de ello infiero que usted quiere que la consulte aquí, yo solo trato de complacerla.
Esta anécdota, que muchos dicen que fue real, aún cuando el Profesor (el de El Balcón de los helechos, sino el médico) la niegue, nos ilustra algo que ocurre con frecuencia, se le hace una consulta a un médico en un lugar o un momento inadecuado, donde no hay posibilidades reales de hacer un interrogatorio o un examen adecuado y, cuando le respondemos solo que nos vean en la consulta, el aspirante a paciente se molesta porque el médico no quiso actuar con NEGLIGENCIA, otro delito culposo.
La Impericia, la Imprudencia y la Negligencia son acciones que, de tener mal resultado, constituyen delitos por culpa.
La tercera pregunta está casi respondida con lo que hablábamos de las especializaciones:
-¿Cree que un médico está preparado para atender a cualquier paciente?
Evidentemente, un médico está preparado para atender los casos del perfil de su especialidad y algunos casos generales para los que todo médico recibe cierta capacitación durante sus estudios, pero NO todo médico está preparado para atender a cualquier paciente.
La cuarta pregunta:
-¿Por qué Pedro no fue primero a ver a su médico de la familia? Esto tiene varias respuestas, pero sobre todo porque muchas veces menospreciamos al “mediquito nuevo” sin tener en cuenta que todos los médicos lo fueron alguna vez (Menos los que se graduaron ya con algunos años de más) También por el falso concepto de que cualquier especialista sabe más que un médico general, olvidamos entonces que el M. G. I. es un especialista de Medicina General, que está preparado para atender los casos que se presentan en las consultas de nivel primario y que sabe menos de la materia que abarcan otras especialidades en cuanto a esa materia, pero sabe más que cualquier otro especialista porque está preparado para una visión más general de los pacientes que las demás especialidades.
La pregunta final:
-¿Qué cree de la actitud de Martínez de no ver casos que no sean de su especialidad y no ver tampoco a nadie fuera de la consulta?
Muy sencillo, Martínez no quiere ser imprudente (ver casos que no sean de su especialidad) ni negligente (Ver los pacientes en condiciones inadecuadas), lo que facilita la equivocación por culpa (Muy diferente del error médico, del que pudiéramos hablar otro día)
Existen situaciones a las que los cubanos nos hemos adaptado a lo largo de años de mala praxis y así vemos pacientes en los pasillos, permitimos que nos vayan a buscar al comedor o a la biblioteca del Hospital cuando no estamos en consulta ni de guardia y, entonces, por no levantarnos, dejar lo que estamos haciendo y buscar un lugar con condiciones, vemos al paciente donde nos encontraron; he visto médicos interrumpir su almuerzo “un momento” para, sin levantarse de la mesa, consultar un paciente, diagnosticarlo y recomendar tratamiento sin apenas examinarlo “¡Tú sabes lo que es ir ahora hasta la consulta por una bobería! además, si les dices que no puedes verlo ahora sino en una consulta se ponen bravos y salen hablando horrores de ti, es mejor resolverles el problema como sea que buscarte un problema con los pacientes” responde este complaciente y negligente médico.
¿No tiene Usted algo de su experiencia personal que contar? ¿Ha atendido (o sido atendido) en condiciones inadecuadas que son, de hecho acciones negligentes? ¿Ha visto casos que no son de su especialidad por “resolverles a los pacientes” (o sea, por quitárselos rápido de arriba y que no hablen mal de Usted)? O, como paciente, ¿Ha buscado atención de médicos que no son especialistas de lo que Usted padece? Estoy seguro de que las dos respuestas, tanto en los médicos como en los pacientes, son afirmativas.