Revista Vitral No. 64 * año XI * noviembre-diciembre de 2004


CINE

 

EL INDIO FERNÁNDEZ:
CIEN AÑOS DE COMPAÑÍA

DANY F. TEJERA

Emilio Fernández (El Indio)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Enamorada”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La malquerida”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando en el crepúsculo de 1895 el público parisino asistía a la premiere de un grupo de cortos donde se materializaba el viejo sueño de Daguerre y otros científicos de la fotografía (hacer que la imagen adquiriera la ilusión del movimiento), ni siquiera los propios autores de aquella proeza tecnológica pudieron imaginarse que su descubrimiento (concebido al principio como un espectáculo de feria), devendría, gracias a inversionistas como Charles Pathé, realizadores como David Wark Griffith, inventores como Tomás Alva Edison y comediantes como Charles Chaplin, entre otros también importantes, en la más abarcadora y popular de todas las artes: el cine.
Pero como el gran acontecimiento, del que se hablaba en todas las latitudes del planeta, no había surgido para circunscribirse solamente al público de la hermosa capital francesa, meses después Louis y Auguste Lumiere, conscientes de la importancia de su difusión por el mundo, comisionaron al camarógrafo Gabriel Veyre para que se ocupara de darlo a conocer en el continente americano y es así que este representante de los ya famosos hermanos, realiza en el verano de 1896, exactamente el 14 de agosto, en el entresuelo de la droguería Plateros, las primeras actividades cinematográficas en tierras mexicanas. Sin embargo ya antes México había conocido otra forma de cine: el kinetoscopio de Edison. Después de exhibir los mismos materiales que pudieron apreciar los cinéfilos franceses, Veyre filma ese propio año en el país de Cuauctemoc y Moctezuma junto a J. C. Bernard, también operario de la casa Lumiere, más de 20 cortos, cuya duración era solamente de un minuto. Más tarde parte rumbo a Cuba, no sin antes dejar creadas las condiciones para que proliferara en aquellas tierras una indetenible cinematografía nacional, que ha sabido resistir los embates del tiempo, para merecer el respeto de los críticos y disfrutar de la preferencia del público latinoamericano.
El pionero de los realizadores aztecas fue Ignacio Aguirre, quien inicia el movimiento cinematográfico en el país con Riña de hombres en el Zócalo, y Rurales mexicanos al galope en 1897. Por su parte, el primer documental sobre la Revolución pertenece a Enrique Rosas, cuyo argumento incluye auténticos combates filmados en los propios campos de batalla durante el desarrollo de las acciones bélicas contra la dictadura de Porfirio Díaz. Este género predominaría hasta el año 1910.
La atmósfera creada alrededor del naciente 7mo. Arte motivaría, a comerciantes y promotores a entregarse en cuerpo y alma a su desarrollo y difusión, destacándose entre ellos Salvador Toscano Barragán, un ingeniero de minas devenido realizador de documentales sobre la Revolución, reunidos en 1950 bajo el nombre: Memorias de un mexican”, autor de la primera película de ficción: Don Juan Tenorio 1898, y propietario también de la primera sala cinematográfica construida en el país.
Hubo que esperar hasta 1906 para que apareciera el primer largo-metraje:San Lunes el valedor, cinta de más de un rollo, y El grito de Dolores (1910), de Felipe Jesús del Haro, sobre la independencia del país. A partir de entonces las cintas con argumentos proliferaron, y se crearon algunos estudios cinematográficos. Filmes como: El automóvil gris (1919) también de Enrique Rosas y El caporal de Miguel Contreras Torres, ilustran la etapa del cine mudo mexicano.
Cuando esta manifestación cultural adquiere el don de la palabra, Rafael J. Sevilla rueda la primera película hablada: “Más fuerte que el deber” (Aunque según, Emilio García Riera, historiador del cine mexicano, la primera película hablada fue “Santa”, interpretada por Lupita Tovar). A partir de los años 30 aparecerían otros títulos relevantes, pertenecientes a directores talentosos, como:Fernando de Fuentes: Vámonos con Pancho Villa, Doña Bárbara, y Allá en el rancho grande,. Redes, de Fred Zinnemann, Que viva México de Serguei Einsentein, Distinto amanecer, de Julio Bracho, y La barraca de Roberto Gavaldón, basada en la novela homónima de Blasco Ibáñez, a los que se sumaría la importantísima etapa buñuelana. Pero nuestro interés hoy está centrado en un mítico, prolífico y genuino defensor de los valores autóctonos de su pueblo: Emilio Fernández (El Indio).

Actores de Pueblerina.


Este carismático actor y director mexicano (1904 – 1986), hijo de padre español y madre indígena, nace cerca de Hondo, Coahuila, y abandona sus estudios a los 12 años para unirse a la Revolución Mexicana. Capturado por las tropas gubernamentales fue condenado a 20 años de privación de libertad, pero transcurridos los primeros tres, logra fugarse y trasladarse a territorio estadounidense. A principio de los años 30 regresa a la patria para alternar el oficio de actor con el de director de cine.
Durante su permanencia en Estados Unidos desempeña diversos oficios, entre ellos el de bailarín, cosa esta que hacía muy bien.
El Indio conocía perfectamente las intenciones norteamericanas de mantener a México ocupado en la realización de melodramas y filmes folkloristas, alejados de las contradicciones, el desamparo y la fatalidad de las clases humildes, pero en el interior de este director bullía el deseo de regresar y salir en defensa de la historia, de la cultura y de la identidad nacional. Es así que ve la luz su primera película: La isla de la pasión en 1941, pero será: Flor silvestre, 1943, la primera obra importante de su larga carrera como director.

Escena de “Flor silvestre”


Influido por el ya mencionado cineasta soviético Serguei Eisenstein, quien rodara en 1931 Que Viva México, realiza en 1943 María Candelaria, con la que ganaría la Palma de Oro en Cannes y que contribuyera a levantar el prestigio nacional, afectado por la escasa producción de filmes con verdaderos valores estéticos. En esta película muestra, gracias a su excelente dirección y a las impecables actuaciones de Dolores del Río y Pedro Armendáriz, la lucha de unos personajes que no pueden escapar a su trágico destino. El mensaje del Indio Fernández es claro y pesimista: la vida es una sucesión de puertas que se cierran al ser humano, al tiempo que resulta difícil evitar las trampas que esconde.
Emilio Fernández estaba también poseído por un profundo espíritu martiano. Así pudo demostrarlo en 1950, cuando rodara Un día de lluvia, basada en la vida de Lucio Reyes, militar revolucionario mexicano, condenado a muerte por las tropas gubernamentales, donde cita frases del apóstol cubano, y la periodista que aparece en el filme procede de la isla caribeña.
Esta simpatía por Martí lo condujo a aceptar en 1953 la dirección de:La rosa blanca, concebida por la comisión organizadora de las actividades por el centenario del apóstol de nuestra independencia, pero aunque en 1954, fecha de su estreno, fue la más taquillera de las películas exhibidas en Cuba, su estreno mundial apenas logró cubrir los gastos de producción.
El Indio Fernández, por derecho propio, ocupa un lugar cimero dentro de la cinematografía latinoamericana: Pueblerina, La malquerida, Enamorada, La perla, Maclovia, Las abandonadas, y Río Escondido, son algunos de los grandes éxitos alcanzados a lo largo de su carrera como realizador.
La fama del Indio Fernández como director y actor, comienza desde la primera mitad del siglo XX. Antes de regresar a México, permanece durante varios años trabajando en Hollywood. Se cuenta que la famosa estatuilla de los premios Oscar, en un inicio estuvo inspirada en su figura.
Durante toda su carrera como director, alcanza la abultada suma de 41 películas, en las que lo acompaña toda una constelación de estrellas, como: Dolores del Río, María Felix, María Elena Marqués, Columba Domínguez, Pedro Armendariz, Jorge Negrete, Roberto Cañedo, y Pedro Infante, entre otros, que constituyen toda la luminaria del firmamento mexicano.
Uno de los filmes más significativos interpretados por el Indio Fernández, es sin lugar a dudas La cucaracha, realizada en 1953 y dirigida por otro grande del cine mexicano, Ismael Rodríguez, quien logró reunir además, y por única vez, a las dos figuras femeninas más sobresalientes de la pantalla nacional: Dolores del Río y María Félix. Esta cinta describe con espectacularidad, un momento de la lucha armada a principios del siglo XX, y contiene también sustanciosos diálogos, que lo engrandecen a cargo de La Doña, como: “Échenles mentadas, que también les duelen.”, entre muchos otros puestos también en su boca.
Hoy, a cien años de su natalicio, no tenemos la suerte de contar con la presencia del Indio entre nosotros, pero para atenuar la ausencia física sí contamos con el legado que nos dejara y que nos permite reencontrarnos con él una y otra vez, para que las nuevas generaciones conozcan y admiren también a este realizador y actor que exploró, como ningún otro, el corazón de su pueblo.

María Candelaria.

 

Revista Vitral No. 64 * año XI * noviembre-diciembre de 2004

Dany Fco. Tejera
J´ Dpto. Promoción del Centro Prov. de Cine de Pinar del Río. Especialista de cine latinoamericano.