Es conocido que la modernidad en pintura se caracterizó por continuas oscilaciones entre figuración y abstracción o sea, de forma general los ismos interactuaron, las razones del mercado del arte impusieron condiciones y suscitaron preferencias contrastantes, agotándose en buena medida las búsquedas.
Más tarde, la postmodernidad, cual voz-imagen del carácter simultáneo entre diferentes universos expresivos también proliferó en nuestra isla, y mediante estos múltiples lenguajes, la inserción de nuevos paradigmas estéticos: las instalaciones y sus diferentes modalidades, permitiendo la convivencia de diversos estilos y tendencias en el campo de las artes plásticas cubanas.
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Flamboyán. Óleo/lienzo, 2003. 71x57 cms. |
Estas afirmaciones que utilizo como preámbulo de algún modo han incidido también en las capitales de provincia y otros sitios de nuestro país. En Pinar del Río se han formado varias generaciones de artistas de la plástica, convirtiéndose en emporio de significativos paisajistas. Unos preocupados por el concepto, otros por la técnica formal pero, en fin, todos creadores de nuevos universos visuales.
Me interesa de modo particular abordar la obra de este artista que desde su graduación en la Escuela Provincial de Arte en Pinar del Río, se solidarizó con diferentes ismos y durante años incursionó en algunos de estos lenguajes al abordar diversas temáticas con obras de carácter muy experimental. A lo largo de su carrera su compromiso con lenguajes más contemporáneos no ha tenido un carácter uniforme. Y por supuesto esta razón obviamente contrastaba con la práctica más conceptual de artistas graduados en el ISA y la ENA que se mantenían enviando obras a los salones convocados por las instituciones en estos años.
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Naturaleza muerta. Óleo/lienzo, 1984, 80x120 cms. |
Para Montesinos Lorenzo se hizo imperiosa la práctica constante; experimentar, perfeccionar aún más la técnica y profundizar en cuestiones teóricas, lo llevaron a transitar varios procesos de búsquedas. Abordó temas, géneros y estilos heterogéneos siendo notorio el carácter retrospectivo. Poco a poco se fue afirmando el interés por la línea paisajística, entre otras razones, como consecuencia de su pasión por la naturaleza, sentido de la diversidad, y una propensión hacia la libre interpretación completa, variada, espontánea. Gradualmente fue surgiendo un marcado interés por recrear pedazos del espectáculo natural. Su paleta fue transformándose, tutelada, instruida. La riqueza en sus lienzos fue resultado de un sensato proceso de observación, estudio y análisis. Aunque debo aclarar que por décadas (80 – 90) su producción también incluyó asuntos imaginarios, esotéricos, y fueron reconocidos por el artista como ... “intensas etapas de formación y búsquedas” donde se puede percibir la conquista (sin dedicarse a exponer con frecuencia en salones y galerías institucionales), de numerosos admiradores, e incluso coleccionistas privados de otros países, que adquirieron algunas de sus obras.
Pero los intereses del artista iban más allá de la cuestión mercantil, aún necesitaba descubrir espacios, perpetuar lugares y aprovechar otras técnicas que le permitieron recrear matices y texturas, elementos recurrentes en sus piezas. Francisco comenzó a proponer efectos de tiempo para la memoria. Para ello cada año la disciplina en el taller se hizo más rigurosa; investigador persistente y buen observador, volcó su producción finalmente a un género: el paisaje.
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Finca Gubieda. Óleo/lienzo. 2002, 80x60 cms. |
Y es entonces que el paisaje aparecido fue protagonista desde los años noventa hasta la fecha. Su obra refleja el sentimiento de los espacios. Prolifera en textura, colores, incluso, sonidos de árbol, nubes, tierra, atmósferas cotidianas. Pedazos de paisajes metamorfoseados desde su propio interior se convierten en elementos recurrentes.
En una reciente entrevista al artista, sobre sus influencias dijo: “Todos los ismos me gustan y aprendo de ellos y todos los artistas son mis maestros, los nuevos y los viejos...como Romañach, Menocal, también mi tío Tiburcio Lorenzo, los artistas de la escuela de Barbizón, Millet, Díaz de la Peña, Rousseau,... el inglés Williams Turner, el alemán Max Slevogt, Alberto Durero con sus paisajes «puros» y los franceses Cezanne, Manet, entre otros.”
Pero obviamente no es la suya ilusión promovida desde lo tradicional que únicamente sugiere límites, sino procrea límites. Su academia no es ancestral, transfiere movimiento interno a los motivos cotidianos, les descubre poesía visual. Montesinos Lorenzo tienen el don de apresar los detalles y descubrir la integridad espiritual de las cosas. He aquí la cuestión esencial. El color es sonido, los pequeños detalles nacen de ensayos, goce, ilusión promovida: el río como espacio o cárcel textural mutable donde respiran los árboles de la tierra, los flamboyanes, vitalidad invariable del tiempo.
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La casita de Julián. Óleo/lienzo, 2002. 80x60 cms. |
Desde finales de los noventa, su nueva producción manifiesta el interés por documentar, revelando maestría, poesía, ficción: “Me gusta reflejar la realidad, lo natural, la imaginación por supuesto se supedita a ella. Lo documental me atrae, los escenarios conocidos, fijar para siempre motivos y sentimientos de un lugar.”
Su preocupación por abordar el paisaje, lo maravilloso, lo insignificante, lugares que están pero que muchas veces no les prestamos interés, lo aleja en buena medida del espejismo tradicional por apresar simples motivos. En muchos casos la espátula es protagonista y ayuda a exaltar ritmos ocultos que emanan de la intensidad cromática, evidenciando una aguzada contemplación interior que se propone mostrar los procesos del color natural como síntesis de una nueva realidad a partir de realidades preexistentes. El logro de ciertas atmósferas, confecciones formales sugerentes, lo acercan hacia el reflejo más espontáneo de los espacios. Cada obra que nace es más refinada, deja ver con énfasis la belleza interior de la naturaleza legándonos, sin duda alguna, nuevos escenarios para guardar la memoria.
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Érase una vez. Óleo/lienzo, 2003. 60x70. |
Curriculum artístico
Francisco de la Caridad Montesinos Lorenzo
(4 de octubre de 1946, Pinar del Río)
Estudios cursados:
· Técnico Agrónomo IPA –febrero 1967
· Artes Plásticas. Escuela de Arte Raúl Sánchez- agosto 1977
· Historia. IPE – agosto 1982
· Lic. en Educación Plástica. Instituto Superior Pedagógico “Rafael Ma. de Mendive”- julio 1992
Exposiciones personales
· 1981 – ESVOC “Federico Engels” – Pinar del
Río
· 1985 - Casa de las FAR – Ciego de Ávila
· 1986 – Museo Provincial de Historia
· 1990 – IPVCE “Federico Engels”
· 1998 – Sectorial Municipal de Cultura
· 1999 – IPVCE – “Federico Engels”
· 2000 – ISP “Rafael María de Mendive”
· 2003 – Galería Arturo Regueiro – Pinar del Río
Ha participado en más de 20 exposiciones colectivas y en la confección de murales, ilustraciones para revistas, etc.
Sus obras se encuentran en colecciones privadas en España, EE.UU, Puerto Rico, Brasil, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de Cuba y otros países.