Si los seres humanos aprendiéramos de la historia,
¡cuantas lecciones aprenderíamos!
pero la pasión y el partidismo
nos ciegan, y la luz de la experiencia es como
la de la popa de un barco, que sólo alumbra
las olas que dejamos atrás.
Samuel Taylor Coleridge.
Verano de 1915. Frente de guerra en Europa. Los enemigos de Alemania comienzan a arrojar volantes sobre las líneas de combate. Decenas, centenas, millares, los papeles ruedan por el suelo, se funden en el barro pegándose a las botas de los soldados, se clavan en las alambradas, saltan por el aire con las explosiones, arden con la pólvora que se inflama, pero llegan a los ojos de los hombres... Los mensajes son cortos, claros, repetitivos, sugerentes:
“No se pelea contra el pueblo alemán, sino contra el único culpable de la guerra y la muerte: El Kaiser. Cuando la lucha acabe las democráticas y libres naciones acogerán a Alemania en el seno de una Liga que asegurará la paz perpetua.” (1)
Los soldados ignoran primero, pero luego curiosean y leen, entonces sonríen ante tan tentadoras palabras.
Pasan días, semanas, meses expuestos al material impreso, tal como el alimento físico tiene un efecto en el cuerpo, así el psíquico repercute en la mente. Muy pronto la persuación británica comienza a dar resultados.
“para que la política pueda ser una gran fuerza transformadora, ha de reflejar acertadamente las necesidades del desarrollo de la vida material de la sociedad.”
M. Rosental y P. Iudin.
Pero, ¿cómo era la condición material del pueblo alemán? Una fuente segura: “Doquier reinaba la más cruel de las miserias. La capital estaba transformada en una ciudad con millones de habitantes famélicos.” (2) Ya para 1916 comenzaron a fluir confesiones y quejas de los familiares de los soldados.
La pobreza pululaba, el hambre sulfuraba el cuerpo y la mente del pueblo germano. Los síntomas de descomposición comenzaron a ser cada vez más evidentes. Aquellas cartas preñadas de descontento y tristeza, minaban la ya deprimida moral del soldado.
“El frente maldecía y renegaba irritándose (...) con razón. Mientras el soldado moría de hambre (...) los seres queridos que habían quedado en el hogar vivían en la miseria. (3)
“En el individuo no todo es racional”
Denis Diderot.
En las calles de las ciudades, Munich y Berlín se respiraba un aire de apatía e irritabilidad, -”Doquier se escuchaban lamentos (...) sin embargo, el mismo individuo que acaba de rezongar, minutos después, cumplía con su deber diligentemente como si fuera la cosa más natural del mundo” (4)
Así, aunque se venía abajo un imperio con todo su complejo sistema, la muchedumbre actuaba a despecho de lo que pensaba, como movidos por una inercia invisible, atrapados en el tumultuoso conjunto de una propaganda absurda que no los convencía y sin embargo los arrastraba. Era algo inexplicable. – «Una compañía que había expresado su descontento, se mantuvo en el trozo de trinchera que le tocaba defender como si el destino de Alemania dependiera de aquellos 400 metros de cuevas de barro.» (5)
Estas mismas contradicciones, éste flujo y reflujo de opinión y acción popular influida por la opresión y repercusión de la propaganda se hicieron patente también, durante los convulsos días de la Revolución Francesa. Muchos políticos pronunciaron en los arrabales discursos fogosos o, como Marat, arrojaron folletos excitantes al pueblo para después cosechar el fervor revolucionario, así encendían la pólvora imponente del patriotismo para mover a la acción precisa a la enorme masa tambaleante. Y el pueblo reaccionó.
Ese mismo pueblo recibió con beneplácito al Incorruptible y con una ovación de aplausos avalaba cada discurso, cada nueva ley propuesta a la Asamblea Constituyente, mientras Francia se enrolaba en una supuesta guerra liberadora contra las potencias vecinas. Pero...”cuando despuntaba el amanecer, ante las puertas cerradas de las carnicerías y las panaderías se formaban largas colas, todos trataban de llegar lo más pronto posible, porque los alimentos escaseaban y alcanzaban sólo para los que estuvieran más cerca de las puertas cerradas (...) Todos maldecían al gobierno revolucionario que no podía garantizarle a la población la cantidad necesaria de alimentos.” (6)
Stefan Zweig, diría en una de sus biografías: “Cuando cae en el cesto la cabeza de Robespierre, (El Incorruptible), truena la plaza gigantesca en un grito único, estático de júbilo. Los conjurados (complotados contra Robespierre) se asombran. ¿Por qué se alegra el pueblo tan apasionadamente con la ejecución de este hombre al que París, al que Francia, adoraba aún ayer como a un Dios? Y esto los sume en la perplejidad”...(7)
Pero volvamos al siglo XX.
¿Qué tipo de propaganda utilizó Alemania durante la Primera Guerra Mundial?
La propaganda de Austria y Alemania
Para mover a las grandes multitudes a las huelgas, manifestaciones o guerras –sean estas defensivas o invasivas- es necesario contar con un fuerte y organizado aparato propagandístico que sea capaz de generar una idea positiva conforme al objetivo que se persigue. Una campaña de tono popular abarcadora, en la que se fijen claramente los motivos y los objetivos.
En este sentido la propaganda germana presentó al enemigo como idiota, como un ser cobarde e incapaz. Las revistas lo anunciaban ridículamente...dieron una imagen errónea y el resultado fue catastrófico. Cuando el soldado alemán tropezó con la realidad y comprendió la capacidad de resistencia del adversario, comprobó que había asido engañado. Los hombres perdieron fe. Su capacidad combativa decreció. La propaganda era falsa. Se había puesto al desnudo la gran mentira. Los enladrillados cimientos de la base del militarismo alemán se quebraban. Muy pronto toda la estructura se vendrían abajo estrepitosamente.
¿Cómo fue por su parte el estilo anglo-americano?
Propaganda inglesa y americana
Contrariamente a los alemanes las naciones americanas e inglesas presentaron a su pueblo y a su ejército una imagen diferente de su adversario. Lo mostraron como un bárbaro, un ser cruel, un huno, culpable absoluto de las miserias y la guerra. Y el soldado psicológicamente preparado para los mayores desmanes, no se sorprendía, sino que confirmaba la información que ya poseía.
Por ende, el soldado británico nunca dudó del material que llegaba a sus manos, contrario al germano que llegó a desechar cualquier papel por considerarlo un embuste de parte de su gobierno.
Este tipo de propaganda persiste aún en nuestros días, con nuevos enfoques, adaptada a las nuevas circunstancias. Sin importar la corriente ideológica en la que se manifieste.
Características de la propaganda
El método propagandístico puede simplificarse o enriquecerse, en dependencia de lo que se persiga, así como al nivel de masa que se pretenda involucrar. Generalmente al supuesto enemigo se le acusará de inmoral, subversivo, injerencista, rapaz, mentiroso, injusto, asesino, fundamentalista, extremista, avaro, mafioso, expansionista, fascista o un término de moda en nuestros días: terrorista.
No se economizan injurias, que no siempre se apegan a la realidad, y éstas vuelan de un oponente a otro como flechas, tratando de envenenar la imagen del adversario, como en un duelo a muerte.
Para avivar este odio –a veces irracional- la propaganda se nutre de malas acciones del pasado o del presente, de decisiones aparentemente injustas, de supuestos derechos violados, terrenos ocupados, escándalos, deudas, o cualquier otra cosa que justifique la actitud hostil.
A veces se exagera la maldad del oponente y se oculta lo positivo de este dando a conocer una información parcializada (manipulación), así como se sobrevaloran las conquistas, logros y méritos propios ya sean individuales, partidistas o gubernamentales.
La propaganda inteligente hace recaer la responsabilidad –de lo negativo-: la guerra, la muerte, la miseria material, la disfunción económica, la opresión –sobre el enemigo únicamente, aún cuando esto no coincida con la realidad, evitándose los ataques a los pueblos (enemigos) en general, más bien haciéndolos sentir víctimas de una injusticia funcional o ejecutiva y desviando los ataques enemigos a la dignidad o seguridad de la sociedad a la que va dirigida la propaganda.
Se mueve al protagonismo, a la acción del proletariado... “a reclamar su ayuda y arrastrarlo así a un movimiento político”. (8) Libertad, independencia, emancipación, palabras que resuenan como gritos de guerra de la propaganda política.
La propaganda no sólo se utiliza con fines bélicos, (propaganda guerrera) también es utilizada con fines electorales, (propaganda electoral) o para conseguir partidarios afines a un proyecto o idea social común, (propaganda partidista) y en su extensión, de un conjunto de estas que conforman el ideario de una determinada filososfía, (propaganda ideológica).
Cabe señalar que el socialismo marxista ha empleado inteligente, obsesiva y exitosamente este tipo de propaganda.
Dispersión de la propaganda
La propaganda es una rama del tronco común de la comunicación. Es en sí misma un método comunicacional y su efectividad social está medida en gran parte por la difusión que logra alcanzar. Por tanto, para poder abarcar el objetivo, ya sea individual, grupal, regional, nacional o internacional, la propaganda es lanzada desde las más diversas rampas. Cuando más múltiples y abarcadoras, tanto más resultados se apreciarán. No es raro que se vean comprometidos los estados en determinados momentos (desastres naturales, ataques terroristas) a utilizar todo su potencial propagandístico con fines informativos, todo el tiempo que perdure la crisis, una vez normalizada la situación, se diversifican o descentralizan los derechos de los políticos a utilizar la propaganda. Existen en la actualidad Estados donde el poder es inalienable a un solo partido, en estos casos la propaganda adquiere un carácter oficial y reconocido (lucha ideológica) y se convierte en un instrumento potencialmente eficaz. Esta eficacia está dada, en gran medida, por la tenencia por estos estados monopartidistas (democracia popular) de un total control de los medios con los cuales dispersa la propaganda.
Estos medios varían con a las circunstancias y los recursos disponibles. y abarcan todo un abanico de apacibles vehículos desde donde la propaganda puede ser impulsada, partiendo de los más sencillos y primitivos (discursos, canciones, himnos, carteles y volantes) hasta los más modernos: radio, cine y televisión.
Teniendo en cuenta que en nuestro mundo contemporáneo el poder de la propaganda constituye un poder tan efectivo como el económico o el militar, el control sobre este medio se ve, según la óptica de algunos, no como un lujo sino como una necesidad para la supervivencia...
El periódico ucraniano, Bandera roja, publicó, refiriéndose a la película propagandística Armagedón, el 14 de mayo de 1963, lo siguiente:
“La propaganda atea es eficaz, convincente y utilizable en otros pueblos del país donde se exhiben producciones similares”. (9)
Con el desarrollo acelerado de la electromagnética, la microelectrónica, la electroóptica y la computación en general, la propaganda ha dado un salto pluridimensional a escala global. Con las incalculables ampliaciones de las redes informáticas mundiales así como su constante modernización, que a su vez permite de una manera más óptima reelaborar, manipular, o condensar imagen y sonido (originando nuevos dilemas de orden ético y legal), la propaganda ha alcanzado poderes nunca antes logrados y una dimensión informativa y comunicacional sin precedente.
El Doctor Halger Lampercht, especialista del Centro de Información de la Academia de Ciencias de la ex Alemania Oriental, expresó:
“Las N.T.I.C. (Nuevas tecnologías de información y Comunicación) abarcan grandes posibilidades (...) para obtener información, y por tanto son un instrumento importante para la lucha ideológica, porque se pueden utilizar para facilitar el acceso a la información o para impedirlo, o para permitir que personas, grupos o países reciban solamente informaciones predeterminadas”, (10)
Protección intelectual
de los mensajes
La densidad o profundidad intelectual de los mensajes propagandísticos no ha cambiado mucho desde aquellos utilizados a principio del siglo XX. Esta profundidad varía en correspondencia con el auditorio al cual esté dirigido. Obviamente el poder de asimilación e interpretación no es el mismo en un colegio médico que frente a un gremio minero. El mensaje debe ajustarse proporcionalmente a la comprensión de las personas que lo absorben. Sin embargo, cuando el mensaje a difundir va dirigido a grandes multitudes mixtas, contiene básicamente una profundidad psicológica a la altura del menos inteligente. Esto se fundamenta en el hecho siguiente: la propaganda ha de ser dirigida para todos y debe tener en cuenta el nivel de comprensión del menos capaz.
Es evidente en este tipo de mensaje el contenido claro y breve.
La importancia de esta propaganda dirigida a todos no radica en la complejidad del contenido sino en su divulgación. Así pues se hace manifiesto una repetición constante, inmutable, invariable, perseverante, martillante y duradera, a fin de fijar la misión en la mente de las personas.
La propaganda no te dice cómo tienes que pensar –aunque lo sugiere- pero sí en qué debes pensar, y cuando no es contrarrestada con otro tipo de información alternativa, crece en poder como una bola de nieve lanzada cuesta abajo y termina influyendo poderosa y definitivamente en la manera de pensar de la gente.
“Las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante”.
C. Marx.
Todos los años se invierten miles de millones de dólares en publicidad, los anuncios son muy eficaces, se manejan las ideas de la gente con los hilos invisibles de los que poseen o buscan el poder. Se convocan a las huelgas, las marchas o la guerra y las masas más bien guiadas por los sentimientos que por consideraciones profundamente razonadas, corren ingenuas de aquí para allá a conveniencia de los que tienen los medios y saben utilizar la propaganda con más habilidad. Al final son los pueblos los que sufren, los que padecen la miseria o la ausencia de los héroes que regresan de las guerras.
El poder de resistencia, el nivel de sacrificio de los pueblos, es también influido por la propaganda. El miedo al reformismo, la resignación a la miseria material, es el reflejo de un operativo e inteligente aparato propagandístico que trabaja ininterrumpidamente por mantener vigentes los objetivos de una determinada política.
“La propaganda funciona, si no fuera así, nadie invertiría en ella. De hecho, ejerce una poderosa influencia en las ideas y las actitudes del público”.
Referencias
(1) Testamento político A. Hitler. Pág. 69
(2) “ “ “ “ 71
(3) “ “ “ “ 70
(4) “ “ “ “ “
(5) Robespierre. Tres retratos de la Rev. Franc. Albert. Manfred. Pág.281
(6) Fouché. Stefan Zweig. Pág. 98
(7) El manifiesto comunista. C. Marx. Pág. 39
(8) Revista Despertad. 22/4/ 2001. Pág 8
(9) Revista. Juventud Técnica. Nº 254. Pág. 46
(10) Revista La Atalaya. 1/4/ 2004. Pág. 12