Revista Vitral No. 64 * año XI * noviembre-diciembre de 2004


PATRIMONIO CULTURAL

 

REQUIEM PARA ANTOÑICA

JORGE DEL VALLE

 

 

La historia religiosa de Mariel se remonta al 12 de febrero de 1515, ocasión en que las embarcaciones de Hernán Cortés, en su viaje de conquista a México, fondearon en el lugar conocido hasta hoy por “La Boca” y hubo de celebrarse una misa de campaña.
Conocemos que el pueblo de Mariel comenzó a formarse poco después de la retirada de los ingleses que sitiaron y ocuparon La Habana, utilizando la bahía de Mariel como puerto auxiliar, aunque por entonces se conocía como “Muelle de tablas” por existir un muelle entre las dos barracas que levantaron los ingleses y que abandonaron al partir del lugar. Oficialmente se da el año de 1768 como el de la fundación.
Cuéntase que una empresa encabezada por el vecino Ignacio Álvarez se propuso levantar una ermita en Cocosolo, pero al parecer no prosperó pues no hemos encontrado el lugar de la iglesia en el plano trazado en 1803 por el agrimensor don José Oliva Flores; también tenemos en cuenta que el 13 de junio de 1805 se celebró la primera misa en el actual pueblo, fue en la casa del vecino Antonio Plasencia, por el capellán del bergantín “Volador”, lo cual constatamos en una tarja de mármol en la referida casa (1963), De igual forma hemos encontrado en Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País, que el Obispo Juan José Díaz de Espada y Landa erigió en 1806 la parroquia de Mariel como auxiliar de la de Guanajay, pero sin dotarla de edificio propio, por lo que las misas se celebraban en el colgadizo del almacén de los hermanos Orta en Cocosolo.

Parroquia de Mariel, año 1920.


En el año de 1816 el Obispo de Espada ordenó la construcción de la iglesia, pero no se hizo por la falta de fondos. En 1820 se intentó nuevamente la construcción y no prosperó el propósito.
Durante estos años se celebraban las misas en el Oratorio de Santa Teresa, que se encontraba en la capilla del cementerio local.
Conociendo el Obispo de Espada, por el cura Tomás Govín, la ruinosa situación, comisionó a Don Rafael de Zayas para que junto al cura Tomás, trataran de concluir la iglesia. El terreno fue cedido por Don J.M. Mantilla, propietario del tejar Mantilla, único de la zona. Cincuenta años después, en 1870, el Ayuntamiento en sesión de 26 de noviembre tomó acuerdo respecto de la situación de la iglesia, por lo cual se celebraron tres días de festejos para recaudar fondos; y el primero de abril de 1871 entregaron para el mismo fin 1 000 escudos. En justicia se debe mencionar al señor Don José María Chacón quien se esforzó en tales propósitos.
A grosso modo hemos tomado algunos datos que nos permiten imaginar la vida religiosa de Mariel.

La elección de la patrona

El 15 de octubre de 1768, día de fiesta de la patrona, un ciclón muy fuerte atacó la parte sur de Matanzas y La Habana buscando salir al norte, por las inmediaciones de Mariel. Los escasos vecinos del lugar, miedosos y angustiados, invocaron el nombre de Santa Teresa con fervor y el tiempo fue mejorando hasta no dejar más que rachas de viento y lluvia. No habiendo dejado una suma tristísima de muertos y daños, los vecinos lo atribuyeron a la divina intervención de Santa Teresa de Jesús. Doce años después otro 15 de octubre, se repitió la misma situación y por ello fue reafirmada como Santa Patrona aquella hija de Ávila, España, que dedicó su vida a las fundaciones y reformas dejando, además, un riquísimo caudal de literatura mística de la que se puede decir que está entre lo más elevado del género.
Un suceso poco divulgado, donde se envuelve una bellísima mujer, patriótica y católica a la vez, nos permitirá valorar la estatura moral, la convicción cristiana, el amor al esposo y el celo por su fe, que a continuación describo:
Alumbraba el día 2 de abril de 1879, en la finca Falero, de Mariel, cuando Antoñica fue bautizada por el cura Aurelio Avello para realizarse como cristiana en los escasos años que transitó por la vida. Casada a los 16 años con Eufemio (Feño) Pérez Rubio, hizo de su hogar cristiano un ejemplo de humana perfección. Cuéntase que su belleza era singular , que mezclaba sus sentimientos con el carácter y el trato no podía ser más dulce.

Santa Teresa de Jesús


En el hogar aprendió de las actividades revolucionarias de su esposo y conoció de la angustia de la patria oprimida y humillada por la corona de España.
La actividad revolucionaria crecía y llegó el momento que Feño –así llamaba a su esposo- se vio forzado a internarse en el monte y unirse a sus compañeros en la manigua redentora.
Antoñica mantuvo su ecuanimidad y no pocas veces fue al monte para dar informes sobre las tropas españolas, llevar medicinas, ropas, armas y tabacos. Su esposo le requirió que no continuara haciendo tales viajes; también el jefe insurrecto, coronel Pedro Delgado, le requirió diciéndole que se estaba arriesgando y también a ellos, a lo que respondió: “yo puedo arriesgarme, pero por mí ustedes no correrán riesgo alguno”.
El quince de octubre de 1897, bien temprano en la mañana, Antoñica se dirigió a la iglesia para participar en la misa del alba. Después de concluida la misa permaneció sentada, lo cual llamó la atención del Padre José María López, quien se acercó a ella y le preguntó qué le sucedía. En ese instante entró una vecina y le pidió que se escondiera pues los voluntarios violentaron la puerta de la casa, la registraron y preguntaron a los vecinos por Antoñica. Ante tal situación se puso de pie y le pidió a la vecina y al cura que se quedaran en el lugar para evitarles problemas. Impasible salió de la iglesia y se enrrumbó a la casa de Torreón donde vivía. Sin caminar mucho más encontró a los voluntarios que, ante todo el pueblo, la tomaron presa y la llevaron al cuartel. Posteriormente, la llevaron al fuerte San Elías para interrogarla. Se le hizo ofrecimientos de todo lo imaginable para que dijera dónde estaba su esposo. Entre lo ofrecido estuvo que ella y Feño podían ir al extranjero separándose de los insurrectos. Ya cansados de proponerle y ofrecerle sin respuesta alguna la llevaron por los campos alrededor del pueblo para que ella llamara al esposo y le contara lo propuesto. Caminados varios kilómetros, pidió agua y dado que no estaban lejos de un “saladero” le dieron en un jarro resalga. Viendo que no adelantaban y que la noche forzaba a la tarde, le pusieron un lazo en el cuello y le anunciaron que si no hablaba le colgarían, pero esta paradigmática mujer había aprendido los valores de la lealtad y la fidelidad, y consideró que era oportuno demostrarlo. Cuando por último le dijeron que escogiera entre su esposo y la vida, respondió con la inesperada respuesta de una mirada de desprecio a sus verdugos.
El jefe de los voluntarios la desnudó, la humillaron y ultrajaron hasta los extremos imaginables donde no aparece la honorabilidad y el decoro. Golpeada y cansada hasta la fatiga cayó al suelo donde en breve sería sepultada. Así, entre el cielo y la tierra quedó suspendido el cuerpo de tan íntegra mujer.
Al siguiente día fue encontrada por su primo “Catolo” Torrents al que obligaron enterrarla en el mismo lugar, en Mojicas, y no le permitieron al cura José María López, párroco de Mariel, la asistiera religiosamente.
Triste debe de haber sido aquel horrible espectáculo y lo puede exponer claramente el hecho de que el cura José María salió del lugar a los pocos días sin volver jamás. Todos estos datos son no más que históricos que pasan a la larga lista de lo olvidado. Por tanto pido un eterno respeto a Santa Teresa y un eterno réquiem para Antoñica.

Muy temprano la mañana
sacó su techo de nubes
anunciando nuevas lluvias
como anuncian las campanas
la fiesta de todo el pueblo
pues Santa Teresa vive
en el alma marieleña
porque un gran dolor le cubre
por la muerte, por el luto,
lodo y sangre se descubre
tras el paso de los lobos.

¡Ah, feroces voluntarios!
Los voluntarios feroces
se acercan codo con codo
a la casa de Torreón
con sus repugnantes modos
buscando que aquella esposa
sea infiel y desleal
a Feño, que está en el monte,
lejos del reciente hogar.
¡Ay, paloma de los cielos
¿dónde te podrás posar?
Eufemio y Antonia vibran
por la patria liberar
y miran a la patrona
como queriendo llorar.
Feño y Antoñica unidos
como la playa y el mar
recuerdan aquella santa
que está detrás del altar.
Ven, Santa Teresa, y mira
lo que me duele mirar
porque la joven esposa
ya no puede regresar
con su vestido de lino,
que en un jirón fue a quedar,
cuando la rabia y el odio,
después de tanto esperar
sin encontrar lo buscado,
comenzaron a matar
hasta que le suspendieron
entre el cielo y un zarzal.
Viendo aquel cuerpo desnudo
como la flor de un erial.
¡Miren el cuerpo manchado
con los colores del mal
y un jarrito con resalga
para la sed mitigar!
¡Oh, Santa Teresa, mira
el ultraje y el dolor
de la ninfa destrozada
que pide su bendición,
(al cura José María
le mataron la ocasión)
¡Ay, bárbaros voluntarios,
¿quién los podrá perdonar?
si el día de la patrona
cuando Antoñica Torrens
vuelve al jardín de la iglesia
con un jazmín en la sien
cantando el Ave María
y el pueblo diciendo Amén,
la patria estará de fiesta
y la patrona también,
cuando los mártires reinen
con el niño de Belén.

Nota:

Resalga: agua que se obtiene de la salazón de pescado.

 

 

Revista Vitral No. 64 * año XI * noviembre-diciembre de 2004

Jorge del Valle González
Investigador de la UNHIC. Miembro del Ejecutivo de la Sociedad Cultural José Martí de Pinar del Río. Consultor hebraísta.