Para Agustín Medina
1
Reducto inasible que mece la penumbra
Algo que pudiera ser yo lo empuja al horizonte
y entre conchas rotas que ofrecen su filo rutilante
se acerca atravesando sol y redes
Arrastra su sombra como un pincel sobre la arena
bajo esos pies resbalan pequeños y grandes remos
sembrados en el arrecife por el viejo marino
A lo largo de su cuerpo se desliza otra embarcación de fuego
sin advertir las hendiduras que emergen en su piel
a cada paso
Él busca en esta cueva la pupila de águila
La posible arena del otoño, aquellos antiguos remos.
2
Pasos
crepuscular aleteo de golondrinas
que se pierden junto a la tormenta
Un cigarro de laurel amaneció en mi boca
con el humo se dispersan viejos nombres
intangibles nombres que he logrado salvar
aunque a veces se disuelvan como aroma de té
o regresen conmigo a horadar las paredes del establo
donde vegetan los múltiples caballos de Troya
traición
o astucia
eco cóncavo que invita al precipicio
3
Desde un pueblo inmarcesible
la tejedora ignota borda en mi pecho un zapato de cemento.
4
Ya no tengo rostro lo he gastado
sosteniendo las cariátides
El afán de movimientos nos vuelve laberinto
Mas al cerrar con leve sal la última página
un murmullo de balsas se despeña
de la realidad que muestran los espejos
y en un vuelo suicida
la memoria traza otra ecuación con mi nombre.
5
Uno se da cuenta que no está solo
entonces la duda aparece entre la barahúnda de columnas
que ha ido construyendo
El vaivén de esos barcos nos aleja tablas y martillo
sacuden el naufragio frente a la puerta de esta casa
lluviosos los brazos la garganta seca
Llegará a su pueblo el caminante
a su estante, su reloj individual, a su arena de otoño en el bolsillo
No siempre habrá de ocurrir una catástrofe
antes de abrir la puerta
Ahora conoce el catálogo de barcos
que hojeaban sus amigos
Ahora sólo es un poeta, ahora
sólo aplasta el cigarro de laurel
en la ceniza
Aunque a veces descubra en el delfín una sospecha.
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Fragmento de la obra S/T, de Dausel Valdés. |