El 25 de diciembre es el día de Navidad. Ese día
se celebra el nacimiento de Jesucristo, Salva
dor del mundo, el hijo de Dios y de la Virgen María, nacimiento que ocurrió en Belén hace más de dos mil años. Es la celebración de la encarnación del Hijo de Dios, acontecimiento que no sólo pasó, sino que tiene consecuencias importantes para nuestra vida de hoy. Para la vida de quien conoce a Jesucristo, lo ama y lo sigue; y para la vida de quien no lo conoce.
No es ninguna noticia decir que en Cuba somos pocos los que sabemos esto. No obstante, esa gran cantidad de cubanos y cubanas que aún no conocen a Cristo ni a su Iglesia son tan amados por Dios que Él les envió a su único Hijo para salvarlos. Dar a conocer a Cristo, anunciarlo a todos, es tarea de la Iglesia, es el para qué de su existencia siguiendo el mandato del propio Jesucristo: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo”. (Mt 28, 19-20)
El Papa Pablo VI expresó que los objetivos del concilio Vaticano II (clausurado en 1965) se pueden resumir diciendo que fueron a hacer la Iglesia del siglo XX más apta todavía para anunciar el Evangelio a la humanidad de aquel siglo. Me parece que la expresión “más apta todavía” es muy importante pues indica que la Iglesia siempre ha estado preocupada por anunciar el Evangelio con una expresión que los hombres y las mujeres de cada época lo puedan escuchar. Sin embargo, es cierto que a partir de este concilio se inauguró una nueva etapa en la misión de la Iglesia. Pocos años después se celebró en Medellín (Colombia), una asamblea del episcopado latinoamericano para hacer llegar mejor el mensaje del Vaticano II a estos pueblos. En 1974 se reunió la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos consagrada a la evangelización. En 1975 el Papa Pablo VI publicó una exhortación apostólica, Evangelii nuntiandi para alentar a toda la Iglesia en la tarea evangelizadora a fin de que se realice con creciente amor, celo y alegría. En 1983 el Papa Juan Pablo II, en una alocución a los obispos latinoamericanos reunidos con él en Puerto Príncipe (Haití), expresó la necesidad de que la Iglesia asuma el compromiso de la nueva evangelización, nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión.
En 1986 se celebró en La Habana el Encuentro Nacional Eclesial Cubano que impulsó a la Iglesia cubana a renovar su compromiso misionero siguiendo esa primavera de la evangelización iniciada por el concilio Vaticano II, e interpelada por la urgencia de evangelizar al pueblo cubano. Y desde entonces se ha incrementado este compromiso.
En la introducción a su encíclica Redemptoris missio, del 7 de diciembre de 1990, el Papa Juan Pablo II expresa que “la misión renueva a la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!...Pero lo que más me mueve a proclamar la urgencia de la evangelización misionera es que ésta constituye el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia...El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo...debe...acercarse a Cristo. La redención llevada a cabo por medio de la cruz ha vuelto a dar definitivamente al hombre la dignidad y el sentido de su existencia en el mundo”.
Fortalecer la fe y servir a la persona humana: estos son los dos grandes motivos para la urgente evangelización. Desde el comienzo los primeros cristianos han experimentado esta necesidad de comunicar la fe. Pedro y Juan lo dicen a aquellos que quieren impedirle su misión: “No podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20). Y la primera forma de no callar esta experiencia es el testimonio. “El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de la misión...(quien), aun con todos los límites y defectos humanos, vive con sencillez según el modelo de Cristo, es un signo de Dios y de las realidades trascendentales...todos en la Iglesia pueden y deben dar este
Testimonio” (RM, 42)
En efecto, todos en la Iglesia estamos llamados a compartir la responsabilidad en la expansión de la fe. Esto ocurrió así desde los primeros tiempos del cristianismo en los cuales la expansión de la fe era obra de los laicos y sus familias, y también de toda la comunidad. Y hoy en día esta necesidad es más sentida pues hay personas que sólo a través de los laicos y de las familias cristianas pueden oír el Evangelio y conocer a Jesucristo y su Iglesia. Los sectores del testimonio y la acción misionera de los laicos son muy amplios.
El otro gran motivo para la urgente evangelización es servir a la persona humana. Hoy en día hay muchos que no saben el por qué y el para qué de la vida; incluso hay quienes ni se lo preguntan ni se preocupan por eso y viven “a lo que se presente”. El gran servicio que la Iglesia debe prestar a los que viven así es precisamente el anuncio del amor de Dios Padre revelado por Cristo. “La Novedad de vida en él es la Buena Nueva para el hombre de todo tiempo. Todos tienen el derecho de conocer el valor de este don, y tienen también el derecho de la posibilidad de alcanzarlo” (RM, 11) Pero cómo lo van a saber si nadie se lo dice. “La Iglesia y, en ella, todo cristiano, no puede esconder ni conservar para sí esta novedad y riqueza, recibidas de la divina bondad para ser comunicadas a todos los hombres” (RM, 11)
Los obispos cubanos nos han convocado a todos a revitalizar nuestra vocación de misioneros y misioneras. Por eso en nuestra Iglesia el 2005 será, Dios Mediante, el “AÑO DE LA MISIÓN” para, como nos lo ha recordado el Papa, fortalecer la fe y servir a nuestros hermanos anunciándoles de diferentes formas el Evangelio de Jesucristo. Ese Evangelio se hizo carne por obra del Espíritu Santo en las purísimas entrañas de María, la Virgen nazarena, y vio la luz en Belén. De muchos de nosotros depende que más cubanas y cubanos lo conozcan y tengan de verdad una feliz Navidad.