Revista Vitral No. 71 * año XII * enero-febrero de 2006


TEATRO

 

SILENCIOS QUE NACEN Y MUEREN

FÉLIX BEN RAMOS CASTILLA

 

 


Hay un espacio que pertenece al sueño. Lleno de maldiciones milenarias es el espacio donde un hombre acude a desvestir las máscaras propias y donde todos vamos a echar una ojeada a nuestro rostro común, real; en ese espacio son paridas la fibra y el nervio, el alma y la intelección, a partir de inhalar grandes bocanadas de fantasía, el mejor de los diluyentes existenciales, ese que se mezcla con la realidad para homogeneizarse recíprocamente, un espacio donde nos vemos a nosotros retratados en acción. Ese es el espacio más antiguo para formular la profecía secularizada.
El teatro es un espacio para atreverse a sentir y expresar. Habitualmente en el curso del aprendizaje social a la persona se nos enseña el difícil arte de guardar los sentires tras máscaras de manufactura característicamente particulares y comunales a la misma vez, también se nos enseña a reconocer otros rostros diferentes, mejor maquillados que el común real que exhibimos para identificarnos como sociedad:

¿Somos héroes?- nariz para respirar.
¿Somos justos?- ojos para mirar.
¿Somos únicos?- boca para alabar.
¿Somos el pueblo más trascendental sobre la faz de la tierra hoy?- máscara para cubrir las imperfecciones de nuestro rostro común real y no morirnos del susto.
Sin embargo, aunque tenemos probados testimonios de una historia de teatro profético en Cuba (nada es absoluto), se ha recorrido un camino que desemboca hoy en un teatro sin profecía o que posee un mensaje ininteligible para la mayoría de los cubanos (a veces por razones de seguridad o por pretenciosa soberbia se emite el mensaje enrevesadamente). El lenguaje del teatro nuestro no debe ser totalmente el lenguaje del teatro que se hace lejos de nosotros, comprendido también el de los latinoamericanos, que viven al otro lado de nuestra ventana, pues ellos tienen que difundir una profecía diferente. Algunos aspectos de sus mensajes, lenguajes y contenidos son similares, pueden sernos útiles, podemos atrapar sus esencias, pero nunca atraparemos más allá de algunos conceptos.
Eso sucede porque el teatro nace del silencio de los pueblos, es al silencio al que el hombre de teatro le arranca lo que será expresado, y no todos los silencios son iguales, no tienen las mismas dimensiones, ni las mismas densidades. El silencio de Irak no es igual al silencio de Palestina ni este se parece en todo al silencio de Cuba. Esto no ocurre sólo a causa de las particularidades de cada pueblo, ocurre también por que cada pueblo, más allá del idioma que hable, tiene más de un lenguaje:
-Un lenguaje que expresa el rostro común no real.
-Un lenguaje que expresa la visión de ese rostro de manera no enteramente orgánica,
-Un lenguaje que expresa el rostro común real,
Y también porque cada pueblo tiene más de un silencio, y porque algunos pueblos tienen más silencios que otros. En ciertos pueblos hay silencios longevos, a los que el teatro no le puede arrancar textos ordinarios, que aprisionen verbos fantásticos, locos por ser liberados, y estos silencios siempre son acompañados por silencios que nacen y mueren en cortos períodos de tiempo, con su carga de verbos atesorados.
El silencio es la ausencia, por cualquier razón, de una repuesta espiritual que permita la realización de acciones en la vida real de todos los días, el silencio es la afirmación del lenguaje, que expresa el rostro común no real como única respuesta espiritual posible, por lo que la gente prefiere anonadarse en el silencio. En ocasiones el silencio surge porque no se ha podido descubrir, por cualquier razón, el antiguo mito comunitario que le permita a la persona una orientación adecuada para tener acceso al rostro real de la sociedad y con ello alcanzar una comunicación eficaz.
Recuerdo a Santiago García, teatrista colombiano, con su preocupación por cómo debía ser el acto de hablar en el teatro. Recuerdo también que usaba los paradigmas de comunicación:

Emisor mensaje Receptor

O

Emisor mensaje Receptor

Mensaje respuesta................Emisor

Para intentar definir cuál de ellos había prevalecido en el teatro del actor y cuál sería el camino eficaz en el acto del habla del teatrista en sus relaciones con el público. Estamos ahora viéndolos como estructuras que se usan en las relaciones sociales donde quien detenta el dominio en la sociedad, por cualquier razón, se convierte en el emisor, enunciador de los mensajes a través de un lenguaje que expresa el rostro común no real de la sociedad. Si en una sociedad el dominio es establecido por el primer o segundo paradigma comunicacional se generan entonces silencios diferentes. Por tanto en una sociedad donde el dominio imponga, por ejemplo, el primer paradigma el rito teatral no pude intentar descubrir rostros de verbos que sólo serían encontrados en el segundo caso.
El hombre del teatro, Carlos Pérez Peña, José Antonio Rodríguez, Vicente Revuelta, Carlos Díaz, Carlos Celdrán, Rafael González, Corina Mestre, Raquel Revuelta, Albio Paz, José Estorino, Javier Fernández Juré, José Milián, Jorge Leiva, Armando Morales, Adria Santana, Fernando Hechavarría, Fernando Sáez, Yoel Sáez, Armando Suárez del Villar, Bebo Ruíz, Amado del Pino, Rubén Darío Salazar, Ramón Silverio, Verónica Lynch, entiende de lenguaje y de silencio. Sabe como parir un verbo profético, pero debe también intentar la búsqueda de hacer que todo ello a la vez sea inteligible cuando se usa para realizar (verificar la realidad de un hecho) la fantasía.
Finalmente todos sabemos que el teatro es semental. Ese teatro que al mismo tiempo es alarido y señal indicadora debe proveer, como todas las producciones de la espiritualidad humana, de sentido a la sociedad, ¿Por qué hoy, hombre del teatro, en nuestros lares el teatro convoca con tan poco vigor a las personas? No será, pienso, que no exhibe divertidamente todo el mito, ese que explica el por qué estamos aquí, el qué hicimos y el cómo lo vamos a hacer. El teatro siempre ha gozado junto con todas las otras artes, cuando es genuino y no un ejercicio de virtuosismo actoral-representativo de los contenidos válidos para su época, de la calidad profética de donde nació. Desde las cavernas, Hombre, Pasado, Presente y Futuro se mezclan en el teatro para asombrar con el mensaje (si las personas se sienten tan débilmente convocadas es a causa de que han dejado de ser asombradas, de que no encuentran mensaje que los retrate con un lenguaje que expresa el rostro común real, no hay espejo para ese rostro). Nadie debe llegar a inglés, para luego acusar a los chinos de incapaces intelectuales por no entender lo que ha estado explicando.


 

Revista Vitral No. 71 * año XII * enero-febrero de 2006
Félix (ben) Ramos Castilla
Director del Proyecto Jornada Mercuccio. Exdirector artístico del Grupo Teatro Escambray. Miembro del Consejo de las Artes Escénicas de Villa Clara.