Revista Vitral No. 73 * año XIII * mayo-junio de 2006


HECHOS Y OPINIONES

 

¿POR QUÉ TECNOLOGÍA Y LIDERAZGO?

INGRID EXPÓSITO LO GIUDICE

 

 

 

Existen factores disímiles que determinan el éxito de una organización. Sin embargo, dadas las características que identifican el mundo de hoy, el cual está en constante cambio y amenazado por un entorno turbulento, la clave para alcanzarlo se sostiene principalmente en dos elementos: Tecnología y Liderazgo.
De esta afirmación nos salta la pregunta que encabeza este artículo: ¿por qué tecnología y liderazgo? Muy simple, hoy día no se puede concebir el “éxito” de las organizaciones sin la implicación de la tecnología, pues es justamente ella la que determina la sociedad moderna. Por eso se consolida la importancia del líder, como figura facilitadora del proceso de cambio, adaptación y guía de nuestras organizaciones. Es decir, el líder encauza el poder que da la tecnología.
Si deseamos entender mejor por qué estos elementos son tan significativos hoy para las organizaciones, tenemos que ahondar un poco en lo que ellos representan y su importancia. De esta forma estaremos en mejores condiciones de utilizarlos para el logro de las metas organizacionales. Evidentemente uno condiciona al otro, pero si los analizamos por separado será más fácil su comprensión.

Sobre la Tecnología

Las revoluciones tecnológicas se han dado en varias épocas y han marcado pautas determinantes en la evolución del mundo.1 Sin embargo, debemos admitir que la revolución provocada por la tecnología digital2 ha tenido un impacto más amplio que muchos de los avances a los que se hizo alusión anteriormente. 
Esto es resultado, principalmente, de la velocidad inusitada, global y compleja con que se han provocado y continúan provocándose cambios infraestructurales, culturales y mentales en la sociedad. Es decir, los avances de la tecnología digital afectan la manera de vivir, de trabajar y de enfocar las relaciones interpersonales y globales a nivel de grupos, comunidades y naciones.
Entre las razones que justifican lo antes expuesto tenemos que las nuevas tecnologías comprenden una serie de aplicaciones de descubrimientos científicos, cuyo núcleo central consiste en una capacidad cada vez mayor de tratamiento de la información.3 Es decir, la evocada “Era del conocimiento” no es resultado o consecuencia del desarrollo cibernético, sino de lo que éste ha desencadenado: la búsqueda, afianzamiento y transacción inmediata de conocimiento, información, relaciones, comercio, etc, en todos los ámbitos de la vida moderna que multiplican y posibilitan, sin limites, el desarrollo del saber en sectores cada vez mas amplios de la población; así como el surgimiento de nuevos campos científicos como la biotecnología y la bioinformática, entre otros.
Por otro lado, la tecnología, al eliminar las distancias, ha provocado la caída de barreras tanto económicas como sociales. Esto implicó, entre otras cosas, que el mercado se hiciera uno, de forma tal que la competencia no conoce fronteras, lo que ha inducido la inestabilidad e incertidumbre del mundo moderno y por ende de nuestras organizaciones.
Pero la tecnología no sólo ha incidido en la relación con el entorno de las organizaciones, sino también en su interior pues afecta todos los aspectos de la vida laboral con un gran impacto sobre:4
· Los puestos de trabajo y el desempeño laboral: Estos requieren, entre otras cosas, mayor flexibilidad, más autonomía y nivel de desafío. Por ende las competencias, es decir las habilidades y conocimientos necesarios para esos puestos de trabajos, ya no son las mismas.
 · El bienestar psicológico y la calidad de vida laboral: Por ejemplo, con la introducción de la informática los trabajadores han sufrido transformaciones psicológicas por las nuevas sensaciones que ha despertado su uso. Se han evidenciado emociones de disímiles tipos, y en muchos casos antagónicas, como miedo, inseguridad, seguridad, dependencia, desconocimiento, superioridad, confiabilidad, entre otras que influyen a la hora de asumir, por parte del trabajador, la tecnología como herramienta de trabajo. Sin embargo, la calidad de vida laboral se ha visto mejorada con su aplicación en los procesos de trabajo.
· Las relaciones interpersonales y el trabajo en equipo: La forma de comunicarse, es decir, de relacionarse interpersonalmente, se ha visto transformada al variar la frecuencia de los contactos y el tipo de interacciones entre las personas. Esto implica que la capacidad de influencia entre las personas o grupos está determinada, en su mayoría, por el factor tecnológico. Por otro lado, el concepto de trabajo en equipo ha cobrado mucha fuerza, pues en esta sociedad, tan compleja y tecnológicamente sofisticada, la mayoría de los proyectos requiere de muchas personas de talento que trabajen juntas buscando la interacción entre diferentes disciplinas para dar soluciones integradoras.
· La estructura y procesos organizacionales: Es evidente que las organizaciones ya no son las mismas, por tanto, si las personas deben cambiar, también debe adaptarse a las nuevas condiciones la estructura organizacional, de manera que facilite la incorporación de estos cambios en el ambiente de trabajo. La “forma de hacer” las cosas, también debe asumir e incorporar a la tecnología como centro del proceso, surgiendo, por poner un ejemplo, las oficinas virtuales.
Definitivamente, aunque queden muchos argumentos por dar, para la subsistencia de las organizaciones en este mundo competitivo es un factor básico la aplicación de la tecnología. Este criterio debe ser asumido, en la medida de sus posibilidades, por todos los países, sean desarrollados o no, o regidos por diferente sistema económico pues tiene poco sentido abordar ésta situación en términos de rechazo o aceptación o en los de su conveniencia o inconveniencia.5
Esto significa que hay que triunfar con la tecnología y no a pesar de ella, convirtiendo cada desarrollo en e punto de partida para múltiples oportunidades, lo que también demanda de las organizaciones el cuestionamiento permanentemente de si están haciendo lo correcto, no sólo en términos de rentabilidad, sino también éticos y humanos, justamente al punto que resalta la figura del líder.
Por tanto, no podemos ni debemos generalizar y centralizar el progreso de la humanidad en el surgimiento y evolución de esta “Revolución Digital”, puesto que la tecnología es un medio no un fin en sí misma, pues el lugar central de todo el desarrollo de la humanidad lo ocupa el hombre. Él es el creador de los medios de enriquecimiento social y es el único capaz de desplegar “nuevas capacidades” que le faciliten adaptarse a los cambios que él mismo originó y es, exactamente, un buen liderazgo lo que permite impulsar el cambio en los demás y favorecer el desarrollo de esas “nuevas capacidades” que la evolución clama. Hurgando en la historia, comprobamos que detrás de todo cambio hay un buen liderazgo, lo que evidencia que “la clave para crear y sostener la clase de organización triunfadora del siglo es el líder”.6

Sobre el Liderazgo

Desde filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles descubrimos las primeras posiciones sobre el liderazgo, que aún hoy se adoptan y reafirman. Evidentemente hemos dejado a un lado algunas de esas ideas sobre el líder, como por ejemplo la concepción de F. Nietzsche sobre el líder como superhombre. Sin embargo otras están vigentes, y actualmente han cobrado más fuerza, lo que está dado por la crisis de creencias que hay en el mundo actual. 
 Ahora bien, lo primero que debemos cuestionarnos es a quién seguimos como líder, ya que muchas veces nos quedamos solamente con las características personales de ellos, cometiendo el error de simplificar su valor. Por ejemplo, ¿consideraría a una persona como Hitler un líder? probablemente contestaríamos que sí pues cumple con esas características que en el devenir histórico se le han imputado a los líderes (no es mi interés ahondar en ellas porque de alguna manera todos las conocemos)7. Pero la pregunta que realmente debemos hacernos es ¿qué aportaron o aportan estos personajes a la humanidad?
 No basta con tener seguidores y lograr los sueños propuestos, hay que validar la legitimidad de los mismos, por eso sólo debemos referirnos a un verdadero líder como aquel que aporta a la sociedad, y por ende a nuestras organizaciones, crecimiento, no destrucción, dirigiendo desde el saber y no desde el poder. Eso nos ayuda a no caer en la tentación de ver al líder como al salvador del mundo en turno, pues no es así. El hombre no es perfecto y esa afirmación no es ajena a los líderes, desmitificarlos es el primer paso para descubrirlos y comprenderlos.
Por esta razón, en nuestro papel de seguidores, debemos entender el elemento medular que identifica al líder: la visión. Ella juega un papel fundamental en el éxito de un buen liderazgo pues constituye el motor principal que impulsa al hombre a buscar nuevos caminos y es el punto de contacto con el resto de las personas. En definitiva, es la visión, o sueño, lo que se comparte y por la que, principalmente, se decide caminar juntos.
 Mucho se podría hablar sobre la visión, pero es muy revelador lo que J. Kotter plantea en su libro, donde dice que es la que sobrepasa las fuerzas que sustentan las condiciones actuales y como tal, si no logra ser compartida no tiene valor real. Por eso debe ser imaginable, deseable, factible, centrada (clara para la toma de decisiones), flexible (debe dar cabida a lo individual y a los cambios) y comunicable. Puede exigir sacrificios para dar paso a un futuro mejor, pero no ignora los intereses a largo plazo de ninguno de las personas involucradas en ella.8
Ahora bien, si «el proceso del cambio no se emplea de manera efectiva a menos que esté impulsado por un líder de alta calidad y no simplemente por una administración excelente»9 es necesario tener en cuenta las condiciones “sine qua non” presentes en los líderes de estos tiempos que se manifiestan en:
· Inteligencia lógica, que lo capacite para racionalizar los negocios.
· Inteligencia lingüística, para favorecer la comunicación.
· Inteligencia interpersonal, para poder trabajar efectivamente con las personas.
· Inteligencia intrapersonal, para usar las herramientas desde su propia persona.
 A partir de estas condiciones, y ahondando de manera general en cada una de ellas, se puede plantear que un buen líder debe ser capaz, en primer lugar, de establecer dos criterios básicos que den sentido al trabajo, dentro de su organización como es la calidad y la dedicación. La primera está vinculada a nuestra experiencia con el valor y el sentido de la vida, “es la calidad de la meta perseguida, de la superioridad moral del objetivo último”.10 De esta manera se cumple con la responsabilidad social, factor primordial para el bienestar del pueblo y que da paso al segundo criterio.
Detrás de cada nombre existe una historia personal. Por tanto, cuando nos interesamos por las demás personas, no sólo sobre la base de su rendimiento, nos convertimos en líderes humanos. Eso hace que el líder deba ser fuente de crecimiento y motivación para ellos, debe lograr que su seguidor se sienta vinculado con los resultados.
Al fomentarse el trabajo en equipo puede que se destaque más de un integrante del mismo, surgiendo lo que actualmente nombramos como co-líderes. Por eso es esencial crear un buen equipo directivo, pues tienen un alcance más amplio del que pueda lograr el líder por sí solo, con una dirección unificada que no sólo favorezca el trabajo en grupo sino que también fomente el “pensamiento de grupo” en la toma de decisiones. De esta forma se identificaría a un líder que no obstaculice el desarrollo de la organización.
Las organizaciones de hoy tienen necesidad de construir un lenguaje común que cumpla las funciones identitarias del cuerpo,11 es decir, que represente el sistema unificador de todas las partes que conforman la organización. Esa tarea está en manos del líder y sólo mediante una comunicación efectiva puede sintonizar a toda la organización con los objetivos de la misma. Para eso el líder debe crear significados, de manera que los objetivos de la organización puedan ser compartidos y comprendidos por todos, buscando que la gente se sienta parte de lo que se está creando y así lograr metas en grupos.
En este sentido un líder debe crear metas apremiantes que las personas se preocupen por alcanzar (ya que deben ser proyectos que desafíen su talento). Así las personas se organizan a través de un propósito y trabajan para alcanzarlo manteniendo su individualidad. Debe quedar claro que con una comunicación inadecuada las expectativas serán muy diferentes a los resultados que se obtengan finalizado el proceso, por eso es necesario conseguir el feedback (retroalimentación) que nos asegure que los procesos marchen como está previsto. Esto no significa que hay que ser maestros de la palabra, pero tal vez, la ausencia de ella es la mejor forma de comunicarse. 
El líder, en su intento por unificar criterios y posturas para el bien común y de la organización, también debe saber afrontar los escenarios que surgen a raíz de este esfuerzo y de su relación con el entorno, al aparecer el conflicto como otro de los aspectos que más afectan al liderazgo. Ante la inoperancia de las órdenes a través de una cadena de mando y la necesidad de trabajar en grupo, compartiéndo el papel de líderes, aparecen contradicciones normales cuando existen relaciones humanas, pero que aumentan el estrés y la tensión en el trabajo. Estos conflictos no se deben ver como enemigos, sino por el contrario, como señales que indican dónde el líder debe aplicar con mayor sapiencia sus capacidades lingüísticas e interpersonales. 
Hasta ahora hemos analizado al líder desde la actividad que realiza, pero se ha demostrado que él sólo inspirará confianza, base para lograr un seguimiento incondicional, a través de la integridad invariable de su persona pues sólo mediante este conocimiento interior se logra ser un líder eficaz. Por eso es necesario partir de nuestra responsabilidad como persona humana.
Se plantea que el hombre es al mismo tiempo, actor y autor de su historia. Por tanto sólo asumiendo esta responsabilidad histórica en su existencia cotidiana se encuentra consigo mismo y se realiza como persona. Es por eso que, como ser libre, tiene que elegir hasta lo inevitable, única manera de hacer suyo cualquier proyecto humano con capacidad para trasformar las condiciones impuestas. Esta transformación sólo tiene sentido a través de la adhesión y elección de determinados valores. 
Estos valores son la base para la construcción de las organizaciones que requieren estos tiempos, ya que su fin último es mejorar la calidad de nuestras vidas. Para eso debe promoverlos a toda la organización, lo que permitirá crear compromisos con esos valores. Los líderes están llamados a lograr que cada individuo ejerza su responsabilidad para liderar sus propias vidas, ya que es una vocación personal. 
De esta manera reconocemos que todos somos potencialmente lideres de nuestro destino, por tanto no es necesario esperar por otros para avanzar, en eso radica nuestra libertad y responsabilidad individual y social. Aunque las preguntas son universales, las respuestas son personales, por lo que estamos llamados a no dejarnos llevar por la corriente, que es pasajera, y busquemos nuestro propio dirección.

Mohandas Karamchand Gandhi,
conocido como Mahatma
(en sánscrito, 'alma grande'),
es un inconfundible símbolo y
lider del pacifismo mundial.

 

Finalmente

Puede que en nuestras organizaciones encontremos posturas reacias al cambio, que, limiten la adaptación de las mismas al entorno actual. Por eso, retomando la pregunta del inicio, cobra cada vez más importancia un buen liderazgo que demuestre que existen personas valientes y responsables con sus inquietudes, a quienes no les importa ir contra corriente si el fruto de la decisión se revierte en éxito para las organizaciones y por tanto tributan a una sociedad justa y equitativa. Ahora bien, esa transformación sólo tendrá valor si parte de convertirnos, de forma individual, en personas legítimas y libres que sepan liderar su propia historia.
Por eso, no podemos olvidar los medios que permiten ese cambio, pues es mediante ellos, en este caso la tecnología, que podemos alcanzar esa visión. Pero tenemos que estar atentos, porque si en la exploración de las nuevas condiciones para liderar olvidamos quienes somos, motivados e influidos por unos cuantos cables interconectados, podemos dar por sentado que hemos perdido el camino hacia el éxito y desde ese momento estaríamos destinados, nuevamente, al fracaso o, en el mejor de los casos, encontraríamos una nueva “rutina” a la que aferrarnos y esclavizarnos. Porque aunque es innegable que los avances tecnológicos que nos trajeron hasta aquí han creado una serie de principios básicos posicionados en el hombre moderno que nos pueden conducir, cuando se saben usar, hacia una vida más digna y completa, es cuestionable su utilización actual. 
En definitiva, cometemos un delito al admirar obras sin reconocer que fueron engendradas por una grandeza mayor: el hombre. El líder debe estar a la búsqueda de las virtudes y la mejor utilización de nuestras creaciones. Por eso hacemos un llamado a los líderes del presente y para el futuro, nuestro éxito estará dado en la medida en la que prestemos, como P. Drucker plantea: «más atención a la máquina más poderosa, la tecnología más avanzada, el software mejor desarrollado, y base de todo invención realizada: el cerebro».

Bibliografía:
 
1-  Álvarez De Mon Santiago. Globalización y nuevas tecnologías: retos del liderazgo. Bilbao, enero/febrero, número 88, 1999.
2-  Álvarez De Mon, Santiago. Estimular el talento. Gestión. Buenos Aires. Marzo/abril, volumen 6, 2001.
3-  Bennis Warren. El fin del liderazgo. Harvard Deusto Business Review, Bilbao, marzo/abril, número 95, 2000.
4-  Bennis, Warren. Gestión. Buenos Aires, Marzo/abril, volumen 6, , 2001.
5-  Colectivo de autores. El Hombre. Instituto Internacional de teología a distancia. Madrid, 1995.
6-  Drucker Peter F. Más allá de la Revolución de la información. Harvard Deusto Business Review, Madrid. Enero/febrero, número 100,2001.
7-  Kotter, John P. El líder del cambio. México, 1997
8-  Peiró, José Ma. Organizaciones: nuevas perspectivas psicológicas. PPU S.A, Barcelona, 1990.
9-  Vázquez Dodero Juan Carlos y Albert Domingo. Las nuevas tecnologías y los equipos humanos: el nuevo escenario. Harvard Deusto Business Review, Madrid, septiembre/octubre, número 104, 2001.
10- Siebel, Thomas M. Con el don de la oportunidad. Gestión. Buenos Aires, Enero/febrero, volumen 6,2001.
 
Notas
1 Citando algunos ejemplos y sin necesidad de adentrarnos mucho en la historia tenemos el surgimiento de la imprenta, la Revolución Industrial incluyendo la aparición del ferrocarril, entre otras.
2 La que se puede enmarcar en diferentes grupos y su integración: Industrial, Ofimática, Comunicaciones
3 Peiró, José Ma. Organizaciones: Nuevas perspectivas psicológicas. PPU S.A, Barcelona, 1990.
4 Ibid
5 Peiró, José Ma. Organizaciones: Nuevas perspectivas psicológicas. PPU S.A, Barcelona, 1990.
6 Kotter, Jonh. El líder del cambio. México, 1997
7 Para más información consultar: Robbins, Stephen. Comportamiento Organizacional. Teoría y práctica. Editorial Prentice Hall, Hispanoamérica S.A, España, 1996.
8 Kotter, Jonh. El líder del cambio. México, 1997
9 Ibid
10 Álvarez De Mon, Santiago. Estimular el talento. Gestión. Buenos Aires. Marzo/abril, volumen 6, 2001.
11 Colectivo de autores. El Hombre. Instituto Internacional de teología a distancia. Madrid, 1995.

 

 

Revista Vitral No. 73 * año XIII * mayo-junio de 2006
Ingrid Expósito Lo Giudice
Lic. En Contabilidad y Finanzas.