A partir de la propuesta de Carl Linneo(1), se clasificó la especie humana con los términos científicos de homo habilis, homo faber y homo sapiens porque, entre otras cosas, esta especie es capaz de producir y conocer, y sobre todo, darse cuenta de que conoce.
El origen de la vida y la muerte, la naturaleza, la unicidad del mundo, la existencia de Dios, la libertad, la realidad, la verdad, lo interior y exterior del ser son algunas de las principales interrogantes que este homo durante su historia y largo proceso evolutivo, se ha hecho, sigue y seguirá haciéndose en la permanente búsqueda de la verdad al intentar comprender el mundo. De aquí brota, como manantial de agua pura, el origen común de la religión, la filosofía y las ciencias.
No pretendo hacer un recuento de la historia del pensamiento filosófico; primero, por la profunda, amplia, variada y complicada dimensión del saber humano, y segundo, porque no alcanzo a semejante altura que exige el tema. Por tal motivo, me conformo con hacer breves apuntes sobre el pensamiento contemporáneo, tomando como centro dos figuras importantes del acontecer filosófico de la segunda mitad del siglo XX, me refiero a Jürgen Habermas de la escuela de Frankfurt, y a Frederic Munné de la Universidad de Barcelona. Me propongo resaltar —a modo de pinceladas— el historial académico de ambas figuras y enlazar, lo que a mi juicio significa el pensamiento más relevante a los intereses de esta reflexión. El propósito es hacer converger la intersubjetividad de Habermas con la configuración de interacción social pluralista y holística del pensamiento de Munné, intentando resaltar esta última perspectiva del saber a la cotidianidad individual y sobre todo a la vida social de nuestros días. El riesgo de no acercarme a ello es grande pero con gusto lo asumiré, si logro —al menos— una lectura comprensiva que permita despertar el interés crítico y reflexivo de un tema tan joven y vigente, asentado en una nueva manera de orientar el pensamiento hacia el análisis inter, multi y transdisciplinario al cual algunos gustan llamar, enfoque de la complejidad(2).
Siendo consecuente con el título y como una vía para llegar a él, destaco a modo general, tres fenómenos históricos de carácter político, social y económico de impactos transcendentales para el curso evolutivo de la humanidad. Me refiero a la revolución agrícola que el mundo afrontó con el arribo del feudalismo, la revolución industrial con el inicio y posterior fortalecimiento del capitalismo, y la revolución informática con el sello indiscutible de la contemporaneidad. Algunos autores, usando un lenguaje metafórico por los efectos que producen las olas, prefieren llamarlas: “la primera ola”; “la segunda ola” y “la tercera ola”, respectivamente.
La “primera”, queda en la Edad Media, aunque hoy por hoy se sabe de sectores o regiones donde aún está vigente; la “segunda”, cuyos inicios pudieran enmarcarse a partir del siglo XVII hasta nuestros días, en una buena parte del planeta. Y ahora estamos recibiendo, o en vía de ello, la “tercera”. No hay dudas que esta última viene marcando el futuro del mundo, incluso lo ha puesto en “jaque” por una posible guerra entre culturas; las civilizaciones que no han salido de la “segunda ola” frente a la fuerza incontenible y arrolladora a nivel global de la “tercera ola”(3). Esto dicho así, pudiera parecer simple o sin aparentes implicaciones, pero no lo es. Los procesos políticos, económicos, científicos y sociales que vienen ocurriendo necesitan de una seria, esmerada y delicada atención porque, entre otras cosas, se está ante nuevas situaciones no habituadas a confrontar.
La turbulencia de la tercera ola
Muchos países no sólo están preocupados, sino sobre todo ocupados, en cómo responder al inminente arribo de la “tercera”. Vivir entre ambas produce un efecto de turbulencia en todos los niveles de la vida humana. Este fenómeno puede enfrentarse de muchas maneras; desde intentar levantar un muro de contención hasta dejar que entre la “ola” sin ninguna protección, por decir los extremos más distantes. Unos hablan de adaptarse, otros de resistirse y otros de prepararse y mientras más mejor. Ser capaces de aprovechar las oportunidades de lo “bueno” y rechazar, modificar o consensuar los efectos “malos” de la “ola”, en mi opinión, es lo aconsejable.
El comportamiento político-social de América Latina es una muestra de tal afirmación; léase, digamos, la llegada al poder de las recientes democracias de izquierda(4) y el recién electo secretario general de la OEA de tendencia socialista. A pesar de que los resultados políticos-sociales, en esta esfera, son alentadores, se perciben riesgos de aisladas propuestas radicales y rígidas, muy distantes de los procesos verdaderamente democráticos deseados por el continente. No olvidemos que en los bordes de los extremos —de izquierda o de derecha— puede hallarse el precipicio.
Veamos otro ejemplo de los efectos de la “tercera ola”, pero no en el campo político, sino en el técnico-científico. La “segunda ola”, hasta aproximadamente la década de los ochenta del siglo pasado, tuvo una expresión escalonada; la ciencia primó sobre la técnica y esta sobre la producción a manera de escalera. El primer nivel —visto de abajo hacia arriba— es la producción, encima de ella la tecnología y en la cima, la ciencia. Esto no fue ni sigue siendo una forma organizativa eficiente ni eficaz, lo cual no niega su valor. Bastan los resultados científicos hasta ahora alcanzados para darse cuenta de lo que ha representado para la humanidad esta forma de proceder. Aunque hoy se tienen argumentaciones sólidas para tal aseveración, el análisis queda fuera de este tema. Lo que sí quiero mencionar es que, con el advenimiento de la “tercera ola” nos llega un conjunto de diversas transformaciones del orden entre los tres elementos antes señalados. Para explicarlo intentemos imaginar un triangulo equilátero; las tres partes, ciencia, tecnología y producción, hoy están entrelazadas y ninguna supera a la otra. De esta manera, la ciencia, la técnica y la producción son igualmente importantes bajo un constante ir y venir de información teórico-práctica caracterizada por una vertiginosa dinámica de desarrollo.
Uno de los ejemplos cotidianos de lo que decimos es la relación médico-paciente; la abuelita del ayer no muy lejano y sus familiares no cuestionaban lo que el médico (ciencia) le indicaba; sin embargo, la abuelita de hoy o sus familiares opinan, discrepan, se informan, y hasta recomiendan, lo que sería más indicado para la persona aquejada. Por supuesto, la interacción médico-paciente crece y con ello el beneficio de ambos. La abuelita de hoy y sus allegados forman parte del saber médico, sin ser médicos. Hay infinidad de ejemplos en cualquier saber diario. Los efectos de la “tercera ola” (la revolución informática) se sienten en todo ámbito social; público o privado. No digo que hoy el especialista pierda importancia, todo lo contrario, sigue siendo necesario, y mientras más capacitado mejor, lo que mantengo es que existe la posibilidad rápida y confiable de documentarse de un tema determinado por una persona no experta y esto es, según mi apreciación, una de las consecuencias de la “tercera ola”.
Lo que he querido expresar en pocas palabras es que vivimos en una sociedad caracterizada por la velocidad y el conocimiento, algunos prefieren llamarla sociedad de la información, sociedad de la comunicación o sociedad del conocimiento. Confieso que no logro distinguir las argumentaciones para diferenciarla, a no ser ligeras sutilezas. Quizás los contrastes respondan a diversas culturas como la europea o norteamericana, pero la intención no es entrar en estos detalles, sino más bien volcar la mirada hacia la relativa facilidad de adquirir información, comunicación y conocimiento por la manera tangible en que estos inciden en la vida del individuo. La red de redes (Internet) puso la “tapa al pomo”, mejor dicho, a uno de ellos, porque hay otros.
Mac Luhan(5) predijo desde los años sesenta la aldea global y quién duda que la globalización comunicacional no sea hoy una realidad. El fenómeno integracional a nivel global toca y tocará, cada vez más, todo lo que acontece en la vida cotidiana del ser humano y su entorno, esto forma parte de uno de los principales efectos de la “tercera ola”. Pero las consecuencias de ella no pueden verse sólo como oportunidades, también hay riesgos, y muy inquietantes, porque incluso, algunos pueden comprometer la salvaguarda de la especie humana. No olvidemos los adelantos científicos-tecnológicos con respecto a la clonación humana, por sólo citar uno de los riesgos.
Por eso comparto que en la ética y en el bien moral como valores exclusivos de la persona, descasan los pilares para sociedades más justas y equilibradas. En la medida que se nutran de ellos, será menos peligroso el muchas veces angustioso pensamiento contemporáneo.
El futuro de la humanidad, ante la revolución informática, no puede ser un mundo sin técnica, porque no es deseable ni posible, sino tiene que ser de esperanza y seguridad, de elaborar normas para convertir los riesgos en oportunidades y los costos en ganancias. Obras como la de Mounier(6) y la del propio Juan Pablo II(7), por sólo citar dos figuras relevantes del mundo cristiano católico, constituyen ejemplos de pensamientos para ser estudiados y tenidos en cuenta al analizar cualquier configuración ética de las sociedades contemporáneas.
Habermas y Munné: Somos intersubjetivos y complejos
Habermas8 es considerado el miembro más destacado de la segunda generación de filósofos de la Escuela de Frankfurt. Fue profesor hasta su jubilación en 1994.
Hizo, entre otras cosas, una nueva propuesta filosófica que, sin negar los valores positivos del pensamiento de la modernidad, superó el esquema de una razón basada en un “yo” subjetivo absorbido en un mundo de objetos, por el modelo de la íntersubjetividad, de la comunicación, orientada al entendimiento mutuo. Para él la epistemología como acción, se construye no sólo sobre un “yo”, sino también en relación a un “tú” y a un “ellos”, con los cuales se interactúa. Habermas dijo9: “Para el paradigma del entendimiento intersubjetivo lo fundamental es la actitud realizativa de participantes en la interacción, que coordinan sus planes de acción entendiéndose entre sí sobre algo en el mundo”.
Y qué significado tienen esas palabras sino una invitación al debate y al diálogo inter, multi y transdisciplinario. La obra filosófica de Habermas es muy fructífera y extensa, al igual que su vida. Él imaginó un futuro en el que la razón y el conocimiento trabajen en pro de una sociedad mejor, más justa y feliz. Cito su última obra, publicada en el 2001, que con sólo el titulo sugiere tal afirmación: El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesis liberal?10.
El reconocimiento de Munné11 traspasa las fronteras de su país debido a sus intervenciones y conferencias en una parte importante del mundo occidental. Pertenece al consejo editorial de un sinnúmero de revistas dedicadas principalmente a la psicología, particularmente social y a un rico currículo de publicaciones que lo ubican a nivel internacional. Actualmente su pensamiento filosófico se proyecta en la epistemología crítica del comportamiento social basado en el pluralismo teórico y en la aplicación del caos y el paradigma teórico de la complejidad a las ciencias sociales.
¿Por qué Habermas y Munné?
Pudieron ser otros, pero para mi propósito fue suficiente. El objetivo, como he tratado de explicarlo anteriormente, es intentar demostrar que la linealidad de pensamiento heredada por la formación académica de la revolución industrial (“segunda ola”), está siendo cambiada por la inclusión en el análisis de la no linealidad. Ya Ortega y Gasset12 —a través de su pensamiento filosófico sobre la cultura humana— entendió la estrecha interconexión que hay entre ella y la relación con el mundo.
Hoy se fomenta el pensamiento de la complejidad en muchas instituciones y universidades, en las cubanas también.13. Aunque se dice que esta manera de pensar comienza por la década del ochenta del pasado siglo, a mi juicio es cuando se empieza a ver la punta del iceberg, porque antes estuvo presente el pensamiento holístico de muchos intelectuales, incluso antes de la filosofía postmoderna14. Basta una lectura pausada de la historia de la Filosofía para argumentar tal aseveración.
He tomado a Habermas —no complexólogo— con la teoría de la intersubjetividad como ejemplo de lo sumergido y a Munné como lo que emerge de la complexología a través del comportamiento plural, basados ambos en las ciencias sociales.
La cultura oriental es “harina de otro costal”, aunque sabemos que en ella nunca ha dejado de estar presente el pensamiento holístico tradicional.
¿Qué es la complejidad? La articulación de las “partes”
La complejidad no es sinónimo de lo complejo, incluso en ocasiones se utilizan indistintamente. Aunque ambos términos se parecen gramaticalmente, en el caso que nos ocupa, la complejidad no puede ser reducida a lo complejo. Todos sabemos lo que es complejo. Este adjetivo, según el diccionario Laurouse, tiene cuatro acepciones, que destacan lo diverso y lo difícil de abordar un problema.
Pues bien, el pensamiento basado en la complejidad, además de ser complejo, habla de un cambio cultural, no enmarcado en una disciplina concreta puesto que no es ciencia constituida, sino una nueva manera de hacerla y comprenderla a partir de lo hecho y lo nuevo por construir; incursionando los costados irregulares, no lineales del mundo, es entrar a sistemas que generan otras cualidades, muchas de ellas llamadas como procesos “emergentes”. Debemos tener presente que el estudio científico o no, estuvo siempre dedicado a los sistemas lineales, digamos: “a modificaciones pequeñas, insignificantes efectos”; “a una determinada causa, un efecto conocido”. Hasta ahora, los principales resultados científicos o de cualquier otro tipo se han logrado fundamentalmente bajo esta óptica. No se trata de negar esta verdad, sino de darse cuenta de que otro mundo también está presente. Que antes no se veía porque el grado del saber humano no alcanzaba verlo, es cierto, pero ahora la realidad no lineal; la articulación de las “partes” alejándose del equilibrio para buscar un nuevo equilibrio, abierto y cambiante, la imprevisibilidad, entre otras cosas, se hacen evidentes con las herramientas que acompañan la “tercera ola”. O decir mejor, se está transitando del mundo del detalle analítico, rígido, fragmentado, que siempre existió, existe y existirá, al mundo interactivo, fluido, holístico, global, y hacia la “red de redes” que también existe, y sin temor a equivocarme, en una mayor proporción..
La complejidad no es como el pensamiento fenomenológico iniciado por Husserl15 cuya proposición fue una propuesta filosófica de mirar la realidad de otra forma para ver “toda” su riqueza y complejidad. El enfoque de la complejidad de la que hoy hablamos trata de una actividad de pensamiento comprometida con una actitud, con un nuevo estilo de vida orientado a tener presente no sólo las “partes” del “todo”, sino además las “partes” como bisagras entre ellas, que en definitiva, es lo que da el “todo”. No es fácil darse cuenta de esto, pues la mayoría de los problemas de la vida están entrelazados y la correcta caracterización de uno se hace siempre junto y sin perder la articulación con el otro o los otros y viceversa. Es como “tirar el hilo” para desentrañar los enlaces de ese tejido, sin obviar que esa “tela”, es “tela”, solamente cuando el hilo hace tejido.
La subjetividad16 humana, y de hecho los fenómenos sociales, responde al enfoque de la complejidad, ahí la semilla sembrada por Habermas con su pensamiento filosófico social y Munné, más explícitamente, al abordarlo desde el psicoanálisis social.
Hay quienes afirman que estamos en una época revolucionaria del pensamiento como la vivida por la Ilustración de los siglos xvii y xviii. ¿Cuánto avanzará la ciencia y la sociedad en el siglo xxi y a qué velocidad lo harán bajo este enfoque del pensamiento humano? No lo sé, pero se vislumbra una época de increíble dinamismo, cargada de una nueva dialéctica, multipluralista y articulada entre todas las disciplinas y en las ciencias políticas y sociales también.
Lo planteado hasta aquí ha sido expresado en términos sencillos, evitando tecnicismos y con el ánimo de no caer ingenuamente en la apariencia de defender una nueva moda de ver las cosas en el mundo filosófico. No soy complexólogo, sino un entusiasta de este enfoque de pensamiento.
|
La plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México. |
Las democracias se proyectan cada vez más hacia el ejercicio participativo
Queramos o no, vivimos una época que se encamina, con sus altas y bajas, hacia el perfeccionamiento de democracias pluralistas, al menos yo percibo esa voluntad, aspecto que he abordado anteriormente17. Las democracias, como tendencia, se proyectan cada vez más hacia el ejercicio participativo. En la igualdad, fraternidad y libertad mediante la tolerancia, el diálogo y el consenso están las bases. Sin estas tres cualidades ¿cómo entender el pensamiento de Habermas y Munné?
La vida cotidiana es un conjunto de prácticas colectivas porque nos involucramos irremediablemente con otras personas; la familia, el trabajo, la escuela, la comunidad barrial, religiosa y todas ellas, de una u otra manera están articuladas. En primer lugar, de forma particular en el seno de cada una de ellas y en su conjunto, con el vínculo de las demás formando una red, una “red de redes”. La vida humana sólo se explica como fruto de una compleja red de interacciones.
Las especialidades del conocimiento humano están claras y muy bien estudiadas de manera profunda y fragmentada. Justamente es aquí donde se inserta el enfoque de la complejidad mediante la inter, multi y transdisciplinaridad.
Los países de América Latina —quizás los más adelantados en relación al resto del mundo subdesarrollado— son jóvenes en estas tentativas, pero comienzan a dar sus primeros pasos con las consecuencias propias que conlleva aprender a caminar. Tengo la esperanza que en el transcurso del siglo xxi, las voluntades de ajustes a sistemas democráticos plurales y participativos en el hemisferio tiendan a ser, además de necesarias por no decir imprescindible, prometedoras.
Las sociedades, y la cubana no es una excepción, responden a patrones de interacciones que requieren de un enfoque de complejidad, porque, entre otras cosas, son abiertas y asimétricas, en el poder, el saber, el deseo y el discurso, lo cual habría que entenderlo como una dinámica ventajosa siempre y cuando existan y fluyan entre las “partes”, coherencia e interacciones mutuas bajo la libertad, el respeto y la cordura. Justamente, a mi juicio, este enfoque de pensamiento contemporáneo aplicado a la vida política y social es uno de los desafíos más difíciles y polémicos que nuestra sociedad internamente deberá afrontar de manera inteligente, respetuosa, serena( lo cual no implica que no sea apasionada), pública, lúcida, teórica y práctica en un futuro inmediato. No hay justificación para más demora. Si la oficialidad gubernamental propicia y reclama participación en debates internacionales con muy diversas corrientes de pensamientos, entre ellas los derivados de la “tercera ola”, ¿por qué privar de la participación en los debates —dentro o fuera— a nacionales con propuestas diferentes, prudentes, respetuosas y sólidamente bien argumentadas?
Otras referencias consultadas
Habermas, J: Biblioteca de Consulta, Encarta, 2004
Habermas, J y Rawls, J: Debate sobre el liberalismo político, Ediciones Paidos Ibérica S.A., España, 1998
Munné, F. Currículo Vital abreviado. Pág. Personal de Munné. www.Goggle.com
Notas
1. Carl von Linneo (1707-1778) naturalista sueco que desarrolló la nomenclatura binómica para clasificar y organizar a los animales y las plantas
2. Curso Post-grado 2004-2005. Cátedra de Complejidad de la Facultad de Filosofía. Universidad de la Habana.
3. Alvin y Heide Toffler: La creación de una nueva civilización. La política de la tercera ola, Ed. Plaza & Janes, impreso en México, segunda edición, 1997.
4. Yoel Prado: “La izquierda que necesitamos”,
Rev. Amanecer, No.58 Año X, nov-dic, 2004 5 McLuhan, Herbert Marshall (1911-1980). Teórico canadiense de los medios de comunicación.
6. Emmanuel Mounier (1905-1950). Filosofo francés. Católico militante. Tiene mucha influencia en el mundo católico laical. Su obra se fundamenta en la grandeza y respeto de la persona. Desarrolla su pensamiento a partir de un humanismo cristiano. Hostil al capitalismo burgués.
7. Karol Wojtyla (1920-2005). Polaco; intelectual, sacerdote y obispo. Fue elegido Papa en 1978. Dejó una prolífera obra escrita y un grato recuerdo en toda la humanidad. Su visita a Cuba (1998) sentó pautas de esperanza para el futuro de los cubanos.
8. Jürgen Habermas (1929- ). Sociólogo alemán con profundos conocimientos en el campo del psicoanálisis. Recibió el Premio Hegel en 1973 otorgado por la ciudad de Stuttgart y en el 2001 el Premio de la Paz que conceden los libreros alemanes, entre otras tantas distinciones.
9. Habermas, J: Discurso de la modernidad, n 20, Ed. Taurus, Madrid, 1989.
10. Biblioteca de consulta, Encarta, 2004
11. Federic Munné (1934 - ). Psicólogo social, español, muy versátil en su formación académica, de profesionalidad y pensamiento muy amplio, abarca campos tales como la publicación, comunicación, análisis, conducción de grupos empresariales, psicología forense y criminal, entre otros.
12. Ortega y Gasset (1883-1955). Filosofo y ensayista español. Uno de los más significativos del s. xx.
13. Facultad de Filosofía. Cátedra de Complejidad. Universidad de la Habana.
14. Curso de Historia de la Filosofía. Impartido en el Instituto de Ciencias Religiosas “Padre Félix Varela” Arquidiócesis de la Habana. 2004-2005
15. Edmund Husserl (1859-1938). Filosofo alemán, iniciador del movimiento denominado fenomenológico. Una de las figuras más relevante del pensamiento occidental contemporáneo.
16. La cual en término absoluto no existe. Está en continuo movimiento se adapta y des-adapta.
17. Castillo, R: “Democracia y Globalización”, Rev. Vitral, No. 64, Año XI, nov-dic del 2004.