Revista Vitral No. 74 * año XIII * julio-agosto de 2006


PSICOLOGÍA

 

LA NATURALEZA DEL SER HUMANO

ROBERTO MOREJÓN RODRÍGUEZ

 

 

¿Qué es el ser humano? ¿es posible hablar de una predicción de su conducta?, ¿cuáles son las verdaderas fuerzas que impulsan la actuación del ser humano? Estos han sido cuestionamientos históricos sobre los que se han dado puntos de vista, muchas veces divergentes, cuyo denominador común ha sido el abordaje parcial de este fenómeno. Es por este motivo que el presente trabajo pretende ofrecer una percepción holística del ser humano, a través de la cual se dé respuesta a las preguntas iniciales y tal vez a otras pues este tema es clave en el diseño e instrumentación de los sistemas educativos, los sistemas políticos y los modelos de sociedad.
Cuando hablamos de lo que es característico, propio, distintivo, del origen, funcionamiento y proyección del ser humano, o sea de lo que este es, de cómo existe y cuál es la finalidad de su existencia, estamos haciendo referencia a la naturaleza del ser humano.
En mi opinión, la mejor visión que podemos lograr sobre la naturaleza humana es la de entenderla no parcializada y estática, sino como un ente, una unidad o sistema dinámico y cambiante, que se distingue por tres propiedades fundamentales e íntimamente ligadas: su complejidad, su contradictoriedad y su intencionalidad.
La complejidad como propiedad fundamental de la naturaleza del ser humano consiste en el hecho de constituir unidades, sistemas, en los que convergen dimensiones distintas e interrelacionadas, como: la biológica, la psíquica, la social y la trascendente.
La dimensión biológica se refiere a que, nuestra composición y funcionamiento es la de los sistemas orgánicos o vivos, regulados por un subsistema rector que es el sistema nervioso y cuya propiedad básica es la vida, la forma distintiva de existencia es la de un sistema abierto en íntima relación con el ambiente (natural y social). Al mismo tiempo, por ser un ente vivo, dicha dimensión cumple con las diferentes fases o etapas de esta condición: gestación, nacimiento, desarrollo, involución y muerte. También, por el hecho de ser un sistema en continua relación con el ambiente, es vulnerable a las influencias, los cambios y las acciones de ese medio, lo que puede determinar como efectos cambios internos, que pueden a su vez, favorecer el desarrollo, estancarlo o afectar la calidad de la existencia e incluso, provocar la muerte de este sistema, como entidad biológica.
Por su parte la dimensión psíquica, es el resultado de la actividad biológica y de la interacción del organismo con el medio, llegando a mediar esta interrelación en calidad de reflejo de distinto nivel organizativo, cuyo máximo grado de desarrollo se expresa en las diferentes formas y procesos de la conciencia. A su vez, lo psíquico tiene existencia propia y relativa independencia de lo biológico, pero en dicha interconexión y producto del gradual desarrollo en el que intervienen, a su vez, factores de carácter social, se va constituyendo en un momento intermedio del desarrollo personal, la instancia de máxima integración de los fenómenos psíquicos, la personalidad. Asimismo, se ha demostrado desde las investigaciones de Charcot en el uso terapéutico de la hipnosis y el padre del psicoanálisis Sigmund Freud (finales del siglo XIX y principios del siglo XX), con la aplicación de la hipnosis y el método psicoanalítico en el tratamiento de la histeria, que lo psíquico, como dimensión, lo integran dos grandes instancias, lo consciente y lo inconsciente, que indisolublemente vinculados, regulan el comportamiento del ser humano de manera distinta y simultánea.
A diferencia de los fenómenos biológicos, los psíquicos, no tienen una existencia material, existen idealmente, como reflejos internos, subjetivos. Si lo biológico en el ser humano tiene un origen y determinación, genética y hereditaria, lo psíquico, no exclusivamente, pues en el origen, la manifestación y evolución de estos fenómenos, participan de manera relevante los factores sociales.
Lo social, como dimensión del ser humano (no perder de vista su interrelación con las dimensiones biológica y psíquica), debe ser analizado en dos direcciones: interna - como reflejo intrapsíquico o introyección de las relaciones interpersonales y sociales en general, traducido en ideas, conceptos, imágenes, valores, sentimientos, vivencias y normas, asociadas a esas relaciones y, externa - expresado en un lenguaje y acciones, tanto de, relación interpersonal como de actividad, en sentido general. Es importante señalar que, todos estos componentes de lo social, varían con la edad, los diferentes contextos de relación y el nivel de autodeterminación alcanzado por la persona, de acuerdo con su grado de desarrollo.
Por su parte lo trascendente representa, dentro de las dimensiones, aquella que define el sentido y la orientación del ser humano. Trascender, en su acepción literal significa – pasar a través de…salir de sí (sin abandonarse) y abrirse a…justamente lo que ocurre con el ser humano, cuya trascendencia la manifiesta tanto, en su sentido de socialidad: convivir, compartir, intimar, amar, entregarse y dedicarse a los demás y en su sentido de religiosidad: orientarse, creer y seguir a un ser sobrenatural,(Dios, Jehová, Alá, u otra deidad), en calidad de una relación profundamente íntima (del tipo Yo-Tú) y a su vez, mística.
Cualquier valoración que se haga del ser humano debe contemplar estas cuatro dimensiones íntimamente ligadas, pues es el único modo de ser consecuentes con la idea de éste como ser superior (e hijo de Dios), en el que las dimensiones psico-social y trascendente, de conjunto, definen, en mi opinión, sus dos aspectos fundamentales: el personológico y la espiritualidad. De este modo, resulta significativo el hecho de que la complejidad, no es solo una propiedad, un concepto medular, sino un principio metodológico en el estudio del ser humano y sus alteraciones.
La complejidad, como propiedad fundamental de la naturaleza del ser humano, está íntimamente ligada a otra, también fundamental, la contradictoriedad, propiedad que nos indica que los componentes, atributos y funciones del ser humano, tanto en sus aspectos internos como en los externos, son contrarios, pero no pueden existir sin co-existir, o sea, son a la vez excluyentes y dependientes, lo cual determina el carácter contradictorio del funcionamiento y por ende, del modus vivendi del ser humano.
Para demostrar lo contradictorio en la naturaleza del ser humano podemos partir de que lo biológico, lo psíquico, lo social y lo trascendente, son dimensiones específicas, diferentes y relativamente independientes dentro del funcionamiento del ser humano que es único, indivisible y opera como una totalidad. Si sustraemos una de ellas, fragmentaríamos el ser y perderíamos de vista no solo de quién hablamos, sino de cómo vive y funciona este ser.
A manera de ilustración conviene citar al eminente psiquiatra austriaco Víctor Frankl cuando decía en una de sus obras cumbres: El hombre en busca de sentido que, “el ser humano fue ese que inventó la cámara de gas pero también el que fue a ella con la cabeza erguida y rezando un Padrenuestro”. Parodiando la cita pudiéramos decir que, el ser humano es ese que por odio destruye pero por amor construye y perdona, el que prostituye su cuerpo y su alma por dinero pero también el que, ni por mucho dinero lo hace, por amor a los suyos y a su propia dignidad. Es ese ser que en el vicio se pierde, fragmenta y corrompe y también el que crece y consolida ascéticamente en el amor al prójimo, a la justicia, a la dignidad y en contra, incluso, de los dictados del que la intenta someter.
El carácter contradictorio del funcionamiento del ser humano puede ser explicado a través de principios que reflejan la contraposición de sus tendencias internas y que pudiéramos denominar paradójicos. Algunos de ellos pudieran ser:

-La tendencia a la autoconservación y a la autodestrucción.
-La contraposición entre placer y deber.
-La evolución y la degeneración en el curso del desarrollo personal.
-El carácter mortal del ser humano y su infinito apego a la vida y la inmortalidad.
-La constante búsqueda de la felicidad y el rechazo al tránsito por el sufrimiento.
-Convivencia social y desarrollo personal.
-El aprendizaje vicariante (por otros) y la necesidad de vivencia personal ante las dificultades y problemas cotidianos.
-Lo consciente y lo inconsciente.
-Lo afectivo y lo cognitivo.
-Lo sexual y lo moral.
-Lo público y lo íntimo.
-Lo normal y lo patológico.
-La tendencia al menor esfuerzo y la propensión al autoperfeccionamiento.
-.Lo adapatativo y lo creativo transformador.
-Lo onírico y lo real.
-Los condicionamientos y la incondicionalidad.
-La dimensión temporal y la intemporalidad.
-Lo heredado y lo adquirido.
-Lo divino y lo humano.

Si la complejidad representa en el ser humano la propiedad que mejor distingue su aspecto constitucional y la contradictoriedad, la propiedad que destaca su aspecto existencial-funcional, la intencionalidad representaría en la totalidad del ser, aquella propiedad que simboliza su aspecto direccional, de sentido, que no se agota únicamente con los elementos esgrimidos en la definición de lo trascendente.
En otra de sus obras reconocidas, El hombre doliente Víctor Frankl asevera que, la finalidad de la existencia humana sigue un derrotero paradójico, la de un optimismo-trágico, lo segundo porque el fin de toda vida humana es la muerte y lo primero porque, el ser human
Por su parte, Carl R. Rogers, destaca en uno de sus clásicos. El proceso de convertirse en persona que, el ser humano es esencialmente positivo y uno de sus sentidos vitales es el de la aceptación incondicional de su ser.
Para el padre del humanismo americano, Abraham H. Maslow, la madurez del ser humano está orientada hacia la autorrealización y la satisfacción continua de las necesidades tanto inferiores como superiores.
De modo que, coincidiendo con los planteamientos de muchos humanistas, entre ellos los citados anteriormente, el ser humano es básicamente bueno y el sentido de su vida debe partir de la aceptación incondicional de sí mismo y encaminarse hacia la autorrealización, la madurez y la felicidad.
Frankl, sin embargo, supo revelar la esencia de la intencionalidad de la vida humana cuando afirmó que, el deseo primario sobre el que se estructura y orienta la vida humana, va más allá del deseo sexual, el deseo de poder, la felicidad, la madurez y la autorrealización, que no es otro que, el deseo de sentido. Una vida sin sentido ocasiona una terrible vacuidad o sentimiento de vacío, aburrimiento atroz y persistente que puede conducir a la enajenación y al suicidio.
Comparto el criterio de este autor cuando define que el sentido legítimamente humano de la vida se orienta hacia el encuentro íntimo con otro ser (humano o deidad) y hacia la realización de una tarea o actividad que internamente realice y satisfaga y que, socialmente, se distinga por su utilidad y altruismo.


 

 

Revista Vitral No. 74 * año XIII * julio-agosto de 2006
M. Sc Roberto Morejón Rodríguez
Lic. en Química 1987 y en Psicología y Pedagogía 1991. Master de Orientación Psicológica 1996. Profesor de Psicología, Instituto Superior Pedagógico de P. del Río (1991-2000). Profesor de Psicología Médica de la Facultad de Ciencias Médicas de Pinar del Río (2001-2003). Actualmente es el Psicólogo de la Consultoría del Centro de Formación Cívica de Pinar del Río.