Revista Vitral No. 77 * año XIII * enero-febrero de 2007


CORRESPONDENCIA

 

LA APERTURA
FORTALECE LA IDENTIDAD


MARÍA I. FAGUAGA Y ENRIQUE LÓPEZ OLIVA

 

 

 

La Habana, miércoles 19 de diciembre de 2006.

Carta abierta.
Dagoberto Valdés Hernández,
Director de Vitral.
Equipo de Vitral.

Gracias al concurso del amigo Dagoberto y a la solidaridad de personas a la mayoría de las cuales no conocemos, con cierta periodicidad llega a nuestras manos la revista Vitral. Acabamos de recibir –esta semana, en nuestra habitual visita dominical a la parroquia de San Agustín- el ejemplar número 73, correspondiente a los meses mayo y junio del 2006. Nos complacimos con la lectura de cuanto hemos tenido tiempo de leer, pero nos urge hacerles partícipes de un comentario a su editorial, cuyo título –“La apertura fortalece la identidad” invita a la reflexión.
El mundo actual, en el que conviven la Modernidad, la Post-Modernidad y edades Pre-Modernas de desarrollo de la humanidad, en el que algunos conocen “en tiempo real” lo sucedido en el otro extremo del planeta y otros ni siquiera tienen una radio, está profundamente signado por las paradojas. Reconozcámoslo o no, la condición de isla de Cuba no nos libera de nuestras propias paradojas, incluidas las exclusiones y marginaciones, heredadas unas, recreadas otras y, también, auto generadas. Ciertos límites impuestos al pensamiento, en una sociedad en la que la enseñaza es gratuita y accesible a todos –más allá de las limitaciones que a cada uno imponga su situación, sus necesidades y sus deseos-, concretizan entre nuestras paradojas.
Generalmente, cuando se mencionan los efectos que a la sociedad cubana trajo el fin de la existencia del campo socialista, se destacan los económicos –pérdida del 80 por ciento de sus mercados, fundamentalmente- y las consecuencias sociales de estos. Sería interesante añadir, al menos, una secuela positiva; desde entonces, las Ciencias Sociales en Cuba –necesitada de repensarse como proyecto y apremiada a hacerlo- comenzaron a adquirir un matiz más realista, menos triunfalista, hurgando en las márgenes de su sociedad, admitiendo la existencia de sectores menos favorecidos, la necesidad de crear y ampliar los espacios de reflexión, reconociendo la existencia de ideas religiosas en más del 80 por ciento de la sociedad cubana, admitiendo la necesidad de conceder mayores espacios de participación a nuevos y no tan nuevos actores sociales, que pugnaban/pugnan por visibilizarse como coprotagonistas de los procesos sociales desde sus corporeidades y sus voces, no desde los discursos de otros autoerigidos o erigidos en sus intérpretes.
Quienes, desde las Ciencias Sociales y desde las religiones, ya nos implicábamos en temas como identidad, religión, violencia, marginalidad, racialidad –antes considerados tabú, con lo cual hemos sentido los efectos negativos personales de nuestras opciones profesionales- hemos sido sensibles a percibir esa atmósfera de relativa tolerancia, que no siempre ha culminado en comprensión, que continúa padeciendo tensiones convertidas no pocas veces en obstáculos –algunos se empeñan en que los consideremos insuperables-, pero que tiene como estímulo el reto de trabajar en pro de la mejor convivencia en la pluralidad cultural/religiosa, lo que es decir filosófica e ideológica, que conforma a la nación cubana.
Nos estimula que una publicación como Vitral, de repercusión entre cubanos y cubanas sin límites geográficos ni religiosos, se sume a los medios que coadyuvan a la reflexión en torno a la identidad, haciéndolo frontalmente y desde las preocupaciones que pueden ser comunes a cualquier ciudadano. Como muchas otras publicaciones –religiosas y seculares- Vitral surgió en el inicio de ese contexto de relativa tolerancia, en el cual nuevas agrupaciones e instituciones culturales y/o religiosas hallaron cabida –es el caso de la Sociedad Cultural Yoruba de Cuba y la reanimación de las sociedades españolas, chinas y caribeñas- y otras consiguen su legalización en el Registro Nacional de Asociaciones del Ministerio de Justicia –como la Sociedad Abakua-, mientras muchas –ni legalizadas ni reconocidas- logran permanecer no sin contrariedades.
La identidad de una nación plural la conforma la suma de sus micro identidades, sin que todos sus factores culturales pasen necesariamente por el conocido proceso de síntesis y creación de un elemento cultural nuevo al que Don Fernando Ortiz definió como “transculturación”. No existen grupos humanos monolíticos. Pretender una identidad definitiva, única e inamovible es tan fantasioso como anti dialéctico; los fanatismos son sus manifestaciones. La pluralidad –característica originaria y raigal de las naciones americanas y caribeñas- ha sido/es la fuerza de nuestra identidad que –coincidimos con uds.-, se fortalece en la apertura. Debemos cuidar de que continúe expresándose como terreno fértil que acoja y conforte, que estimule y nutra, sin dar la oportunidad de convertirla en cárcel, en muros que asfixien y de los cuales se desee huir.
En la búsqueda de una rearticulación de la narrativa de la identidad nacional cubana –inclusiva y participativa, configurada desde los mejores aportes de la creatividad de cada uno sus sectores sociales, sin desconocer que, como todas, contendrá igualmente sombras-, habrá que ir trabajando para desterrar las manifestaciones de violencia simbólica que saturan y pernean el discurso, también, desde las descalificaciones y omisiones. Si el arte de relacionarnos es lo que define a la política, a partir de esta se impondrá la exploración de nuevas opciones con mayores cuotas de participación ciudadana para lo cual, es esencial, el respeto a las diferencias y la potenciación de la capacidad de escucha y de intercambio, como pasos previos al ejercicio del necesario diálogo, que ayude a tender puentes o que los apuntale, en actitud contrastante con quienes los derriban o dificultan su construcción, parcelando, amurallando, intentando silenciar voces o impidiendo que sean escuchados, en ocasiones, hasta sus ecos.
En ese sentido trabajamos en CEHILA – Cuba (capítulo cubano de la Comisión para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica), aprovechando unas veces e intentando ganar otras –en la medida más realistamente posible- espacios de ecumenismo, y procurando rebasar sus límites para alcanzar el macro ecumenismo, como terreno en que no nos impongamos las restricciones de las denominaciones cristianas, sino que intercambiemos y establezcamos relaciones de colaboración con exponentes de toda religión presente en nuestro país, como con los no religiosos, examinando lo que nos una y no lo que nos separe.
Durante más de un año efectuamos talleres de frecuencia mensual, con la participación –a título personal- de religiosos y no religiosos, algunos con la condición de estudiosos de las religiones, sin “temer a la diversidad” (“La apertura fortalece la unidad”. Editorial, revista Vitral. No. 73. Ano XIII. Mayo-Junio, 2006. Pág. 5. Col. 1. Pár. 1.), porque “entre el miedo y el fanatismo no se puede construir nada”. (Idem. Pág. 4. Col. 2. Pár. 5.) La realización de dos talleres macro ecuménicos internacionales –con convivencia; años 1998 y 2000- en las instalaciones del Centro (ecuménico) de Reflexión y Diálogo –Cárdenas, Matanzas-, con la participación de católicos, evangélicos y protestantes, judíos y musulmanes, espiritistas y espíritas, santeros, vodus y abakuás, además de estudiosos, nos posibilitó –como al equipo de Vitral- comprobar y hacer constar que: “Apertura y seguridad en las propias convicciones no son irreconciliables” (Idem. Pág. 4. Col. 2. Pár. 6.), y que: “La apertura de Cuba se hace y se debe hacer desde abajo, desde los pequeños espacios en los que cada cubano y cubana vive, trabaja, piensa, reza, espera y ama” (Idem. Pág. 5. Col. 1. Pár. 4.), convencidos de que: “Ver la apertura personalmente, darnos cuenta de sus pequeños espacios, reconocerla públicamente, promoverla desde abajo, y tener la voluntad de hacerla insertados en el mundo, sin nacionalismos asfixiantes, es una señal de que seguimos siendo cubanos y de que lo somos cada vez más”. (Idem. Pág. 5. Col. 2. Pár. 3.)
Al director de Vitral y a su colectivo, partes de nuestra diversidad y pluralidad nacional, en la que definen con seguridad su identidad, deseamos la renovación de sus fuerzas en el renacimiento que nos depara la próxima Navidad y un fructífero año 2007.

Nota: Esta carta ha sido refrendada por Walfredo Piñera, en su condición de Presidente de CEHILA – Cuba.

 

 

Revista Vitral No. 77 * año XIII * enero-febrero de 2007
Msc. María I. Faguaga Iglesias
Historiadora y Antropóloga. Investigadora independiente
Msc. Enrique López Oliva
Periodista e Historiador. Corresponsal en La Habana de Monitor (México). Secretario de CEHILA – Cuba.