El primer número de la revista Mensaje circuló el 1 de octubre de 1951. Un ejemplar de carátula gris, muy sencillo, que, sin embargo, tuvo que ser reimpreso por su éxito.
Meses antes su fundador, el P. Alberto Hurtado, le había delineado al Provincial de los jesuitas el espíritu de esa publicación: “Revista de orientación cristiana, donde se ventilen los grandes problemas de la humanidad en perspectiva cristiana. Será de orientación en materias filosóficas, teológicas, sociales, psicológicas y de historia… Mensaje va dirigida al público intelectual chileno, al que libra las batallas del espíritu: pretende servirlo y estimularlo, y espera ser de él ayudado y estimulado…Nombre: Mensaje, aludiendo al mensaje que el hijo de Dios trajo del cielo y cuyas resonancias nuestra revista desea prolongar y aplicar a nuestra patria chilena y a nuestros atormentados tiempos”.
La revista partió con 500 suscriptores, algunos avisadores y un buen número de entusiastas y destacados colaboradores: dos obispos, Manuel Larraín y Pedro Aguilera; una veintena de sacerdotes, entre los cuales figuraban tres futuros obispos (monseñores Tagle, Piñera y Valdés) y figuras intelectuales (Gabriela Mistral, Juan Gómez Millas, Bernardo Leighton, William Thayer, entre otros).
De eso han pasado 55 años y la revista Mensaje sigue fiel a la intuición original de su fundador, el hoy san Alberto Hurtado.
A propósito de esta significativa fecha, nos entrevistamos con su actual director, el padre Antonio Delfau, quien confesó que en un principio no se sentía preparado técnicamente para esta labor —”no soy periodista, no soy comunicador”—. Y aunque estaba más que preparado —estudió ingeniería comercial, psicología, filosofía y teología— aceptó con mucha modestia este desafío. A diez años de esa decisión, el tiempo ha confirmado que era apto para dirigir Mensaje. En este diálogo y como es habitual en él, habla con pasión y con ese ímpetu que lo caracteriza.
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Antonio Delfau, S. j. Director de la revista Mensaje,
recibe el saludo de su Santidad Benedicto XVI. |
¿Cómo ve la revista Mensaje ahora? ¿Cómo es su momento actual?
—Estamos viviendo un momento de gran crecimiento. Después de haber tenido una importancia reconocida en los años 60 y, obviamente, durante el gobierno militar, tiempo en que creció por ser uno de los pocos medios más independientes, vino un cierto declinar. Esto se ha ido revirtiendo, y ahora podemos decir que hemos ido creciendo en forma sostenida en el número de nuestros suscriptores y en las ventas de ejemplares en quioscos, librerías y locales del Hogar de Cristo. En los últimos cuatro años hemos aumentado en más del 40% los suscriptores. Y seguimos creciendo.
También creo que la revista está en un momento de cambio, en el sentido de que hemos hecho avances en el diseño, para hacerla más amable y atractiva para el lector. También estamos consolidando el esfuerzo por hacerla un poco más periodística, manteniendo nuestra condición de revista seria, bien fundamentada.
¿A qué atribuye este buen momento de Mensaje?
—Ha habido esfuerzos serios en la administración y en la fuerza de venta. Pero también una preocupación editorial por tocar temas que sean interesantes y relevantes para las personas. Los asuntos que tienen que ver con los valores, la ética, la moral, la justicia social, derechos humanos, son temas que importan. Y las materias espirituales religiosas, teológico-bíblicas, despiertan mucho interés porque la gente está buscando cómo vivir su fe en el siglo XXI. Y esto no es fácil, los desafíos así como los problemas son nuevos y las respuestas que estamos dando nosotros como Iglesia no siempre son nuevas. Entonces creo que la revista puede ser un referente para pensar sobre muchos temas. Teniendo una línea editorial, Mensaje ha tratado de no defender los intereses particulares de nadie.
¿Cómo definiría a revista Mensaje?
—La revista Mensaje nace como un medio de expresión de la reflexión católica sobre los problemas que afligen a Chile y al mundo. Ese fue el gran sueño del Padre Hurtado cuando la funda, él sintió que en su época no había un medio de comunicación que estuviera haciendo eso. Creo que ese mismo espíritu tiene hoy: es una revista de pensamiento, de opinión fundada, de reflexión seria y, por lo tanto, es para aquellos que quieren onformarse bien, pero que también desean formarse y conocer el fruto de la reflexión de personas que tienen autoridad porque son competentes en sus distintas áreas.
¿Quién son los lectores de Mensaje?
—Hemos logrado un rejuvenecimiento muy fuerte de nuestros suscriptores. En diez años hemos bajado el promedio de edad de 58 a 37 años en la actualidad. Se ha ido incorporando mucha gente joven, fundamentalmente profesionales. Alrededor del 18% de nuestros lectores son del mundo eclesiástico, sacerdotes, religiosas, religiosos, algunos obispos, profesores de religión, instituciones católicas. También es significativo el número (28%) de servidores públicos —funcionarios de los poderes ejecutivos, legislativo y judicial— que son personas que están guiando los destinos del país. Pero la gran mayoría son profesionales, abogados, economistas, sicólogos, sociólogos, médicos, ingenieros, profesores y de otras profesiones. Nos gustaría incorporar un mayor número de académicos.
No podemos dejar fuera a un buen porcentaje de lectores que siendo agnósticos, están en búsqueda o les gustaría creer. También nos leen personas que habiendo pertenecido al núcleo duro de la Iglesia se fueron alejando. Para ellas Mensaje sigue siendo, de alguna manera, un nexo con el mundo de la fe.
A veces hemos sido referencia para los parlamentarios cuando se ha tocado algún tema que tiene que ver, por ejemplo, con la bioética. De hecho, hubo mucho interés por el “Diálogo sobre la vida”, publicado en junio de este año, entre el cardenal Carlo María Martini y el profesor Ignazio Marino; también con el artículo de Alfonso Gómez Lobo, en agosto, sobre embriones y anteriormente con algún texto sobre las células madre.
¿Y que ha significado para usted dirigir Mensaje durante estos diez últimos años?
—Al comienzo fue un desafío tremendo porque no sentía que tuviera las condiciones. Cuando el Provincial, padre Juan Díaz, me visitó en España, yo estaba haciendo mi tercera probación en Salamanca y pensaba que volvería a Chile para retomar el trabajo que tenía como asesor eclesiástico de los universitarios en la CVX. Por eso, cuando él me dice: “¿Cómo te tomarías la idea de ser director de Mensaje?”, le dije que me moría de miedo, pero que me atraía el desafío, porque de hecho ya pertenecía al Consejo Ampliado y al Consejo Editorial Jesuita de la revista. Entonces me acordé que un padre jesuita decía que en el fondo nuestros peores defectos son nuestras más grandes cualidades. Y como desde siempre me he sentido un poco disperso, interesado en la política, la literatura, el cine, las artes, la música, me pregunté muchas veces por qué no me dediqué más a una sola cosa. Me acordé de eso y pensé “quizás puedo hacer algo en esto porque siempre he tenido gustos bastantes amplios y creo que se requiere, de alguna manera, tener intereses muy variados”. Y acepté con gusto. Es más, debo confesar que esta tarea —para la cual no estaba preparado en el sentido más técnico, porque no soy periodista ni comunicador— me fue conquistando y ahora, francamente, disfruto mucho con este trabajo. Me gusta investigar en la preparación de los editoriales, tratar de dar un golpe periodístico, preocuparme de que las portadas sean más atractivas, pedir a personas que escriben bien que colaboren sobre distintos temas.
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Portada del número de mayo de 2006 de la revista Mensaje. |
Servicio de la fe y promoción
de la justicia
¿Qué es lo más destacable de estos 55 años de vida de Mensaje?
—Son 55 años ininterrumpidos guiados por la misma mano, la Compañía de Jesús que está detrás y que ha mantenido una misma línea. Eso es bien notable, estamos muy contentos de cumplir 55 años, sintiéndonos rejuvenecidos, vitales.
¿Cómo se van a celebrar estos 55 años?
—El principal regalo que nos hemos hecho y que hemos querido hacer a nuestros lectores y suscriptores, es poner a su disposición parte de la historia de nuestro país a través de los 55 años de la revista. Esto significa que en este momento tenemos una biblioteca virtual donde se puede acceder a los textos completos de los artículos publicados en Mensaje desde 1951 hasta hoy.
Creemos que es un gran motivo de celebración porque la revista Mensaje ha sido testigo de la historia de nuestro país en más de medio siglo, años que han sido tan importantes y convulsionados. Y por lo tanto, creemos que Mensaje por su seriedad, por su capacidad reflexiva, puede ser una excelente herramienta para científicos políticos, sicólogos, historiadores e investigadores en general.
La conformación del Consejo Ampliado de revista Mensaje es bastante pluralista. ¿Siempre ha sido así?
—En sus inicios, el Padre Hurtado quiso tener como colaboradores a grandes plumas, entre otras, a Gabriela Mistral y otros ensayistas y escritores de renombre, tal como aparecen en el primer número de la revista. Con posterioridad se constituyó el Consejo Ampliado, que tenía como objetivo auscultar lo que estaba pasando en la sociedad. Y fue el padre Hernán Larraín, un gran director de Mensaje, quien consolidó este mecanismo. La idea era tener personas del mundo universitario, político (de distintas tendencias), del ámbito religioso, sindical, de la salud, la economía y de otras disciplinas. Y eso todos los directores lo fueron replicando. De hecho, uno de nuestros consejeros, Sergio Molina, lleva 40 años en el Consejo. Y Manuel Antonio Garretón, que participó en el movimiento estudiantil del 68 como dirigente universitario, está desde esa época en el Consejo y sigue colaborando hasta hoy.
¿Qué ha permanecido constante en Mensaje desde la inspiración del Padre Hurtado?
—Una constante a través de los años ha sido la preocupación por la justicia social y el bien común. Hemos tratado de ser perseverantes en temas como la erradicación de la pobreza, la lucha contra las exclusiones, la igualdad de oportunidades, el mejoramiento de la educación, el crecimiento en la fe y el compromiso cristiano. Y siempre mostrando ejemplos vivos de solidaridad.
Creo que la línea editorial de Mensaje se ha fijado de acuerdo a las grandes directrices de la Compañía de Jesús. El Padre Hurtado ha sido una inspiración permanente porque sigue vigente y sus palabras continúan vivas, siguen impactando. Y después con el Concilio Vaticano II vino para la Compañía de Jesús esa decisión de nunca separar el servicio de la fe con la promoción de la justicia. Entonces, esta orientación puso un acento muy fuerte en los temas sociales que siempre han estado presentes en Mensaje.
Pensamos que hoy más que nunca nuestro país necesita de una publicación que analice con seriedad y responsabilidad el acontecer nacional y mundial a la luz del evangelio. A lo largo de estos 55 años hemos procurado entregar criterios que ayuden a discernir, en las distintas circunstancias, la manera de encarnar el mensaje vivo de Cristo. Y quisiéramos tener cada día más colaboradores competentes ocupando nuestras páginas.
Queremos creer que el sentido de Mensaje no se ha desdibujado a lo largo de estos años. Es que hemos procurado defender —no sin costos— valores permanentes muy queridos por la Iglesia y admirablemente encarnados por el Padre Hurtado.
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Portada del número de noviembre
de 2005 de la revista Mensaje. |
Mensaje en dictadura
¿Y qué modificaciones ha experimentado la revista?
—Quizás una modificación fue todo el esfuerzo que volcó Mensaje en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura y que molestó a algunos. Era algo que teníamos que hacer y en muchos aspectos, al final, el tiempo nos ha dado la razón.
Si bien el Padre Hurtado veía los grandes problemas que tenía nuestro país, en su tiempo había cosas que eran como obvias. Una de ellas era la democracia que, si bien tenía defectos, existía en Chile un cierto orgullo por ella. Los derechos civiles estaban de alguna manera garantizados y no fueron tema hasta que perdimos la democracia y se comenzaron a conculcar esos derechos políticos y civiles, y Mensaje tuvo que decir una palabra al respecto.
¿Qué papel desempeñó revista Mensaje durante la dictadura?
—Creo que fue muy importante. Yo puedo contar algo desde lo que fue mi experiencia. En esos años era estudiante de Economía en la Universidad Católica cuando un compañero luterano, hoy importante economista del Banco Mundial, me mostró una revista Mensaje y me dijo: “Mira lo que está pasando”. Nosotros vivíamos un poco ajenos de lo que estaba sucediendo, -nuestra escuela estaba en Los Dominicos- y desde esa vez nunca dejé de leerla. Hasta el año 1979, que entré a la compañía, fui suscriptor de la revista, y eso incluso me trajo algunos problemas pues mientras trabajaba en un banco muy conocido me pidieron más de una vez que no la pusiera en mi escritorio, que la escondiera.
Fueron tiempos muy difíciles para Mensaje. ¿Recibieron amenazas o por ser un medio de la Iglesia los trataron con más respeto?
—Sí, muy difíciles, no nos trataron con más respeto. Al comienzo hubo una censura fuerte, que incluso obligó a publicar párrafos o páginas enteras en blanco como una forma de protestar, pero eso no le gustó al gobierno. Había que llevar toda la revista a la DINACOS y ahí le daban el visto bueno. Había que ingeniárselas para poder decir las cosas, saltándose de alguna manera la censura. Incluso, hubo un número que fue incautado en Correos, También el gobierno militar hizo consultas entre los obispos para cerrar la revista. Pero, hubo un apoyo total del episcopado a Mensaje.
Un director de la revista fue detenido y procesado, lo mismo que colaboradores que publicaron artículos en Mensaje. Creo que, con todo, pudimos seguir existiendo y ello no fue obstáculo para informar con apego a la ética y en solidaridad con las víctimas, mayoritariamente no cristianas.
Preocupaciones actuales
¿Cuáles son las líneas que a su juicio mueven de manera más determinante las preocupaciones actuales de la revista, tanto en lo concerniente a la sociedad como a la vida de Iglesia?
—Una de las grandes preocupaciones de Mensaje ha sido combatir la enorme desigualdad que hay en nuestro país y nosotros creemos que nuestra sociedad, junto con dar igualdad de oportunidades, tiene que ser solidaria, preocuparse de los que, incluso con igualdad de oportunidades, nunca van a poder correr la carrera, porque están muy dañados o porque son muy frágiles. Y creemos que ellos también tienen derecho a participar en nuestra sociedad.
Otra inquietud permanente de Mensaje es que tengamos más y mejor democracia, y en ese sentido un tema recurrente nuestro ha sido que haya más participación y por eso postulamos la inscripción automática y el voto obligatorio, porque creemos que los cristianos tenemos que hacernos cargo de la realidad en que vivimos. Y por lo tanto, tenemos que ser responsables.
Un desvelo más en el campo no eclesial: la integración regional, es decir, creemos que Chile forma parte de América Latina y que es muy importante hacer todos los esfuerzos para integrarnos más con nuestros vecinos, en primer lugar, y con el resto de América Latina.
Quizás el trabajo más grande en materia religiosa es contribuir a que los cristianos sean adultos en la fe. Que conozcan el mensaje de Jesucristo y la doctrina de la Iglesia para que así los apliquen en las distintas circunstancias, con libertad de conciencia y el discernimiento propio de personas adultas. En este sentido, creemos que el deber de la revista es ayudar a formar la conciencia de sus lectores, desplegando herramientas éticas que les permitan reflexionar y tomar sus opciones de manera informada y madura. Nuestro empeño de siempre ha sido ayudar a educar la libertad, sin nunca pretender suplantarla.
Y en ese sentido, por ejemplo, ha sido importante la contribución de los artículos bíblicos que son una ayuda amena y entretenida para comprender mejor la palabra de Dios. También hemos querido seguir profundizando en el Concilio Vaticano II que creemos sigue siendo una fuente de inspiración muy grande para la Iglesia. Y concretamente este año nuestra preocupación eclesial es contribuir a la preparación de la V Conferencia del CELAM que se realizará en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007.
De hecho, ya hemos publicado un par de artículos y vamos a seguir en esto.
¿Qué desafíos advierte para un medio de comunicación escrito como Mensaje en una época dominada por una comunicación a través de imágenes?
—Hemos estado preocupados por mantenernos al día frente a las innovaciones tecnológicas. Mensaje es una revista que desde 1997 está en Internet, no con la amplitud de hoy, pero ya desde ese año creímos que era importante estar presentes en este nuevo orden informátivo. Hoy, nuestro sitio www.mensaje.cl contiene información que no aparece en la revista escrita, pues Internet nos permite mayor amplitud y versatilidad. También, en nuestra edición en papel hemos tratado de hacer un esfuerzo por modificar la forma de presentar nuestros artículos. Si uno hojea una revista Mensaje de fines de los 60, puede ver que la palabra dominaba todo, los artículos eran muy largos, alguna vez de más de 10 páginas. En cambio hoy sabemos que el estilo actual es distinto. Y entonces hemos tratado de adaptarnos a los tiempos.
¿Cómo toca Mensaje los temas «valóricos»? ¿Qué pasa cuando la postura no coincide con la de la Iglesia? ¿Se ha producido en alguna oportunidad un hiato con la jerarquía eclesiástica?
—Primero debo decir que siempre hemos tratado de ser fieles a la Iglesia, aunque no siempre hemos dicho lo que más le agradaría a algunos miembros de la jerarquía. Es decir, existe una tensión que tratamos de no llevarla a extremos.
Una cosa interesante es que los miembros que conforman el Consejo Editorial Jesuita de la revista, no los nombra el director, sino el Provincial y esta es una forma de equilibrar las opiniones, de manera que el director no se exceda.
Ciertamente ha habido desencuentros con la jerarquía eclesiástica varias veces en la historia de Mensaje. No solo en temas «valóricos» también en otros. Desde que estoy como director hemos tenido un par de dificultades importantes.
En todo caso, discutimos mucho cuando hay algún artículo controversial. Nos preocupamos de que sea expresado con legítima autoridad. Ese es uno de los elementos de juicio. El otro, es la oportunidad, siempre tratamos de ver si ayuda a que los católicos sean adultos en la fe más que a confundir o complicar.
(Tomado de la revista Mensaje, octubre 2006)