Queridos hermanos Obispos.
Querido Hno Obispo Mons. Jorge.
Queridos Hnos y Hnas todos.
Cuenta la historia que cuando Anastas Mikoyan contempló desde la altura la belleza del Moka y Las Terrazas, el salto de Soroa, el parque de Candelaria, el verdor de la sierra de los Órganos, la esbeltez de los palmares, el canto de los arroyos, la majestad de los mogotes de Viñales, la serenidad del Cuyaguateje, la riqueza de las vegas de tabaco, el azul verde del mar de María la Gorda, la altivez del faro Roncali, grandemente impresionado exclamó: “ Al modo de decir de ustedes, por aquí debió pasar el Creador”. De hoy en adelante, querido Obispo, serás de alguna forma admirador legítimo y guardián obligado de todas esas maravillas con que el Señor ha adornado a esta noble y hospitalaria tierra de Vuelta Abajo, cuna de sabios y de poetas, donde natura vertió sus dones con esplendor.
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Mons. Siro se despide y da la
bienvenida a Mons. Serpa |
Por la gracia de Dios y de la Santa Sede eres de ahora en adelante Pastor, Maestro y Guía de esta grey que, desde las colinas de Guanajay hasta el Cabo de San Antonio, con más de un millón de habitantes, 25 Parroquias, 70 Iglesias auxiliares y cientos de pequeñas comunidades, debes cuidar y pastorear.
En el año 1958, para la cuarta parte de la población, el Obispo contaba con 31 sacerdotes, casi cuarenta religiosas y muchos miembros de Acción Católica. Hoy tan solo cuenta 17 sacerdotes, algunos mayorcitos, menos de 30 religiosas y un grupo de laicos. Pero, no temas... he aprendido en este tiempo que no es el número el que cuenta, sino el amor de Dios y el celo apostólico que tienen estos hermanos y hermanas tuyos. Cuando el Santo Padre Juan Pablo II sobrevoló la Diócesis aquel 21 de enero de 1998, también admirado de esa belleza nos dejó un precioso poema que debe ser norma y legado para todo pinareño. Grabado en mármol en el frontis de la Catedral dice así:
“Al iniciar mi viaje apostólico a Cuba, me compIace dirigir un cordial saludo a los hijos e hijas de esa región occidental de la nación, cuyos atractivos naturales evocan aquella otra riqueza que son los valores espirituales que les han distinguido y que están llamados a conservar y trasmitir a las generaciones futuras para el bien y el progreso de la Patria.
“Evocando la fiel entrega de los católicos, que en torno a su Obispo son imagen viva de la Iglesia, les animo a perseverar en su opción de fe, su esperanza viva y su caridad solícita y como prenda de mi afecto me compIace impartir a toda la comunidad eclesial de Pinar del Río la bendición apostóIica”.
Escucha, hermano querido, escucha con atención,
esta breve explicación, de aqueste Obispo guajiro.
En mi primera visita
al Santo Padre de Roma,
sin perder punto ni coma
escuchó todas mis cuitas
con paternal sonrisita.
Yo le expresé con afán
los temores que me dan
toda mi preocupación
ÉI dijo con compasión
“cuide cola del caimán”.
Yo la cuidé con esmero
durante un período largo;
esta mañana te encargo
“seas un guardián certero
de ovejas y de corderos”.
A los lobos no les temas,
recuerda siempre aquel lema
de nuestro pastor eterno
“que las puertas del infierno
no prevalecen contra Ella”.
Te entrego este pectoral,
signo sagrado precioso,
como legado valioso,
como distintivo real
en tu labor pastoral.
De una cadena preciosa
y de una historia azarosa
serás séptimo testigo.
El Señor irá contigo
y esta Asamblea gozosa.