Revista Vitral No. 77 * año XIII * enero-febrero de 2007


ESPECIAL

 

"AQUÍ ESTOY, SEÑOR;
PARA HACER TU VOLUNTAD"


HOMILÍA DE MONSEÑOR JORGE ENRIQUE SERPA
EN LA TOMA DE POSESIÓN DE LA DIÓCESIS
CATEDRAL DE SAN ROSENDO. PINAR DEL RÍO. 14 ENERO 2007


 

 

 

Eminentísimos Cardenales:
Mons. Jaime Ortega Alamino. Arzobispo de San Cristóbal de La Habana.
Mons. Pedro Rubiano Sáenz. Arzobispo de Santa Fe de Bogotá. Colombia.
Señor Nuncio Apostólico de su Santidad Benedicto XVI, Mons. Luigi Bonazzi.
Mi respeto y admiración a tí, Mons. Siro
Queridos hermanos en el episcopado de Cuba y otros países. Queridos sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos.

Permítanme decir, en forma pública y por primera vez: Queridos pinareños.
Es en este ambiente de alegría, de abundancia y fe, que nos regala la liturgia de este domingo y en el marco de una boda asistida y favorecida por el Señor Jesús, que el pueblo cristiano se reúne en torno al altar para recibir a su nuevo pastor.
Sí, esta celebración señala la dimensión de un banquete donde se celebra el amor de Dios y la unidad que el Espíritu de Jesús garantiza.
En ese ambiente de fe, sentimos que se nos invita a vivir la fraternidad, la amistad, la alegría y todo aquello que siendo humano es gratificante para el corazón del hombre. La Palabra de Dios nos mueve en un ambiente positivo: Dios es fiel, perdona y vuelve a acoger a su pueblo, aun siendo pecador y habiendo roto el pacto de la alianza. Parece que lo que más importa es que el nombre de Dios sea bendecido y que el hombre, primer amado de Dios, sea dignificado.
Asimismo sabemos y afirmamos que ese amor de Dios por el hombre se continúa y permanece en la Iglesia, a la que pertenecemos por la fe realizada a partir del bautismo. Porque este amor apasionado (como lo describe el profeta Isaías en la primera lectura) no está reservado para un grupo, sino para todo hombre que se abre a su amor.
Qué responsabilidad, queridos hermanos, la que tenemos todos y qué pecado si es que en alguna forma impedimos que esto lo puedan vivir todos.
Entiendo hoy, por qué el salmista (95) nos dice “contemos, digamos a todos los pueblos las maravillas del Señor”.
Dios se manifiesta en su acción histórica. Los que hemos vivido y comprendido la acción de Dios, tenemos que contarla, y contarla como testigos, pero ser testigo es una elección para la tarea de conducir al pueblo a que reconozca al Dios único y verdadero y a su enviado Jesucristo.
¿Puede un obispo tener un programa pastoral distinto al querer de Dios? No, creo que no.
Ayer, en la Ordenación Episcopal, me preguntaron delante del pueblo de Dios:
. ¿Quieres predicar fielmente y sin desfallecer el Evangelio de Cristo? Sí, quiero, respondí.
. ¿Quieres edificar la Iglesia, cuerpo de Cristo, y permanecer en su unidad con el orden de los obispos, bajo la autoridad del sucesor de Pedro? Sí, quiero.
. ¿Serás siempre bondadoso y comprensivo con los pobres y con todos los necesitados? Sí, lo haré.
. Como buen pastor, ¿buscarás las ovejas dispersas y las conducirás al rebaño del Señor? Sí, lo haré.
. ¿Quieres cuidar del pueblo santo de Dios y dirigirlo por el camino de la salvación con amor de padre, ayudado de tus presbíteros y diáconos? Sí, quiero.

Homilía de Monseñor Jorge Enrique Serpa
en su Toma de Posesión en la Catedral de
Pinar del Río.

Lo respondí con un gran compromiso.
Esto me ha permitido pensar mucho. Sí, todo esto lo quiero hacer, pero lo quiero hacer siendo consciente que no lo puedo lograr independientemente de la Iglesia a la que por mi bautismo estoy insertado, a esta Iglesia animada por el Espíritu y por lo tanto rica en dones y carismas que no pueden manifestarse de un solo modo; pero estos dones, para que sean signo del Espíritu, deben cumplir una condición: LA EDIFICACIÓN COMÚN, pero con el sello de la Caridad-Amor donde se manifestará que la capacidad de colaboración entre creyentes, ES AMOR A CRISTO antes que amor entre nosotros; ahora sí, me atrevo decir, que podremos llegar a acuerdos fuertes, positivos, dinámicos, esperanzadores, con sentido de conversión personal, donde podemos desterrar el egoísmo que muchas veces domina en nuestros corazones y pone en peligro la acción de Dios y así podemos abrir más fácilmente el espacio a Dios para que llegue al hombre, a todos los hombres. Mis hermanos, los invito a vivir en un constante “renovar nuestro corazón”.
Como les decía anteriormente, ayer, en la ordenación episcopal, asumí un compromiso con Dios, con la Iglesia y con el pueblo de Dios al que debo servir, pero eso no me impide recordar también el que asumí con la ordenación sacerdotal. La tarea es de todos, porque todos somos Iglesia. Así, es bueno actualizar que los sacerdotes se caracterizan por ser “siervos de la comunión eclesial” esto, junto con el ministerio de la evangelización, se convierte en la misión más importante que debe realizar un sacerdote y por esto sí vale la pena luchar. Sí, luchemos por quitar todo lo que impida que se manifieste la comunión entre nosotros, aunque tengamos ministerios diferentes, sin embargo, formamos un solo presbiterio.
A nadie se le ocurrirá pensar hoy que en la Iglesia se pueda realizar una evangelización sin la ayuda efectiva y afectiva de los fieles laicos, que también en el conjunto ocupan un lugar privilegiado, no solo por mandato, sino que, en virtud de su condición bautismal y de su específica vocación, participan en el oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo, cada uno en su propia medida. (Magisterio de la Iglesia)
Pero aquí, es necesario también reclamar el TESTIMONIO (como decíamos al principio) de una comunión firme y convencida, en filial relación con el obispo “principio y fundamento visible de unidad” (Lumen Gentium) comunión que está llamada a expresarse en la leal disponibilidad para acoger las enseñanzas doctrinales y las orientaciones pastorales.

La Santa Madre Iglesia Catedral de Pinar del Río acogió
el domingo 14 de enero a numerosos fieles de todas las
comunidades para celebrar la Toma de Posesión del nuevo
obispo de esta Diócesis. Asistieron además,
representaciones de otras denominaciones religiosas,
instituciones fraternales y miembros del Cuerpo Diplomático.


Cuando se recorren las páginas históricas de la vida de la Iglesia cubana, sobre todo en las últimas décadas, afloran los testimonios de laicos que, convencidos de su ser católico y llenos de un espíritu misionero, y junto con las religiosas que con una vida abnegada, con un gran amor a Dios y al prójimo, ayudaron a que “el pabilo vacilante no se apagara” para que no humeara, sino que se mantuviera esa llama que simboliza a Cristo luz del hombre y tuviéramos hoy ese nuevo reverdecer, ese nuevo cirio que señala la esperanza apacible del hombre con Dios y del hombre con el hombre, su hermano.
Este testimonio no lo debemos olvidar, invito a toda la Diócesis a que lo reflexionemos y lo imitemos.
Todos, obispo, presbiterio, laicado, tenemos que decidir que la VIDA DE COMUNIÓN ECLESIAL será el signo para nuestra Iglesia Pinareña y una fuerza atractiva que conduzca a creer en Cristo “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”(Jn. 17, 2l). De este modo la comunión se abre a la misión, haciéndose ella misma misión.
Todos ardemos por ese deseo de que: “todo hombre conozca a Dios” Todos ardemos por ese deseo de que conociendo a Dios, “lo amen”
Pero los invito a que tengan esta convicción: solo el hombre que tiene a Dios es capaz de transformar, es capaz de dinamizar las estructuras que ayuden a vivir con dignidad.
Esa es la novedad que ha traído Jesús al mundo, “la entrega de su Espíritu” del que cada uno tiene una manifestación en la comunidad para el servicio del bien común. A nosotros nos corresponde pedir insistentemente al Padre el Espíritu que nos renueve (Lc. ll, 13).
Mi lema episcopal es la respuesta que el joven Samuel le daba al Señor cuando lo llamaba “Aquí estoy, Señor” pero lo he pensado en la línea de aquella criatura amada por Dios, la Virgen, quien no pudo menos que responder al anuncio del Ángel, “Para hacer tu voluntad” Que nuestra madre, la Virgen de la Caridad, nos acompañe, como acompañó a los discípulos del Señor en este camino que hoy emprendemos juntos.
Amén.

 

Monseñor Serpa saluda a los fieles al final de la Misa.

 

 

Revista Vitral No. 77 * año XIII * enero-febrero de 2007