Una representación de toda la iglesia pinareña se reunió el domingo 14 de enero para celebrar dos acontecimientos muy importantes: la despedida de un pastor que nos ha acompañado, guiado y servido durante ya casi 25 años como Obispo de esta Diócesis y la toma de posesión del nuevo pastor.
El Equipo Coordinador del Consejo de Laicos desea expresar en nombre de los laicos que lo integran nuestros sentimientos y gratitud al Pastor Emérito y nuestra acogida y disponibilidad al nuevo Prelado.
A nuestro Obispo Siro: Padre, Maestro, Pastor y Amigo, toda la Iglesia cubana tiene que agradecerle mucho; con justicia se pueden aplicar las palabras del apóstol Pablo: Has recorrido bien tu carrera, has mantenido la fe. El servicio y la entrega a tu pueblo, razón de ser de un Obispo, han definido tu episcopado, el estar siempre cercano, al alcance de todos los que te han necesitado, con serena humildad y sencillez, ha sido signo sublime de la grandeza de alma que te caracteriza y de tu labor pastoral. Estas actitudes, mantenidas coherentemente, sin dejarte llevar por intereses extraños al Evangelio, han permitido que el pueblo pinareño y muchos cubanos te admiren y respeten más allá de todo credo, ideología o filosofía profesada.
La sabiduría que posees te ha permitido gobernar, con eficacia y pobreza, esta Diócesis donde existe tan escaso presbiterio y demás agentes pastorales. Esto lo has logrado por la capacidad demostrada para trabajar en equipo con sacerdotes, religiosas y laicos; la confianza en tus colaboradores ha definido tu estilo episcopal, porque entendiste que los autoritarismos son contrarios a la riqueza que emana de la corresponsabilidad y la diversidad, y porque el poder sólo tiene sentido cuando se convierte en servicio y autoridad moral para convocar a los otros. Los laicos pinareños, de manera especial, te agradecemos por eso, por haber sabido y querido depositar tu confianza en nosotros. Tu valiente y decidida compañía, además de haber mantenido y potenciado el compromiso laical de esta diócesis, nos ha permitido mantener nuestra identidad y presencia en el mundo, lugar de santificación por naturaleza para nosotros. Aún sufriendo por Cristo y su Iglesia.
El celo que has demostrado en contribuir a la enseñanza y educación de tu Iglesia pinareña y el amor que le tienes a tu querido y sufrido pueblo, han hecho que promuevas con verdadera perseverancia y cariño obras y servicios pastorales animados o dirigidos por laicos, como los Ministros de la Palabra, la Hermandad de Ayuda al Preso y sus Familiares, el Consejo de Laicos, el Centro de Formación Cívica y Religiosa y la revista Vitral destinados no solo a los católicos sino a todas las personas.
Por último, Obispo Siro, no queríamos dejar de decirte que la santidad de vida que hemos experimentado en ti, ha sido el mejor testimonio evangelizador y la mayor inspiración para que los laicos pinareños, en comunión contigo, con la Iglesia cubana y con el Santo Padre, hayamos podido aportar nuestro grano de sal a la evangelización de la cultura y de los ambientes sociales donde vivimos, tan necesitados hoy día de los valores de libertad, justicia, paz y fraternidad que aporta el cristianismo.
Por todo, Amigo y Padre Siro, gracias. Tu labor episcopal ha entrado a formar parte importante de la historia de la Iglesia cubana y de Cuba toda. Las generaciones presentes ya te lo agradecen y el futuro lo confirmará. El que viva lo verá.
Señor Obispo Jorge Enrique Serpa, también los laicos de Vueltabajo nos alegramos por su llegada a esta Iglesia de Pinar, esperamos que sea para no irse más, las virtudes de la hospitalidad, la sencillez, la humildad y la nobleza de este pueblo pinareño las ponemos, sin limitación ni prejuicio de ningún tipo, a su servicio. La larga historia de voluntariado y disponibilidad del laicado pinareño para trabajar duro y perseverantemente en la labor pastoral y evangelizadora no cambiará, nos atrevemos a asegurarlo, sino que se incrementará en esta nueva etapa; Cuba y su Iglesia lo necesitan.
Los laicos lo invitamos a que conozca esta Iglesia local, su gran tradición laical, sus virtudes y sus limitaciones, para que su labor episcopal sea fiel exponente de las funciones de santificar, enseñar y pastorear que le son conferidas como Obispo. Cuente con nosotros, no dude en solicitar nuestros servicios y oraciones. A partir de ahora todo queda en sus manos y en las Manos de Dios, nuestro Padre, a quien confiamos su ministerio episcopal.
En nombre de todos los laicos pinareños le decimos: Gracias por “estar aquí” y Bienvenido a su casa.