El análisis de la pluralidad y globalidad de los derechos humanos, que son inherentes al género humano, los desequilibrios o daños que puede provocar el irrespeto de los mismos en una sociedad y las propuestas de solución a estos, puede ser el hilo conductor de esta reflexión. Trataré de presentar una perspectiva que esté más en sintonía con la naturaleza común del ser humano, su dignidad y los derechos comunes que emanan de esta condición y no tanto de la derivación de la evolución social e histórica, que se ha ido conformando a partir de los roles que la sociedad y las instituciones han atribuido a hombres y mujeres, porque considero esto algo reductivo.
Sólo aceptando la pertenencia de todas las personas a la familia humana se puede entender que los derechos humanos crecen en forma cuantitativa en cuanto a que son para todos, desde la concepción hasta la muerte, sin exclusiones, incluyendo a las familias, las naciones, los pueblos y a todas las realidades humanas. Otra forma de cuantificarlos es con el crecimiento de la lista de derechos que la evolución y las conquistas de la humanidad han hecho posible.
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En esta obra costumbrista Brueghel plasma una faena tan popular y entrañable para el pueblo como la siega. Se encuentra en el Metropolitan Museum, de Nueva York. |
Los derechos humanos también tienen una dimensión cualitativa referida a la calidad, significado y amplitud de su alcance. Los mismos se refieren a todas las etapas de la vida y a cualquier contexto político, económico, social o cultural.
En nuestra sociedad existe una concepción excluyente sobre los derechos humanos que atenta contra su propia génesis y es que para algunos solo existen o son válidos un grupo de derechos, a veces, porque los supeditan a una ideología, otras debido a una concepción errónea y prejuiciada de los mismos, o por desconocimiento, entre otras razones. Defender y promover la educación en Derechos Humanos en Cuba es visto con recelo por unos, con temor por otros, pasión por algunos, y con indiferencia por muchos.
La identificación, clasificación y proclamación de los derechos del hombre es uno de los esfuerzos ecuménicos más grandiosos que ha realizado la humanidad para responder eficazmente a las exigencias imprescindibles de su evolución en sintonía y respeto con la dignidad humana y el bien común. Estos principios son una expresión de la verdad íntegra hasta hoy conocida sobre el hombre y no son contrarios ni a la realidad social ni a las realidades individuales, ni deben estar en contradicción con ninguna cultura que promueva al ser humano.
Sin embargo, o por esta misma razón, los derechos humanos exigen ser tutelados no solo singularmente sino en su conjunto, que es unitario y está orientado decididamente a la promoción de cada uno de los aspectos del bien de la persona y de la sociedad. La promoción integral de todas las categorías de los derechos humanos es la verdadera garantía del pleno respeto de los mismos. Universalidad e indivisibilidad, integridad e integralidad son las líneas distintivas, son los principios guías que exigen siempre la necesidad de arraigar los derechos humanos en las diversas culturas, así como de profundizar en su dimensión jurídica con el fin de asegurar su pleno respeto. (Cf. Juan Pablo II, Mensajes para la Jornada mundial de la paz 1998 y 1999.)
La democracia, hábitat natural de los derechos humanos
Si entendemos por democracia el sistema de ordenamiento de la sociedad que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica, entonces podemos decir que una auténtica democracia es aquella donde se respeta, cuida y promueve a la persona de cada ciudadano, donde se aprecia la unidad, conexión y articulación de los derechos humanos, interpretándolos y valorándolos de modo orgánico e indivisible. La atención a cada uno por su especificidad, algo sin dudas loable, no debe conducir a la defensa y promoción parcial o errónea como ocurriría si solamente se defendiera una categoría de derechos humanos, desarticulada y desconectada de las demás.
En la medida que más se profundiza y avanza en materia de derechos humanos se constata con mucha más claridad la mutua conexión, reciprocidad y complementariedad que existe entre ellos. Puede decirse que los derechos humanos en su amalgama constituyen una de las primeras articulaciones de la subjetividad de la sociedad en cuanto a que interpela toda conciencia e invita a actuar en plena sintonía con ella.
Una democracia real es aquella donde no se favorece la defensa de grupos de derechos restringidos que responden solamente a los intereses particulares del poder o a unos motivos ideológicos, o a una concepción equivocada de ellos, sino que es donde se respeta la esencia de la sociedad, su pluralidad, cuya génesis y orden natural radica en la puesta en común de las libertades y responsabilidades de todas las personas que en ella interactúan, es donde se establecen mecanismos e instituciones capaces de distinguir y conectar la legalidad con la moralidad, promover la fidelidad a la propia identidad y, a la vez, la disponibilidad al diálogo con todos, donde el compromiso personal y social del ser humano respete la legítima autonomía de las realidades temporales, los valores, promoviendo la conciencia de la intrínseca dimensión ética de los problemas sociales y políticos.
De la teoría a la práctica: formar demócratas, abrir espacios
Es necesario aprender a mirar críticamente los errores y las ineficiencias que provocan un daño a la dignidad de la persona con la violación de los derechos humanos; pero mirada crítica para rectificar esas injusticias hasta alcanzar, o por lo menos, acercarnos al paradigma de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la justicia social.
Para hacer esto es imprescindible referir lo que hemos dicho sobre derechos humanos a la vida cotidiana, preguntándonos qué hacer desde nuestras actitudes y actuaciones diarias para lograr el cambio de las situaciones y de las estructuras de injusticias que provocan este mal.
En ese sentido se hace urgente un trabajo de educación ética y cívica y un sostenido esfuerzo para promover una cultura de los derechos humanos, especialmente en campos o ámbitos insustituibles de la convivencia y el desarrollo de la sociedad como pudieran ser:
· La escuela
· Los movimientos sociales, asociaciones, sindicatos y organizaciones de distintos tipos
· Los comunicadores y comunicadoras.
· Los centros e instancias de poder.
· Las instancias económicas
Toda la labor educativa y de promoción de los derechos humanos en estos campos debería estar encaminada a:
- Rescatar el nivel y la calidad de vida que le corresponde a cada persona.
- Brindarles iguales oportunidades, dotándoles de herramientas para su desarrollo personal.
- Facilitar procesos democráticos propositivos.
- Incidir en la participación de la ciudadanía para lograr horizontalidad y transparencia en la gestión privada y pública.
- Facilitar el intercambio y el diálogo entre los actores sociales para alcanzar objetivos comunes que fortalezcan la participación democrática como mecanismo de desarrollo social.
- Privilegiar la calidad de forma y contenido de los mecanismos de control para evitar las corrupciones y hacer visibles las violaciones de los derechos humanos y de otros asuntos importantes que determinan la vida cotidiana de la ciudadanía.
- Favorecer el fortalecimiento y desarrollo de una sociedad del conocimiento y de la información sobre criterios y principios que respeten la verdad y las libertades.
- Contribuir a la conformación de un tejido social dinámico y activo que sirva de estímulo y espacio para la pluralidad y, además, ayude a contrarrestar las arbitrariedades que puedan ser ejercidas por el poder para conseguir objetivos comunes.
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En esta obra, Rembrat pinta a Moisés
portando las tablas
de la ley
y la
primacía del amor que encabeza al
décalogo considerado una de las
primeras letras positivas de la
legalidad. Museo Municipal de Berlín. |
A todos los seres humanos, a todos los cubanos, especialmente en esta hora crucial de nuestra historia, nos compete directamente contribuir con nuestro aporte a promover el respeto, la protección y la realización, sin ninguna forma de discriminación o desigualdad, de los derechos humanos. Solo así se puede alcanzar más rápidamente el fin inmediato y trascendente que orienta a la humanidad y que solamente se concreta cuando el ejercicio y disfrute diario de estos derechos permite transformar, cuidar y compartir el mundo. Solo así podremos disfrutar de una verdadera democracia que favorezca globalmente los derechos del ser humano.
Considerar que lo que buscan y desean los cubanos es solo una mejora económica, comer mejor, vestir bien, tener y consumir, es mirar despectivamente, es minusvalorar a nuestro pueblo. Y es también servir y colaborar con los que intentan controlar todo y violan los derechos humanos. Creo y compruebo que la gente quiere una mejora material, pero algo más profundo está en los corazones y las expectativas de mis compatriotas, algo que no es consumir y poseer, algo que tiene que ver con no tener que disimular más, con no tener que esconderse para todo, algo que tiene que ver con poder pensar libremente y poder hablar sin hipocresía.
“No hay democracia sin demócratas” dijo en su tiempo el insigne católico y estadista alemán Conrad Adenauer. Para ello se necesita en Cuba formar demócratas, abrir espacios de democracia y participación y seguir tejiendo el entramado de la sociedad civil.
No habrá sociedad mejor, ni verdaderos proyectos de transformación, ni cambios sustanciales, ni libertad para la iniciativa, ni responsabilidad para reconstruir el país, ni ciudadanos soberanos, ni gobierno legítimo, ni sociedad civil pujante, sin democracia de la vida y sin respeto a todos los derechos humanos para todos.