Revista Vitral No. 78 * año XIII * marzo - abril de 2007


DE VARELA

 

PROFUNDIDAD MANIFIESTA
PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA DEL PADRE FÉLIX VARELA MORALES:
INFANCIA, ADOLESCENCIA, JUVENTUD. (1788-1821)


P. FIDEL ENRIQUE RODRÍGUEZ CUZA

 

 

 

“Lo profundo es lo que se manifiesta...”
Fina García Marruz

“Los árboles de raíces hondas son siempre los que suben más altos”
F. Mistral

“Todo niño puede llegar a ser un santo
y todo santo alguna vez fue niño”
Dulce María Loynaz

“Los árboles son poemas que la tierra escribe acerca del cielo...”
Khalil Gibrán Khalil

“¿Tú ves un árbol?... Pues, ahondando
en la vida se ve que todo sigue el
mismo proceso... El amor, como el
árbol, ha de pasar de semilla a
arbolillo, a flor y a fruto”
José Martí

Capítulo I.- Semilla

“Era llegado el tiempo de la siembra,
el de echar en el surco la semilla escogida...”
Dulce María Loynaz

Al sentir la fresca brisa que venía del mar, el sargento Francisco Varela Pérez todavía recordaba las heridas recibidas en el combate contra un navío inglés que, junto al Cabo Tiburón en la isla de Santo Domingo(1), apoyaba la toma de La Habana por los ingleses, impidiendo la llegada de cualquier posible ayuda de la isla vecina.
No podía imaginar él que poco tiempo después, acostumbrado ya al clima y a las condiciones de vida en aquel lugar donde había sido ubicado apenas dos años antes y donde creía que terminarían sus días, acabaría por vivir largo tiempo y echar raíces definitivas en aquella otra isla por la que había recibido, defendiéndola, sus primeras heridas.
Mientras se acercaba la nave que transportaba las nuevas tropas de refuerzo que, desde Santo Domingo, iban destinadas a la plaza de La Habana, el joven castellano, nacido veinticuatro años antes en el poblado vallisoletano de Tordesillas(2), pensaba en lo que todo joven de su edad esperaba de la vida: triunfar, mejorar, hacer fortuna; lo que sólo podría alcanzar en la carrera militar a la que pertenecía, con valentía y tesón.
Desde el barco que lo llevaba a su nuevo destino, Francisco observaba los verdeantes paisajes de la alargada isla que venían bordeando desde el oriente, viniendo desde Santo Domingo, hasta el occidente; y las playas de límpidas aguas azules y espumosas olas.
El tiempo era espléndido, la mar tranquila; el viento, en brisa suave, soplaba las velas e hinchándolas impulsaba la nave hacia su derrotero.

Grabado del P. Félix Varela.

Francisco había ingresado, apenas cuatro años antes, en el Regimiento de Infantería de Murcia(3), como una vía de mejorar en su vida, más allá de lo que su origen como hijo de labradores podía ofrecerle.
Fue el 1º de septiembre de 17634 la fecha de su incorporación al recientemente renovado Regimiento Fijo de La Habana, después de la recuperación de esta ciudad de manos de los ocupantes ingleses.
Luego de la firma del Tratado de Paz de Versalles, el 22 de febrero de 1763, que daba fin a la ocupación inglesa en La Habana, el 30 de junio de ese mismo año fondeaba en la bahía de La Habana el convoy bajo el mando del Teniente General Don Ambrosio Funes de Villalpando, Conde de Ricla, comenzando el 8 de julio(5) el desembarco de las tropas que iban a establecerse en esta ciudad.
El Conde de Ricla recibió la plaza de manos de los ingleses, y con los dos mil hombres que componían la tropa recién llegada, la mayor parte del Regimiento de Córdoba, reorganizó el regimiento en dos batallones, de los cuatro que lo componían hasta ese entonces, bajo el control del Mariscal de Campo, Don Alejandro O’Reilly, Inspector General y Segundo Cabo de la Isla, cargo recién creado, disponiéndose que, desde entonces, viniese de la Península, de cinco en cinco años, otro regimiento de infantería de dos batallones para cubrir las guarniciones de la Isla, que completarían los cuatro batallones iniciales(6).
Faltaría mucho tiempo todavía, casi veinte años, para que la vida de Francisco Varela se cruzara con la de otro militar, Bartolomé Morales, éste del reino de Sevilla, nacido en Algeciras veintiséis años antes(7), quien en su condición de Ayudante Mayor formaba parte de un piquete de treinta y cuatro hombres del Regimiento de Infantería de Navarra integrado en el recién llegado Regimiento de Córdoba.
Era el mismo regimiento que había salido del puerto de Cádiz el 27 de abril, y arribaría al puerto de La Habana el 30 de julio de 1763(8), en el cual aparecerá, en su primer extracto de revista realizado, entre los soldados que hicieron su entrada en la ciudad el Teniente Bartolomé Félix Morales y Remírez(9).
Francisco y Bartolomé, frisaban la veintena de años, y habían venido a estas tierras americanas sin saber lo que el destino les tenía preparado. La vida los uniría para amasar con su sangre y su carne una nueva generación de hombres y mujeres que, enraizados en la historia y la cultura española, recibirían de la nueva tierra, en la que comenzaban a vivir, una identidad y un carácter que los haría hijos de una nueva nación.
Aún no comprendían qué misterioso designio los traía a esta “isla afortunada que la naturaleza había puesto en la entrada de tan apacible golfo; mansión donde encontrarían la paz”; designio que sólo puede dar el amor, una familia... donde el hombre se encuentra a sí mismo y al encontrarse, busca al otro donde volcar lo mejor de sí.
No sabían que esta tierra se convertiría en “el país de su cariño”, en el suelo privilegiado en el que darían sus mejores frutos, en la “isla de sus delicias”, donde su trabajo, su sudor y su vida, como copiosas semillas, les ofrecerían y darían un “pago con abundantes usuras”(10).
Apagados los lejanos ecos de los primeros cañonazos del asedio naval de la escuadra inglesa, que en 1762 se había apoderado por la fuerza de la ciudad considerada la Llave del Golfo y Puerta de la América española, sede del gobierno político de la isla de Cuba, que luego de algún tiempo de ocupación militar, los españoles habían logrado recuperar canjeándola por la península de La Florida, tan estratégica para los intereses coloniales de la pérfida Albión en el entramado de sus colonias norteamericanas.
Apenas llegados al puerto, tanto uno como el otro, Francisco y Bartolomé, fueron albergados en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, donde milagrosamente pudieron escapar de los estragos que el vómito negro, las fiebres y otras epidemias tropicales, hacían de los indefensos e inadaptados soldados, los cuales ante tales enfermedades, eran víctimas propicias de una batalla en la que sus armas de nada les servían(11).
En 1764, dentro del plan de reordenamiento de todas las fuerzas de la Isla, se organizan también las milicias de infantería de voluntarios blancos y de color por el Reglamento de O’Reilly, en las que los habitantes de las principales ciudades eran preparados militarmente para defenderse de los ataques piratas, las bandas de forajidos o los ejércitos de otras potencias.

Fray Fidel Enrique Rodríguez Cuza.

Para ello eran preparados, por militares de oficio, en el uso de armas y en la disciplina y obediencia militar. Con este objetivo se crearon 16 compañías de este tipo en todo el país, entre ellas las del Batallón de Cuba (12), Bayamo y Holguín, en el Departamento Oriental (13).
Dentro de esta nueva estructura militar, quedarán destinados: Bartolomé a las tropas de Voluntarios Blancos de Cuba (14), Bayamo(15) y Holguín; y Francisco por algún tiempo en el Regimiento Fijo de La Habana y luego, al Fuerte de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua16, hasta su regreso, nuevamente a La Habana, en julio de 1767(17).
Por ello, Bartolomé pasará sus primeros años en Cuba en la región oriental, viviendo en diferentes momentos en las ciudades de Bayamo, Santiago del Prado Real de las Minas de Cobre(18), Holguín (19) y en Cuba (20).
En Bayamo, cumplirá lo establecido en el reglamento de las Milicias redactado por su organizador, Alejandro O´Reilly, acerca de que los oficiales asignados al mando de las milicias de blancos, “debían inflamar en los reclutas el orgullo profesional, relatándoles las acciones heroicas en las cuales hubieren participado, e instándoles a emularlas cuando les llegara el momento de combatir” (21).
O´Reilly intentaba emplear en beneficio de la disciplina y enardecimiento de los milicianos, técnicas de manipulación sicológica, tan en boga en la actualidad y que ya se usaban en aquella época, utilizando la vistosidad de los uniformes, la indoctrinación y las consignas(22).
Por ello, Bartolomé, les contará de su participación en la guerra de Ceuta contra los moros, y en sus experiencias como veterano de los Ejércitos Reales en las campañas españolas.
Utilizando las técnicas reglamentadas por sus superiores, motivará en los milicianos reclutados el sentimiento de orgullo por defender sus tierras, sus propiedades, su país, utilizando para ello como consigna, la asignada a su tropa: “Siempre adelante es gloria”(23).
Luego, en Holguín, al igual que en las otras regiones que tuvo que atender, se dedicará a establecer y entrenar las tropas de voluntarios e instruir a los jóvenes en la disciplina militar, a la vez que es elevado a la más alta dignidad de esta ciudad al ser nombrado Teniente de Gobernador durante los años 1771 y 1772(24).
En su Tercer Capítulo, Artículo Cuarto, el Reglamento de las Milicias de Voluntarios de la Isla de Cuba(25), establecido por Su Majestad el Rey para que se observe inviolablemente, establece que:
“En las Milicias de Infantería de Cuba, Bayamo, las Cuatro Villas y Matanzas,...se destinarán oficiales, sargentos y cabos, que en parajes cómodos para la concurrencia de los vegueros les instruyan, teniendo presente que la importancia de la disciplina se logre sin el menor gravamen que fuere posible del jornal e industria de los milicianos...Se deben hacer las propuestas y elecciones con la mayor atención a la calidad y buen nombre de los sujetos...”
Bartolomé Morales será uno de los oficiales elegidos, y llegará a Teniente de la Tercera Compañía de ese cuerpo, grado que ejerciera, como oficial graduado, desde el 30 de marzo de 1763, poco antes de su llegada a la Isla(26), pero que disfrutará a partir del 23 de mayo de 1766, seis días después de casarse con la hija de uno de sus subordinados(27), el sargento Pedro Medina Barrios, al que conoce desde 1764, cuando fuera destinado a Cuba(28).
Bartolomé tiene 29 años, y ya es Teniente, posee todo un futuro promisorio en la carrera de las armas. Ella, María de la Soledad Medina Barsaga, apenas tendrá unos 20 años, y es natural de la ciudad de Cuba, hija de un pequeño hacendado, cultivador de tabaco, que produce en un terreno de su propiedad en el poblado de Santiago del Prado, más conocido por El Cobre(29), en el que se incorpora a las Tropas de Voluntarios Blancos, tal como lo establecían las Leyes y Ordenanzas Reales.
En este poblado de El Cobre, se integrará y vivirá las costumbres populares, entre las que está la devoción a la Virgencita Morena, la Virgen de la Caridad del Cobre, tan ligada a la tradición religiosa del pueblo cubano, que la familia Medina-Barsaga tiene como una de los elementos espirituales más fuertemente integrados.
Allí conocerá a la familia de su futura esposa, allí integrará muchos de los elementos que le harán vivir una nueva dimensión humana que supera los límites geográficos donde uno nace, para asumir los ilimitados horizontes de una vida de familia, fe y amor.
Al casarse, la novia llevará entre dinero, ropas y prendas, una dote ascendente a doscientos pesos(30), que constituirá su patrimonio, al que se le irá incorporando, como mayor riqueza, la de los hijos que tendrá con Bartolomé.

Del expediente personal de Francisco Varela
pidiendo su ascenso.


Poco a poco, Bartolomé, por su responsabilidad, disposición, disciplina y obediencia, logrará que le confíen nuevas tareas de mayor responsabilidad. De ahí que, entre 1767 y 1770, sea el Cabo de Comandante, máxima autoridad de este poblado de El Cobre(31).
En este poblado de Santiago del Prado, tendrá la responsabilidad de atender no sólo las funciones militares y administrativas, sino también la atención a los esclavos del Rey que allí trabajan(32).
En ese pueblo minero, el joven militar debe cuidar la conservación de la paz y la buena armonía social, cuidando no se desarrollen conflictos ni controversias, con prudencia y respeto de las personas y las costumbres.
Al encontrarse desactivada la actividad minera, vela porque los vecinos del pueblo, y fundamentalmente los esclavos se apliquen al cultivo y siembra de arroz, legumbres y frutos menores, para evitar el ocio y la miseria.
Visita con los alcaldes todas las estancias y labranzas de la vecindad, estimulando la actividad productiva e informándose del uso y aprovechamiento de las tierras, llamando a los dueños de las tierras incultas y ociosas para que las trabajasen.
Entre las actividades administrativas bajo su supervisión está la de atender los detalles sobre el abasto de carnes a la población y el control de los precios, que no deben excederse de las posibilidades adquisitivas, concediendo licencias a discreción a los dueños de estancias para matar reses, no más de dos para el consumo y para elaborar tasajo; velando así que los vecinos no sean tiranizados por los vendedores de carnes ni por los otros productores de abastos, pues sólo se permite, en toda venta, una ganancia regular.
Como autoridad militar superior del pueblo estará atento a aquellos sujetos considerados vagos y delincuentes que constituyen un problema para la sociedad, tratándolos con firmeza e invitándolos a pensar mejor en su situación.
También realiza los padrones o censos de la población y de los esclavos del Rey, para llevar el control de su ubicación, y de las altas y bajas; limitando en los casos necesarios, las licencias de traslado de un lugar a otro, salvo en casos de urgente necesidad.
Participa, con la colaboración del cura del pueblo, en las elecciones de alcaldes ordinarios y regidores en cada año entrante, velando porque estas dignidades recaigan en sujetos de bien, de sangre pura, buenas intenciones y no sean aptos para el trabajo, fundamentalmente ancianos.
Igualmente atiende las elecciones de la Santa Hermandad, que se ocupa de perseguir los esclavos prófugos, de manera que sean de buen proceder, y no sean perjudiciales ni promuevan quejas entre la población(33).
Posteriormente, entre 1771 y 1772, alcanza la alta dignidad de Teniente Gobernador de la ciudad de San Isidoro de Holguín(34), de donde pasará a la ciudad de Cuba para trabajar directamente con el Gobernador de esta importante ciudad y, finalmente en 1774, pasará a La Habana, a igual Cuerpo de Voluntarios de esa ciudad, solicitando su incorporación, para poder prosperar y ascender en la carrera militar, al Regimiento Fijo de Infantería(35) donde le reconocerán sus méritos en el servicio y su antigüedad(36).
En ese cuerpo lo alistarán como oficial, al mismo tiempo que continuará trabajando en la Secretaría de Inspección de Tropas de toda la Isla, cargo que desempeñaba desde 1773(37).

Mientras transcurre el tiempo, su vida se va llenando de gozos en cada nuevo hijo que junto a su esposa, traerán a la vida: María Josefa Ignacia(38) y Rita Josefa(39), nacidas en la ciudad de Cuba, donde vivían, y en las que harán presente su devoción al Patriarca San José y a la Virgen María, como una tradición de familia con lejanas resonancias ancladas en tierra española. A éstos retoños se les agregarán otros con el transcurrir del tiempo.

Notas

1. AMG, Segovia, España. Hoja de Servicios, Expediente Personal de Francisco Varela Pérez, Sección 1ª, Expediente B -737. En este documento consta que el Sargento Francisco Varela estuvo en el Cabo Tiburón que es el punto geográfico más cercano a Jamaica de la Isla de Santo Domingo.
2. Archivo Parroquial Iglesia Santa María la Mayor, Tordesillas, Obispado de Valladolid, España, Libro 6to de Bautismos, Folio 149, Año 1739. Bautismo de Francisco Varela Pérez.
3. AMG, Segovia, España. Sección 1ª, Expediente B -737. El Regimiento de Murcia se hallaba asentado en Valladolid, Castilla. Llevaba el nombre de Regimiento de Infantería de Murcia, por el lugar donde fue fundado ese cuerpo militar, aunque se hallaba situado allí, mantenían el nombre.
4. AMG, Segovia, España. Sección 1ª, Expediente B -737.
5. De la Pezuela, Jacobo, Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba, Tomo II, Imprenta del Establecimiento de Mellado, Madrid, 1863, p. 251.
6. De la Pezuela, Jacobo, ob.cit., p. 251.
7. Archivo Parroquial Iglesia de Nuestra Señora de la Palma, Algeciras, Andalucía, España, Libro 2º de Bautismos, Folio 87 vto, Asiento 533, Año 1737. Bautismo de Bartolomé Félix Morales y Remírez.
8. AGI, Sevilla, Santo Domingo. Leg. 2103. Extracto de Revista de Fuerzas del Piquete del Regimiento de Infantería de Navarra en La Habana. Aparece que dicho Regimiento salió de Cádiz el 27 de abril de 1763 y llegó al de la Habana el 30 de julio del mismo año.
9. AGS, Valladolid, Secretaría de Guerra, Leg.7264, Exp.17, Hoja de Servicios del Comandante graduado de Coronel Bartolomé Morales, en la que consta que a partir del 30 de marzo de 1763, es Teniente.
10. Varela Morales, Félix, Obras, Tomo I, “Elogio de Fernando Séptimo, Rey de España...”, Editorial Cultura Popular, La Habana, 1997, pp. 111-112. Las frases en itálica han sido tomadas de ese texto.
11. AGI, Sevilla, Santo Domingo. Leg.2103. Extracto de Revista de Fuerzas del Piquete del Regimiento de Infantería de Navarra en La Habana. En el mismo documento, aparece Bartolomé Morales, quien se encuentra enfermo.
12. Cuba no se refiere a la isla, sino a la ciudad de Santiago de Cuba, primera capital de la Isla.
13. De la Pezuela, Jacobo, ob.cit., p. 251.
14. AGI, Sevilla, Santo Domingo. Legajos 1173 y 1176.
15. ANC, La Habana, Correspondencia Capitanes Generales, Revistas de Fuerzas del Batallón de Voluntarios Blancos de Bayamo, Documentos Varios y Cartas. Legajos: 15 Exp. 11; 27, Exp.4.
16. BNM, España, Sección Manuscritos, Revista de Fuerzas 1er Batallón del Regimiento de Infantería Fijo de la Habana, 10 de Septiembre de 1766. Aparece el Sargento de 2ª Francisco Varela en la Segunda Compañía de Granaderos, destacado en el Fuerte de Nuestra Señora de los Ángeles, en Jagua. Jacobo de la Pezuela, ob.cit., p. 251, refiere que:
“Un corto piquete se destinó a guarnecer el Castillo de Jagua, única defensa de un gran puerto aún solitario entonces...”
17. AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 2094.
18. ANC, La Habana, Correspondencia Capitanes Generales. Cartas y Documentos Varios: Legajos: 16, Exp.75, 76 y 77; 24, Exp.64; 27, Exp.54. Además en AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 1176.
19. ANC, La Habana, Correspondencia Capitanes Generales. Cartas y Documentos Varios: Legajo 17, Expedientes: 17, 29, 144, 148, 149, 150, 151, 152, 153, 154, 155, 156, 157 y 158; Legajo 19, Exp. 160; Legajo 24, Exp.97; y Legajo 28, Exp.19.
20. ANC, La Habana, Correspondencia Capitanes Generales. Cartas y Documentos Varios. Leg. 28, Expediente 19.
20. AGI, Sevilla, Santo Domingo. Leg.2103. Extracto de Revista de Fuerzas del Piquete del Regimiento de Infantería de Navarra en La Habana. En el mismo documento, aparece Bartolomé Morales, quien se encuentra enfermo.
21 Marrero, Leví, Cuba: Economía y Sociedad, Editorial Playor S.A., Santa Clara, 4, Madrid, año 1987, Tomo XIII, pp. 135.
22. Idem anterior.
23. Idem anterior.
24. ANC, La Habana, Fondo Correspondencia Capitanes Generales. Leg.19, Exp.160.
25. AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 2094.
26. AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 2094. Hojas de Servicios de los Oficiales del Regimiento Fijo de Infantería de la Habana.
27. Archivo Parroquial de la Catedral de Santiago de Cuba, Libro 4° de Matrimonios de Blancos Españoles, Asiento 397, Año 1766. Matrimonio entre Bartolomé Morales Remírez y María de la Soledad Medina Barsaga.
28. AGI, Sevilla, Santo Domingo, Legajos 1173, 2094 y 2095.
29. Este pueblo es conocido como El Cobre, en él se encuentra el Santuario a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, en la actual provincia de Santiago de Cuba.
30. ANC, La Habana, Protocolos Galletti, Folios 796 al 798, Testamento Conjunto de Bartolomé Morales y María de la Soledad Medina, Año 1789.
31 ANC, La Habana, Correspondencia Capitanes Generales. Cartas y Documentos Varios: Leg. 16, Exp.75, 76 y 77; Leg. 24, Exp.64; Leg. 27, Exp.54. También en AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 1176.
32. ANC, La Habana, Correspondencia Capitanes Generales. Cartas y Documentos, Leg. 16, Exp. 76 y Leg. 27, Exp. 54.
33. ANC, La Habana, Fondo Correspondencia Capitanes Generales, Leg. 23, Exp. 163, “Instrucciones para el Cabo de Comandante de El Cobre para su régimen y manejo”. En estas instrucciones se recogen todos los elementos citados entre las obligaciones y actividades de Bartolomé Morales.
34. ANC, La Habana, Correspondencia Capitanes Generales. Cartas y Documentos Varios: Legajos: 17, Expedientes: 17, 29, 144, 148, 149, 150, 151, 152, 153, 154, 155, 156, 157 y 158; Leg. 19, Exp. 160; Leg. 24; Exp.97; y Leg. 28, Exp.19. Bartolomé Morales será el Teniente Gobernador de Holguín desde el 15 de marzo de 1771 hasta el 24 de enero de 1772, en que pasa a Santiago de Cuba. Su labor como Teniente de Gobernador fue reconocida al punto que en posterior solicitud de ascenso para Sargento Mayor en el Regimie nto de Infantería de La Habana de Bartolomé Morales, sus superiores expresarán que: “Habiendo servido la Tenencia de Gobierno de Holguín…el tiempo de 18 meses por nombramiento de aquel Gobernador; y sin la gratificación de quinientos pesos que disfrutan los demás tenientes de gobernadores de la Isla…”, en AGI, Sevilla, Santo Domingo, Legajo 1186, Expediente de provisión de Sargento Mayor a favor de Antonio María de la Torre, Carta del Capitán General de la Isla, Conde de Gálvez al Rey.
35. AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 2095.
36. AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 1181. El paso de Bartolomé Morales al Regimiento de Infantería Fijo de la Habana no se verificará hasta el 18 de junio de 1776, en que se hace efectivo el ascenso firmado en Aranjuez por el Rey el 31 de mayo de 1776. En el mismo aparecerá anotado: “con la misma antigüedad que goza en su Cuerpo”.
37. AGI, Sevilla, Santo Domingo, Leg. 1181, en el mismo el Coronel Juan Dabán refiere que Bartolomé Morales desempeña ese puesto a satisfacción suya desde el 28 de Diciembre de 1773.
38. Archivo Parroquial Iglesia Catedral de Santiago de Cuba, Libro 7 de Bautismos de Españoles, Folio 119 vto, Asiento No. 1418, Bautismo de María Josefa Ignacia Morales Medina, nacida el 31 de enero de 1768 en Santiago de Cuba.
39. Archivo Parroquial Iglesia Catedral de Santiago de Cuba, Libro 7 de Bautismos de Españoles, Folio 166 vto, Asiento No. 1812, Bautismo de Rita Josefa Morales Medina, nacida el 21 de mayo de 1772 en Santiago de Cuba.

 

 

Revista Vitral No. 78 * año XIII * marzo - abril de 2007
P. Fidel Enrique Rodríguez Cuza
Sacerdote cubano. Religioso Carmelita, Reside actualmente en los Estados Unidos de Norteamerica. Es autor de una biografía inédita, del P. Félix Varela ofrecida generosamente por Fray Fidel para publicarse por capítulos en esta sección.