Ego versus Sociedad

Félix Sautié Mederos

Año XIV. no. 79
mayo - junio de 2007

CARTA DESDE
LA HABANA

 

ÍNDICE

editorial

nuestra historia
 .El General Bermúdez,su presencia
 en tierras pinareñas

 por Jesús Marcos García Vázquez

literatura
 Poesía
  .La vida no vale nada
  por Maribel Feliú

  .Poemas sin nombre (II y XCVII)
  Dulce María Loynaz

 Cuento
  .San Aparicio
  por Gabriel Pérez

reflexiones
 .América Latina,  los mayores problemas
 por José Miguel Insulza

carta desde La Habana
 .Ego versus Sociedad
 por FélixSautié Mederos

justicia y paz
 .El pensamiento que anima mi trabajo
 por Michelle Bachelet Jeria
 .La Libertad de Asociación
 por Sergio Lázaro Cabarrouy

bioética
 .Conocer y Amar,vocación Médica
 por Dra.María de la Luz Casas

eucación cívica
 .La Escuela Educadora
 por Diac. Juan Carlos Urquijo
 y María del Carmen Sarmiento


religión
 .Fiesta de San José obrero
 Santificación del trabajo y
 derechos de los trabajadores

 por Jesús Martí Ballester
.Política y acción de La Iglesia
 por Equipo EFAP
 .V conferencia del CELAM
 Discurso Inaugural

ecos diocesanos
 .Celebran adolescentes
 Pascua de Resurrección.

 .IV Encuentro del Itinerario de
 reflexión sobre la sociedad
  de la información

 .Encuentro de Misioneros,
 Ministros de la Palabra,
 y Animadores de Pequeñas
 Comunidades

 .Carta del Papa a Mons. Siro
 .Visita el Señor Obispo
 diferentes Parroquias
 .Reunión anual de responsables de
 catequesis


noticias
 .Benedicto XVI aplaude la creación
 de gobierno de unidad nacional
 en Irlanda del Norte

 .Galardonan película pro-familia
 .Benedicto XVI pide el compromiso de  G8 contra la pobreza
 .Pide el Papa compromiso de los
 laicos en la reconciliación y
 el bien común

Quizás uno de los mayores enemigos de quienes pretendemos trabajar con y por los demás es el ego que todos llevamos dentro y que constantemente puja por salirse hacia el exterior y dominar nuestros actos, nuestros intereses y las perspectivas del futuro que tenemos por delante. Todos poseemos un ego que debemos atender en aras de alcanzar niveles adecuados de nuestra propia autoestima pero siempre los límites del ego personal y de la necesaria autoestima constituyen un asunto complejo y determinante para el desenvolvimiento de nuestra vida social. Hasta donde debe llegar nuestro ego para obtener una autoestima positiva y necesaria, es el asunto que debemos solucionar con inteligencia y nobleza de espíritu.
Todo egoísmo deviene un acto innoble y más innoble aún cuando daña la vida de la sociedad. Un líder no puede permitirse la preponderancia del ego por encima de los intereses de la comunidad. El ego es un enemigo perverso que se desarrolla en forma sutil y persistente alimentado por los elogios, los reconocimientos y la adulonería.
La intransigencia y el dogmatismo coadyuvan en estos procesos incentivando a nuestro ego a partir de un conjunto de concepciones que nos llevan a pensar que la verdad es verdad porque nosotros la decimos y que los demás tienen poco que añadir fuera de las concepciones que hemos acuñado como las verdaderas por nuestra cuenta y riesgo.
Una deformación muy importante del ego es la pérdida de un sentido autocrítico de la vida que nos lleva siempre a culpar a los demás de los problemas que se nos presentan porque no somos capaces de buscar la responsabilidad que nos corresponde y pensamos que nosotros siempre hacemos lo correcto y lo único posible sin ver que la acción colectiva es lo verdaderamente eficaz en un mundo donde el conocimiento de la ciencia, de la tecnología y del desarrollo de los seres humanos se ha extendido tanto que solo puede ser abarcado por el pensamiento y la acción interdisciplinaria y especializada. La interdependencia se hace cada día más necesaria e imprescindible y el mayor enemigo que puede tener esta concepción es el ego que se impone sobre los demás.
El ego es como Saturno, devora a sus propios hijos e incluso a sí mismo y alcanza un punto de dominio sobre nuestra vida que se nos hace imposible reconocerlo como tal porque nos lleva al convencimiento de que solo nosotros tenemos la razón y se diluye dentro de una personalidad que ha perdido todo juicio objetivo para reconocer que se ha enfermado con una dolencia crónica con muy pocas posibilidades de ser curada. El ego incluso limita sus propias posibilidades de contagio cuando ha llegado a un punto tan avanzado de desarrollo que impide reconocer ego en los demás porque pierde toda la conciencia de su existencia para reconocerse solo a sí mismo y para concederle a los demás las mismas posibilidades de desarrollo. Entonces el ego en esas circunstancias ha llegado a un punto de gravedad que se hace en nosotros irreversible para siempre y nos acompaña hasta la tumba frustrando todo lo que se le pone a su alcance y haciendo un daño de incalculables proporciones a nuestro alrededor.
Por todo esto y por mucho más que se me escapa, es que debemos estar siempre alertas con nuestro propio ego y con el de los demás que nos rodean. La imposición del ego sobre la sociedad, empobrece al pensamiento, a la creatividad de las personas y las hace dependientes, inútiles e infelices.