Padre va a morir y yo prefiero
no mirar hacia esa luz que conduce al hombre
nacido bajo los efluvios de diciembre
Próximo a cumplir 60 años es demasiado tarde
Los labios no podrán festejar el rictus del beso;
padre meciendo a su hija
y luego el inmutable discurso donde afirma:
La vida no vale nada
mientras existan estos cuchillos en la carne
y el deseo de un salto.
La noche avanza
en caballos que vuelven una y otra vez
y todavía otra
y yo en busca del indicio que lleve a encontrar
sus ojos idos,
su voz temblorosa su alcohólica sonrisa
y un cigarrillo que dolerá durante todos los inviernos
La vida no vale nada
Tensado el cuello con la cuerda
el intento fallido devolvía la risa:
entonces yo era feliz
dormía sobre su pecho.
Ay, cuánto hubiera deseado gritarle,
La vida es bella, querido mío
Yo puedo regalarte los sueños
de una vida distinta mis credos mis fracasos
y todas mis venturas
La vida es bella, aunque el salto arrebate
en terrible advenimiento. Voy ahogándome
en un cuento de hadas y es difícil, hermano, padre, amigo,
muy difícil armar un lenguaje
y regresar sin que nos salpique la sangre,
asumir que la vida es bella si en el fondo
creciendo como ríos están los muertos
y el tiempo es un hilo finísimo,
apenas un pronóstico.
Ah, si yo pudiera lograr otro discurso
o detener el viaje, o no escucharte, querido mío,
repetir desde el silencio: "La vida no vale nada".
Maribel Feliú. (Holguín, 1963)
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