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EL CAMINO DE UN MAESTRO
Del Seminario de San Carlos y San Ambrosio
al Colegio El Salvador (1820-1862)


PERLA CARTAYA COTTA


Año XIV. no. 80
julio-agosto de 2007

NUESTRA HISTORIA


 
 

Al seguir el recorrido que condujo a don José de la Luz y Caballero a ocupar el lugar cimero que le corresponde en la historia de la educación y la pedagogía cubanas, se impone precisar cuándo, dónde, cómo y por qué el habanero que nació con el siglo XIX rehusó otros caminos para ser, ante todo y para siempre, maestro.
José Cipriano de la Luz y Caballero, hijo de Antonio José María (Regidor Perpetuo del Ayuntamiento, Teniente Coronel y Capitán del regimiento fijo de la capital) y de Manuela Teresa de Jesús (sobrina nieta del presbítero José A. Caballero), ingresa en 1820 en el Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, con el fin de seguir carrera eclesiástica. Procedía del Convento de San Francisco de Asís con méritos académicos y espirituales a su haber: En 1817, tras examinar con notable éxito Filosofía, Lógica, Física (defendió el sistema de Copérnico y la gravedad del aire), Metafísica y Ética, obtiene el título de Bachiller en la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana.
En 1819 solicita su admisión a las Primeras Órdenes Generales y, tras pasar con éxito los exámenes, le fueron conferidas las cuatro Órdenes Menores y la Primera Tonsura. El P. Félix Varela había dado fe de su “limpieza de sangre” y de sus buenas
costumbres, lo cual lo constaba por los vínculos de amistad que lo unían a la familia Luz – Caballero. En el seminario es discípulo de su tío abuelo, el P. Agustín. Recibe lecciones
de Derecho Patrio y se gradúa a claustro lleno de Bachiller en Derecho. Con los años, logrará el título de Licenciado en Leyes aunque no ejerce como tal pues, con palabras de Martí, la patria es su único cliente. Si tenemos en cuenta que en el Seminario las reformas antiescolásticas realizadas por el Padre Caballero y el Siervo de Dios, P. Varela, abrieron las puertas al racionalismo con la introducción del conocimiento de Descartes, Locke, Condillac, Newton y Rousseau, es comprensible la fuerte repercusión que ejercieran en las concepciones filosóficas y sociopolíticas de Luz y, por ende, en sus criterios respecto a la enseñanza, la educación y la autosuperación.
Como estudiante fue un ejemplo: llegó a dominar varios idiomas por la vía autodidacta, leyó a los clásicos y los tradujo. En 1821 fue alumno del P. Varela en la cátedra de Constitución; ese año desistió de seguir la carrera eclesiástica porque comprendió que realmente no tenía vocación para el sacerdocio.

Puerta del Seminario San Carlos y
San Ambrosio de La Habana

FRAGUA
De septiembre de 1824 a igual mes de 1826, Luz desempeña temporalmente la cátedra de Filosofía en el Seminario, en sustitución de José Antonio Saco (que viajó a Estados Unidos) y por designación del Obispo Espada. Inicia así el camino del magisterio.
Tiene 24 años cuando dice, en el acto solemne de inauguración del curso escolar, refiriéndose al P. Varela: “…penetrado internamente de mi insuficiencia yo seguiré el camino que me has trazado; yo haré cuanto esté de mi parte para mostrarme tu digno discípulo, y con este objeto no te separaré un instante de mi memoria, ora exponiendo las doctrinas que van a ser blanco de nuestras faenas, ora estudiando sus obras, ora inspirando a mis discípulos aquel amor por la ciencia y la virtud que tú sabías infundir solo con tu presencia”.
Es obvio la profunda y merecida admiración que le merece el futuro autor de Cartas a Elpidio pero, además, ¿no estamos en presencia de inquietudes pedagógicas cuando se refiere al propósito de inspirar en sus alumnos el amor por la ciencia y la virtud?... El joven maestro declara que sería dichoso si algún día pudiera exclamar: “La suerte me proporcionó explicar a la juventud habanera las doctrinas de la Filosofía y haciéndoles ver en ellas los desbarros y extravíos del entendimiento humano… he alcanzado por este medio tributar un servicio, aunque pequeño a la humanidad… He aquí mis votos”. Así Luz iniciaba un camino que lo convertiría en el continuador de la obra de Varela en el orden filosófico y educacional, oponiéndose al pensamiento anticientífico en general.
Su epistolario de esos años—con el P. Varela y con su amigo Saco— da fe de su interés por esclarecer problemas filosóficos y pedagógicos que hallaba en su quehacer como docente; y en tanto utiliza como texto base para sus clases las Lecciones de filosofía, le pide a su autor; “Quisiera que usted me comunicara todo aquello que creyese útil para el mejor desempeño de la clase, pues yo me glorío de ser su discípulo…”.
Muy intensa es la actividad intelectual de Luz, desoye consejos y comienza a sufrir una seria afección del sistema nervioso que no le permite continuar los estudios de medicina y tampoco trabajar el tercer curso en el Seminario, La cátedra de Filosofía y la juventud habanera, según la valoración del padre Justo Vélez, Rector del Seminario, perdía mucho en el “descanso” obligado de Luz. Y como los doctores Romay y Terriles le aconsejan un largo viaje, el tío Agustín le proporciona los recursos necesarios para hacerlo. De modo que, en mayo de 1828, embarca hacia los Estados Unidos, en compañía de su hermano Antonio y sus amigos José L. Alfonso y José A. Saco.

P. Félix Varela

FORMACIÓN
Viaja durante 3 años por los Estados Unidos y Europa Occidental. “El espartano”-así se llamaba a sí mismo-a pesar de su precario estado de salud se propuso perfeccionar sus concepciones filosóficas, profundizar en las ciencias físico-químicas, enriquecer su acervo cultural; recopilar experiencia para ofrecerlas a la Patria. Durante su andar por escuelas, bibliotecas y universidades, le impresionan fuertemente: en Edimburgo (capital de Escocia), el profesor Wood y aprecia la aplicación de “The explanatory system” en Gramática, Geografía, Historia Natural, Física, etc. En Alemania, los logros de la escuela prusiana y de su dialéctica; los seminarios o escuelas especiales (escuelas normales) y la preparación de los maestros en la teoría y la práctica de la enseñanza; en Suiza, las concepciones del célebre pedagogo J. E. Pestalozzi. Luz asoció lo que el propio Pestalozzi consideró como el “principio fundamental y rector de la enseñanza, base fundamental de cualquier conocimiento” con la experiencia woodiana: objeto sensible y razonamiento; en esos países había escuelas que aún en los lugares más recónditos preparaban “al hijo del herrero, del sastre, del albañil, del pobre labrador, para desarrollar la industria, ejercer la fuerza y emplear la robustez, buena fe, valor, hospitalidad y amor patrio” (Memorias de la S.E.A.P., T. VII, p. 475); en Ginebra, la escuela del pedagogo P.E. Fellemberg (l771-1734), considerado seguidor de Pestalozzi y dedicado al mejoramiento social e intelectual del campesinado, destacándose en su obra la Escuela Normal para formar maestros. Luz establece relaciones de amistad, de intercambio cultural y de trabajo científico con los hombres más notables de los países que visita. Estudia Química con Mateo Orfila (1787-1853), célebre médico y químico español, naturalizado francés. Escucha a Jorge Cuvier (l766.1834), eminente naturalista francés, y a Julio Michaelet (l798-l874), historiador, en sus respectivas cátedras. Conoce las ideas filosóficas de Víctor Cousin. En Alemania, Alejandro Humboldt le encomienda que se ocupe de la instalación y dirección científica del observatorio magnético de Cuba, y en ese país le publican un artículo científico que tituló Cometas. Conoce a Mitscherlich (1794-1864), químico alemán que descubrió la ley de isomorfismo; y se sentirá orgulloso de tener su amistad.
Destacó el interés de Luz por la Química: con razón la consideró una ciencia fundamental para el futuro desarrollo económico de Cuba, por eso la estudia en el Instituto Real de Londres y en las Universidades de París y Berlín. Tres años y cuatro meses estuvo Luz ausente de su país. Al regresar, su nombre ocupaba un sólido lugar en los círculos científicos y culturales de los Estados Unidos y de Europa. Traía consigo ciencia, experiencia y el “rico tesoro”, así lo llama, que para él constituían los consejos y recomendaciones que recibiera, en Nueva York, del P. Varela. El análisis cuidadoso de esta etapa formativa de Luz, me permite precisar —aunque es cierto que sus intereses fueron enciclopédicos— lo que a mi juicio constituyen las líneas directrices de su labor futura: la implantación del sistema explicativo en la enseñanza, el incremento de la instrucción pública elemental y popular, el impulso a la biblioteca pública, la formación de maestros y la difusión de conocimientos científicos.

SIEMBRA Y MISIÓN
El hombre que llega a La Habana en septiembre 1831 posee una preparación sólida para acometer lo que él, con los años, reconocerá como su misión. Impaciente por
trabajar y poner en función de su Patria las experiencias y concepciones asimiladas y forjadas durante su viaje, actúa en la vida pública literaria y educacional cubana desde la filas de la juventud ilustrada liberal.
Invitado por la Sección de Educación de la S.E.A.P. a los exámenes que celebraban los colegios principales de la ciudad, deriva de esas visitas su primer trabajo sobre educación: ”Revista de los exámenes generales de las escuelas y colegios de esta ciudad” (1832), cuya lectura recomiendo a los maestros por la profundidad del análisis y porque al reconocer méritos y hacer críticas, afloran sus propias concepciones. El carácter formal y dogmático de la enseñanza; la tendencia de las familias ricas de enviar a sus hijos a estudiar al extranjero por sus consecuencias: la pérdida del idioma nativo, el detrimento del amor a la Patria y el debilitamiento de los vínculos familiares; la incorrecta dosificación del plan de estudio; el desinterés de los escolares; la “libertad de enseñar” propugnada por Juan Justo Reyes y cuya esencia era la oposición al sistema explicativo que Luz proponía. ¿Cuáles fueron las concepciones e ideas que Luz expone en esta ocasión? Entre ellas: “hacer a todos los alumnos, sean cuales fueren sus disposiciones , susceptibles de llegar al mismo resultado: he aquí el triunfo más completo de la disciplina y el método”; despertar en los alumnos el entusiasmo: “… he aquí la llama que ha inflamado siempre a los grandes hombres: démosle pábulo y más pábulo para que no se extinga jamás”; la urgencia de formar un magisterio idóneo en escuelas normales; los científicos e intelectuales cubanos debían preocuparse por la educación nacional; la necesidad de examinar críticamente los problemas de las escuelas; “ no huyamos nunca el cuerpo a la discusión, que también al choque de las opiniones suelen saltar las preciosas chispas de la verdad…”Ese mismo año, y por la misma tarea encomendada por la Sección de Educación, escribe con José A. Saco el informe “Sobre el estado de la educación en la ciudad de Santa María de Puerto Príncipe, en el que exponen juicios e ideas audaces y novedosas entonces: “si nuestros colegios han de ser el plantel donde se formen la juventud, es menester organizarlos conforme a nuestras necesidades…”, “en ningún pueblo se debe trabajar más que en este para lograr la feliz asociación de la teoría con la práctica…”, “hablemos menos y operemos más. Por largos años hemos sido los hombres de las teorías; empecemos ya a ser los hombres de los hechos”.
estado de la educación en la ciudad de Santa María de Puerto Príncipe”, en el que exponen juicios e ideas audaces y novedosas entonces: “si nuestros colegios han de ser el plantel donde se formen la juventud, es menester organizarlos conforme a nuestras necesidades…”, “en ningún pueblo se debe trabajar más que en este para lograr la feliz asociación de la teoría con la práctica…”, “hablemos menos y operemos más. Por largos años hemos sido los hombres de las teorías; empecemos ya a ser los hombres de los hechos”.

José Agustín Caballero

Pero para lograr lo antes expuesto, era necesario acometer la reforma de la enseñanza la cual, propone Luz, debía realizarse de abajo para arriba, apoyándose, entre otros argumentos, en la urgencia de elevar la calidad de la enseñanza y desarrollar en los niños el espíritu de investigación desde edades tempranas: premisas necesarias para el desarrollo del país. Aspiraba a extender la reforma “a todas las clases de la sociedad porque era una necesidad colectiva cuya solución redundaría, a su vez, en el mejoramiento de las costumbres del pueblo”. Al plantear la educación –científica, técnica y práctica—para todas las capas sociales, se proyectaba como un representante de los intereses de la sociedad en su conjunto. Luz no aceptaba que sus ideas fueran meras palabras: trataría de llevarlas a la práctica a pesar de las limitaciones inherentes a Cuba.
La ocasión se le presenta pronto: don Antonio Casas, fundador y director del Colegio de San Cristóbal de La Habana, lo nombra Director Literario, primero y Director General después. Corría el año 1832 cuando Luz, con el apoyo de don Antonio, inicia la reforma de la enseñanza en aquella escuela, destacándose en la organización y ejecución de la misma en dos vertientes: (1) el contenido de la enseñanza y (2) los métodos de enseñanza y educación.

Vista actual de lo que fue el Colegio El Salvador

Luz da un vuelco a la enseñanza de todas las asignaturas. Orienta la enseñanza de la Geografía apoyándose en la utilización de todos los recursos que le permitieran al maestro lograr que el niño obtuviera una visión clara del estudio científico de esta disciplina; su estudio comenzaba por la Geografía de Cuba: lo local era el punto de partida, por eso puede considerársele el precursor de la aplicación en Cuba de la teoría alemana de Heimat. Desde luego, se correspondía esta teoría con el interés lucista de desarrollar el sentimiento patriótico en los niños y jóvenes, y como no podía abiertamente enseñar Historia de Cuba buscaba relacionar la enseñanza de la Geografía con hechos y personalidades que fomentaran el amor patrio.
Orientó, en cuanto a las clases de lengua materna y composición, que
as máximas escogidas tuvieran un contenido moral de interés para los niños y relacionarlos, preferentemente con hechos de su vida escolar, familiar y social. La reforma incluyó clases de Dibujo lineal, Aritmética Mercantil, lCronología, Trabajos topográficos, Física, Química, Idiomas, Música y Danza. Año y medio después acometió la segunda etapa de la misma, en la que se propuso y logró atender a la enseñanza secundaria (sin menoscabo de la primera), incorporando el estudio de la Teneduría de libros, la Taquigrafía, y el Italiano. Creó un curso de Filosofía, incorporado a la Universidad, que se hizo famoso; en él, Luz expuso una buena parte de su doctrina filosófica así como lo más avanzado del pensamiento contemporáneo.
Destierra de la escuela el sistema Bell-Lancaster (enseñanza mutua), muy difundida entonces en Cuba, porque descansaba en razones puramente económicas, con exclusión de criterios científicos. El niño no recibía la influencia educativa del maestro, quien no podía atender a un aspecto que Luz consideró primordial en el proceso de educación de la personalidad: la formación del carácter. Argumentos básicos en que se basó para implantar el sistema explicativo, el único medio, a su juicio, de atajar el torrente de males que impedían, en el terreno de la educación, instruir y educar al unísono, estimar la actividad cognoscitiva, educar la atención, satisfacer la curiosidad, estimular la fantasía y el desarrollo de la imaginación, los alumnos se acostumbraban a seguir un método esencialmente baconiano: marchar de los hechos a las consecuencias por la cadena de la inducción; sólo por esos escalones podrían asimilar las nociones más abstractas, al eliminar el aprendizaje memorístico los niños dejaban de ser “maquinitas repetidoras”, y la posibilidad de desarrollar el pensamiento independiente de los alumnos.

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