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Queridos lectores, Juan Emilio Friguls, decano de los periodistas cubanos, ya no está físicamente con nosotros. A sus 88 años de edad se mantuvo trabajando como reportero de la emisora local cubana Radio Reloj, escribiendo reportajes y reportando noticias hasta tan sólo unas horas antes de haber amanecido definitivamente dormido. Algo en verdad extraordinario y admirable, porque iba al lugar de los hechos con una agilidad que algunos más jóvenes que él ya no tenemos. Su lucidez se mantuvo en alto hasta el final, porque Friguls comprendía bien los acontecimientos de la vida en Cuba y sus causas. Muchos le hacíamos consultas complejas dada su experiencia y su memoria histórica nítida y ágil. Yo mismo, unos días antes de su muerte física, estuve consultando con él sus criterios al final de una conferencia de prensa en el Centro Prensa Internacional de La Habana. Además, en lo referido a la historia de la Iglesia Católica en Cuba, era un verdadero experto y una parte importante de esa misma historia.
Comprendo que ustedes no lo conocen, porque la distancia geográfica con La Habana es mucha y Friguls trabajaba principalmente para la radio nacional. No obstante pienso que su vida amerita que les hable sobre su trayectoria profesional impecable y caballerosa que lo caracterizó siempre, así como sobre la sostenida forma de mantenerse firme en una verdadera militancia católica comprometida junto con sus convicciones políticas a favor de la justicia social y la equidad distributiva. Siempre estuvo del lado de su pueblo, sin importarle para nada las más complejas, riesgosas y difíciles situaciones, muy en especial durante la etapa del ateísmo científico descalificador y dogmático que no admitía la conjunción de fe y revolución.
Considero que un ejemplo como este debe ser divulgado por lo que en sí mismo significa, así como para rendirle el honor que merece que además, en mi caso es de agradecimiento por todo lo que supo inspirarme con su ejemplo callado y sostenido hasta el fin de sus días en este peregrinaje terrenal que tenemos que recorrer todos.
Friguls fue un ejemplo de firmeza de convicciones y de dignidad máxima. Es de significar que hasta los últimos momentos de su vida estuvo ejerciendo la docencia y pude observar en su velorio a muchos jóvenes periodistas expresando sus sentimientos por el profe querido. Pero hay algo que se destacaba muy especialmente en Friguls: su sencillez manifestada de manera muy natural como un don que le era implícito y que no se podía separar de su personalidad.
Era espontáneo en sus gestos y tranquilo en su presencia y en su forma de ser, lo que de una manera muy propia combinaba con su agilidad de pensamiento, de acción y con su agudeza en su hablar no exenta de un sentido de humor respetuoso muy propio de él y pienso yo que irrepetible. Esta forma de ser, puedo decirles que desde el punto de vista cristiano, en mi opinión, constituía una muy especial praxis de un genuino apostolado, porque todos conocíamos de su fe católica y muchos apreciábamos su manera muy especial de conducirse y su trato hacia los demás, después de eso no hacia falta añadir nada. Ese ejemplo vivo resultaba más convincente que muchas predicaciones apasionadas, cultas y ardorosas, porque Friguls se manifestaba siempre exento de frases altisonantes y grandilocuentes, como un verdadero anunciador con su vida y su obra del Reino de Dios, que no es otra cosa que el mundo y el ser humano nuevos que muchos, muchos, soñamos.
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