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LA LECTURA UNA ASIGNATURA PENDIENTE

HUMBERTO J. BOMNÍN


Año XIV. no. 81
septiembre-octubre
de 2007

OPINIÓN

 


 
 

                                           “…las palabras vuelan, lo escrito permanece…”

Hace unos días leí en una publicación cultural periódica de Europa, un titular que me llamó la atención: La aventura de leer, título de un artículo aparentemente festivo, pero agudo y crítico por su contenido de actualidad. Se refería al abandono notable de las personas por la buena lectura. Manifestaba el autor, con inquietud, su preocupación por el menguado número de lectores que desde hace unas cuantas décadas se aprecia entre las últimas generaciones de españoles, y las implicaciones negativas que esta situación representa para la educación y cultura de los pueblos y las naciones.
El articulista apuntaba la apatía y distanciamiento apreciable de las personas por la llamada aventura de leer, que yo llamaría “magnífica e inapreciable aventura”, esto removió en mí un tema de mucha inquietud, pues la lectura es una acción que lleva implícita el encanto de la cultura, además del aliento, sustento e interiorización y desarrollo de innumerables valores, sensibilidades y sentimientos imprescindibles para la salud espiritual, el comportamiento ciudadano, las relaciones interpersonales, la moral, las buenas costumbres y el conocimiento de la raíces de la historia de los pueblos.
En nuestra realidad cubana son igualmente valiosos los atributos que debiera reportar esta inigualable aventura que considero, “asignatura pendiente”, pues la lectura en Cuba —particularmente aquí, en provincia, y por las experiencias personales de especialistas en el trabajo docente desarrollado con niños adolescentes y jóvenes durante muchos años— ha mostrado ineficiencias sustanciales que todos podemos percibir.
La realidad y la práctica permiten apreciar irregularidades, fallas y deficiencias producidas fundamentalmente en la concepción de los objetivos del sistema actual de educación, eminentemente politizados de forma paternalista y autoritaria, restringidos a lograr de manera efectiva un adoctrinamiento fundamentado en la cultura del triunfalismo repetitivo y las consignas así como los programas de estudio y metodologías incorrectas aplicadas al desarrollo gradual del pensamiento lógico y la forma de conducirlos en interés de la formación de hábitos y habilidades indispensables para la enseñanza-aprendizaje de la lectura por los educandos, no siempre logrado satisfactoriamente por las instituciones escolares y sociales.
Estas irregularidades, fallas y deficiencias se han venido vertiendo de manera general en el comportamiento cotidiano de las generaciones presentes y lo continuarán en las  futuras si no se proponen medidas para evitarlo.
Para evitar estos comportamientos se hace necesario la introducción de cambios en la concepción humanística de los objetivos y programas que debe combinar toda enseñanza que pretenda, entre otras cosas,  elevar la sensibilidad, los sentimientos, el gusto estético y la calidad del  bagaje cultural de la mayoría de los egresados de cualquier nivel, que permitan mejorar los comportamientos sociales, actitudes ante la vida, así como el entrenamiento para la elección adecuada de una escala de valores que sirva al educando para elaborar su proyecto de opción fundamental, su capacidad para el discernimiento, que eduque para elegir, de forma libre y responsable, en beneficio del bien propio y el  de la sociedad donde se relaciona, desarrolla y vive el educando.
Las causas de estas fallas y deficiencias se han venido presentando, fundamentalmente, por los objetivos rectores del actual sistema educacional que señalábamos arriba y que determinan el actual comportamiento docente que se presta desde  tempranas edades a nuestros estudiantes.
Sería muy conveniente tener en cuenta cómo se ven implicadas influencias de carácter social, político, institucional y familiar en el hábito y calidad efectiva de la lectura. La ausencia de la influencia familiar, ( por falta de tiempo libre, la comodidad de la TV, las telenovelas y películas, así como los juegos electrónicos portátiles, discotecas, etc.) por ejemplo, ha constituido también una merma importante en el buen funcionamiento, desarrollo y resultados de este hábito, en sentido general, desde hace unas tres décadas.
Inciden en esta situación los medios masivos, radio y televisión —y modernamente la tecnología computarizada—, cualquier tipo de publicación, la incompetencia de los  docentes, las bibliotecas, bibliotecarios y libreros que orientan la lectura misma y que  no siempre han estado a la altura de poder brindar el extra que exige el trabajo motivador.
Me refiero también a la responsabilidad de los docentes en sentido general, los especialistas y los que no lo son. Considero que un buen maestro, de cualquier materia o especialidad, debe ser también un buen profesional de su lengua, ha de emplearla adecuadamente  para comunicar y enseñar a desentrañar los conocimientos en sus educandos, de manera que la lectura se convierta en una necesidad  sensible y en el más útil y saludable de todos los hábitos.
La lectura encierra un cuantioso reservorio de valiosas prendas  a emplear en el binomio educadores y educandos, no siempre bien aprovechadas en el proceso del desarrollo de la formación académica y docente.
Esta «asignatura pendiente», presenta una controvertida función rizomática: se trata de alcanzar una verdadera y sincera interiorización que conduzca a comprender que todas las asignaturas y materias: ciencias naturales, ciencias exactas, humanidades, en sus procesos de información, formación, instrucción teórico-práctica y en la aplicación de todas las ramas del saber, tienen una explicación teórico-conceptual para la enseñanza-aprendizaje que no puede evitar nunca el camino obligado de la lectura, su interiorización, su comprensión.
Conocemos de los ingentes esfuerzos que se realizan en la labor informativa y promocional por el incremento de la lectura en todas las edades, fundamentalmente con un énfasis notable en los últimos tiempos, pero son aún insuficientes. Se hace necesario acudir a la raíz de las deficiencias, a la matriz que produce la incompetencia, para revertir sus resultados en la sociedad y en esos comportamientos, resultan un peso importante las circunstancias complementarias de los ambientes institucionales, sociales y culturales. No he querido decir que todos los males dependan de esta asignatura pendiente pero, a largo plazo, sí dependen los más importantes; tampoco he pretendido demostrar que los males son generales o absolutos y mucho menos irremediables o irreversibles.
 Leer no es solamente saber articular los signos que componen las unidades, palabras o vocablos leídos en la cadena hablada de acuerdo con la curva de entonación y sus implicaciones psicológicas, gramaticales, fonéticas y de una amplia gama de elementos relacionantes, ortográficos y prosódicos al constituir unidades oracionales o períodos oracionales gramaticales, o psicológicos, subordinados o independientes, para formar: párrafos, mini- textos, textos, mega-textos, fragmentos, capítulos, obras, así como tener en cuenta los elementos relacionantes de  la intertextualidad, etc.
Leer no es solamente entretenerse, ni tampoco solamente, autosatisfacción por un placer material que sería de por sí algo encomiable. Leer, como «asignatura pendiente», es, y debe ser, una necesidad de saber, de indagar y seleccionar libre y adecuadamente las temáticas de lectura, según el gusto, la diversidad y la necesidad de interiorizar, de reflexionar, de pensar con criterio propio; de comprender y hacer extensible esa hermosa experiencia, para luego compartirla, vivirla e interpretarla con nuestra propia luz y voz sin restricciones de ningún tipo.
Es además el libre acceso a la información y a las lecturas según los gustos personales, a la variedad de diferentes modelos que se deben brindar; pienso que, en un futuro no muy lejano, exista una asignatura para “la educación y formación del gusto” en todos los niveles, sé que a nivel superior existe en  algunas especialidades, porque el gusto también hay que educarlo y se educa; y donde no exista una educación del gusto, este se pierde y cualquier apariencia de entretenimiento utilitario o placentero, cualquier manifestación de pseudocultura o pseudoarte morboso o simple sensiblería, pueden convertirse en facilismos, vulgaridades y mediocridades que por la fuerza de su presencia y repetición habitual, desencadenan efectos no deseados para la salud personal, familiar y social de los pueblos.
Un ejemplo gráfico  de lo anterior pudiera ser, por nombrar uno entre muchos, el reguetón manifestación «popular» monorrítmica, enajenante y alienante con su comparsa de textos vulgares, obscenos y de muy mal gusto que a mucha de nuestra juventud y de otras partes del mundo, embriaga y hechiza.
También habría que aplicar la  función rizomática a la lectura, que vendría a ser, la tan traída y llevada función de interrelación entre materias o asignaturas, o la función de la transversalidad de los conocimientos, o las llamadas dependencias interdisciplinarias de las materias, donde los contenidos de todas las ramas del conocimiento humano, del saber universal, se entrecruzan, se relacionan y se entrelazan de mil maneras distintas. Sería como en las plantas de reproducción por rizomas, que se propagan bajo tierra, fuera del alcance de nuestra vista, aflorando por diferentes puntos y direcciones en su horizontalidad y verticalidad, sin tener en cuenta el espacio o el tiempo de su manifestación.
Es oportuno recordar que el número de personas que sabe leer en un país, (las personas que no son analfabetas) no dice mucho, ni lo dice todo de su cultura, de sus sentimientos, de su formación integradora, ni de su altruismo.
Recordemos la abundante existencia de “analfabetismos funcionales”, que se manifiestan de forma constante, y en cifras mucho mayores de lo que desearíamos, aquí también ocurre eso y también en muchas otras partes del mundo.
Tampoco dice nada o muy poco del aspecto cualitativo de la lectura ni de cómo se revierte  el resultado positivo final en las personas y en la sociedad, la  cantidad de lectores de que disponga un país, o el número de editoras, el número de publicaciones, ni el precio de las mismas; ni siquiera el número de libros vendidos, porque sabemos de la gran cantidad de personas que compran con frecuencia libros, los coleccionan posesivamente como pseudointelectuales, también esto ocurre en muchas otras partes del mundo.
Existe otro número de los que sí «leen» y no suelen recordar ni aplicar lo leído en sus vivencias lectoras, ni son capaces de incorporarlo a su vida personal ni siquiera compartirlas con los demás, más bien las coleccionan o recepcionan en sus memorias, sin emoción, ni relación o referencia alguna, para dejarlas a merced de la ley del olvido.
Tampoco dice necesariamente mucho el número de graduados anuales por especialidades, porque lo que importa en la «asignatura pendiente» a la que hago referencia en este  comentario de opinión, es precisamente ¿qué lee realmente la mayoría de las personas en Cuba? y ¿qué tiempo dedican las personas a la lectura, a la buena lectura? Y una tercera y última pregunta ¿cuál es el resultado revertido en las relaciones culturales interpersonales y de carácter  familiar y social como resultado de dichas lecturas?
Es importante saber cómo se manifiesta la competencia en la cantidad, la calidad y la capacidad para el análisis y comprensión textual de una lectura inteligente e    independiente, en qué medida disponen de ellas y la aplican  los educandos y los lectores; aspecto  muy importante para arribar con éxito a los mejores frutos.
Junto al disfrute placentero e inteligente de los lectores viene añadido  lo que ésta aporta al lector para el desarrollo de su vida personal, familiar, laboral, comunitaria y social, así como los vínculos con que se mueve la persona humana como ente relacionante en el extenso ámbito del mundo cultural y de la historia del pensamiento universal.
Propongo para la salud y desarrollo de esta «asignatura pendiente» apartarla de los dogmatismos ideológicos y de los politizados teques doctrinarios, para así lograr el desafío de la apreciación y el respeto a la diversidad, a la verdad, la justicia y la paz, a las manifestaciones de la belleza, del bien y del mal, de lo feo y lo falso, de toda la diversidad de matices que presenta la realidad en el pensamiento y las ideas incluyendo las políticas; del respeto a las creencias religiosas y a la libertad para su ejercicio en el ámbito personal, familiar y social y no solo en el aspecto cultual sino en el comunitario, social y político; en los valores de la virtud, de la epicidad y la eticidad, de la apreciación y desarrollo de la imaginación y de la ficción; el respeto a la diversidad en todos los ámbitos de la expresión e interpretación de la realidad y los sueños, de las utopías y la historia, de los mitos y las fantasías, de la leyendas y del amor que engrandece al hombre por encima de todos los sentimientos.
Todo lo anterior es necesario lograrlo en nuestros docentes, en nuestras familias y adultos, sean  especialistas o no de esta «asignatura pendiente» que casi todos llevamos de arrastre, al igual que nuestros educandos, las instituciones y los medios masivos de divulgación e información, de lo contrario, nadie puede ni podrá dar, transmitir, ni sensibilizar lo que no tiene ni siente en sí mismo. Y algo muy importante, que la lectura siempre deje el camino abierto para continuar otras lecturas y algún día el buen lector escriba y viva sus propias experiencias, que  éstas puedan servir de herramientas en el crecimiento humano de los que viven con nosotros hoy y los que también vienen, ya detrás de nosotros, mañana.
Yo diría para concluir esta humilde propuesta: Leer para crecer, saber y aprender a conocer. Leer también para creer y confiar en nuestros semejantes y, sobre todo, en nuestro trascendente. ¡Qué el Señor de la Historia nos acompañe y favorezca también en la lectura de su Palabra para que ilumine y aliente a su pueblo creyente en el camino hacia el Reino prometido!


 


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