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“Jesús es Verbo, no Sustantivo”, dice la letra de una conocida canción del cantautor guatemalteco Ricardo Arjona y esto es realmente cierto, a mi juicio, Jesús es acción, pasión, no pasividad, no conformismo, la resignación cristiana no es aceptación pasiva de todo lo que sucede, venga como venga, es aceptación de aquello que no puede modificarse y acción dirigida a cambiar lo que necesite cambio. El cristiano no puede ser un simple saco medio lleno de arena que se coloca donde lo ponen y tiende siempre a acomodarse en la posición en la que la fuerza de gravedad le permite ubicarse. Ser cristiano significa actuar, comprender la realidad que nos rodea, conocer lo que es correcto y lo que no lo es, resignarnos a lo que no tenemos fuerza para cambiar pero con acción, resistiendo, no lamentando. Tener fuerzas para resistir es a veces más difícil que tener fuerzas para hacer, pero la gran fuerza del cristiano radica precisamente en la resignación, que es la seguridad de que Dios no permitirá que lo malo prevalezca por siempre y que debemos acatar su voluntad mientras Él no decida que podemos cambiar un hecho o situación que contradice los más elementales principios cristianos. No obstante Dios no vendrá personalmente a cambiar lo malo, para eso tiene a los cristianos que han sido llamados a actuar por el Reino de Dios, que no está solamente en el cielo, debe comenzar en la Tierra. Justicia Social, Amor, Fraternidad, Caridad, son algunos de los pilares de este reino en la Tierra y aún en las situaciones más difíciles un cristiano debe luchar por estos pilares tratando de actuar en consonancia con ellos. La resignación cristiana NO ES PASIVA, ES ACTIVA.
Ser cristiano no significa llenarse la boca con la Palabra Divina, significa VIVIR como se describe en esta PALABRA. “Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió como nosotros, lleno de Amor y Verdad” Al evangelizar se hace necesario predicar con la acción, con la vida, la Palabra debe encarnarse para ser real.
Acción es lo que describen los verbos y quisiera hablar sobre un verbo que tiene gran importancia en la Vida: “Elegir” elegir significa “Escoger entre dos o más cosas” y la vida constituye una constante elección. Nuestro primer acto en la vida no es por nuestra propia elección, nacemos sin haber pedido venir al mundo y eso no lo elegimos, como no elegimos la familia, la posición social o económica o el país en que nacemos, todo eso es producto de una decisión de quienes escogieron permitirnos vivir y no ser uno más de los miles de niños que cada día sufren la elección de los padres de “suprimirlos” dentro del vientre materno, el lugar donde se supone deberían estar más protegidos. En nuestros primeros años de vida son nuestros padres o tutores quienes eligen por nosotros todo en la vida y la responsabilidad de las decisiones que tomen recae sobre ellos, esta es la llamada “Paternidad o maternidad responsable” durante la cual la obligación de los padres es tomar la mejor decisión para sus hijos y esta es su responsabilidad.
A partir de un momento que varía según el carácter de niños y padres, pero que tiene un límite legal según la edad, comenzamos a tomar nuestras propias decisiones y mientras no alcancemos la mayoría de edad la decisión puede ser nuestra, pero es legalmente de los padres; a partir de la mayoría de edad la decisión y la responsabilidad material son nuestras, pero unos padres responsables siempre siguen vigilantes sobre el hijo para ayudarlo en su toma de decisiones, no para obligarlo a tomar decisiones de los padres si no para informarlo, aconsejarlo y guiarlo por el difícil camino de la vida y si el hijo se equivoca el padre no está para reprocharle haber tomado una decisión equivocada, el “Te lo dije”, es una frase que ningún padre ni madre debe emplear jamás con un hijo, él sabe que se lo dijeron, sabe que tomó la decisión equivocada a pesar del consejo de sus padres ¿Qué ganamos con el reproche? Hundir un dedo en una llaga viva y torturar a quién más queremos. Si el hijo se equivoca, la obligación de los padres es acompañarlo en su fracaso y tratar de minimizar las consecuencias del mismo, no torturarlo más de lo que lo hizo el error cometido, mitigar y aliviar las penas es la función de los padres en esos casos.
La elección de una acción u omisión debe hacerse responsablemente, esto conlleva hacerlo con Libertad y Responsabilidad. Libertad significa información, Libertad no es el hacer lo que la voluntad nos dicte siempre y cuando no afectemos la libertad de otros, Libertad es la posibilidad de elegir entre dos o más opciones con conocimiento completo de cada una de ellas, incluyendo lo que puede pasar cuando se toma una u otra decisión. La Libertad necesita Información, opciones y capacidad de discernir lo mejor para nosotros entre un grupo de opciones. Si no estamos suficientemente informados a la hora de tomar una decisión, no lo hacemos con libertad, si no tenemos más que una opción no podemos elegir y si no tenemos capacidad de discernir no podemos decidir con libertad. Responsabilidad es el conocimiento de que puede pasar cuando me decido por una opción o por otra y el estar dispuesto a aceptar las consecuencias de la decisión tomada, lo que es una forma de resignación, me equivoqué y debo aceptar lo que me suceda por haberme equivocado. Esto conlleva la capacidad de reconocer los errores y la sinceridad de hacerlo públicamente.
Información, opciones para seleccionar, capacidad de discernir y reconocer los errores y honestidad son los elementos básicos de una elección responsable. Cuando tomamos una decisión en la vida debemos hacerlo teniendo en cuenta estos elementos y tal vez algunos más que se me escapan ahora.
“La Victoria tiene muchos padres, la derrota es huérfana” Esta afirmación tiene una gran verdad, ¿Cuántas veces echamos la culpa a otros de nuestro errores? Reconocer que una elección fue desacertada es muy difícil, pero es honesto, echar la culpa de los fracasos a otros o a situaciones ajenas a nuestra voluntad puede ser cómodo, pero es deshonesto y es convertirnos de responsables en “pseudovíctimas” pero las pseudo víctimas pueden engañar alguna vez a alguien, pero no engañan a todos siempre.
La vida está llena de decisiones que escogen entre dos o más alternativas, es decir de elecciones. Todos los días elegimos cientos de veces, la ropa que nos vamos a poner, fácil cuando tenemos poca, más difícil cuando tenemos más; el camino a recorrer para ir a trabajar; el transporte que vamos a tomar, este depende en mucho del azar, generalmente tomamos el primero que venga, pero si vamos para la parada del ómnibus, para un lugar donde nos vean los choferes y nos puedan recoger mejor o para donde es más fácil tomar un taxi, son decisiones que tomamos eligiendo entre varias posibilidades. Así si seguimos nuestro recorrido diario nos damos cuenta que todo lo que hacemos ha sido precedido por una elección entre varias posibilidades y que esta elección trajo mejores resultados cuando se toma con conocimiento, solo el decidir dónde nos paramos por la mañana a tomar transporte para el trabajo requiere conocimiento del probable horario de los ómnibus, de la posibilidad de que algún conocido con carro pase por el lugar o que los taxis vengan con mayor frecuencia por una u otra vía y los resultados estadísticos son mejores cuando tenemos más información que cuando no lo hacemos.
A veces tomamos decisiones al azar, por ejemplo, alguien me decía que se paraba donde quiera porque en definitiva daba lo mismo, ni pasaba nadie con carro, ni venía un ómnibus ni los taxis se podían tomar por lo caros que estaban. Esto puede ser real, la decisión en este caso es ser “camarón que se duerme” y dejarse llevar por la corriente. Generalmente estos “camarones” van a parar al caldero de alguien, pasivamente, puede ser que me encuentre con un camarón en el mismo caldero y me diga que tuvimos el mismo resultado, mi respuesta sería: “El resultado fue el mismo pero la actitud no fue la misma” El film “El Séptimo Sello” considerado por muchos críticos el mejor del mundo de todos los tiempos y desgraciadamente poco conocido, encierra una enseñanza relacionada con lo que planteo. Antón, cruzado que regresa a Suecia, se encuentra a su país asolado por la peste y comienza una partida de ajedrez con la muerte, el premio si gana es su vida; al final de la partida, cuando pierde, la muerte le dice “Tú sabías que no podías ganarme” y él le responde que sí, pero que al menos luchó por su vida.
Existen elecciones fáciles y difíciles, según la información que tengamos o según las consecuencias que se deriven de la decisión. Existen elecciones de gran importancia por lo que representan en cuanto a cambios en la vida nuestra o la de los demás, como son la elección de pareja para fundar una familia, la elección del momento para tener un hijo, la elección de la profesión que vamos a desempeñar durante nuestra vida, la elección del lugar de residencia, la de quién nos va a representar en los Órganos de Gobierno, la de escribir o dejar de hacerlo o seguir haciéndolo, en una revista. Pero hay elecciones que por cotidianas no le damos importancia pero que también pueden cambiar la vida, decidir el camino para ir a comprar el pan puede depararnos encuentros inesperados que pueden derivar en nuevas decisiones, cruzar una calle y no otra puede hacer que nos veamos envueltos o no en un accidente. No hay decisiones pequeñas o grandes, todo depende de las consecuencias que se deriven de ellas, por eso toda elección debe hacerse con responsabilidad. Una anécdota personal, hace algún tiempo, en unas reuniones del Sindicato, critiqué la inacción de los dirigentes sindicales a los que no les importaba defender al trabajador y eran pasivos, en las siguientes elecciones me escogieron para Secretario de la Sección Sindical, les dije “No crean que yo voy a cambiar nada porque esto es muy complejo para una sola persona” Me respondieron: “Lo sabemos, pero al menos tienes la ventaja de que planteas los problemas y además, por uno se empieza a mejorar” Si fui o no bueno en el cargo, es algo que no me corresponde a mí analizar.
La decisión es personal y la responsabilidad es personal, la decisión que se toma al elegir algo depende en mucho de la experiencia y criterios personales de cada uno y las consecuencias derivadas se enfrentan en el plano personal, por eso las críticas a la decisión derivada de una libre elección dependen de la experiencia personal del crítico. No juzgues para no ser juzgado, los jueces son medidos con la misma medida que ellos emplean y los críticos de callejón, incapaces de plantear nada de frente pero muy sueltos al criticar por detrás, son la regla, no la excepción.
Elegimos todos los días de la vida, elegimos cada vez que vamos a hacer o dejar de hacer algo y estas elecciones cotidianas no son muchas veces conscientes y nunca les damos importancia, sin embargo reflejan directamente quiénes somos y, en un cristiano, todas esas pequeñas elecciones deben ser consecuentes con nuestra conciencia y con los pilares fundamentales de los valores cristianos. El cristiano sigue a Jesús, no a otro líder y volvemos a la frase de Arjona: “Jesús es verbo, no sustantivo”.
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