ÍNDICE

editorial

nuestra historia
.Un alcalde de verdad por P. Juan C. Carballo

cine
.La(s) Torres(s) por Armando Camacho
.Wild, Wild West en la TV por Jorge R. Toledo Pineda

música
.Joaquín Rodrigo su alma gemela y Aranjuez por P. José A. Quintana

reflexiones
.Democracia y participación ciudadana por Ottón Solís

carta desde la habana
.Realidad, deseos e imposición por Félix Sautié Mederos

justicia y paz
.La atención de la Iglesia a los presos por Cardenal Renato Martino
.Libertad religiosa y estado laico por Sergio Lázaro Cabarrouy

educación cívica
.El deterioro del sentido moral por M.Sc. Roberto Morejón Rguez.
.La felicidad como proyecto de vida por Enrique Rojas

religión
.El primer beato cubano fray José López Piteira por Miguel A. Fdez. Glez.
.El gobierno de los astros vs. cristianismo por Jorge Adalberto Núñez
.Los desafíos del Consejo para las Comunicaciones Sociales. Entrevista con su presidente,
Arzobispo Claudio M. Celli

.Encuentro entre católicos que viven aquí y allá por Justo Luis Rodríguez Castañeda

ecos diocesanos
.Celebrado V encuentro del Itinerario de Reflexión sobre la Sociedad de la Información
.Encuentro del Obispo con los Catequistas de la Diócesis
.¡Gracias Don Giosy!
.Celebración del Día de la Dignidad Pinareña
.Detrás de cada pobre está Dios
.De fiesta con María
.Comunicar para la cultura de la Paz.

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LA NAVIDAD ES LA FIESTA DE LA VIDA


Año XIV. no. 82
noviembre - diciembre
de 2007

EDITORIAL

 


 
 

La Navidad es la celebración del acontecimiento que cambió la historia de la humanidad: Dios se hizo hombre, vino a vivir como nosotros, entre nosotros, sin privilegios, trabajando con sus manos, pasando la misma hambre e igual fatiga que sus contemporáneos, bajo idéntica dominación y el mal gobierno de aquellos tiempos en aquella tierra.
Desde entonces nos hizo hermanos porque nos hizo hijos del mismo Padre, nos brindó la paz, y nos enseña que el perdón y la reconciliación son posibles. Desde que puso su tienda entre nosotros, hemos aprendido a amar sin egoísmo, dando lo mejor de nosotros mismos, porque Él nos amó hasta la muerte.
Por eso, en el mundo entero se celebra la Navidad. Durante esos días, los que están en guerra hacen tregua y se ruega por la paz recordando a los pastores que desearon “paz a los hombres de buena voluntad”. Durante este tiempo navideño se nos invita constantemente a ser más hospitalarios y más generosos.
La Navidad es una fiesta religiosa, personal y familiar, pero es también una fiesta social, porque a todos trajo su amor y su salvación, porque su nacimiento es un compromiso por la promoción, la libertad y la esperanza de cada hombre, de cada mujer, sean cristianos o no, sean creyentes o no.
A nosotros los cubanos, desde finales de la década del sesenta hasta la venida del Papa Juan Pablo II a Cuba, se nos hizo vivir al margen de esta celebración universal, con silencios radiales, televisivos y de la prensa en general y se desterró del espacio público, llámese tiendas o establecimientos todos los adornos típicos cómo arbolitos, guirnaldas y lucecitas.
Desde hace nueve años en nuestro país se volvió a celebrar públicamente la Navidad, y el pueblo cubano puede disponer del reposo del 25 de Diciembre para festejar el aniversario del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Lo que nos preguntamos es sí junto a esta tradición recuperada, nuestro pueblo cubano ha logrado comprender el contenido, el carácter y la repercusión de esta fiesta que permite al espíritu humano expandir todas sus potencialidades.
La Navidad es la fiesta de la libertad, porque donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Hoy a muchos cubanos nos atan cantidad de impedimentos para poder vivir en una libertad plena; unos están fuera de nosotros, impuestos por otros hombres a través de leyes o estructuras injustas y otros están dentro de nosotros mismos debido a nuestros apegos o vicios.
En nuestra sociedad cubana vemos muchas manifestaciones de parálisis y demonios, que no son otra cosa que las fuerzas que oprimen y atan a tantas personas hoy en Cuba.
La parálisis del sinsentido en la vida, el demonio de la impotencia de sentir que no puedo expresar lo que siento sin exponerme al señalamiento agresivo e injusto o hasta el encierro, el dolor de sentirse vigilado y controlado a veces incluso por personas a las que conocemos y en las cuáles confiamos.
Dios invita a cada cubano a ser soberano de su propia vida, lo que equivale a decir que seamos responsables y protagonistas de nuestra historia personal y nacional, lo cuál es tarea de toda la vida.
Para ello es necesario que ningún hombre a título personal, ni el estado como institución pretendan asumir el papel de Dios, porque cuando eso ocurre se mancilla la dignidad de las personas y de los pueblos, se manipulan las conciencias y se le mata el alma a un pueblo.
La Navidad es la fiesta de la santidad y la justicia. Santidad que significa vivir en la verdad y en la bondad, es desterrar lo que es mentira y todo lo que afea la vida propia y hace insoportable la vida a los demás.
Vivir en la justicia significa convivir en una sociedad en la que exista un clima de sosiego, de confianza, de solidaridad y de libertad, que permita al cubano de a pie respirar, levantar la cabeza, alzar la vista y tomar las riendas de su propia vida y de la vida de la nación de la que formamos parte y de la que somos depositarios de su soberanía y garantes de su destino.
Uno de los bienes más deseados por el ser humano es la paz, este fue el gran regalo de Dios para nosotros “Paz a los hombres”.
La paz es una armonía interior, un equilibrio dinámico, un delicado respeto, una exigencia superadora, es un don de Dios. Pero Dios también necesita aquí de nuestra colaboración, desde no pelear en casa, evitar toda palabra hiriente y provocadora hasta ser mediador de cualquier tipo de conflicto, optando siempre por el diálogo y expulsando de nuestras vidas toda actitud intolerante y excluyente.
La intolerancia engendra violencia, porque la persona intolerante se cree siempre portador de la verdad y no es capaz de ver la verdad del otro. El intolerante no acepta al otro, no acepta su presencia, no acepta su diferencia, no acepta su defecto o su virtud.
Durante mucho tiempo a nosotros los cubanos se nos ha querido hacer ver que los que no piensan de una manera determinada no son dignos, ni justos, ni buenos, y por tanto, no hay espacio para ellos en la sociedad.
Dios nos enseña todo lo contrario, porque la Navidad es escuela de tolerancia, de humildad, de respeto a lo diverso, de empatía y de cariño. Es Dios que se hace a nuestra medida para comprendernos, para cargar con nuestros errores y disculpar nuestras miserias.
Jesucristo es el sí de Dios al ser humano, lo que significa que lo acepta, lo valora, cree en él y lo ama. Y eso es la tolerancia, un sí grande a todos, sea quien sea y sea como sea, es un sí a la persona, no siempre a sus ideas o sus actitudes.
La Navidad es la fiesta de la vida que nace, de la luz que vence a las tinieblas. El cansancio y la desesperanza que lleva al inmovilismo y a la frustración y hace creer que nada cambia y que nada cambiará son signos de muerte. Cuando se vive así, aunque caminemos y hablemos estamos muertos, pero el mensaje y el sentido de la navidad nos dice que mientras más larga ha sido la espera más cercano está el día y mientras más oscura sean las tinieblas más cerca está la salida del sol.
La vida del cristiano y de toda persona de buena voluntad tiene como fundamento indispensable la esperanza, que no se realiza esperando que la solución de nuestros problemas venga de los que tienen el poder y se han acostumbrado a decidir por nosotros, ni tampoco pensando que la varita mágica está en un sobre amarillo que nos permita ir a vivir a otro país
La esperanza se construye encendiendo en nuestras vidas la luz de Cristo, que surge de la voluntad de abrir los ojos a la verdad, de buscar la ventana de libertad, de traspasar el umbral del miedo, porque con miedo la luz y la esperanza agonizan y con libertad la luz y la esperanza se comparten.
Esta navidad puede ser para nosotros el encuentro con nosotros mismos, entre la paja seca de nuestras miserias y el niño que siempre hemos tenido sin crecer en nosotros. Ojalá al encontrarnos con este nuevo nacimiento, logremos aceptarnos y querernos como somos y con todo lo que tenemos y no tenemos.
Eso nos permitirá reconciliarnos y encontrar la paz interior y profunda, serena y tierna que nadie nos podrá quitar porque es de Dios.
Deseamos a todos una Navidad llena de signos de apertura a la bondad, la verdad y el amor, personal, familiar y social, porque sin esas puertas abiertas, le cerraremos la puerta a la esperanza. Y una persona y una nación sin esperanza no pueden celebrar la Navidad como se debe. Que en medio de las dificultades no dejemos caer la esperanza.
A la gente sencilla de “aquel pueblo que andaba en tinieblas” le brilló una nueva luz. Hoy a la gente de nuestro pueblo se le abre una puerta, no la salida para escapar, sino la entrada en su propia vida para reconstruirla desde adentro y para los demás.
La Navidad es la Buena Noticia que eleva el espíritu de cada persona y rompe los encierros que nos imponemos unos a otros, crea un clima de confianza creíble que permite un nuevo estilo de convivencia humana, un nuevo humanismo que reconstruye a toda la persona y a toda la sociedad.
A todos los cubanos y cubanas los invitamos a compartir la luz que tenemos, dejando a un lado el gesto crispado y la actitud soberbia y haciendo vida la oración de ese gran santo que fue San Francisco de Asís:

Señor haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo armonía;
donde haya error, ponga yo verdad;
donde haya duda, ponga yo la fe;
donde haya tinieblas, ponga yo la luz;
donde haya tristezas, ponga yo alegría;
Que no me empeñe tanto:
en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.
Porque dando, se recibe;
olvidándose de sí, se encuentra;
perdonando, se es perdonado;
muriendo, se resucita a la Vida


 
¡Feliz Navidad!