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En la segunda quincena de septiembre de este año, en Miami, Florida, celebramos el décimo aniversario de los Encuentros entre católicos cubanos que vivimos nuestra fe en las diferentes diócesis de esta preciosa Isla y los que viven fuera de ella; pero que somos parte de la única Iglesia de Jesucristo y de este pueblo cubano.
Estos encuentros comenzaron antes de la visita del Santo Padre Juan Pablo II a Cuba, en octubre de 1997, en Santo Domingo, República Dominicana, con la participación de un Obispo y siete sacerdotes que vivían en Cuba, así como un Obispo y doce sacerdotes que se encontraban viviendo en esos momentos en EE.UU., Puerto Rico y República Dominicana.
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Participantes del encuentro en 2007, habla el habanero Orlando Márquez, director de la revista Palabra Nueva. |
La necesidad de profundizar en el conocimiento mutuo tanto personal como de la acción pastoral de nuestra Iglesia y de comprendernos mejor procurando, en lo posible, liberarnos de algunas cargas que, conciente o inconcientemente, ponen dentro del hombre las ideologías, hizo que aquel primer encuentro, cargado de expectativas, incógnitas y prejuicios, se multiplicara y se celebraran otros en San Juan, Puerto Rico; en Boyton Beach, Fla, EE.UU. y en Brooklyn, Nueva York, EE.UU.; hasta que en el año 2000 se decidió, como una necesidad eclesial, incorporar a estos encuentros a laicos y religiosas representativos del trabajo pastoral de la Iglesia en Cuba y fuera de Cuba, para lo cual se designaron a siete laicos y dos religiosas que vivían en la Isla (sólo una de ellas comenzó su participación en el 2001) y doce laicos, un diácono y dos religiosas que vivían en Puerto Rico y diferentes lugares de EE.UU. (Washington DC, New Jersey, New Orleáns, Atlanta, Tampa y Miami); pero no es hasta el año 2004 en Cayo Hueso que nos encontramos todos juntos, sacerdotes, religiosas y laicos para participar unidos como Iglesia, en los retiros espirituales y celebraciones litúrgicas, así como en los debates y diálogo sobre las diferentes temáticas, al constatarse la existencia de un laicado con madurez eclesial, con amor a Cuba y con conceptos y experiencias muy claras en el trabajo pastoral.
Las temáticas tratadas después de la incorporación de los laicos a estos encuentros fueron:
- Año 2000
- Los laicos en Cuba en los últimos 40 años.
- La Iglesia y la sociedad cubana antes y después de la visita del Papa.
- Año 2001
- La vivencia del año jubilar en Cuba y fuera de Cuba.
- Proyecciones y esperanzas del laicado en el comienzo del tercer milenio.
- La Reconciliación.
- Año 2002
- La concertación en la historia de Cuba.
- Objetivo General y Objetivos Específicos de estos Encuentros.
- Año 2003
- Resultados de la investigación pastoral realizada en Cuba.
- Reflexión sobre la comunión y la reconciliación desde una visión teológica-pastoral.
- Surgimiento del grupo “En Comunión” en la Arquidiócesis de Miami y presentación de encuestas sobre los cambios en la idiosincrasia del cubano fuera de la Isla.
- Año 2004
- La familia cubana en la Isla y fuera de la Isla.
- Año 2005
- No pudo efectuarse al intentar realizarlo en Cuba.
- Año 2006
- Presentación del Nuevo Plan Global de Pastoral de la Iglesia en Cuba.
- Análisis antropológico-pastoral en Cuba y en la Diáspora. Situación de la juventud cubana.
- Año 2007
- Presentación del Documento de Aparecida: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en El tengan vida”.
- Nuevas realidades del Iglesia en Cuba:
- Las nuevas comunidades y el nuevo contexto social.
- Los Centros de Formación y las publicaciones católicas.
- La Pastoral Social en los últimos veinte años.
Desde el año 2002 quedaron establecidos los objetivos de estos encuentros que pueden variar con el desarrollo de los mismos a lo largo de los años.
Objetivo General:
Promover, de manera estable, puentes de comunicación, colaboración en tareas pastorales, puntos de convergencia y espacios de comprensión, conocimiento mutuo e intercambio fraterno entre la Iglesia que está en Cuba y los cubanos católicos de la Diáspora, para que, desde nuestra fe en Cristo, podamos contribuir a la evangelización de nuestro pueblo y a la comunión fraterna entre todos los cubanos.
Objetivos Específicos:
- Promover una comunicación eclesial entre los católicos cubanos que viven en Cuba y los católicos cubanos que viven fuera de ella.
- Fomentar acciones pastorales por parte de las iglesias locales fuera de la Isla que reciben a cubanos que salen del país.
- Propiciar la comunión entre la Iglesia que está en Cuba y los católicos de la Diáspora que facilite el apoyo, el intercambio y la colaboración mutua.
- Ayudar a descubrir y conservar los elementos cristianos presentes en las raíces de nuestra identidad de cubanos.
- Animar e impulsar procesos de reencuentro, reconciliación comunión y solidaridad entre todos los cubanos como principio cristiano.
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Justo Luis Rodrígues (Tito), de Pinar del Río, habla en un grupo de trabajo en el último encuentro. |
Podemos decir que estos encuentros nos han ayudado a conocernos y aceptarnos tal como somos, reconociendo que son muchas más las convergencias que nos unen y fortalecen que las divergencias que nos separan y debilitan como Iglesia de Jesucristo que está presente en la Isla y fuera de ella; pero formada por cubanos todos, con un intenso amor al Cristo presente en nuestra historia patria, con una misma Madre, la Virgen de la Caridad del Cobre, con un profundo sentido de pertenencia a esta Iglesia que peregrina en ambas orillas y con unos deseos inmensos de servir al pueblo cubano del que todos somos parte.
Hemos emprendido un proceso de diálogo que es algo más que conversar y sentirse bien porque implica la revelación personal del que se conoce a si mismo ante el otro que no conoce, en una articulación de sentimientos junto con palabras; es reconocerse a uno mismo con su propia historia de alegrías y tristezas, de sufrimientos y esperanzas y escuchar la historia del otro cargada de alegrías y tristezas, de sufrimientos y esperanzas, de igual magnitud que las nuestras, para darnos cuenta que, nuestras vidas han sido guiadas y fortalecidas siempre hacia un único fin, por el único que es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida, nuestro único Señor Jesucristo, nuestra esperanza y salvación. En el diálogo se envuelve el corazón con el intelecto, aunque todo diálogo debe ser guiado por el intelecto y no puramente por la afectividad que, por si sola, conlleva a percepciones erróneas y a sentimientos indeseables. El diálogo auténtico conduce a la comunión y a la unidad, aunque no necesariamente a la uniformidad de pensamientos o conceptos. Este es el camino que sentimos los participantes en estos encuentros y otros que nos acompañan de diferentes formas en este caminar, que hemos estado recorriendo durante estos años y que aunque nos falte un largo trecho por avanzar se perciben los logros alcanzados.
El diálogo humano, ejercido en el contexto de fe y de la Iglesia nace del diálogo por excelencia de Dios con su pueblo, que le habló a través de los Patriarcas y Profetas, y que se hizo Palabra para dialogar en la plenitud de su ser con todos nosotros en Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne. Por ello es deber y responsabilidad de la Iglesia, hacer lo posible para que cualquier diálogo eclesial sea conducido por los criterios de la fe para iluminar a los que desean buscar la verdad que guíe a los pueblos hacia la salvación en el Señor Jesús.
Este es el itinerario que hemos iniciado hace diez años y en el que deseamos involucrar a muchos cubanos de acá y de allá. Que el Espíritu de Jesús, Señor de la historia y de los acontecimientos nos anime a continuar con firmeza y fidelidad este camino y que su Madre, la Virgen de la Caridad del Cobre, Reina y Patrona de todos los cubanos nos siga acompañando en este empeño.
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