Sé de una ciudad en tonos sepia
que cerró para siempre algunas puertas,
los espejos no dejan ver tu imagen
en las calles que repasan viejos nombres,
caminando en el reflejo de un atajo
fui sorprendido con el eco de tus besos,
un reloj sin manecillas agoniza
escuchando el himno del recuerdo.
Sé de una ciudad en tonos sepia
con orillas espejismos y naufragios,
una extraña embarcación desaparece
tal vez en enigmático triángulo.
¿serán las tantas, no sé cuántas o un eclipse?
en la parda ciudad que me martilla,
puede estar grávida en el silencio
y abrir sus compuertas a la noche cíclica.
El arrabal se agrava
donde no veo mis manos,
la catedral y el león
dialogan en las sombras,
me perdía en el laberinto
de unas ruinas imperiales,
Borges diría la misma cosa. |