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En enero se cumplirán, diez años, de la visita a Cuba, del "Mensajero de verdad y de esperanza". Cuánto hemos caminado en todo este tiempo como Iglesia. Esta Iglesia cubana; con sus luces y sombras, que no es una persona, sino todos y cada uno de nosotros, "...Un solo cuerpo y un mismo espíritu, pues ustedes han sido llamados a una misma vocación y una misma esperanza. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todos, que actúa por todos y está en todos. Cada uno de nosotros ha recibido su talento y Cristo es quien fijó la medida de sus dones para cada uno." (Ef 4,4-7).
Dándole muchas gracias a Dios, por este hombre santo, que fue el Papa Juan Pablo II, siento la necesidad de retomar sus discursos y homilías durante su peregrinar por Cuba, y compartir algunas de sus palabras que, al leerlas nuevamente, igual que en aquellos días, nos hacen vibrar el corazón y, en ocasiones también, nuestra conciencia, "....Por eso se dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y la luz de Cristo brillará sobre ti». Examinen, pues, con mucho esmero su conducta. No anden como tontos, sino como hombres responsables. Aprovechen el momento presente, porque estos tiempos son malos. Por tanto no se dejen estar, sino traten de comprender cuál es la voluntad del Señor" (Ef 5, 14-17)
Se dirigió especialmente a las familias, desde Santa Clara:
"¡Cuba: cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón!"
" La familia, la escuela y la Iglesia deben formar una comunidad educativa donde los hijos de Cuba puedan «crecer en humanidad». No tengan miedo, abran las familias y las escuelas a los valores del Evangelio de Jesucristo, que nunca son un peligro para ningún proyecto social."
" Se ha de procurar, además a las familias una casa digna y un hogar unido, de modo que puedan gozar y transmitir una educación ética y un ambiente propicio para el cultivo de los altos ideales y la vivencia de la fe."
Desde Camagüey, para los jóvenes cubanos, a quienes llamó esperanza de la Iglesia y de la patria:
"La felicidad se alcanza desde el sacrificio. No busquen fuera lo que pueden encontrar dentro. No esperen de los otros lo que ustedes son capaces y están llamados a ser y a hacer. No dejen para mañana el construir una sociedad nueva, donde los sueños más nobles no se frustren y donde ustedes puedan ser los protagonistas de su historia."
Coronando la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, desde Santiago de Cuba:
"La Iglesia, inmersa en la sociedad, no busca ninguna forma de poder político para desarrollar su misión, sino que quiere ser germen fecundo de bien común al hacerse presente en las estructuras sociales"
"Defendiendo su propia libertad, la Iglesia defiende la de cada persona, la de las familias, la de las diversas organizaciones sociales, realidades vivas, que tienen derecho a un ámbito propio de autonomía y soberanía. En este sentido, el cristiano y las comunidades cristianas viven profundamente insertados en la vida de sus pueblos respectivos y son signo del Evangelio incluso por la fidelidad a su patria, a su pueblo, a la cultura nacional, pero siempre con la libertad que Cristo ha traído...La Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político o económico; no buscando la gloria o los bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los más pobres e imitando la sencillez de la vida de Cristo."
A todos los cubanos que sufren, lo mismo física que espiritualmente, desde el santuario de San Lázaro:
"...Por eso cuando sufre una persona en su alma, o cuando sufre el alma de una nación, ese dolor debe convocar a la solidaridad, a la justicia, a la construcción de la civilización de la verdad y del amor."
"La indiferencia ante el sufrimiento humano, la pasividad ante las causas que provocan las penas de este mundo, los remedios coyunturales que no conducen a sanar en profundidad las heridas de las personas y de los pueblos, son faltas graves de omisión, ante las cuales todo hombre de buena voluntad debe convertirse y escuchar el grito de los que sufren."
Desde la plaza José Martí en La Habana:
"La Iglesia al llevar a cabo su misión, propone al mundo una justicia nueva, la justicia del reino de Dios. En diversas ocasiones me he referido a los temas sociales. Es preciso continuar hablando de ello mientras en el mundo haya una injusticia, por pequeña que sea, pues de lo contrario la Iglesia no sería fiel a la misión confiada por Jesucristo. Está en juego el hombre, la persona concreta. Aunque los tiempos y las circunstancias cambien, siempre hay quienes necesitan de la voz de la Iglesia para que sean reconocidas sus angustias, sus dolores y sus miserias. Los que se encuentren en estas circunstancias pueden estar seguros de que no quedarán defraudados, pues la Iglesia está con ellos y el Papa abraza con el corazón y con su palabra de aliento a todo aquel que sufre la injusticia."
"La conquista de la libertad en la responsabilidad es una tarea imprescindible para toda persona. Para los cristianos, la libertad de los hijos de Dios no es solamente un don y una tarea, sino que alcanzarla supone un inapreciable testimonio y un genuino aporte en el camino de la liberación de todo el género humano. Esta liberación no se reduce a los aspectos sociales y políticos, sino que encuentra su plenitud en el ejercicio de la libertad de conciencia, base y fundamento de los otros derechos humanos."
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